Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

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Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

Mensaje por Aglaia el Vie Abr 13, 2018 8:01 am

No retreat, no surrender.
That, is Sparta law.

La vitae se escapa de la herida como agua de manantial resbalando por el cuello del hombre recorriendo la piel hasta el suelo. Antes de que toque el piso, la lengua sibilina la recoge dejando un rastro rojizo por la epidermis. Los ojos azules observan atentos a su alrededor, se mueven de derecha a izquierda sin perder el control de su entorno, temiendo cualquier emboscada. El cuerpo femenino acuclillado, sostiene a la presa de lo que antes fuera su camisa y ahora, sólo jirones de tela. Del cuello del varón, un par de incisiones se remarcan en el tenue brillo de la fogata de las cuales sigue exudando sangre que ella absorbe sin la menor consideración llevando a su cuerpo a un estado de satisfacción adecuado para lo que se le avecina.

El músculo bucal se regodea en el sabor de la vitae recorriendo los labios. La parte baja del rostro está manchada de sangre ya seca y otra más húmeda. La diestra es alzada para calzarse la capucha ocultando el rostro dejando caer el cuerpo vacío del que antes fuera un mendigo sin una pierna. En su lugar de origen, en la grandiosa Esparta, el Aphotetas era el lugar indicado para malformaciones como esa y sin embargo, ahora tenía un propósito: su sangre había servido para preparar su cuerpo para la batalla. Como en aquéllas noches donde los ilotas sólo eran utilizados para la alimentación y trabajo de sus amos vampíricos, este vagabundo cooperaba a su manera. No puede pelear, así que le da el sustento que ella necesita.

Sus pies le llevan hasta la siguiente habitación, el arco brilla descansando en una de las paredes de la choza alejada de las luces citadinas y los ruidos insoportables. Unos cubos de agua se encuentran en el centro del lugar. Desprendiéndose de sus ropas, la blanca piel se ofrenda para los ojos de los dioses. Si Ares bajara a su presencia y le pidiera un tributo sexual, Aglaia se entregaría sin reservas, ese era su propósito y por ello cultivó su cuerpo, para dar a luz a los guerreros espartanos, los verdaderos hombres que pisaron el mundo. Con el cuerpo aún húmedo, se calza el subligar, que para la época sería una especie de taparrabos y la fascia pectoralis, un tipo de sostén. Le sigue el faldón con una gran abertura al frente de sus piernas para mejor movimiento; la camisa y las botas a media pantorrilla. Se ata el largo cabello en una coleta alta. Está concentrada en su equipamiento, rezando a Ares por la batalla que se avecina. Toma la armadura de cofre que adaptara hace siglos, la ajusta a su cuerpo con la facilidad de años.

Un ruido la saca de sus meditaciones, por inercia, toma la espada que reposa en la mesa, el único artículo decorativo del lugar y se concentra en escuchar. Esta vez su mente separa los sonidos propios del movimiento en el interior de la choza de los demás. Ignora todo aquéllo que acontece en tanto devuelve el arma a su lugar y va poniéndose los juegos de brazales de hombro, el cinturón y los brazales ajustándolos a sus antebrazos con firmeza y rapidez. Ahí está de nuevo el ruido, se queda sin hacer aspavientos, sus músculos se mueven con mayor velocidad. Debe estar lista para la batalla. Termina de ponerse las botas a media pantorrilla cuando los sonidos se hacen más rítmicos. Alguien se acerca a paso acelerado. Calza las espadas gemelas en el cinturón, las dagas en las botas y toma el carcaj con las flechas impregnadas en veneno. Veinte en total. Las suficientes para hacer un daño tremendo.

Su último movimiento es colocarse la larga capa roja como la sangre. El símbolo de su estirpe, de la leonina descendencia de la que proviene. Heracles le cubre con su bendición. Ares le abre el camino a la batalla. Hades le esperará si tiene una muerte gloriosa. - Ochi ypochórisi óchi parádosi. Aftó eínai o nómos tis Spártis - su voz resuena en todo el lugar, el eco de su rezo convoca a los fantasmas de los hippeis a la guerra, en sus oídos puede escuchar el clamor que ella misma repite - ¡Au, au, au! - la batalla ha empezado. Su solo cantar es la señal para que la primera flecha sea disparada. Los reflejos de la espartana son mejores, la esquiva y lanza una retribución. El misil avanza con velocidad hasta perderse en la oscuridad de la noche atravesando la ventana, el sonido audible de dolor es la señal de que ha impactado en su objetivo. Los pies, impulsados por la vitae atraviesan la distancia entre la abertura natural de la choza derribando la madera con un golpe de su hombro, las manos son más rápidas que la vista. Toma los extremos del ancho de la puerta sosteniéndolo cual escudo, apoyando la base en el suelo, la recarga contra su hombro dejando que las flechas impacten en ésta. Una vez la lluvia de madera ha dejado de caer, se incorpora dando tremendo patadón a la misma, partiéndola en dos para distraerlos al tiempo que toma dos flechas del carcaj.

La vestimenta de la espartana luce en todo su esplendor. El manto rojo se sacude por el viento en tanto su ojo azul cual cielo, encuentra a los enemigos y dispara las dos flechas acertando con precisión cuasi demoníaca. Dos flechas más son cargadas y disparadas antes de impulsarse al frente dando un salto de tigre evadiendo las que le son dirigidas que erran en su camino incrustándose en el suelo emitiendo vibraciones por la fuerza en que fueron enviadas. La mitad de la puerta es tomada por las manos de la vampiresa que lanza contra el más cercano de los cazadores golpeando su pecho con ella. La fuerza aumentada le hace caer. El otro que se le acerca con la espada desenvainada, es recibido por una flecha en un ojo, uno más, al fondo, acaba de soltar la flecha cuando la contraria la despedaza yendo a perforar el hombro. El veneno hará su trabajo, causándole de inicio, incomodidad y con el paso del tiempo, un dolor tremendo en tanto su cuerpo se convulsiona presa de hemorragias internas que serán visibles cuando le revienten los ojos, oídos, nariz y boca.

