Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Aglaia el Vie Abr 13, 2018 3:16 pm

"His ferocity surpassed only by its beauty.
Her beauty equaled only by her devotion to her king".

París, la ciudad del pecado y de la decadencia disfrazada con la insulsa palabra del amor. No existe un recoveco donde la maldad no esté presente. La sociedad ha decaído, las polis griegas se han trastocado en un amasijo de fingida refinación y evolución. Si la antigüedad estaba plagada de barbarie, la actualidad no refleja un cambio drástico. Las instituciones se han transfigurado, las personas transformado y pocos son los lugares donde los valores de la verdad, el honor y la lealtad para los tuyos existen. Los hombres han caído a planos de degeneración moral que sorprenden. En su polis, no hubo tanto adelanto por así decirlo, los estudiosos atenienses, los pacíficos y remilgados atenienses se ufanaban de tener una polis mucho más avanzada que Esparta.

¿Y a dónde condujo todo? A la conquista. A perder los tipos de existencia y en el momento que los espartanos fueron señalados con el dedo difamados de crueles y sanguinarios, los invasores entendieron cuál era la polis que debían atacar con fuerza. Los homoioi han desaparecido, de las cenizas emergió una especie de hombre que ¿Podría llamarse así a los decadentes humanos que pugnan por valores éticos y morales cuando en la oscuridad practican todo tipo de actividades contrarias a sus palabras? La homosexualidad, por ejemplo, tan natural en Esparta y Atenas, era aquí un motivo de persecución y homicidio.

La iglesia, pilar religioso de la ahora humanidad, era la culpable de que la mentalidad de los hombres cambiara con la creencia de un falso dios que es todo bondad cuando en sus escritos, lo que se aprecia en el Viejo Testamento, es una oda a la destrucción y a la maldad. Otrora distinto con el famoso Jesucristo que muere en la cruz romana y ni siquiera la Iglesia tiene la bondad de representarlo como fue. Los clavos en las manos son una parodia de lo que la institución es: un nido de serpientes mentirosas, viles y traicioneras. Y compararlos con el reptil es un golpe bajo porque estos seres de sangre fría atacan por instinto, no por el anhelo de matar a sus pares por gusto.

Algo que en Esparta no fue así. Si bien la situación social y política no era un algodón de azúcar, no eran unos hipócritas indicando que todos eran iguales. Había esclavos y como tal, se les daba el tratamiento adecuado. La Iglesia proclama a los cuatro vientos la igualdad y existen los esclavos sólo porque "no tienen alma", así que no pueden aleccionar a los negros del África por esa ausencia de lo que ellos consideran, lo es todo. ¿Qué saben ellos de un alma? Si fuera así, ni siquiera los egipcios podrían tenerla y en sus historias están las puertas del inframundo abiertas para todos y dependiendo las acciones que realizaran, era el lugar donde morarían. Igual en su propia cultura griega. Estaba el Elysium. Y qué decir de la vikinga con el Valhalla. El paraíso católico es una muestra del símil poco concebido y desarrollado con un infierno retorcido que llena de temor a todo aquél que escucha la mención de Satán. Como si a los espartanos les atemorizara cenar en el Hades.

Los pasos de la vampiresa resuenan por los adoquines en tanto busca algo adecuado para comer. En su nueva condición no-viva, un ilota era una buena opción en aquéllos tiempos de gloria y honor. Hoy, se conforma con aquéllos seres que debieron morir en lo alto del Apothetas. Seres sin importancia para la sociedad, que son exiliados por ésta y que mejor muertos que ser una carga para el sistema económico. Así entonces, sus pies continúan en la búsqueda. Sus sentidos desarrollados buscan sin éxito por el momento. Justo, un ruido la alerta, voltea hacia su derecha llevando una mano a la cintura de sus ropajes. El traje de guerra ha sido guardado por esta noche, mas las espadas gemelas siguen prestas en su cinturón al igual que las dagas. Nunca se está bien preparada para lo que pueda pasar.

Su sigilo hace su aparición, sus movimientos felinos la llevan hasta un callejón donde al parecer, uno de sus pares se alimenta. O intenta hacerlo. Las diversas marcas en el cuello y muñecas del humano son muestra de cuánto es su deseo de proporcionar angustia. Porque el Beso es un momento muy placentero para la víctima, así que conociendo a otros vampiros, supone que está dándose el tiempo para que su alimento tenga la conciencia de lo que está haciéndole: consumiendo toda su esencia. Va a alejarse cuando algo la hace percibir lo contrario. La angustia está en la vampiresa que intenta de nueva cuenta, morderlo y no puede más que succionar unas gotas dejando la herida abierta. La sangre derramada es suficiente para que el hombre bajo su cuerpo muera. No hay forma de dar marcha atrás. ¿Acaso es una neonata? ¿Y dónde está su sire? Busca con la mirada sin encontrarlo, expande sus sentidos sin éxito. ¿Está sola? Eso es malo para la especie.

