Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

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El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Lun Abr 16, 2018 7:28 am

Ferreo era el sabor que recorría la boca de la cambiante, dolía al respirar, la vista se difuminaba como un cuadro recien pintado con pintura pastel y mojados por la lluvía, a veces se gana..a veces se pierde, y hoy había tocado perder, la herida de arañazos y mordiscos no se adivinaban bajo los ropajes, pero si los cercos de sangre, tras perder el combate Yendra había coneguido salir a pie del ring frente a otro cambiante con forma de león adulto, al llegar al vestuario se había transformado en humana y había cogido sus ropajes y se había marchado, con el ego casi tan herido como su cuerpo, volvería, eso estaba claro, volvería para retomar una feroz venganza contra su vencedor de esta noche, pero ahora estaba agotada, derrotada y mal herida.

Respiró costosamente mientra abandonaba en dirección a los callejones, no sabe si sería capaz de llegar al circo donde tumbarse, sentía más frio de lo normal y sus labios se tintaban de violaceos por el descenso de temperatura por la perdida de sangre, la cambiante había abandonado el lugar de peleas, avanzaba aturdidamente, con el paso lento, y arrastrando los pies mientras, continuaba el camino, apoyandose en la pared para mantener el equilibrio y la verticalidad, mientras mentalmente repasaba el combate.
El león era ligeramente más grande que ella, y ella en su forma tigre, había fallado el primer salto por ir demasiado euforica, las garras se habían clavado en el lomo del leon y los mordiscos habían dejado su pelaje teñido, pero se había girado bien y dejado un señor zarpazo en el costado de la tigresa, y otro en el pecho, que la había tirado a la rubia contra el suelo, seguido de un señor bocado cerca de la clavicula, la que le obligó a retirarse.

Gruñó dando un puñetazo a la pared de frustración, mientras miraba el callejon en el que se había metido, más el desangre, la empezaba a vencer. Cayó al suelo de manera brusca, se levantaba con lentitud, buscando las fuerzas para mantenerse en pie, se apoyó en la pared, quedando sentada, se la notaba mareada, odiaba sentirse tan indefena, sus fosas nasales captaban el aroma de un hombre, cerca, la hizo ponerse como pudo en alerta, pero sin fuerza para ponerse en pie nisiquiera. Simplemente miraba en la dirección que le alcanzaba el aroma, ciertamente inquietandose por sentirse tan indefensa, pero trataría de atacar si se vería en circunstancia, aunque en estar en esa condiciones le hacía dudar de poder.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Lun Abr 16, 2018 8:32 am

“So blame it on the night,
Don't blame it on me.
Don't blame it on me.”

Una luz en la mesa permite la visibilidad del lugar. No tiene demasiado, la casa no es suya, si no de un sobrenatural que se la presta para que pueda vivir ahí. No hay lujos, más que una vieja y destartalada cama. Un sofá que ha visto días mejores, no más. Todo lo que tiene lo gasta en aditamentos armamentísticos y médicos. Se abastece lo más que puede porque hay momentos en que sus mecenas son bastante generosos y hay otros, como ahora, donde le falta al menos algo de dinero para comprar comida.

Parte el pan por la mitad, con un pedazo de queso viejo va a acompañarlo. Un vaso de agua en la mesa es suficiente para completar lo que será una gran cena. Va cortando el pan y el queso en tanto los combina para tener algo de sabor en la boca. El sonido de unos pasos acercándose le instan a tomar la escopeta recortada de su propia creación. La sostiene contra sus piernas, quedándose callado hasta que un niño de seis años se asoma por la puerta - Messié Grand, Messié Grand - ni siquiera puede pronunciar "Granchester" como muchos infantes de ese lugar, así que le llaman "Messié Grand" por "Grande" - dice la Nona que hay una mujer tirada en frente de su casa, que está herida. Que si Messié Grand va, ella le da comida - sus ojos castaños son enormes.

Está todo manchado de mugre y lodo, sin zapatos, con una camisa de tirantes que ya tiene más de tres hoyos. Suspira un poco antes de negar con la cabeza - Pierre ¿Y quién me va a reponer los suplementos? - le mira con la cabeza apoyada en la palma de la manaza. El chiquito sonríe y se encoge de hombros - dice la nona que hay una mujer... - empieza a repetir y Loyd niega con la cabeza. Es inútil - Que si Messié Grand va, ella le da comida - termina muy feliz. El hombre se da por vencido, además, le hará bien algo de alimento de la cocina de la nona. Una italiana que hace maravillas con algo que llama pasta y que le llena mejor la tripa que el pan con el queso.

Se acaricia los cabellos cortos pensando que necesita recortarlos aún más. Se levanta y le lanza el queso al niño - espérame aquí y ya vuelvo - se dirige a la habitación contigua cerrando la puerta tras él. Quita lo que debiera ser un tapete fino en sus buenos tiempos y ahora sólo son hilos con formas extrañas y levanta la trampilla. Debajo de ésta, se ven unas escaleras. Baja a su sótano para agarrar el bolso médico. Si bien es cierto que no hay mucha seguridad dentro de su casa, es el hogar más protegido de la zona. Todos miran, todos le protegen sabiendo que Loyd hará lo que sea por ayudarles. Es un sitio donde los sobrenaturales pululan.

Nadie pensaría que el pequeño Pierre en realidad es un cambiante. Y que su abuela (Nona) es la matrona de éstos, la más temible y al mismo tiempo, la más protectora. Y ha adoptado a Loyd entre sus hijos. Puede que le roben la mesa, la cama, pero jamás lo que tiene en su sótano. Eso es sagrado y la vez que lo hicieron, la propia Nona en unión de otros dos sobrenaturales, dieron caza al traidor. Eso es lo que le agrada de los no humanos, que son los seres más nobles a pesar de las historias que digan de ellos. Una vez listo, sale por la trampilla, la cierra y vuelve al living. - Pierre, vamos, tú sabes dónde está, así que llévame - el chiquillo está comiendo el queso y se levanta de un salto de la silla donde estaba sentado y esperando para asentir con la cabeza y correr como alma que lleva el diablo.

- Por acá, Messié Grand, por acá - dice unas cuadras más adelante, señalando a una joven en el piso. Cuando se acerca, la observa detenidamente, - dice la Nona que hay una mujer tirada en frente de su casa, que está herida. Que si Messié Grand va, ella le da comida - Loyd voltea a mirar al pillo que se ríe antes de salir corriendo - Nona, Nona, Messié Grand ya llegó, quiere comer - grita dejando atrás al médico que suspira revisando las heridas de la fémina - Dile a Messié Grand que si necesita una cama de hospital, ya está lista la mesa - se oye un grito de una anciana. Loyd no duda, toma en brazos a la mujer para llevarla dentro de la casa de Nona - Gracias, Nona. Voy a necesitar agua caliente, telas limpias y quizá un poco de ayuda por acá - la deposita sobre la mesa en tanto empieza a limpiar las heridas, quitando la ropa con cuidado de no lastimarla más.