Está incapacitado. Se incorpora analizando el campo de batalla. Quedan tres adelante, dos más que vienen por la retaguardia. Uno de ellos está paralizado por el temor en tanto intenta lanzar otra flecha. Ella le envía con Caronte con la suya que le perfora la garganta. Los dos de la retaguardia deciden atacar, no cuentan con que la espartana impulsa su anatomía hacia atrás, las extremidades posteriores del traje de batalla chocan contra el cuerpo del iluso atravesando piel, órganos y tejidos cuando ambos golpean contra la pared. El codo femenino se deshace del peso extra. Toma otra flecha al tiempo que el segundo le hace una carga. Cruzando los brazos al frente, la soporta y sus pies hacen surcos en el suelo antes de hundir la punta del proyectil atravesando el cuello del infeliz, otro movimiento contrario saca la flecha de la piel y la utiliza para dispararla y herir en la frente al otro que había recibido con antelación el golpe de la puerta y estaba acercándose.

Queda un enemigo. La espartana lo ubica y éste mira a todos lados sin creer lo acontecido. Levanta las manos como rendición al tiempo que observa cómo la vampiresa se acerca a él paso por paso, con lentos movimientos, como si supiera que, en caso de correr, bastaría poco para alcanzarle. Está en lo correcto. En cuanto queda al frente, cara con cara, la voz de la espartana resuena como un trueno - no hay retirada, no hay rendición. Esa es la ley espartana, pero no creo que un ilota como tú pueda entenderlo - le toma de los cabellos para hundir los colmillos en el cuello de quien lanza alaridos que se pierden a lo largo del bosque.

Y ese es, sólo el comienzo...




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Re: Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

Mensaje por Naxel Eblan el Jue Abr 26, 2018 11:50 am

Aquella noche era perfecta para salir a cazar y poder tener algo de diversión, hacía unas semanas que había salido solo de noche –la última vez, en realidad- y lo que me deparó aquella noche ni siquiera podría haberlo previsto. Me había encontrado con otra cazadora, una a la que le faltaba mucho por aprender de aquel oscuro y siniestro mundo, entrelazando nuestros caminos aquella noche de una manera que jamás llegué a sospechar. Al final me había conducido a la boca del lobo pensando que ella podía tener una información muy valiosa para mí; la búsqueda de una pareja de licántropos, aquellos que había deseado matar durante muchos años, desde que era joven. Finalmente las cosas no habían salido como esperaba, nos habíamos metido en la boca del lobo y casi sus afilados colmillos nos rasgaron la piel. Salimos ilesos y vivos de milagros por los tejados de las casas de París, hasta que finalmente logramos perderles la vista. Había querido matarla en aquel momento cuando los despistamos, pero algo dentro de mí que no supe qué era me lo impidió. Desde entonces había quedado con ella un par de noches para cazar, pero esa noche… era solamente mía.

Miré todas las armas que tenía encima de la mesa y las limpié y preparé una a una, era una manía que había cogido desde que era cazador y que siempre hacía antes de salir a cazar, eran mis herramientas, por lo tanto debía de mantenerlas bien cuidadas y preparadas… no podía dejar nada al azar. Me guardé las dos dagas pequeñas en la funda detrás de los muslos escondidas a la vista, las otras dos algo más grandes a los costados de mí cadera, y finalmente, pasé a limpiar y revisar cada una de las flechas que iba a utilizar esa noche. Me gustaban porque la punta estaba recubierta con plata algo que iba a ser muy útil para esta noche, que sería luna llena, y donde encontraría algún lobo que matar. Sonreí ladino ante la idea, por fin iba a poder cazar aquella noche a solas sin tener que estar pendiente de Astrid y que no la mataran, siempre había odiado cazar con alguien y aquella noche iba a estar libre de preocupaciones. Reí ante aquello y pasé a guardar las virutas en el carcaj antes de limpiar y comprobar la ballesta. Una vez que tuve todo listo, vestido de negro como la misma noche, me puse aquella cazadora algo más ligera de cuero negro, me enfundé a la espalda la ballesta siempre cargada con una viruta pero con el seguro puesto, y salí hacia la noche y la espesura del bosque. Seguramente tuviera suerte y encontraría algún lobo merodeando por la zona, o mejor, encontrara por fin a alguno de los “discípulos” que una vampira había estado dejando últimamente por el lugar. Había oído rumores sobre eso aunque al no pedirnos realmente que a nosotros que fuéramos a investigar no había tomado partido por el momento, pero sí era cierto que me entraba cierta curiosidad porque lo que había oído de esa mujer era francamente “interesante”