Una neonata sin dirección, sin un mentor que la proteja, es un blanco para la sociedad, sobre todo para los cazadores e inquisidores. Su instinto prima. Se acerca hasta ella poniéndole una mano en el hombro. El respingo es esperable - así no. Lo único que haces es provocarle una hemorragia y no puedes alimentarte. Sella las heridas con tu saliva. Eso lo regenerará y cerrará todas las incisiones. Ten en cuenta que, por la pérdida de vitae, él ya no vivirá. Así que afianza bien el cuello, muerde la yugular y acábalo. Ten piedad de él, porque sufrirá intentando recuperarse, pero la parca ya está aquí. Se lo llevará al Hades con o sin tu ayuda. Aliméntate y consúmelo - su voz es suave y aleccionadora. Relaja, pareciera como si hubiera dicho ésto cientos de veces. Y así es. Aglaia ha sido mentora de tantos vampiros a lo largo de su existencia que ha perdido la cuenta.


Última edición por Vanessa Eve Miracle el Vie Mayo 11, 2018 4:25 pm, editado 1 vez




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Re: Take a sad song, and make it better [Asura Nanami]

Mensaje por Asura Nanami el Lun Abr 30, 2018 10:35 am

Había pasado varias semanas desde que por fin podía controlar de alguna manera mis movimiento para parecerme lo más posible a cuando era humana, me había costado un poco controlar la velocidad y la fuerza porque era algo que hacía casi sin pensar pero al final fui capaz de dominarlo, al menos, para no seguir encerrada volviéndome loca, necesitada de salir a que fuera a tomar el aire aunque este ya no lo necesitara. Estaba poniendo todo de mi parte, estaba haciendo todo lo posible para adaptarme a la nueva vida que tenía, a lo que debería de ser a partir de que despertara ya convertida en vampiro dejando atrás la vida humana que había llevado, atrás quedaban las comidas normales, los paseos bajo la luz del sol... lo iba a echar mucho de menos, no es que fuera una gran aficionada a dar paseos matutinos pero el saber que jamás iba a sentir el sol en mi piel de nuevo no era algo que me gustara en absoluto. Cerré los ojos y lancé un suspiro preparándome para otra noche de nuevo por las calles, el sol ya se había ocultado y era una sensación extraña pero era como si pudiera sentirlo, como si mis sentidos despertaran cuando el sol se escondía y se ponía... era extraño sin duda alguna. Debía de afrontar una noche más lo que era, acostumbrarme a pasear por las calles de París sintiendo todos aquellos corazones que me llamaban y me tentaban para que los tomara, para que hundiera mis colmillos en su cuello y me alimentara. Eso era lo que peor llevaba de todo aquello, yo no era una persona que le gustara hacer daño a la gente y solo lo había hecho en momentos puntuales cuando había sido atacada, mi padre me había enseñado a defenderme desde que era pequeña y sabía artes marciales, podía defenderme tanto cuerpo a cuerpo como con cualquier espada aunque mi especialidad fueran las Katanas. Pero herir a una persona solo por el simple hecho de que había algo en mí que me impulsaba a tomarlo, a beber de esa persona... no me gustaba en absoluto. Era lo que menos de gustaba de ser vampira y a esas alturas me suponía muy complicado el alimentarme, aunque había ido probando primero de forma controlada o así me habían enseñado, tenía la suerte de que quien me salvó tuvo mucha paciencia conmigo y además respetaba la vida humana, no los mataba para alimentarse y eso es lo que quiso enseñarme... pero para una neófita eso no es fácil.