Como desconoce si tiene más ropas, procura no romperlas más de lo que están, aunque para su sorpresa nota que las heridas están debajo de la ropa, no atravesaron ésta. - Las heridas fueron hechas antes - le enseña a la Nona que se ha acercado a ver. Asiente con la cabeza - de todas formas, seguía desangrándose allá afuera, temo que no puedo hacer mucho y se nota que son garrazos de sobrenaturales - Loyd asiente empezando a pasar las gasas con agua por las heridas limpiándolas. Luego de ello, coloca algunos polvos medicinales para que eviten la infección y le ayuden en la regeneración.

La mujer está desmayada, así que cuando termina de atenderla, la dejan reposar. Loyd se queda mirándola sin comprender qué hace ahí. De dónde viene. Pierre, instado por su abuela, toma una manta y la cubre, le da palmaditas en la cabeza para "consolarla" y luego corre sin pudores para sentarse en las piernas gigantes de Loyd esperando a que le cuente alguna aventura. El médico va platicándole suavecito, intentando no despertar a la paciente. Aunque el olor de semejante pasta, levantaría hasta los muertos.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 7:16 am

La cambiante solo pudo ver sombras difuminadas frente a ella, sin llegar a distinguir nada, las voces se le antojaban lejanas, ecosas, noto que alguien la alzaba del suelo, pero para entonces la conciencia se perdia, no recordando ni enterandose de nada de lo que acontecía ni los cuidados sobre sus heridas que pronto sanarian de acelerada manera, era sorprendente de que a pesar de no llevarse bien, lo conectados y similares que eran los cambiantes y los licántropos, salvo por lo de transformarse a voluntad, era lo único casi en lo que discernian, y ser varios animales no solo lobos, la perdida de conciencia llevó tambien a la perdida de la noción del tiempo, haciendo que la rubia cambiante ignorase cuanto tiempo llevaba desmayada, sintió primero la quemazón de las heridas que molestaban mientras frunció ligeramente el ceño antes de empezar a abrir sus azules ojos.


Escuchaba una voz baja de alguien a su lado, olfatea, abre ligeramente los ojos los cierra con fuerza y se alza sentandose de golpe en la camilla, emitiendo un bufido, se palpa enteramente buscando que no haya habído ningun tipo de sobrepasación sobre su cuerpo cuando estaba inconsciente, parecían que le habían estado atendiendo, emitió un bufido miró a su lateral donde estaban aquel enorme hombre hablandole al chiquillo que tenía en sus rodillas, Yendra primeramente hizo gala de la desconfianza natural que acompañaba a los cambiantes. -¿Quien eres tú?- Dijo en un tono ciertamente agresivo, pues al haber estado en el barrio bajo no encontraba razones de peso para que nadie fuera amable, pero tras un vistazo algo más rapido a su alrededor bajó sus animos y observó al hombre con el chiquillo, no había motivo para pensar que eran hostiles, de momento.


La muchacha ladea la cabeza observandole y enarca una ceja. -¿Me has ayudado tú?- Ladea la cabeza en un gesto muy animal, mientras su azul mirada parece estudiarle con algo más de detenimiento, queriendo ver lo que ocultaba, por el olor nadie conocido, y meramente humanos, no había por que preocuparse entonces, se acarició las zonas heridas, estaban sanando bien, aunque lo que gruñó no fue ella, si no su estomago, a lo que la rubia sueca chasqueo ligeramente la lengua. -Supongo que debo darte las gracias, o...¿necesitais pago?- No le molestaba pagarlos por haberla ayudado si es lo que deseaban, Yendra estaba curada de espanto y no esperaba nunca acciones altruistas de manera gratuita, ese tipo de bondad escaseaba mucho, incluso ella se podría añadir a ellos, pues pocas veces había ese tipo de pena en el corazón de la cambiante.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Mar Abr 17, 2018 10:14 am

La atmósfera del lugar es cálida, el olor de la comida de Nona inunda el sitio, es tarde para que ella esté cocinando, seguro que lo está haciendo para darle de comer a Loyd y, de paso, a la mujer que ahora reposa en la cama. No tardará en despertar, por lo que los susurros entre el adulto y el infante son débiles. Intentan que ella descanse lo más que pueda para que su cuerpo tenga energías para regenerarse. Además, los medicamentos suministrados son suficientes para evitar cualquier infección y de paso, ayuden con el proceso de regeneración celular. El tiempo pasa rápido en buena compañía, con un vaso de un licor de baja calidad, el hombretón está satisfecho. La comida no tardará en llegar.

Y justo, la joven se levanta como un resorte en la cama sin entender dónde está, conoce esa sensación. Observa todo haciendo que Pierre se refugie más en el gigante que le carga. Loyd tiene una altura de casi un metro noventa y ocho. Su contextura marcada y trabajada hace que muchos se lo piensen antes de encararlo. Y su expresión adusta y desconfiada no ayuda en eso. La pregunta es una exigencia tangible. Pierre se aprieta contra el abdomen de su protector que le coloca una manaza en la espalda para darle seguridad. Antes de que diga nada, Nona aparece por el marco de la puerta de la cocina - buenas noches. Él es el médico que vino a atenderte. Estás en mi casa, soy Francesca, pero me dicen Nona. Levántate y ven a comer algo, perdiste mucha sangre - un ademán de la mano hacia arriba reafirma sus órdenes. No hay quien se le oponga a la mujer de avanzada edad que vuelve a la cocina.

Hasta el hombretón baja la cabeza cuando Nona se impone. Pierre se queda mirándola asustado - messié Grand, si la madame se pone loca, ¿Usted me protege, verdad? - la manaza lo aprieta más contra él, es una respuesta silenciosa. Los ojos masculinos se fijan en los de la extraña para atrapar su mirada y con ella sujeta, bajar hacia el pequeño haciéndola consciente de que sus actitudes están poniendo nervioso a un niño. Para que calme sus ánimos. La observa comprobarse las heridas. Las vendas están firmes, sujetas como sólo un experto podría hacerlo. Si bien no son de primera calidad, se hace lo que se puede con el material al alcance de la mano.

En ocasiones, a Loyd le sobra el dinero para comprar buenas telas para sus vendajes. En otras, tiene que utilizar algunas sábanas o cortinas para desinfectarlas bien y hacer tiras con ellas que le servirán para resguardar las heridas. Y ella, tuvo la mala suerte de tocarle las segundas. - Aunque no lo creas, no te va a cobrar más allá del costo de los vendajes y la medicina. Tiene que reponerlos. No es que estemos viviendo en la abundancia, niña. Te dije que vengas a sentarte a comer, es la última vez - va dejando los platos en la mesa para que puedan empezar a ingerir sus alimentos antes de regresar a la cocina. Seguro que le faltó algo.

Pierre no piensa dejar a Loyd, así que toma su plato para llevarlo al regazo y comer ahí. Por instinto, el hombre toma la primera cucharada para probar lo caliente que está. Al sentir que todavía le falta enfriarse, toma la mano del nene con cuidado - despacio, está caliente - advierte al pequeño que asiente con la cabeza soplándole a la cuchara con la boca buscando que esté a una temperatura que pueda soportar su paladar. La voz del hombre es fuerte, vibrante y ronca. Como si fuera un gruñido atenuado. Toma el pan para partirlo y poner un pedazo en la mano del pequeño quien lo toma y empieza a comer con alegría. Él lo hace con tranquilidad. Con modales impropios de alguien de su tamaño y aspecto físico. La ropa está limpia con excepción de las marcas sanguinolentas producidas por la atención médica brindada a la cambiante.