Decían que era una vampira antigua y la recompensa que había por su cabeza era demasiado cuantiosa y suculenta como para no poder resistir la idea de intentarlo, pero una suma tan cuantiosa solo quería decir que ella era peligrosa y que te atenías a lo que te enfrentabas... sabía que mi tío Keith no permitiría que fuera yo solo pero... sí, estaba pensando en plantarme frente a aquella vampiro y no por la recompensa, sino por ver si eran tan buena como decían. Necesitaba acción en mi vida, algo que disparara la adrenalina porque siendo un demonio como era, y que carecía tanto de las emociones a veces necesitaba una buena dosis que me pusiera a tono, un desafío, enfrentarme con algo que no fuera fácil y aburrido, que pudiera perseguir y capturar para poder torturarla disfrutando de sus gritos de dolor y exponerla a mil maldades solamente por mi disfrute, porque así es como conseguía saciar al demonio al que me había entregado hacía tiempo y que había implantado unos muros y unas capas que me protegían absolutamente de todo. Lo que en un principio iba a empezar como una noche más de caza terminó en los barrios más bajos de la ciudad, allí donde toda la información se movía y de donde podría conseguir sacar algo sobre aquella vampira, algo que pudiera llevarme hasta ella. Al parecer no se sabía mucho de quienes le habían puesto precio a su cabeza, pero sí se sabía que la mujer a veces tomaba a hombres que eran como sus... “discípulos” o “vasallos” que dejaba con vida para sus propios beneficios o planes, y una sonrisa sádica y ladina cruzó mis labios al pensar en la opción que aquellas palabras me estaban brindando. Conseguir la información era relativamente “fácil” si sabías dónde buscar y cómo presionar a la gente para que cediera en tus deseos, así que no me fue fácil encontrar a alguien que pudiera responderme pero sí fue fácil que cantara cual pajarito bajo mis métodos de tortura en un rincón oscuro donde sabía que nadie se entrometería si no quería acabar muerto, y nadie allí lo deseaba.

Al parecer muchos eran los que habían intentado dar caza a la inmortal pero ninguno había regresado con vida, cuando hacían batidas solamente encontraban los restos de sus cuerpos y lo que parecía que había sido una carnicería por parte de la propia y yo me intrigué por eso. Al parecer también había gente que la había estado siguiendo y que pensaba, como yo, encontrar a esos eslabones que la pudieran llevar hasta ella para tener una baza y poder tener un as escondido en la manga. Todo apuntaba a que esa era la mejor manera de encontrarse con la mujer y poder tener una oportunidad, era algo de locos pero ni siquiera lo pensé cuando me dijo que esa noche habían partidos varios grupos, uno se encargaría directamente de la vampira mientras los otros buscarían a esos eslabones débiles de la cadena, con la presión suficiente supe hacia dónde se dirigían y no perdí el tiempo para acercarme al lugar y poder inspeccionar. Todo me llevaba hacia lo profundo del bosque, no tardé mucho en llegar y lo primero que hice fue coger la ballesta entre mis manos, al más mínimo movimiento que viera no dudaría en disparar. La velocidad y la rapidez eran factores cruciales si querías asestar el primer golpe, y nada como estar totalmente preparado para darlo; si encontraba alguno de ellos no quería que me diera a mí la sorpresa… más bien, quería dársela yo. Comencé a andar por el bosque pero quería llegar antes y encontrar a mí presa… sino la diversión sería mucho menor y no era lo que estaba buscando. No me fue demasiado difícil seguir el rastro que los cazadores habían dejado y que se internaban en lo profundo del bosque, cargado con mi ballesta seguí las huellas hasta que me encontré una pequeña cabaña donde al parecer estaba rodeada de cazadores, se oían ruidos de lucha y supe que estaban intentando cazar al eslabón perdido para presentarlo ante la vampira y tener una oportunidad, al menos, un turno extra con ella. Esperé paciente observando a la persona que se había quedado fuera vigilando dejando que ellos hicieran el trabajo por mí, preparado para saltar cuando salieran fuera y lo tuvieran preso. Tal y como había predicho dos hombres salieron sacando a rastras a un hombre joven, un vampiro que intentaba liberarse pero no podía porque estaba atado y al parecer algo aturdido por los golpes... y vi la ocasión perfecta.

Jamás me había considerado como una persona que fuera buena, de hecho, había vendido mi alma al diablo hacía ya tiempo y todo lo que había en mí era maldad y oscuridad. Desde hacía tiempo había erigido unos muros altos de hielo para que nadie pudiera llegar a ellos por lo que para mí ninguna vida que no fuera la propia, la de mi tío y la de mi hermana tenía valor ni importancia alguna, así que con la ballesta preparada apunté y disparé haciendo que la flecha volase y con precisión se incrustase en la cabeza del hombre que había estado vigilando fuera acabando con su vida. Los otros dos que no habían visto venir el ataque pronto se armaron para intentar encontrarme pero estaba en una buena posición, escondido, para que no me encontraran. Cargué una segunda flecha y en el momento oportuno apreté el gatillo para que la flecha se incrustara esa vez en la garganta de otro haciendo que cayera al suelo, ya en un uno contra uno salté para bajar de la pequeña colina en la que estaba no dándole tiempo a que pudiera dispararme, falló en su tiro y yo corrí acercándome a él sacando una daga para empezar la lucha. Un enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el que mi puño se estampó contra su rostro haciendo que girara, cogí su camisa con mi otra mano y le di otro puñetazo que lo lanzó al suelo, saqué una de las dagas y me lancé a por él sin poder esquivar el puñetazo que me lanzó en respuesta, pero me había convertido como en una bestia con un claro objetivo y acabamos por el suelo en el que intentó ponerse encima de mí, pero no logró hacerlo así que le hice una llave en el que lo tenía preso y así partí uno de sus brazos haciendo que chillara, sin perder más el tiempo corté su cuello de donde comenzó a manar sangre mientras observaba al hombre que, arrodillado frente a mí, perdía su vida ahogándose con su propia sangre. Limpié en su ropa mi daga de la sangre y la guardé para coger al hombre joven que, convertido en vampiro y sin poder ver nada por una venda, lo llevé arrastrando hasta donde había escuchado un grito y supuse que estaría la vampira destrozando al otro equipo de cazadores. Tardamos un par de minutos en llegar mientras tiraba del vampiro que iba lleno de plata, algo que los hacía débiles y que no se pudieran curar ralentizando también sus movimientos, finalmente sobre una pequeña colina observé la masacre que la vampira había cometido en el lugar donde la sangre bañaba la tierra, tenía sujeto a uno de los cazadores mientras se alimentaba de él, lucía una vestimenta típica romana con una capa roja que lucía bajo la luz de la luna. Cogí la estaca con mi mano y la puse en el pecho del hombre sobre su corazón cuando los ojos de la vampira se posaron sobre mi persona, una sonrisa maliciosa y ladina se extendió en mis labios mientras esperaba la reacción de la propia.