Yo intentaba controlarme pero era cierto que no podía quedarme recluida siempre y desde que me había convertido en vampira no había ni visto a mi familia, bueno, al menos a la “familia” que tenía en París ya que mis padres vivían en Japón. Les pude mandar una carta asegurándoles que estaba bien y que volvería pronto, tenía ganas de verlos porque los echaba de menos al igual que a los pocos amigos que había logrado hacer allí, pero me costaba controlar mi sed y no quería hacerles ningún tipo de daño. Salí finalmente a la calle donde el sonido de los corazones latiendo de los humanos captó toda mi atención, sentí que el hambre crecía en mi interior de una forma que era complicado de controlar, escuchaba el ritmo incesante de estos, el olor que desprendían era simplemente delicioso y sentí que mis colmillos crecían casi sin darme cuenta. Tapé mis labios con mi mano para que nadie se diera cuenta de los colmillos que asomaban y me fui mezclando entre la gente intentando controlar las ganas, hasta el momento no había matado a ninguna persona pero tenía que alimentarme porque llevaba un par de días sin probar alimento alguno, yo no quería matar así que lo más seguro era coger a alguien, dejarlo inconsciente y beber... el problema y el miedo que me daban era que no pudiera controlarme y acabara por beberme hasta la última gota. También mi Sire me había dicho que todos los vampiros tenían y desarrollaban ciertos poderes cuando eran transformados y que, posiblemente, estos se fueran manifestando con el paso de los días pero por el momento yo no había notado nada raro. Seguí andando hasta que encontré a la presa perfecta, estaba completamente solo y no me costó demasiado convencerlo para que me acompañara, desde que era vampira la seguridad y la confianza en mí misma habían aumentado y lo que antes como humana me habría costado mucho más ahora parecía mucho más fácil. Lo llevé hasta que encontramos un callejón, bastante apartado de la calle principal, donde el joven pegó mi espalda a la pared y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, yo solo podía sentir el incesante golpeteo de su corazón en su pecho, la sangre corriendo por sus venas... en un cambio inesperado fue él quien acabó contra la pared, un golpe en su cabeza dejándolo inconsciente mientras sujetaba su cuerpo. Mis colmillos crecieron y acerqué mi boca a su cuello... pero no hice nada.


-No puedo hacerlo –murmuré en un tono de voz bajo hablando conmigo misma puesto que allí no había nadie más, mi pecho subía y bajaba con velocidad porque seguía teniendo hambre pero me daba miedo que al empezar fuera incapaz de parar- no puedo hacerlo... –murmuré mordiéndome el labio mientras subía mis ojos a aquel humano que inconsciente no sabía la suerte que tenía porque otro vampiro no habría ni dudado en hincarle el diente. Mi parte humana era como si quisiera resistirse a que me alimentara solo a base de sangre, lo pensaba y me daba hasta un poco de asco pero era la única forma que tenía para alimentarme y seguir con vida, ya me habían dicho lo que pasaba si no me alimentaba en varios días, tenía que hacerlo, dejar el debate interior a un lado y beber de su sangre- Vamos Asura, tú puedes –me dije en un vano intento por darme ánimos en un nuevo intento por morderlo pero apenas soy capaz de dar otro mordisco en el brazo, un par de gotas emanan del humano y me aparto por miedo a perder la cabeza y dejarme llevar de forma que lo pueda matar. Tras varios minutos miro y me doy cuenta de que el humano tiene mordiscos por sus brazos y por su cuello, incluso alguno que otro en su pecho y todavía no soy capaz de alimentarme como es debido, ¿qué hay de mal en mí? ¿Por qué no puedo ser la vampira que se supone que debo ser? Es entonces cuando una voz de mujer suena en el callejón al mismo tiempo que noto una mano posarse en mi hombro, no había sido capaz de notar su presencia y eso hace que me sorprenda y de un pequeño bote en el sitio para girar mi rostro y encontrarme con aquella mujer que emana fuerza por todos lados, seguridad y un peligro que es como si te advirtiera en llevar cuidado con ella. Lejos de lo que su aura desprende sus palabras con como una guía cálida que indica los pasos que debo seguir para no hacer más daño al humano, es cuando me doy cuenta tras lo que me dice del daño que le he causado, apacible con sus palabras hago lo que me ha dicho y pongo saliva en cada uno de los mordiscos viendo que como ella había dicho eso sella la herida y veo como se regenera la carne lentamente, de forma que ya no hay sangre que manaba de estas y que cae al pequeño charco que se ha formado en sus pies. Me pedía que acabara con ello y yo, con cierto miedo en mis ojos, la miré con los labios entreabiertos- pero... yo no.... –yo no quería matarlo, tan solo quería alimentarme y poder superar una prueba que me había impuesto a mí misma en esos momentos, pero veía que ella tenía razón y que tenía que acabar con su vida porque de una forma u otra ya estaba condenado- wakarimashita –dije en un pequeño susurro entendido sus palabras y finalmente tomé el cuello del hombre, lo ladeé dejando espacio y clavé mis colmillos una vez más pero esa vez por lo que ella me había dicho no dejé de succionar notando como si su vida se fuera apagando con cada mordisco, sentí ganas de alejarme pero la piedad fue algo que me llevó a seguir bebiendo hasta que finalmente noté que su corazón ya no latía y que su vida se había extinto. Abrumada por aquello siendo la primera vez que lo hacía yo sola, por la oleada de sentimientos que me embargaron solté su cuerpo que cayó con aplomo al suelo mientras yo daba unos pasos hacia atrás incrédula por lo que había hecho- yo.... gomen –dije cerrando los ojos sintiéndome como una renegada de mi propia especie, ¿por qué no podía ser como otro vampiro cualquiera? ¿Por qué me seguían asaltando las dudas? Abrí mis ojos mirándola a ella, magnífica y espléndida que había sido algo paciente aun cuando no tenía por qué serlo- gracias por... ayudarme, es la primera vez que me pasa estando sola y –mordí mi labio- me siento una estúpida porque me haya visto otro vampiro –si fuera humana mis mejillas se hubieran tornado de un color rosado sin duda alguna.