Aún así, tiene algunos agujeros, el pantalón negro en combinación con la camisola blanca reflejan una austeridad completa y aún así, un gusto refinado. Pareciera un gorila con ropas que en otra vida, fueron finas. Así de bizarro. Las botas grandes están pulcras. Come en silencio, procura que el pequeño haga lo mismo y cuando el infante se termina el contenido de su plato con la velocidad que refleja el hambre que tiene, el hombre mira a la cocina y, una vez comprueba que no lo ve, cambia su plato por el del niño dándole en silencio, más qué comer.

Para él, los seis bocados ingeridos, son suficiente. - ¡Grand! Que no te vea dándole tu plato a Pierre porque te apaleo - se oye la voz de la Nona, ambos transgresores saltan sorprendidos, se miran y parece que con eso todo está dicho. El hombre carraspea - ¡Por supuesto que no, Nona! Yo ya terminé y Pierre sigue jugueteando con la comida - le guiña un ojo al niño que sonríe mientras come con apetito. - ¡Claro, claro! Pierre siempre juguetea con la comida cuando tú estás aquí. Me pregunto por qué será - la mujer aparece con la cacerola que contiene la comida por la mitad. Sirve un poco más a la cambiante, otro a Loyd que la observa intrigado y un poco más a Pierre. Ella hace lo propio en su plato - ni se les ocurra renegar. Coman, necesitan fuerzas. Ahora sí, dime tú, chiquilla ¿Quién te hizo esas heridas? ¿Algún vampiro o un cambiante? Quiero saber si tengo que cuidarme de alguien o no - exige en tanto deja la cacerola al centro de la mesa y empieza a comer.

Loyd, con la mujer sentada, tiene que terminarse el contenido del plato. Así que esos movimientos propios de la clase alta vuelven a aparecer. Mastica despacio, habla poco y cuida de que Pierre no tire su plato.  






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 2:45 pm

La cambiante estaba recelosa, incluso algo atacada e inquieta, no le gustaba haber estado tan indefensa ante nadie, oberva al gigantesco hombre de casi dos metros, quedandose ella como una enana ante él, ya que Yendra solo mide un metro cincuenta, como buena acrobata circense es pequeña, pero sumamente agil y elastica, siendo capaz de contorsiones extremas, y de colarse por huecos realmente pequeños al doblarse, por eso al mago le gusta cogerla a veces de ayudante en los espectaculos del circo, la cambiante clava la mirada con desafio en aquel gigante hombre de rasgos atractivos, y en el pequeño que se abraza a él pensando que tal vez fuera su retoño, cuando aparece la Nona Yendra solo pone una cara que muestra el desconcierto de que la hablen con tanto descaro, solo una persona se atreve a hacerlo, y ese es el capataz del circo, que se toma la libertad de gritarla y a veces de agarrarla del pelo cuando se enfada, claro que eso solo ocurria en pocas ocasiones y por el hecho de que la cambiante se lo permitia relativamente, pero siempre la orden de quien paga manda.
Le sorprende que aquella vieja mujer la hablase asi, si había perdido sangre, pero a los presentes le sorprenderían unas cuantas cosas de aquella menuda mujer, no solo que aguantase mejor por el echo de ser cambiante, si no que aquella rubia era una autentica masoquista, que amaba el dolor, le daba un morbo inconfesable, lo cual hacía que fuera capaz de extremar más las condiciones.


El grandullón era el medico, quien lo diria con esas manazas, parecía que se le daría mejor dar golpes que coser heridas, eso despertaba las ideas de la sueca, que miró al niño, se asustaba de su brusquedad, ella no dejaba ser cincerse, su especialidad era recibir atención y aplausos, incluso sonrisa, lo que hizo que entendiera lo que ese hombre indicaba con asustar al muchacho. Resoplo y se puso en pie, silbó al chiquillo para que la miraba y de sus ropajes sacó unas cuatro pelotas de colores, sonrió y empezó hacer malabares de manera fluida con ellas para entretener al chiquillo, mientras ella observaba al grandote, para poder comprobar que no vestia precisamente como un vagabundo, el tiempo suficiente para lanzar las cuatro al aire girar sobre si misma y recogerlas con un divertido tachán, antes de dirigirse a comer, escuchando la palabras de Nona sobre el pago, cosa que hizo que la cambiante pusiera los ojos en blanco siguiendo a la zona donde podría comer algo, por orden de aquella mandona mujer.


Observaba como el hombre apenas comía y le cambiaba el plato para que ese chiquillo comiese más a pesar de las protestas de Nona, que decia que no le diera más, la cambiante casi se sintió culpable de terminar con su comida, mientras miraba de reojo a la mujer que casi le hizo toser cuando preguntó por los seres sobrenaturales asi que la cambiante observó el aura buscando saber quienes allí eran sobrenaturales.- No debe preocuparse, ha sido en los barrios bajos, y en circunstancia muy particulares, que yo sepa no hay nadie agrediendo por aquí a nadie.- Dijo ella mientras revisaba su abrigo dando con la bolsa pesada que tenía, la sacó y la dejó caer sobre la mesa, no solo estaba rellena de dinero, si no de oro, rubies y algun diamante que se deslizó por la mesa, los ultimos robos habían sido realmente provechosos y sin contar con las apuestas a su favor, menos este ultimo combate, habían proporcionado que Yendra viviese normalmente como alguien de clase alta, y no como una mera circense. - Con eso habra suficiente para arreglar este sitio, y tener lo que necesiteis y rellenar bien los estomagos, tomaoslo como un agradecimiento por recomponerme....- Dijo terminando de cenar y se levantó para estirar los musculos, y miró al enorme hombre. -Eh grandullón, supongo que despues de este pago, no le importará que le exija que me acompañe a recuperar el honor de una dama ¿Verdad? es lo unico que pido a cambio de este regalo.- Jamas daba puntada sin hilo y ese hombre le llenaba la cabeza de ideas y no necesariamente todas buenas.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Mar Abr 17, 2018 3:49 pm

La cambiante obtiene lo que busca, en cuanto saca las pelotas, Pierre no duda en separar un poco la cabeza del hombretón curioseando. La maniobrabilidad de la circense es suficiente para que le robe una sonrisa enorme seguido por una risa infantil que anuncia felicidad. - Messié Grand, messié Grand ¿Ve eso? ¿Puede hacerlo? - en ocasiones Loyd es para el niño un héroe. Si puede sanar a las personas y darle su merecido a algunos merodeadores, seguro que puede con algo así. Al ver que el grandulón mueve la cabeza de un lado a otro negando tal destreza, se queda sorprendido - ¿Es decir que no puede hacerlo? - otra negativa a lo que el pequeño parpadea antes de voltear a mirar a la mujer - ¿Puede volver a hacerlo? - como todo infante, sólo es cuestión de poner un juguete frente a él y querrá tenerlo hasta el hartazgo.