-Quieta vampira, un solo movimiento y atravesaré su corazón convirtiéndolo en ceniza y en polvo –sabía que eso no le iba a hacer ninguna gracia y yo tampoco es que fuera a dejarlo con vida, pero quería ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar ella después de lo que había hecho- creo que por esta noche te has divertido bastante, ¿no te parece? –Pregunté observándola sabiendo que por el momento tenía la situación bajo mi control, aunque sabía que las tornas podían cambiar rápidamente sin embargo el demonio de mi interior sentía cierta curiosidad, y estaba más que encantado con la masacre que contemplaba en aquel lugar causado por la vampira.




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Re: Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

Mensaje por Aglaia el Vie Abr 27, 2018 9:14 am

En lo alto del monte que le recuerda a los de las Termópilas un nuevo rival emerge de entre las sombras. No es un persa, ni siquiera un Inmortal. Su aura refleja a un humano común y corriente. Un guerrero que ha sacado la cabeza de entre la inmundicia social para elevarse como un héroe defendiendo a los suyos. Los ojos azules de la vampiresa lo observan con deleite y alegría. En lo profundo del Hades, cientos de espartanos preparan el desayuno para agasajar a la última de sus guerreros. Si tiene una muerte hermosa, comerá con ellos. El propio Cancerbero aúlla a la luz de la luna menguante provocando que al unísono, varios de los lobos en el bosque le hagan eco.

Y sonríe. Pocas veces puede expresar tal sentimiento de alegría al ver a un homoioi. Un guerrero curtido en las batallas mostrándose irreverente y majestuoso. Es glorioso. Una risa domina todo el lugar, fuerte y aguerrida, proveniente de la espartana que demuestra su felicidad al ver que por fin sus plegarias a Ares han rendido su fruto, el Dios de la Guerra le pone en el camino a aquél que puede enfrentarla cuerpo a cuerpo. Si ha logrado dominar a su progenie, entonces es un digno rival. - Me arrodillaría, pero ¿Sabes? Estar toda la noche matando tus hombres me ha provocado un calambre en la pierna - pronuncia con valor y gallardía las palabras que el Rey más aguerrido del cual ella desciende, le dijera a un hombre que se creía dios - ¿Y cuál es el nombre de tan aguerrido mortal que busca elevarse a la categoría de dios? - pregunta en tanto sus ojos se fijan en los de su child.

Un intercambio de miradas es suficiente para que ambos hagan una estrategia compartida. Al unísono, la espartana toma una flecha con punta de plata del carcaj tensando el arco en dirección al cazador. - ¡Espero te hayas alimentado bien y lleves contigo un óbolo! Caronte no te admitirá en su barcaza como carezcas de éste - el cuerpo del vampiro se tensa, se sujeta de los brazos del cazador al tiempo que la flecha atraviesa el aire con rapidez y fuerza inusitada. Se clava en el pecho del vampiro con tal saña, que la punta perfora la piel y carne del pecho para salir por la espalda y quedar clavada en el tórax del cazador - no hay retirada, no hay rendición. ¡Esa es la Ley Espartana! - grita con fuerza en tanto escucha pasos. No viene solo, sus compañeros le apoyan.

En tanto el nuevo Jerjes reacciona a lo acontecido, Aglaia avanza a toda velocidad ocultándose entre los árboles para llegar a donde encontrará a su homoioi. A su igual. Al tiempo que Phobos y Deimos caen a la tierra creando un gran estruendo acompañados por el primer rayo que Zeus lanza al lugar, el retumbar del trueno es idéntico al crujir de los huesos del brazo del primer compañero de este nuevo rival que ha sido encontrado en descuidada posición permitiendo que la vampiresa le tome con la diestra para lanzarlo contra el tronco de un árbol dejándolo incapacitado. La loca carrera por la gloria inicia. El vampiro que Naxel tiene en brazos, sonríe con los últimos vestigios de su existencia - Viene a por ti, humano. Mi sire vengará mi muerte. Tu sangre será la ofrenda a los dioses que ella venera - su cuerpo va convirtiéndose en cenizas - le has dado lo que ha buscado durante milenios. La hermosa muerte espartana - son sus últimas palabras en tanto se convierte en una pila de cenizas a los pies del humano.

Un par de alaridos más son elevados al aire. Las Keres, diosas de las muertes violentas, están ocupadas con tantos caídos. Y aún así, se regocijan en el espectáculo brindado al propio Ares que camina detrás de la espartana mirando la masacre dejada a su paso. En la mente de la vampiresa, sólo se encuentra el impulso de continuar hasta llegar a Naxel. Encararlo será la mejor de las bendiciones que le han dado a lo largo de su existencia. Alguien que valga la pena, alguien que tenga la fuerza y la condición para darle batalla. Un igual. Un homoioi. Un antiguo guerrero de los que ya no hay en el mundo. Las piernas aceleran el paso en su ascenso bañado en sangre y cuerpos heridos o inertes. Uno de los cazadores busca escapar, es la presa perfecta para la vampiresa que en dos saltos cae encima de éste para hacerle una agarre con el brazo y conducirlo los pocos metros que le quedan hasta lo alto del monte donde Naxel se encuentra.