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Re: Take a sad song, and make it better [Asura Nanami]

Mensaje por Aglaia el Lun Abr 30, 2018 12:59 pm

¿Hace cuánto que Aglaia educa a los neonatos? Décadas después de su Abrazo tras hablar con aquél endemoniado vampiro. Héctor fue el que le dio un giro a su existencia. Le dio una razón de ser y quizá por ello la propia Aglaia no puede ir en contra del otrora titán. Eso le ayuda en momentos como el actual, donde puede enseñar a la recién convertida cómo hacer para beber sin tantas culpas en la cabeza. Una vez que toma el cuerpo del humano para hincar los dientes empezando a succionar, Aglaia le acaricia la cabeza reconfortando a la parte sensible de la vampiresa. Es tan joven que es notoria su aflicción. Sus deseos por no dañar se parecen a los de una vieja espartana que no entendía lo que le acontecía, por qué sus ansias por la sangre hasta que en una sacerdotisa de Hades, pudo comprender su nueva condición.

Entonces, hubo que buscar qué tipo de presa era la adecuada para ella. Recuerda que intentó primero con mujeres sin éxito. Varones y tampoco. No podía quitar la vida a aquéllos que serían el futuro de una sociedad grandiosa. Mucho menos los infantes, endebles reflejos de lo que fueron sus propios hijos. Fue entonces donde lo comprendió. Una noche, en las afueras de Creta, observó a todos los tullidos y malformados. Ellos, la carga de la sociedad, serían los que la alimentarían. Así ayudaría en doblete: evitaría que las polis tuvieran sobrepoblación de inútiles que eran más carga que un productivo ser y al mismo tiempo, les daría a éstos, la paz del Infierno que necesitaban. Porque Esparta no estaba equivocada. Deshacerse de los infantes cuando apenas nacían era una manera muy realista de sacar a flote la sociedad. Sólo los merecedores de la vida son los que pueden seguirla.

Aquellos que darán su existencia por la mejora de los demás. De sus polis, hoy ciudades. Así pues, conoció su destino. Su grano de arena en la mejora de los demás. Cuando termina, la mujer emite unas palabras que Aglaia no entiende. Jamás ha ido a Oriente, no conoce las costumbres, mucho menos el idioma. No ha podido separarse de los suyos, los occidentales. No hay deseo de probar a sus guerreros. Quizá algún día pueda hacerlo. Degustar la sangre de éstos y sus artes de la guerra. Suena idílico. Le ayuda a incorporarse negando con la cabeza - no debe haber pena en tu conducta. Eres un ser nuevo, alguien que puede ayudar como conflictuar. Es tu decisión saber el camino a tomar. ¿Y tu sire? ¿El que te transformó? ¿Cómo es que te ha dejado sola en estos momentos de acuciante necesidad. Estás perdida en el mundo de los inmortales - resalta lo obvio antes de tomar la mano de la vampiresa, rodear con ella el antebrazo de la espartana para incitarla a caminar dejando atrás el cuerpo inerte.

Avanza por las calles en silencio antes de que, en un lugar apropiado, justo en un parque desolado, pueda sentarse en una banca, las espadas se muestran un instante antes de que las cubra con el manto carmesí que la adorna. Palmea a su lado para que ella la imite - me sorprende que te haya dejado sola, aunque si tu sire fue como el mío, no debería extrañarme. Hay seres en la noche que son incapaces de quedarse con sus creaciones y las dejan en el olvido a que aprendan en la Agogé que es la existencia misma. Si quieres, puedo ayudarte en este proceso. De antemano te advierto que soy un ser muy complejo, en cuanto considere que estás lista, partiré. Me verás de vez en cuando, no suelo dejar olvidados a mis childs. Y aunque tengo chiquillos de mi propia sangre, no ignoro a aquéllos desvalidos como tú. Una sola condición tengo: aprenderás a mi lado todo lo que te enseñaré, incluso el arte de la guerra. Siempre he pensado que estamos aquí para algo mayor, una guerra se avecina, sólo que no he podido ver de dónde vendrá y tenemos que estar listos - la bestia se remueve un poco al ver un movimiento a su derecha.