Loyd le sacude el cabello haciendo que lo mire, vuelve a negar con la cabeza y el chiquillo hace mofletes - peroooo - al ver que vuelve a insistir con su negativa, echa la cabeza atrás - nunca deja que Pierre se divierta - se cruza de brazos molesto. El plato es tomado por el hombre dejándolo en la mesa con cuidado. - Pierre debería comer más y hablar menos. No molestes a nuestra invitada - es suficiente para que de inmediato, el infante tome el plato de nueva cuenta y siga consumiendo sus alimentos. La mirada que intercambian los dos adultos es suficiente señal de que el primero agradece a la segunda por la ayuda.

En silencio, sigue la conversación tomando nota de que no fue en un lugar cercano donde le hicieron daño. ¿Dónde entonces? - De acuerdo, entonces me quedo tranquila. Los piccolos no tienen por qué temer a nadie - la voz de Nona deja en claro por qué está preguntando. No es un niño al que cuida, son varios. Como buena italiana, se hace cargo de la familia y de los miembros más pequeños mientras los hombres van a trabajar y, en barrios tan bajos como éste, las mujeres venden sus servicios sexuales para llevar algo de comer a la mesa. No saben lo que es tener lujos, no como esta mujer que abre sus ropas para sacar una bolsa que ya habían visto Nona y él al momento de curarla.

Si fueran otros, la habrían matado por el peso que podía sentirse. No son así, por lo que todo está completo. No falta nada. Y cuando la deja caer sobre la mesa desparramando su contenido, ambos se quedan estáticos. El sonido de las monedas atrae la mirada de Pierre, quien alarga la manita para tomar la piedra roja llevándosela a la cara mirándola mejor. Un carraspeo de Loyd es suficiente para que el pequeño lo mire y luego, como dándose cuenta de lo que hizo, dejar el rubí sobre la mesa - Pierre no debe tomar lo que no es suyo - repite en voz alta y solemne haciendo que el hombre le acaricie la cabeza y lo vuelva a llevar contra su regazo. Es su forma de felicitarlo.

Sus ojos recorren la mesada, todas las monedas, piedras preciosas y demás. Es una gran tentación. ¿Qué no haría él con todo ese dinero? Piensa en las armas que podría crear, en los suplementos médicos que podría obtener. Mas un suspiro profundo le saca de sus meditaciones y toma sólo cinco monedas. Nona toma el resto metiéndolo a la bolsa con diligencia, procurando que nada se quede fuera y la deja frente a la cambiante - muchas gracias por su pago, el resto es suyo. Comprenderá que entre sobrenaturales, el cobrar los favores es de mal gusto. Si no nos ayudamos entre nosotros y cobramos por hacerlo ¿Qué nos diferencia del concepto que tienen todos aquéllos que nos persiguen? Si usted quiere darme veinte monedas, tendré suficiente para hacer los cambios que necesito en esta casa y comprar algo para comer. Entienda que no estamos en un barrio agradable y eso es por elección. En otro lugar no tendremos la protección que aquí hay. Los piccolos no estarán corriendo libres y felices, no habrá tranquilidad. Ser ricos aquí, hará que los humanos miren y busquen. Creo que entiende lo que un humano mal intencionado puede hacer - de golpe, Loyd se levanta con Pierre en brazos.

Es un exabrupto que puede resultar incomprensible para ambas. - Llevaré a acostar a Pierre y volveré para llevarla hasta donde quiera - son sus palabras antes de desaparecer por una puerta. ¿Que si sabe lo que los humanos mal intencionados pueden hacer? Lo vive en carne propia. La ausencia de Grace calaba en lo profundo de su ser. Nona observa a la fémina sentada a su mesa. El hombretón ni siquiera terminó de comer - lo lamento, es un enigma en muchos aspectos, aún así, es un buen hombre. Guarde bien sus pertenencias, signorina. No quiero que arriesgue a mi Grand - y sí, lo considera suyo. Uno más de sus niños. Ese semblante atormentado es señal de que algo perdió. Algo muy grande.

Loyd vuelve a los instantes después de pelear con Pierre para que se quede acostado y cubrirlo con las mantas. Toma su abrigo cubriendo su camisa ensangrentada y por instinto, se coloca el cinturón con las armas bien sujetas en él. Dos pistolas modificadas y una daga de plata. Voltea a mirar a la fémina - cuando diga, estoy listo para acompañarle - se acerca a Nona para darle un beso en la coronilla de la cabeza - no vuelvo. Guarda mis cosas, mañana paso por ellas. No me las mandes con nadie. La última vez, faltaron un par de jeringas - es conocido que los niños mayores se aprovechan de los pequeños y sus instrumentos, en el mercado negro, salen caros.

Espera paciente colocándose el sombrero asegurándose de que no se caerá. En cuanto ella pone un pie afuera, la sigue como si fuera su sombra. No han avanzado ni diez metros cuando se escucha - messié Grand, messié Grand, ¿Podemos mañana ir a pescar? - niega con la cabeza antes de emitir con voz gutural, el sonido es atronador cuando eleva el sonido de sus cuerdas vocales - ¡Duérmete y lo pensaré! - avanza dos pasos más - messié Grand, messié Grand, ¿Podemos mañana ir a pescar? ¡YA ME DORMÍ! - voltea de golpe a la ventana donde Pierre asoma la cabecita. Se queda parado hasta que el niño ríe y se introduce en la casa. Ya se oye a Nona retándolo.

Con la voz de la mujer mayor en los oídos, dando de gritos por la travesura del pequeño, sigue su camino detrás de la cambiante.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 5:44 pm

Se sorprenden de que rechacen su pequeño saco de tesoro, realmente podía conseguir mas dinero, para ella era muy facil, se codeaba con los de clase alta y se bastaba de la seducción para robar, todos desean que esa joven de ojo soñadores se acercara y flirteara, y tardaban mucho en darse cuenta de lo que faltaba, Yendra suspiró y dejó 25 monedas sobre la mesa, y recogió el resto, ya disfrutaría quiza gastandoselo en beber comer y buena compañia, quizas en un burdel de alto estanding, o tal vez en eso espectaculos, quizá la opera en el palco que se veía de maravilla o eso había oido, tenía ganas de disfrutar de esos placeres de la vida, sonrió ante las palabras de Nona entendía que quería decir, pero ella tenía muy a flor de piel sus instintos animales, y se llevaba por ellos quizá demasiado, el grandullon sin embargo accedió sin poner más replica, eso le sorprendió, la maldad propia de un felino se notaba en ella, observó como el niño deseaba la vuelta del enorme hombre, había un paseo hasta el lugar de la pelea clandestinas de sobrenaturales.


-Te prometo que volveras para seguir cuidando de ese chavalin....que atruista eres, ahora dime...¿que ha dicho de mi esa mujer?- Ella quería saber si Nona por sus palabras sabía si Yendra era sobrenatural, y si le había dicho a ese hombre si ella era sobrenatural, no le gustaba pregonar su condición, luego tenía inquisidores soplando su nuca, y eso se le antojaba enormemente molesto a la rubia, que obervaba. -Mi ego ha sido herido y tu eres perfecto para ayudarme.- Insistió la joven mientras caminaba por su lado, acercandose con disimulo a olfatearle, empitiendo una especie de ronroneo en cubierta por asi decirlo, mientras caminaban la cambiante miraba la enorme altura de este, y sonrió ladina. -Seguro que cuesta derribarte.- Comentó como quien no quería la cosa, mientras jugaba con un mechon de su pelo, hasta que el camino les llevó a toparse con unos conocidos para Yendra, dos enormes hombres casi de la altura del que acompañaba a Yendra, ambos miraron a la cambiante mientras la furia se les dibujaba en el rostros, y eso lo noto la sueca.