De entre las sombras, el manto carmesí se ondea en tanto la figura femenina es iluminada por la pálida luz de una luna que muere. Los ojos azules tienen brillos rojizos en tanto lo observa y, como una parodia al primer acto representado por Naxel, ella mantiene a su compañero en el agarre mortal succionando de su vena para recuperar fuerza. Avanza paso a paso, con el bulto humano al frente. Si él hiciera lo mismo, si lanzase la flecha para atravesarla, tendría que batir también la armadura que la envuelve. Los últimos tres tragos son dados antes de que el cuerpo del otrora compañero de Naxel, hoy un cadáver más, es dejado caer al piso como una representación legendaria de los ancianos espartanos que desechaban a los deformes en el Apothetae. La Kere que le sigue, atraviesa incorpórea el cráneo del mortal para adquirir su alma y llevarla al Infierno.

En el cielo, Zeus se complace con la escena y lanza otro rayo que cae muy cerca del lugar, contra un árbol que se parte en dos prendiéndose fuego. Las nubes son apaleadas por el dios Eolo, golpeándose unas con otras, lloran lágrimas que caen al suelo mojando a los presentes. Las primeras gotas resbalan por el rostro de la vampiresa que sonríe con un brillo insano presentándose ante Naxel - soy Aglaia, nieta del Rey Leónidas y de la Reina Gorgo. Esposa y madre de tres verdaderos hombres. Guerrera espartana. Las presentaciones están hechas como lo dicta la ley, así sabrán quién te mató, empieza a pelear con todas tus fuerzas porque no he de ser yo quien se contenga ni un ápice. Sea mi padre Ares y las diosas Keres los testigos de este desafío, AU, AU, AU - las espadas gemelas están bañadas de sangre, son sacudidas con un movimiento elegante antes de que la posición ataque-defensa espartana se plante ante el cazador.

El lugar está dispuesto, igual que en las Termópilas, dos figuras se encuentran. La diferencia es que el mortal no es un dios y el guerrero no es mortal. En el Infierno, Caronte recibe al alma del vampiro para atravesar el Río Estigia. En la otra orilla, en lo profundo del Tártaro, los Titanes alzan la mirada y Caos se regodea ante las infinitas posibilidades que este encuentro brinda.




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Re: Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

Mensaje por Naxel Eblan el Lun Mayo 07, 2018 12:03 pm

Sabía que no sería una tarea ni una misión fácil y sencilla el hecho de ir a por aquella vampira, si la recompensa era tan alta y tras el tiempo que llevaba nadie había conseguido atraparla quería decir que presentaba un desafío digno de admirar, y por qué no, de intentarlo también. Al fin y al cabo era un cazador y aunque no tenía complejo de Dios sabía perfectamente con quién y con quién no debía de meterme. Sin embargo ir tras esa vampira era una curiosidad que tenía por saber quién era y cómo luchaba, porque los que habían ido a por ella no se habían vuelto a saber nada más de ellos tras partir de caza. Sabía que era una misión peligrosa pero ¿cuándo me dictaba por lo fácil o difícil? Evidentemente que lo fácil no lo quería y siempre rechazaba trabajos fáciles precisamente por eso, porque no me gustaba nada que fuera demasiado sencillo y que no me aportara algo de acción y de adrenalina, así que ir tras esa vampira sería un exquisito manjar que un demonio como yo no podría evitar desaprovechar. Me había informado bastante bien sobre el grupo de hombres que iba a por la vampira, uno en los barrios más bajos y rastreros de la ciudad podía encontrar cualquier tipo de información y sabía perfectamente que la partida de hombres saldría esa noche de caza, es más, al parecer tenían elaborado todo un plan para la vampira que me hacía pensar cómo lo solucionaría ella y qué haría cuando hicieran tal jugada. Se trataba de coger a uno de los vampiros que ella misma había transformado y que estaban escondidos en el bosque, o al menos se escondían allí durante el día. Habían localizado el lugar y mientras un grupo distraía a la vampira otro, en cambio, iría a por los “hijos” de esta para poder utilizarlos en su contra. Había oído hablar sobre las habilidades de la vampira y debía de ser una buena luchadora ya que provenía de la época espartana y si algo se sabía sobre esa época en concreto era eso; que eran buenos luchadores. Seguramente el espectáculo estuviera más que garantizado y mientras dejaba actuar a los humanos preparando todo para mi entrada vería qué es lo que hacían. Cuando llegué al bosque y seguí sus pisadas que me condujeron hasta la cabaña vi que, efectivamente, los hombres sacaban a un vampiro al que habían atado y que no tendría la fuerza necesaria para soltarse si lo habían debilitado con plata. Los haces de luna hacían que su pecho brillara en diferentes pates haciéndome saber que lo habían debilitado con la plata, desde unos cuantos metros se oían los ruidos de la otra batalla donde al parecer la vampira estaba acabando con los cazadores ya que estos que tenían al vampiro parecían tener bastante prisa por llegar hasta donde estaba ella.