Es un joven que parece perdido. Sus ropas lo colocan en el escalón más bajo de la pirámide social. Un clase baja, por así decirlo. Un vagabundo que busca algo para comer. - Deberás aprender cuáles tienen que ser tus presas si tan endeble es tu corazón. Puedes empezar por aquéllos que no tienen mucho tiempo por delante. Los afligidos y desesperados. Como por ejemplo, elijo a las presas por sus malformaciones. Cojos, mancos, ciegos, sordos, mudos, todos ellos son mi banquete. No por el hecho de que sean minusválidos per se, si no porque son una carga para la sociedad. Les libero del sufrimiento de vivir en esas condiciones y a cambio, la sociedad deja de mantenerlos. Gano por partida doble - agudiza la vista al ver algo interesante - como ese hombre. Tiene un defecto en su caminar, al momento de la batalla de la vida no podrá seguir el ritmo. Ralentizará a los que le rodean, así que ven, te enseñaré - avanza con paso decidido.

Y así es, el hombre tiene una herida en la pierna tan antigua que ahora sólo es un absceso de piel, músculo y hueso. Le impide la movilidad. Al verlas tan cerca de él, se sorprende. No lo suficiente, Aglaia le da un golpe en el cuello para quitarle la respiración haciendo que su cabeza rebote contra los adoquines perdiendo el conocimiento - vamos, lo llevaré a un lugar oscuro para alimentarme de él. Si quieres, compartiremos la presa - susurra en tanto pone el brazo del varón alrededor de sus hombros para cargarlo hasta una callejuela oscura. Ahí, lo deja en el piso hincándose para ladear su cabeza. Mira a la vampiresa - ¿Te animas a morderlo o no? - pregunta como si se tratase de una madre, de una leona que ha atrapado a un animal para enseñarle a su cría a alimentarse.




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Re: Take a sad song, and make it better [Asura Nanami]

Mensaje por Asura Nanami el Miér Jun 20, 2018 9:30 am

Era muy evidente que todavía necesitaba de mucha más práctica para poder llevar la nueva vida que se me había otorgado, esa inmortalidad que hacía apenas muy poco tenía y de la cual todavía no me sentía excesivamente cómoda a pesar de que había pasado algo más de un mes desde que desperté siendo una Asura completamente diferente, atrás quedó la humana que podía pasear bajo la luz del sol condenada a vagar en la oscuridad, en las penumbras que ahora era la vida o la eternidad que me habían otorgado. Quizás es que ese era mi destino, quizás es que debía de acabar así y mis pasos me habían llevado hasta la ciudad francesa para acabar convertida en una más de ellos, en un ser más de la noche que poblaba por el mundo. Lo peor de todo aparte de no poder ver la luz del sol ni sentirla bajo mi piel era que no podría ver más a mi familia, el viaje hasta Japón era demasiado largo como para poder soportarlo siendo una neófita y tenía miedo de no poder controlarme, tenía miedo de no poder contener la sed frente a mi familia y acabar cometiendo algo que me pesaría el resto de mi vida. Por lo que quedarme en París era la mejor opción de todas, me había acostumbrado a la ciudad y me la conocía bastante como para poder defenderme en el año largo que me esperaba hasta saber controlarme. Sin embargo no pensaba que París fuera mi destino final ya que siempre me había gustado mucho viajar, por lo que con la nueva condición que tenía y cuando la tuviera controlada podría viajar alrededor del mundo como siempre había soñado, solo tendría que llevar cuidado con el sol y podría recorrer mundo como había querido desde pequeña. Ahora el tiempo era lo que me sobraba y si sabía manejarlo bien podría hacer muchas cosas en mi eternidad, o eso es lo que pensaba. Pero para ello debía de aprender a poder alimentarme de los humanos aun cuando todavía no me gustaba la opción de matarlos, de hecho es que no podría hacerlo porque no me veía arrebatándoles la vida... pero sí sabía que necesitaba beber de ellos, aunque fuera para poder soportar una noche más y salir otra vez de caza. No los mataría porque no estaba en mí pero cuanto antes asumiera que debía de beber de ellos mejor, aunque me habían enseñado cómo se hacía todavía me costaba por mis ideales y por la forma que tenía de ser... y esa noche cuando había decidido probarme, en mitad de mis dudas, apareció esa vampira que por su aspecto y por el porte que tenía parecía muy antigua, incluso más que mi Sire, para guiarme en esa noche fatídica donde si no me daba prisa el humano que había escogido como presa terminaría muriendo entre mis manos en una causa vana porque no podría beber de él.