-¡¡Tú!! ¡¡maldita canija!! ¡¡la otra vez te librastes de nosotros, pero ni tu, ni tu guardaespaldas vais a salir andando!!.- Rugió el mas grande, superando por apenas unos centimetros a quien acompañaba Yendra, esta les miró y sonrio. -Hola chicos....¿haciendo cosas mal vistas por la sociedad?- Dijo la joven burlona, mientras ladea la cabeza, el hombre má grande rompe una botella para amenazar con el filo de ella a la cambiante, ella abrió los ojos con sorpresa más sonrió y en un agil movimiento se puso detras de el enorme hombre que acompañaba a la cambiante y le miro. -Salvame, solo soy una damisela .- Lloriqueo como si fuera una pobre joven asustada, toda una fachada, pero quería ver lo que hacía ese hombre antes de llevarle donde le interesa, sabía llevar los hilos cuando le interesaba.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Miér Abr 18, 2018 10:56 am

Las calles están vacías a esa hora de la noche, quienes se mantienen ahí no poseen buenas intenciones. Ladrones, violadores, estafadores, hay de todo en esos lugares. Y más si piensan que tienen algo de poder con algún arma sea blanca o de fuego. Esos son los peligrosos, los que se envalentonan creyendo que un objeto en la mano les da poder. Si se es alguien que no tiene una instrucción en combate, es obvio que será una presa fácil. Los que sí la tienen, dejan a estos sujetos muertos para que los periódicos denuncien la violencia incontrolable para la policía. La sobrenatural que abre la brecha camina como si no hubiera tenido una herida importante hace unas horas. Señal de que ha cicatrizado adecuadamente, que su sistema de regeneración está en pleno actuar.

Incluso voltea a mirarlo, es tan blanca como bella, ese cabello rubio enmarca un rostro que pareciera inocente de no ser porque Loyd vio la bolsa de joyas y monedas. ¿De dónde sacaría tanta riqueza para llevarla así, como si fuera un abrigo? Quizá es una asaltante como los que les observan pasar. Aprieta la mano contra el mango del arma que metió en el bolsillo del abrigo para sacarla con rapidez en caso de ser necesario. El peligro está en todo lugar y tiempo. Y ellos están tentando al destino. - Nada - es la respuesta a la primera pregunta. Sus ojos están escudriñando en la oscuridad. Humano tal cual, le cuesta ver en este sitio. Hasta que las luces se abren a sus ojos lo que le obliga a parpadear un poco para que sus pupilas se adapten al cambio de luminosidad.

Por un momento, cuando ella indica que le han golpeado en el ego, sus pies dan un paso atrás. Así que aparte de ayudarla ahora tiene que hacer las funciones de matón. Eso no estaba en los planes. Hay seres como ella que abusan de las personas. Piensa en las monedas que trae, si quiere que mate a alguien, lo hará. Aún así, todo tiene su precio y está seguro que a ella no le molestará perder unas cuantas de esas monedas que despilfarra con entusiasmo. El olfateo no le pasa desapercibido, es algo que los licántropos o cambiantes hacen con frecuencia. Llenarse las fosas nasales del olor para luego seguirlo. Un ronroneo le descubre por fin quién es ella. Cambiante felino.

El jugueteo de su cabello no lo inmuta. Sus ojos no han perdido el aburrimiento que le produce una mujer como ella. Avanza hasta que sus pasos les llevan hasta encontrarse con dos sujetos. Uno es del forje de Loyd. Sus expresiones se tornan turbias con la presencia de la mujer. El humano se recarga el hombro contra un poste mirando los acontecimientos sin decir palabra. Los gritos suenan por el lugar, el cristal rompiéndose llama su atención. El arma es blandida contra la cambiante con una advertencia real y tangible. No están para obtener más que su venganza. Ella en lugar de encararlos, sale corriendo a ocultarse a sus espaldas. El tono de su voz y sus palabras le hacen mover la cabeza de un lado al otro. Ni él, ni los otros dos se creen que sea una damisela en aprietos.

Un par de pasos los acercan, el cristal está listo para usarse - ¿Vas a defenderla? No es tan santa como aparenta. Es una vulgar y traicionera ladrona y embaucadora - casi escupe con las palabras. Loyd sólo lo mira con la misma expresión aburrida. Al siguiente paso que da, sólo sujeta el arma en el bolsillo del abrigo. ¡BANG! ¡BANG! resuena en todo el lugar. Una de las balas destroza la tela de la prenda de vestir que la oculta a la vista, recorriendo un camino hasta incrustarse en la frente del que trae la botella rota. Los ojos de éste parecen sorprendidos porque ni siquiera tuvo un aviso de la peligrosidad del otro. Su cuerpo va perdiendo la fuerza al tiempo que su cerebro hace corto circuito y cae con un sonido abrumante. La botella se escapa de su agarre rodando por las baldosas con el típico tintinear del cristal.

El segundo fogonazo fue hacia el pecho del segundo, la bala perfora la tela de la vestimenta de su próxima víctima, cortando piel y tejido hasta saludar al corazón en su endiablado camino para llegar al tejido del pulmón encontrando ahí su hogar. Perforado el órgano principal del cuerpo, el dolor se extiende por todo el hombre que lleva una mano a la herida mirando a Loyd en tanto sus rodillas se doblan y va cayendo hasta que yace en el piso intentando respirar entre bocanadas de sangre que salen como burbujas. La asfixia líquida es mil veces peor que la seca. Se atraganta sin poder evitarlo, ni siquiera respirar por la nariz es suficiente cuando la sangre resbala por sus fosas nasales. Los mira como pidiendo auxilio, estira una mano hasta ellos, la muerte se ve en sus ojos que van apagándose. Loyd suelta el arma en su bolsillo que humea para extender la palma hacia Yendra - Son veinte monedas por cada uno y el diamante - pide su pago con voz tranquila a pesar de que se escucha como un rugido de tan ronca que es.

El diamante le ayudará como cortador. Es la más dura piedra de todas, así que le dará utilidad. A sus espaldas, los dos hombres son cegados por la muerte, mañana, los periódicos hablarán de la violencia en las calles. Y eso aleccionará a los bravucones que creen que un arma los hace todopoderosos. ¿O quizá no?