Claro que no se dieron cuenta de que yo me acercaba y pude, tras ver cuántos eran, me los cargué para que ninguno pudiera seguirme tomando el brazo del vampiro y tirando del mismo hasta que subí a una pequeña colina donde se veía lo que la vampira había hecho con el otro grupo de cazadores, los había matado a todos. Es más, tuve la fortuna de presencias cómo mataba a un par sin piedad alguna mientras yo sostenía al vampiro a mi lado y una estaca puesta en su pecho justo donde estaría su corazón, tan solo me bastaría atravesar su pecho para matarlo aunque quería ver la reacción de la vampira primero. No tardó demasiado en darse cuenta de dónde me encontraba y sus ojos se fijaron en los míos, su capa roja ondeaba al viento dejando ver la armadura que llevaba y que seguramente fura típica de la época espartana, sonreí de lado cuando le hice saber que tenía a su vampiro y que podría matarlo de así quererlo por lo que la amenacé que no se moviera salvo que su querido “hijo” fuera convertido en polvo. Reí de forma fría y corta por sus palabras cuando dijo que se arrodillaría, ¿arrodillarse? Siendo ella una vampira sería algo digno de ver si llegara a darse el caso pero sabía bien que no lo haría, y si lo hacía, que se despidiera de su cabeza sobre su cuerpo. Al parecer la vampira quería saber mi nombre mientras sujetaba a su vampiro a mi lado con la estaca sobre su pecho en una firme amenaza, si ella quería saber el nombre del hombre que lo mataría, ¿por qué debía de quitarle ese último deseo? Simplemente murmuré un “Naxel” ya que era lo único que iba a decirle, todo lo demás carecía de importancia porque era mi enemigo y al final acabaría muerta bajo mis manos, su sangre oscura y espesa mancharía mi ropa y finalmente cuando su vida estuviera a punto de acabar yo mismo la haría arrodillarse frente a mí para cortarle la cabeza, que la sostendría entre mis dedos alzada mientras empujaría su cuerpo que caería al suelo viendo como su cuerpo se convertía en ceniza. Sí, así sería el final de aquella vampira en cuanto acabara con el vampiro que tenía a mi lado, con su “hijo”. Lo que no esperé es que este se aferrara a mi cuerpo con fuerza mientras ella tomaba el arco, preparaba la flecha, y la lanzaba haciendo que atravesara el pecho del vampiro, su inerte y pútrido corazón, para clavarse en mi pecho haciendo que gruñera por ello.


-Hija de puta –dije clavando igualmente la estaca en el vampiro quien con una sonrisa ladeada en sus labios me avisaba que ella venía a por mí, que mi sangre sería venerada a sus dioses y que, además, yo le otorgaría la muerte que ella estaba buscando. Tomé con mis dedos el pelo del vampiro y de un tirón brusco lo acerqué a mí para que me escuchara con claridad absoluta- mataré a tú Sire, le arrancaré la cabeza y seré yo quien venere a mis dioses con su sangre milenaria –dije en un tono frío, tan frío como la misma muerte, en una promesa que sería llevada a cabo y que culminaría esa misma noche. La vampira había desaparecido pero sabía que no se iría sin presentar batalla, más cazadores aparecieron en lo que el vampiro se convirtió en cenizas y polvo, los cazadores atacaron a la vampira que se movía de forma grácil por el lugar con su capa roja ondeando al viento, matando a cada uno de los cazadores mientras yo, en la cima de la colina, la observaba preparado y listo para la acción. Había cortado la flecha aunque no la había sacado para que taponara la herida y así no perdiera sangre, ya habría tiempo para sacarla y curarme la herida, ahora me importaba más matar a la vampira que se movía por el terreno regando el suelo con sangre. Sus ojos se clavaron en los míos cuando ya tenía mis espadas cortas preparadas para la acción, bebía de uno de los cazadores utilizándolo de escudo como si fuera a lanzarle una flecha con la ballesta, no, sabía que vendría hasta donde me encontraba y entonces utilizaría mis espadas con el filo de plata para herirla, debilitarla, y poco a poco ir haciendo que perdiera fueras y energía mientras la torturaba... teníamos toda la noche por delante y, a diferencia de ella, a mí el sol no me quemaba hasta convertirme en ceniza. Se presentó frente a mí, sus labios manchados ligeramente de carmesí por la sangre, reí ante su forma de hablar y de esas leyes espartanas que decía mientras yo giraba mis espadas entre mis manos listo para la acción- ¿Has acabado ya con tanta palabrería? Preferiría matarte que escucharte –contesté mientras veía que ella también se ponía en posición de ataque, sabía que era una vampira y que era más rápida que yo pero para eso me había entrenado, además, el ver cómo se movía me hacía un esquema de sus movimientos de ataque, de cómo a veces tiraba el pie hacia atrás ligeramente para asestar un golpe... me había dado información valiosa que utilizaría en la lucha contra ella- Y yo soy Naxel Eblan, hijo del mismísimo demonio, y el mismo que será tú verdugo esta noche –nada más terminar de decir esas palabras lancé una pequeña daga hacia ella que, como ya había previsto, apartó con su espada pero al mismo instante en que la lancé también fui a por ella para atacarla, de forma que pude colarme por su otro flanco con el que había desviado la pequeña daga, su espada apartó una de las mías pero la otra consiguió al menos rozar su piel, eso bastaría para debilitarla con la plata que tenía.