Decir que me dio muchísima vergüenza era decir poco, porque que una vampira como ella con sus años y experiencia tuviera que ver lo torpe que era en esos momentos era vergonzoso, sus indicaciones me decían lo que tenía que hacer para que el humano no muriese sorprendiéndose de que estuviera yo sola en la noche y al final pude beber del humano alimentándome pero abrumada por las sensaciones lo solté dejando que cayera al suelo ya que era la primera vez que mataba a una presa, la primera vez que mataba a una persona... y fue inevitable que las sensaciones me recorrieran y me abrumaran, pensando por qué no podía ser como los demás vampiros que bebían de sus presas sin miedo y temor alguno, sin pensar en si los mataban o no... y sobre todo que me haya tenido que ver una vampira como ella con el porte que presentaba. Mordí mi labio disculpándome por el bochornoso espectáculo que había presenciado y del cual estaba avergonzada, sin embargo a ella no parecía importarle demasiado porque le restó importancia y ayudándome a incorporarme tomó mi brazo envolviéndolo con el suyo alejándonos del callejón donde estaba el cuerpo inerte del que había sido mi cena por esa noche. Ni siquiera miré atrás porque sabría que sería demasiado para mí así que me centré en su voz, en lo aterciopelada que sonaba mientras la escuchaba y volví a morder mi labio, lo cierto es que mi Sire no me había abandonado como ella suponía, sí que era nueva en aquel mundo y apenas había aprendido lo básico antes de poder salir a la calle sin que me lanzara sobre un humano sin poder contener mis ansias de sangre, la sed que quemaba mi garganta y hacía perder la razón de toda mi cordura... esa noche había decidido probarme yo sola sin alguien que me ayudara o vigilara, era algo que debía de aprender a hacer porque todos los vampiros tomaban sus caminos y no podía depender siempre de que alguien estuviera ahí para guiarme, era una idea preciosa e idílica por lo que cuanto antes aprendiese mejor sería para mí. Negué con la cabeza mientras seguíamos andando ahora camuflándonos entre los transeúntes que aprovechaban la buena noche que hacían en la ciudad para dar largos paseos en parejas o bien en grupo de amigos.