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Jue Abr 19, 2018 9:37 am

Ella observaba a lo dos maleantes, ofendidos claramente por haber perdido notablemente bastante oro contra la cambiante, tiene muchos As en la manga, asi que el hecho de haber perdido ante ella, hacía a esos hombres estar rabiosos y querer recuperar lo que perdieron contra ella, la cambiante no iba a darles ese placer, y se movió rapidamente para esconderse de tras del grandullon que se había decidido a acompañarla, los bandalos dijeron falacias en su contra, y aunque si, no dijeron mentira, ella robaba, pero había un transfondo detras de todo ello, pero por suerte ese gigantron no pareció dejarse llevar por las habladurias de dos maleantes con ganas de sangre, de sangre de mujer en este caso, eso se notaba, pero el hombre que había al lado de ella sin que la cambiante lo perciviera tenía un arma dentro de ese bolsillo, Yendra se mantenía detras de él, poniendo quizá cara de gatito asustado, todo una pura fachada diseñada para engañar.


Dos disaros fueron suficientes para derribar a uno y a otro, una botella rota, y la bala impactó entre ceja y ceja, haciendo que cayera al instante, con los ojos en blanco, muerte cerebral instantanea, la segunda muerte por el contrario fue muy malvada, incluso para el gusto de la cambiante, la muerte fue breve, ahogado en su sangre, fue breve para ella, pero seguro que aquel hombre se le antojarian los segundos horas hasta que su llama finalmente se apagaba, para caer sobre el suelo, la cambiante miró al gran hombre en el que se había escudado dejando ver entonces lo que le sorprendía que llevara armas encima.


Miraba el agujero humeante donde habían salido las balas que habían financiado la vida de esos dos, la cambiante alzó la mirada para enfrentar los ojos del atractivo gigantón, pero entonces la petición dejó que la chica abriera la boca con sorpresa. -¿Perdon?- Contestó ante la petición de pago, sin duda no se la había esperado para nada, lo que hizo que enarcara una ceja obervandole. -¿Es que tu altruismo es intermitente? ¿o es que curarme es gratis mientras que salvar mi honor es mucho más caro?- Sacó la bolsa de monedas de oro y joyas, y la miró fijamente para despues alzar la mirada al contrario.


Negó rotundamente con la cabeza volviendose a guardar el saco de tesoros que ella poseía, y le miró ladeando la cabeza. -Lo siento encanto, no creo que te lo hayas ganado, no te confundas...no soy una vulgar ladrona, pero los que no saben perder...-Aseguró mientras miró hacia delante, se cruzó de brazos y miró de nuevo al grundullón mirandole. - Pero compartiré mi botin si eres mi partner, me apalizaron en las peleas clandesitinas....pero de sobrenaturales, un cambiante león, si restauro el honor.....compartiré tesoros contigo...-Asegura, pensando como se tomara la petición, pero estaba dispuesto a pararlo los pies si este se ponía bravucon, o replicaba por querer el premio a la de ya.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Jue Abr 19, 2018 5:11 pm

La expresión de la fémina pareciendo ofendida por haberle cobrado le saca de quicio. ¿Acaso cree que las muertes son gratuitas? Él fue quien la sanó. El favor se lo debía ella a él. No viceversa. La voz sigue escuchándose por el lugar en tanto ella saca el bolso para mirar el contenido. - Lo primero fue un acto piadoso, ésto es un negocio - es la diferencia entre una y otra. Su mano sigue extendida hasta que ella niega con la cabeza. Cierra la palma en un puño calibrando la situación. Se queda mirando al frente, algunas personas se asoman con discreción habiendo escuchado los disparos, temen que algo peor suceda. Están llamando mucho la atención, algo que a Loyd no le agrada en absoluto.

¿No creía que se lo había ganado? Parpadea un par de ocasiones, es la única expresión de su descontento. Ella se ponía en una pésima situación y ahora resulta que él tenía que ser guardaespaldas gratuito. Lecciones que da la vida. Sus labios empiezan a silbar una tonada melodiosa. Arregla su abrigo quitándole las pelusas con un golpe de la mano. La propia pólvora del bolsillo antes de empezar a caminar. Cuando lo hace, es directo hacia la fémina, da un paso al lado para evadirla pasando al lado suyo. Ni siquiera le dedica una mirada. Para él, todo está dicho.

Sigue avanzando tomando un camino diferente al que ella había marcado. Baja unas escalinatas cuando puede olerse, en términos de la nariz de cualquier sobrenatural, el pesado olor a muerte y putrefacción propias de los verdaderos señores de la noche. Él va directo a ese olor, inconsciente quizá por su condición humana. Las sombras se arremolinan a su alrededor, los verdugos avanzan por los techos con pasos veloces antes de empezar a caer al piso, uno tras otro haciendo un total de cuatro y, en medio de ellos, justo delante del grandulón, una  vampiresa pone los pies en el piso con los velos blancos y dorados ondeando por el viento. - ¿Hay algún problema por aquí? - su voz suena seductora, en tanto los colmillos desenfundados brillan con la luz de la luna.

El hombretón niega con la cabeza pasando a su lado como hiciera antes con la cambiaformas. Sigue su camino dejando atrás a los cinco vampiros que buscan con la mirada el inicio de la escalinata esperando que, cualquiera que sea el que está a punto de cruzar, sea el sustento y la satisfacción de un hambre animal. Para Loyd, todo está dicho. No busca hacer negocios con nadie, mucho menos con alguien que es tan irritante e infantil. ¿Acaso piensa que él es su juguete? - ¿Quieres que la mate? - susurra la vampiresa acariciando la espalda del humano, deteniéndolo para oler su sangre, tiene ganas de morderlo, más es conveniente para sus planes - No. Graba en tu memoria su rostro y envíalo a la mente de los sobrenaturales que custodian a Nona. La quiero a salvo, Aleera - ella sabe que se refiere a Nona, no a la mujerzuela. El hombretón sigue su camino sin detenerse. Ni siquiera la belleza de la vampiresa es suficiente para que cambie en algo la seriedad de su rostro.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Jue Abr 19, 2018 8:14 pm

Fue realmente hiriente el trato recibido de aquel grosero hombre, al final lo unico que le movia era lo mismo que a todos, el dinero, observó como se marchó y el aroma a vampiro, no le gustaban a la cambiantes los vampiros, emitió un bufido y siguió adelante, mientras dejaba que ese hombre se fuera por su lado, no perdío momento para ir a recuperar rapidamente su orgullo, aunque tuvo que hacerlo sin equipo, y en desventaja, pero unas cuantas triquiñuelas le dieron la victoría acabando aquel combate lo suficientemente bien para que sus ganancias aumentaran y poder gastar algo de lo ganado en pequeños lujos que la cambiante personalmente le encantaban.


En la actualidad.





Era ya de tarde, y hoy el circo había cerrado algo antes y Yendra estaba lo suficientemente descansada para aumentar sus espectaculos, la joven estaba animada, despues del parón para comer algo hablar con alguno de los compañeros y demás la joven se había separado abandonando la carpa y marchando a donde le paso de la gente era más ameno, no siquiera se había cambiado de ropa, había aprovechado las ropas del circo para continuar con su numero en las calles de la francesa ciudad, mientras lucia ese llamativo look recogido en dos coletas, y la vestimenta que traía ya del espectaculo dentro de la carpa.