Nos movíamos por aquel bosque plagado de sangre en el suelo como un escenario macabro y dantesco, como una oda a la propia muerte que al parecer se le estaba rindiendo culto por esa noche. Dos enemigos enfrentados a muerte aunque la balanza cayera sobre ella, pero podía cambiar las tornas si había utilizar bien mis cartas. Los golpes se sucedían moviéndonos por el campo de batalla improvisado, del acero saltaban chispas cuando parábamos los golpes y nos movíamos esquivando, ella más rápida que yo consiguió darme en un par de veces pero no me rendí y seguí adelante luchando contra ella. En un momento dado cuando se giró esquivando mi golpe mi espada rasgó la tela de su capa, algo que no le gustó demasiado porque arremetió con fuerza gruñendo, logró que una de mis espadas saliera volando clavándose en la tierra, me dio una patada en el pecho que me hizo retroceder por su fuerza y gruñí por la herida que tenía de la flecha, rodé por el suelo para levantarme con rapidez no queriendo dejarle margen a ella y, de la funda que tenía, saqué un látigo que tenía púas de plata especial para vampiros y sobre todo para licántropos. Lancé el látigo que dio en una de sus piernas descubiertas, las púas harían su función y aunque simplemente las rozaran harían que la piel se levantara y además no sanara, claro que ella era más rápida y a veces solo la rozaban pero incluso así cumpliría su función. En un momento dado, aprovechando que sabía que iba a atacar lanzándose contra mí porque retrocedía terreno, el látigo logró enroscarse en su cuello de forma que las púas se clavaron, pero no era idiota y no quería acortar con ella la distancia porque llevaba dos espadas y porque además sus colmillos podrían atravesar mi piel y desgarrarme. La sangre caía por varias heridas que tenía pero también podía ver en ella heridas abiertas, causadas por la plata que la impedía regenerarse con la rapidez con que lo haría normalmente. No es que fuera ganando ella por mucho, pero la balanza sí estaba ligeramente inclinada hacia ella... sin embargo eso no hacía que yo me rindiera en ningún momento, allí solo cabía dos opciones: o muerte, o victoria.




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Re: Revenge is sweet, isn't it? [Naxel Eblan]

Mensaje por Aglaia el Mar Mayo 08, 2018 9:09 am

Calíope, la musa de la elocuencia, está incordiada ante la osadía del cazador que exige pelea más que frases. Y a ella le encantó el sonido suave cual pétalos de rosa de la voz espartana. La guerrera es fiera, más su voz es más dulce que la miel, una de las tantas bendiciones que los dioses y musas le otorgaron a la griega que sonríe con satisfacción. El camino ha sido largo para encontrar a alguien del nivel que Naxel representa. Ni las huestes persas, romanas, visigodas o los vikingos, le dieron tanta emoción a un encuentro como este mortal que quiere encarar a los dioses para recibir la ambrosía que lo transforme en una divinidad. - Sea pues mortal, que tu nombre sea escrito en la historia y se llene de gloria - susurra esperando con el escozor en las palmas de las manos el inicio de la contienda.

El brillo de la daga de metal cortando el aire es el método de distracción por excelencia. En automático, la espada diestra se coloca en su camino desviándola en tanto la siniestra a espaldas de la griega, se prepara para el siguiente movimiento creando un círculo mortal que es parreado por la habilidad humana quien se torna osada rozando la tela que cubre el cuerpo femenino para traspasarla. El contacto de la plata contra la epidermis vampírica es la causante de un corte ígneo por la combustión como si de fuego y solvente se trataran. El conocimiento es poder. Y el poder iguala a la sabiduría. En la conciencia de la espartana está la urgencia por no permitir que esos filos vuelvan a encontrarla. La plata irá debilitando su cuerpo haciendo que las heridas sean imposibles de cerrar, donde la epidermis es cortada, se quema impidiendo que vuelva a unirse por lo que la vitae escurre como arena de los dedos sin control.

Las Keres se remueven inquietas esperando el resultado de esta mítica batalla, su hermana mayor se ha elevado por los aires dejando que el viento enviado por el Dios Eolo agite sus vestimentas y su guedeja trenzada creando una etérea imagen en tanto desea por primera vez en su existencia, no tener que cobrarse la vida de esta guerrera que tanto honor y gloria ha dado a Esparta y a la Antigua Grecia. El ir y venir de las espadas denota la maestría de años de cada uno de sus portadores. Los movimientos se siguen como si de una danza mortal se tratase, no hay quien lleve a la pareja, son tan excelentes en sus artes que se sincronizan con gran habilidad lanzando golpes y evitándolos. Logrando el éxito y obteniendo derrotas. Todas en una escala todavía baja para lo que implica este gran acontecimiento.

El acero perfora la tela carmesí creando un gran surco al partirla en dos. La bandera de su patria, el símbolo de su procedencia es mancillado, por instinto la espartana lanza una arremetida más fiera y agresiva contra el mortal con movimientos propios de su celeridad apenas disminuida por el contacto de la plata por los tres cortes que ahora tiene. Si lo matase sin heridas, sería otro ilota más. No, este Inmortal es mucho más fuerte y habilidoso. Le da la cara con soberbia y altanería que en lugar de incordiarla, le agradece. Un movimiento espartano se luce en el campo de batalla en un giro tan rápido que el golpe hacia la mano es perfecto para que el metal salga sin control fuera del alcance del cazador en tanto gira por el aire cayendo el filo al suelo quedándose incrustado con el temblor propio de la violencia del acto. Es la forma que Aglaia tiene de decirle que, con su manto, no se atreva a meterse.

Necesita algo de serenidad, así que aprovecha el instante de desconcierto para hacer una carga con la pierna sobre el tórax del rival y con la potencia del gesto, enviarlo de espaldas metros lejos de ella. El gemido de dolor le recuerda de la estaca que aún tiene clavada en el pecho. Su postura erguida, firme las piernas en el suelo, hacen una evaluación rápida de sus heridas girando las muñecas, las espadas hacen movimientos circulares en tanto el cuerpo del cazador gira por el suelo para incorporarse. Tiene heridas no tan importantes, más no hay que abusar. Debe parar ya el ataque para que su cuerpo pueda bombear sangre con el fin de medio cerrar las heridas. Esta vez, un látigo aparece en la escena. Aprieta el mango de las armas en tanto su estrategia cambia. Su arco está lejos, esa sería la primer arma a elegir. Descartada entonces, sólo puede esperar a que él haga su movimiento. El textil gruñe al ser liberado acortando la distancia con un zumbido sádico buscando su pierna izquierda desprovista de armadura. La espada se mueve en un círculo bajo para evitar el contacto. Lo logra con algunos hilos, más dos le rozan con esa fuerza creando pequeños aruños que al ser infringidos con plata, se levantan y no permiten la regeneración de nueva cuenta.