-No es cierto que mi Sire me ha abandonado... más bien esto ha sido idea mía. Me he querido probar a ver si era capaz de hacerlo por mí misma, de ver si podía hacerlo sin que nadie me ayudara o me incitara para ello... pero no he sido capaz. Sé que los vampiros toman su camino por sí solos pero creo que todavía no estoy preparada... creo que mi sire no puede hacer más por mí de lo que ya ha hecho –negué con la cabeza- está demasiado ocupado como para dedicarme toda la atención que quizás sí necesito, aunque no sé si puede enseñarme más de lo que ya ha hecho... ¿cómo puedo ser una digna vampira si no puedo siquiera pensar en alimentarme porque no lo veo ético? –Lancé un suspiro negando levemente con la cabeza, a veces pensaba que no era alguien que pudiera ser un vampiro, demasiados valores morales y éticos como para dejarlos atrás tras tanto tiempo. Mis ojos fueron hacia su rostro para observarla tras sus palabras- ¿de verdad me ayudarías a ser la vampira que tengo que ser? –Pregunté extrañada porque no sabía por qué lo hacía, sonreí de lado cuando dijo que de su mano también aprendería el arte de la guerra y solté una pequeña risa entre dientes- no hace falta que me enseñes sobre el arte de la guerra, mi padre es un guerrero y de pequeña me enseñó a defenderme. Sé artes marciales y además domino el arte del manejo de la Katana, mi padre proviene de un linaje de samuráis y supongo que este corre por mis venas. Sin embargo sí creo que aceptaré tu ayuda y todo lo que puedas ofrecerme, porque no puedo valerme por mí misma y soy incapaz de actuar como se debe de esperar de mí... ya lo has comprobado en ese callejón –enarqué una ceja cuando habló sobre una guerra- ¿una guerra, te refieres con la Inquisición? –Sabía de esta porque me habían contado lo que hacían, me habían contado lo que podrían hacerme si me atrapaban, sus ojos se fijaron en un hombre y entonces desvié los míos hacia el mismo lugar para ver a un vagabundo que buscaba algo que comer, escuché sus palabras y pensé que tenía razón en lo que estaba diciendo, si no era capaz de matar sí podría verlo como un “alivio” a las penas que acuciaban a los hombres y mujeres que desvalidos no durarían en aquella vida cruel y despiadada. Su forma de ver las cosas me parecía algo bastante lógico y razonable, sobre todo teniendo en cuenta mis ideales y asentí con la cabeza escuchando lo que tenía que decirme. Ni siquiera me había fijado en que el hombre cojeaba seguramente de una antigua herida que tuviera. Ella, decidida dijo que me enseñaría y sus pasos la llevaron hasta plantarse frente al hombre en lo que yo la seguía de cerca para no perder detalle, vi como este se sorprendía por tenernos delante y finalmente acababa por darle un golpe en la nuca, que lo llevó a caer al suelo inconsciente. Ella no dudó en levantarlo y pasar sus brazos por sus hombros para llevarlo a un callejón de donde pudiera beber, el hombre cojeaba y como ella mismo había dicho eso podría perjudicar a los de su alrededor... tenía ir con ese pensamiento porque de lo contrario jamás podría ser la vampira que debía de ser. La ayudé a llevarlo a un lugar apartado y lejos de la gente que paseaba por la calle principal sin saber lo que sucedía, ella hincada de rodillas lo miraba hasta que sus ojos subieron a los míos preguntándome si me atrevía a morderlo o no, mordí mi labio inferior y acabé arrodillándome a su lado observando que el hombre seguía inconsciente- sí, me atrevo -¿cómo podría echarme para atrás en una cosa así? No podía y no quería hacerlo tampoco, yo no era de las que se echaban atrás y debía de aprender a aceptar lo que era porque no había más remedio. Mis dedos fueron hacia el rostro del hombre para ladearlo y dejar su cuello al descubierto, tenía la piel algo sucia típica de su condición pero sin embargo era de donde más me apetecía beber, sentir la vena que latía transportando su sangre directa del corazón era una tentación demasiado difícil de resistir. Mi rostro fue hasta el lugar, hasta notar en mis labios la vena que latía bajo estos y un jadeo salió como una exhalación por lo que me provocaba, cerré los ojos y haciéndome a la idea finalmente mis colmillos emergieron clavándolos en la piel, la sangre manó de la herida y yo ávida de sed y de hambre di tirones bruscos absorbiendo su sangre notando cómo bajaba por mi garganta en lo que notaba su corazón que, más despacio, bombeaba sangre a su organismo, la poca sangre que le iba quedando. Ni siquiera me había percatado de que ella también lo había mordido y bebía de su sangre, solamente cuando abrí mis ojos dándome cuenta de que ella bebía del hombre alimentándose también aunque de una forma al más refinada y delicada que yo que lo hacía de forma más bruta. Mi boca había quedado manchada por completo de sangre mientras que la suya apenas tenía unas gotas en sus labios cuando me aparté viendo que era suficiente. Mi respiración agitada cuando me aparté dejando que ella terminara de beber con mis ojos observando lo que hacía, cómo cogía al hombre, cómo se alimentaba de él y le daba una muerte dulce. Llevé mi mano a los labios quitando la sangre que llevaba y los lamí luego quedando arrodillada al lado del hombre al que habíamos matado, uno al que debía de pensar que le habíamos hecho un favor porque tarde o temprano por su condición acabaría muriendo de una forma más trágica y dolorosa que esta- gracias por enseñarme –dije apartando mis ojos del hombre para verla a ella- por hacerme ver las cosas de otra manera y darme el pequeño empujón que me faltaba. Creía que estaba preparada para enfrentarme a esta vida pero estaba muy equivocada... aún necesito aprender mucho más, y si todavía estás dispuesta me gustaría que fueras tú quien me enseñara.


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Re: Take a sad song, and make it better [Asura Nanami]

Mensaje por Aglaia el Miér Jun 20, 2018 2:16 pm

Así que tiene un sire con el cual interactuar y aprender. Desde su apreciación, éste carece de la experiencia para entender lo que una neonata necesita, que es confianza en su nueva condición. Verse desde una nueva perspectiva hasta comprender que lo que hace es parte de una forma de existir a la cual deberá tener paciencia y mucho ahínco para aprender a sobrellevar la exigencia de beber. - Está bien ponerte a prueba, más eres demasiado joven para comprender las connotaciones que esta existencia conlleva. En ocasiones, hay que encontrar una forma de aprender a llevarla, si en tu mente estás negada a matar, entonces comprenderás que lo que debes hacer es beber un poco. Desconozco qué poderes tengas, ese es el punto - se queda pensativa. Si poseyera ese poder de cambiar los recuerdos de las personas podría ser más fácil su alimentación. Pocos podrían recordar a la mujer que tomó de su sangre, pensarían que están enfermos.