Miraba a los que allí paseaban con una explendida sonrisa de oreja a oreja, mientras empezaba a ofrecer de primeras un truco de malabares de hasta 6 pelotitas de colores dejando mostrar su gran habilidad, algunas monedas se deslizaban a la pequeña mantita purpura que estaba en el suelo, segun avanzaban la calle la gente dejaba más de pasar, pero aun asi ella como buena circense se guardaba lo mejor para el final, saco su aro que había cogido prestado del circo, y empezó a bailar con él danzando moviendo su cintura para mantener el giro mientras guiñaba el ojo a quienes aun se mantenían allí viendo el espectaculo.


El numeró continuo, añadiendo dificicultad, lanzando el aro y recogiendolo, hasta que empezó a mezclar sus capacidades acrobatas y contorsionistas con el baile del aro, realizando asi las distintas figuras que la circense podía ofrecer, haciendo que su manta purpura se hubiera llenado considerablemente de monedas, volviendo a la verticalidad sujetando el aro, y con una notable reverencia, la joven dió por finalizado su numero callejero sentandose a contar lo que había ganado, pensando que era lo que le apetecía en ese momento, quizás algo de comida, o algún capricho material, el olfato le hizo llegar un aroma familiar, pero no dejó el recuento de monedas por ello, seguía sentada cruzada de piernas, mientras su mente divagaba en recuerdos del pasado, con cierta nostalgia, perdiendose en sus propios pensamientos.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Dom Abr 22, 2018 8:52 am

Sudor. Gotas interminables recorren su cuerpo puesto a toda marcha. La adrenalina azuza sus piernas para que los músculos, como una maquinaria impecable, corran a toda velocidad. Ni siquiera es de noche, no tienen apoyo de los vampiros y los hombres lobo son ahora inútiles. Los cambiantes y hechiceros están dando lo mejor de sí, fustigados por el embate insolente y feroz de los inquisidores. Le pusieron precio a su cabeza. Tras el último golpe al carruaje donde venían el Obispo y algunos de sus seguidores, dejando a cinco muertos como resultado del enfrentamiento, alguien le reconoció e fue a buscarlo con apoyo. Los soldados de la Inquisición siguieron sus pasos hasta su choza en lo profundo del bosque y le atacaron como perros tras el zorro.

Lo que encontrarían sería a un oso en pleno período de hibernación que, al ser molestado, atacó con violencia inusitada. Loyd se sujeta el costado con el brazo izquierdo un momento. La herida es de consideración, el torniquete efectuado es cuestión de tiempo antes de que pierda su función y el sangrado continúe corriendo como agua de río. En cuanto llegó a la ciudad, el silbido de alerta convocó a los pocos sobrenaturales del peligro inminente. Dos cambiantes, hijos de Nona salieron a ayudarle. Tres hechiceros hicieron lo propio. No hay hombres lobo que se atrevan a atacar aún. Esperan impacientes a que la luna llena esté en todo lo alto para salir a guerrear. En tanto, el grandulón hizo algunas maniobras para disminuir el número de inquisidores.

Es inútil, es como si de un chisme se tratase, corre de oído en oído llevando a más y más enemigos. Las bajas son pocas comparado a su número actual. Doce que le persiguen, ocho contenidos atrás, en los barrios más bajos alejados de la zona marcada con rojo para los inquisidores que buscan desesperados para destruir uno de los puntos más fuertes de la facción que se les opone. Imposible descubrir quién está comandando, desde dónde manda las órdenes, sólo saben que si atrapan al humano que les proporciona armamento, podrán torturarlo y será cuestión de tiempo antes de que descubran todo el hervidero de gusanos, como ellos quieren denominarlo.

Los pies siguen en su labor, las zancadas le llevan hacia una de las calles más concurridas de París intentando con ello perderse entre la multitud. Apenas da vuelta a la esquina, se desprende del abrigo con la intención de confundir a sus perseguidores. Lo logra por unos momentos, ellos miran a su alrededor sin poderlo encontrar entre las personas porque Loyd ha dejado de correr para caminar como cualquier transeúnte. - Sepárense, ustedes al norte, ustedes al este, ustedes al oeste - el líder del grupo, un soldado inquisidor, da la voz y los demás empiezan a correr para cumplir sus órdenes. Nuestro protagonista sigue su andar, confundiéndose entre grupos de personas para que sea más difícil su localización. A lo lejos puede ver a uno de sus aliados, se detiene a su vera - dame tu abrigo y continúa caminando como si nada, ve a con Nona y advierte que las huestes están tras mis pasos. Que no iré hasta no estar seguro de que ya no estoy comprometido - Damian asiente dándole la prenda y de paso, su sombrero.

Loyd se los calza sin dudar, en un rápido movimiento, temeroso de que los hayan descubierto. El diablo le ayuda a seguir adelante. En tanto el sobrenatural se desvía del camino para dar un rodeo y llegar a la zona roja, el humano avanza procurando pasar desapercibido. Los soldados están haciendo una valla alrededor de la calle, dirigiéndose a la plaza en la que desemboca cual dique. Tiene algo a su favor, pocos le han visto el rostro y siguen buscando a alguien con un abrigo diferente al que trae. Sus pasos le llevan hasta una zona donde la multitud observa a una mujer haciendo malabarismos. En cuanto termina el acto, las personas van dispersándose. El grandulón aprieta los puños porque ha perdido el anonimato momentáneamente.

Sus ojos se fijan en la joven que está contando las monedas ganadas. La reconoce. No confía en ella, así que va avanzando en dirección contraria a ésta cuando un par de soldados pasa a su lado, se agacha para aparentar estar abrochándose las botas. El olor a sangre puede ser reconocido por cualquier sobrenatural, a narices humanas, no se nota entre tantas fragancias diseminadas en la plaza. Pasan por su lado y para su mala suerte, se detienen a dos metros - ¡Búsquenlo! Está herido, no puede ir muy lejos - da la voz uno de los soldados - tenemos que encontrarle, el Obispo lo quiere vivo para interrogarlo - se diseminan los tres soldados buscando. Loyd no tiene alternativa. Se acerca a la sobrenatural esperando que no vaya a abrir la boca - interesantes movimientos ¿Dónde los aprendió, mademoiselle? - ojalá pueda ayudarle, no confía en ella, la última vez fue fatal su reunión. Sólo espera que tenga un poco de coherencia y entienda que por hoy, necesita de su ayuda. Y sabe que tendrá que pagarla. Ya verá de dónde saca el dinero.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Lun Abr 23, 2018 3:13 pm

Los azules cristalinos ojos se fijaban en las monedas ganadas, aunque tenía la mente perdida, en pensamientos de tiempos pasados que escapaban un suspiro, acariciando el metal de las monedas mientras las metía una bolsa de seda color burdeos, estaba tan sumida en sus propios pensamientos y recuerdos que le había sido ajeno tanto en el espectaculo como en ese momento todo lo que acontecia a su alrededor, se guardaba su monedero burdeos una luna cosida con un dorado bastante bonito, un monedero de la suerte como ella la denominaba, ciertamente le había dado mucha suerte en muchas ocasiones, lo que dibujó una sonrisa dulce y tierna, eso rara vez lo hacía, realmente pocas veces sonreía de manera sincera, siempre lo hacía con pretexto a algo, pocas veces de verdad.