Cambia entonces, empieza a dar saltos evitando las trayectorias de esos hilos de puntas argentas, pronto se aburre de estar huyendo. Su pie izquierdo se planta con tal fuerza, levantando la tierra al deslizarse hacia su diestra cuando decide impulsarse con la intención de brincar por los aires y caer atrás de él. Antes de siquiera lograrlo, la habilidad del humano es suprema. Le enreda el látigo en la garganta creando múltiples heridas, con el ígneo tormento en el cuello de cisne, Aglaia decide hacer algo diferente. La celeridad de la espartana es mayor por lo que ejecuta dos acciones cuando Naxel apenas puede ver una. La espada siniestra se guarda en su funda antes de que la espartana alargue esa mano para sostener el textil trenzado del látigo y jalar hacia ella con tal potencia, que atrae al humano que no se esperaba tal actuar.

Los metros que él avanza por el impulso del tirón, son suficientes para que afloje el estiramiento del instrumento dejando que las puntas se suelten por inercia cayendo al piso en tanto ella da otro jalón a la soga para sujetar el mango del arma del cazador con dicha mano. - Nunca creí que fustigaría al tigre - susurra al hombre que está boca abajo en el piso intentando levantarse. El látigo es más rápido, revienta el aire con un chasquido azotando el hombro de Naxel, la piel se abra de golpe con varios surcos. La distancia se acorta cuando Aglaia avanza con tranquilidad hacia el varón. El siguiente golpe va contra la espalda. La espartana se queda a una distancia prudente devolviendo las caricias ígneas al cazador que, por supuesto, no van a quemarle. Las heridas tienen un cariz diferente en el humano. Tres golpes más y éste empieza a sentir los temblores que anuncian el desangramiento, la pérdida de la conciencia y la debilidad del cuerpo.

Se planta ante él, las botas se quedan ante los ojos de Naxel que alza la cabeza para mirarla con tal expresión que Ares aplaude desde el Olimpo. Fobos, Dios del miedo, intenta tocar al humano para que sea consciente de lo que se aproxima, se queda sorprendido cuando su poder es rechazado por primera vez en siglos. ¿Acaso este mortal no tiene miedo a morir? Aglaia le observa colocando la espada en el cuello del hombre, es tal la rebeldía masculina, la osadía, el impulso por seguir que se lee en esos ojos, que la hace pensar en algo diferente. - Quieres elevarte a la altura de un Dios siendo un hombre. Quieres ir a tocar el sol con alas de cera. Has sido un gran guerrero. Tu ímpetu es tal, que podrías levantarte aún así de lastimado. Sea entonces, te complaceré en tus deseos porque todavía no quiero que ésto termine. No así - guarda la espada en su funda, pone una rodilla al piso obligándolo a girarse boca arriba. La sangre que pierde es demasiada. El castigo ha sido implacable. Aglaia le coloca una mano en la espalda masculina sabiendo el dolor que le está provocando, baja la cabeza para acercar su rostro al del hombre sin importarle que le tome de los cabellos o se los arranque intentando evitar lo que no comprende.

La boca femenina besa a la masculina, se regodea en su sabor férreo y en su adrenalina. Relame la vitae que se resbala por los estertores de las heridas acariciando la mejilla del hombre con el cariño que le profesa un guerrero de esta altura. Sus labios continúan el ósculo, su lengua sigue removiéndose en el interior del cazador disfrutando de ese sabor mezclado con la potente adrenalina y el ímpetu del mortal. Con una sola gota, puede absorberlo todo, más está tan concentrada en paladearlo, en degustarlo, que alarga el tormento que es para Naxel este actuar sin importarle que él le muerda hasta cortarla. Al contrario, eso era lo que quería. Se aleja un par de centímetros para que él pueda enfocar cómo sus colmillos rasgan la fina piel del músculo bucal de la espartana hasta que la espesa y seductora vitae emana de ésta.

No se conforma con dejar caer algunas gotas en la boca del cazador que ella misma mantiene abierta si no que vuelve a bajar para seguir besándolo. El contacto de la sangre vampírica en el organismo del hombre es incontrolable. Aglaia sabe lo que produce, el placer infinito de éste que en los humanos se torna sexual. Alarga la mano introduciéndola dentro de los pantalones del cazador, buscando y encontrando para acariciar el falo de éste. Le da un descanso a esta contienda que se torna lujuriosa para el humano que sigue recibiendo la vitae de la espartana. La sangre de milenios no puede compararse con la de un recién creado. Es más espesa, más sabrosa y adictiva. Aglaia masturba al varón en tanto las heridas empiezan a regenerarse como consecuencia del poder que le da gota por gota, en ese ósculo violento y pasional. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué lo violenta así? Para su mente, no es una violación, es una ofrenda, su forma de agradecer por este combate.

El orgasmo es palpable, las falanges rojizas escapan de la prisión de los pantalones en tanto Aglaia termina el beso para mirarle. - Está hecho, mi sangre te dará el poder para seguir - se incorpora tras dejarlo con mimo en el suelo, tomar el látigo para dejarlo al lado de él en tanto se aleja unos pasos. Tardará unos minutos que se recupere por completo, por lo que Aglaia está extendiendo los sentidos para localizar algunos moribundos y alimentarse en tanto él vuelve al ataque. - Recupérate, no tardaré, necesito algo para cenar y esta vez, volveremos a pelear. Esta vez, serás mi igual, gracias a mi sangre, serás mi igual - no hay gloria en pelear con un inferior. Naxel es y será para ella, un homoioi.




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