Al saber sobre las habilidades de combate de la neófita, su cabeza se ilumina. Tiene una salida para lograr alimentarse sin que los demás lo perciban y ella esté tranquila con eso. Además, le fascina el arte oriental. Pocas veces ha tenido la experiencia de conocer a alguien versado en el arte samurai y que ella sea una aprendiz de un propio y real hijo del Japón, lo hace demasiado interesante. Así que sonríe con franqueza, ambas pueden darse algo de forma simultánea. Aglaia, los conocimientos del vampirismo, la neonata, los de las artes marciales. Ésto se pone muy interesante. - De verdad puedo ayudarte, no serás la primera ni la última. Además, si vas conociendo tus propias habilidades, podrás también conocer tus limitaciones o bien, alterar tus defectos mentales y sentimentales para hacer de ellos una conducta o un código ético que pocos vampiros mantenemos en pie - sí, porque lo que Aglaia sigue es un intachable código de honor que algunos congéneres miran con horror.

No atacar al indefenso. Respetar a las embarazadas y a los niños. Beber sólo de aquéllos que tengan limitaciones físicas o mentales, así como de sus derrotados o aquéllos que se dan a la fuga son algunos de sus estándares que sigue a rajatabla. Y mientras la vampiresa considera prudente tener esos rígidos enunciados, para otros, sumidos en la locura del poder, de la vitae que ansían y de la que están hambrientos, los desoyen para atacar como enajenados. Ese es su error, la razón irrefutable del por qué la Inquisición les persigue. En eso medita en tanto atrapan a la siguiente víctima, una que la neonata muerde sin problema alguno, sintiéndose quizá protegida por la espartana que toma el brazo del hombre para beber de él sin temores, manteniendo una rodilla en el piso, mirando a su alrededor, controlando el ambiente por si alguien pretende atacar, ser visto antes que tenga oportunidad de dar el primer golpe.

Años de vampirismo, siglos demuestran su control porque la vitae es rica, es nutritiva, sin que por ello la griega pierda el sentido y permita que la bestia la domine para beber. Perder un solo movimiento del exterior sería letal, ni siquiera su habilidad en la guerra podría darle la ventaja si le atacasen. Cuando la joven termina, Aglaia sigue bebiendo todavía a tragos acompasados, lentos, dejando que la vitae se acumule en la boca para deslizar con suavidad hacia dentro, por su garganta alimentando su cuerpo. En el instante en que el corazón se detiene, ella da dos tragos más antes de pasar la lengua por la herida borrando el rastro de sus colmillos, dirigiendo la mirada elocuente a la otra para que la imite. Nota la sangre en las mandíbulas, alrededor de la boca de la oriental, lo que le provoca una sonrisa dulce. Es una pequeña vampiresa, poco a poco aprenderá a controlarse y a beber con delicadeza para evitar esas manchas. - De nada, ahora lame la herida, borra tu rastro. Sólo un avezado podría saber que fue un vampiro el que atacó a este hombre. Mientras tanto, nadie echará en falta a un vagabundo - se pone en pie todavía mirando a su alrededor.

Una vez que la vampiresa la obedece, le señala con la cabeza una calle desierta - es mejor caminar, así nos alejaremos de la zona para que pocos puedan acusarnos. Y sí, puedo enseñarte. Sólo pido de favor una correspondencia, me encantaría aprender artes marciales, el arte de la katana. Me temo que mis enseñanzas son más griegas, más es eso lo que me gusta, aprender. Y no, me parece que la guerra contra la Inquisición sólo es una batalla más que pelear a comparación de la guerra que te comenté. Esa es mundial, no sólo sectorial - se queda pensativa cuando llegan a una enorme plaza con personas que van y vienen, ya muy pocas tomando en cuenta la hora de la noche.

Señala una banca más alejada de la luz - si gustas, podemos tomar asiento para platicar un poco, de todas maneras, tendremos que establecer cuándo podríamos vernos y dónde. Llamo demasiado la atención - señala lo obvio, el manto carmesí es el que más anuncia su presencia, muchos hombres y mujeres la observan extrañados, lo bueno es que no hay tantos en la calle. Aún así, como algún cazador conozca de la presencia de la griega o bien, algún inquisidor, empezará a irse de ahí. Mientras más pronto acuerde con esta vampiresa, mejor. Y los callejones son poco adecuados, es donde más problemas ha encontrado Aglaia. Es como si les dijeran a esos hijos de la inquisición que ahí es donde pululan los sobrenaturales.




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