Una voz conocida la despertó de sus propios pensamientos, enfocando su visión giró la cabeza para encontrarse con el rostro conocido, aunque no por eso afable, ya que su anterior encuentro la dejo tirada y no le ayudó por no querer pagarle, ella frunció el ceño, pero no vió motivo para ser descortes, aunque tenía ganas de cruzarle la cara al hombre, pero no lo hace, solo le observa y enarca una ceja aunque no habla en un tono muy alto. -Querido, aunque no lo creais y no quiero ni imaginarme lo que pensastes de mí, yo en realidad soy circense, soy la acrobata del circo, aunque a veces soy ayudante del mago.- Le contestó simplemente, mientras echaba un vistazo alrededor sin mantenerle la mirada al hombre, aunque ese desvió le dió la señal a lo que estaba pasando.


Inquisidores, si...ese olor a incienso tan caracteristico, la inquietud que estos hombres imponian, y el aroma a sangre que desprendia el hombre que había ante ella, al que ella por las palabras del niño que había se llamaba "Grand", pero poco sabía de aquel hombre que tenía frente a ella, pero él parecía estar en lios, y encima herido, ella bajaba su visión buscando la herida que tenía el hombre, necesitaba ayuda estaba claro, despues de lo que ocurrió no había motivo para que él quisiera volver a verla la cara, y seguramente mientras tenía opción no habría ido a buscar refugio con la cambiante, uno de los inquisidores que parecía buscarle muy cerca de donde estaban, Yendra alzó la ceja comprendiendo lo que ocurría.


-Inclinate sobre mi y rie como si estuvieras coqueteando conmigo.- Susurró tirando de él para que se inclinara sobre ella, fingir que eran una apasionada pareja tonteando siempre despistaba, nadie espera que si persigues a alguien se pare a coquetear o tontear con otra persona, Yendra supo solventar el problema uno de los inquisidores se acercó hacia ellos, quizá sospechando de él, entonces cuando casi estaba a la altura y sin duda piyando desprevenido al gigantón Yendra pego sus labios contra los de él, aunque sin separar los labios propios y tapando gran parte de la cara del hombre con su platina melena, pero desde fuera parecía que se besaban apasionadamente.


En cuanto escuchó al inquisidor desaprovar la escena y alejarse a seguir buscando que parecía ser la maxima prioridad para ellos. Yendra le apartó despues y observó alrededor. -Vamos a mi guarida, pasame la mano por la cintura, asi de paso te apoyas y no pareces herido.- Dió las directrices para empezar a alejarse de la plaza a un lugar algo más discreto, se dirigian a donde residia ella, era una serie casas pequeñas donde vivian los residentes del circo, todo esto mantenido por las ganancias del circo claramente, lo que obligaba a esforzarse más, iban en esa dirección pero ahora que quedaron atras los inquisidores la cambiante corrigió la mano del hombre al hombre para que se apoyase, se detuvo y abrió su chaqueta para examinar la herida. -¿Con que te lo han hecho..?.- Dijo acariciando la pie de alrededor con delicadeza, oliendo la sangre y subiendo la vista para encontrarse con los ojos llamativos del hombre. -No pongas esa cara, no me debes nada, tu ya me ayudastes cuando estaba herida, estamos en paz...creo que en mi casa tendré vendas...aunque no sé si los suficientes metros...eres enorme...- Comentó con un poquito de humor por ello.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Mar Abr 24, 2018 5:19 am

La molestia en el costado aumenta a cada paso que da, en cada segundo que pasa es más consciente de que necesita sentarse antes de que la presión le baje y con ello, venga el mareo o inclusive un desmayo como siga teniendo esa hemorragia sin atender. Las gotas de sudor le resbalan por la piel fría. Uno de los Inquisidores le empuja con descuido obligando que el grandulón dé un paso adelante provocando un dolor lacerante en tanto la fémina le explica que es un miembro del circo. Debe disimular. Si tuviera más opciones, no habría elegido ésta en particular. Se enfoca en las palabras de ella, en lo que está diciendo apretando con violencia los dientes sintiendo martillear su cabeza de dolor. Su músculo bucal recorre los labios dejándolos húmedos.

Los Inquisidores siguen dando vueltas, algunos corriendo, otros haciendo indicaciones con la mano. Las lanzas están sujetas por sus diestras. En el momento en que vean algo raro, van a atacar sin consideración. Loyd podrá ser musculoso y grande, eso no significa que tenga la estamina para resistir los embates de las armas arrojadizas. La cambiante le tira de la camisa obligando a Loyd a mirarla, parpadea sin comprender. La típica mueca Moncrieff se marca en él: las dos cejas se juntan hasta formar arrugas en medio de éstas. ¿Coquetear? Ni siquiera lo hizo con Grace, su difunta esposa. Emite una mueca mitad sonrisa, mitad mueca de dolor, la habilidad de la mujer es mayor que la suya para el subterfugio.

Los pasos detrás le hicieron consciente de que aprendía a disimular o todo se iba al caos generalizado. Por el rabillo del ojo puede ver el traje característico del soldado suizo al servicio de Francia. En realidad, la Real Guardia Suiza ha sido la encargada de la seguridad del Vaticano y de las huestes de la Inquisición. Es algo consuetudinario que salgan con los inquisidores en búsqueda de impíos. Se sabe que muchos agentes de la Inquisición no son versados en combate cuerpo a cuerpo. Por ello, es que se apoyan en estos militares. Sonríe a duras penas antes de que ella le sorprenda con el beso que por instinto responde. Si bien ella no abre la boca, él se la come de un solo bocado. La naturaleza fogosa del otrora Moncrieff no ha muerto del todo.

Un simple contacto y el león del escudo familiar se planta en el corazón del gigantón quien rodea con la diestra la cintura femenina para seguir el ósculo hasta que ella se separa. Por instinto, abre los ojos mirando por el rabillo del derecho cómo el otro se ha ido echando pestes por la falta de decoro en plena plaza. Si hubiera bajado la mano y tocado el trasero de la cambiante, seguro que le habrían apresado por faltas a la moral. Al ser un simple beso, es un escándalo, no más importante que el buscar al requerido por los amos del Santo Oficio. Se aleja al tiempo que ella da las instrucciones. Por un momento, Loyd se deja llevar. Le toma bien de la cintura recargándola contra su costado para que no pueda notarse la sangre que mana de la herida y avanza con paso tranquilo.

Relajado para los que le observan y estudian, lento para él acostumbrado a estar en movimiento. Ella puede apreciar cómo, de vez en cuando, la sujeta con mayor firmeza. Su paso no cambia, es estoico y firme. El dolor le atraviesa de lado a lado de la herida que está exigiendo atención. El torniquete pronto dejará de hacer su función básica y empezará a desangrarse de nuevo. Metro a metro dejan atrás la plaza y a sus buscadores, pasan al lado de la valla sin ser notados. No buscan a una pareja, si no a un hombre solitario, quizá con dos o tres más apoyándole. Fue una idea magistral la de la circense.

En un callejón a doscientos metros de distancia, ella se remueve pidiendo ver la herida. Se apoya contra la pared dejándola hacer - pistola. Sólo fue un roce, la zona es bastante complicada y sangra demasiado. Hay que rehacer el torniquete y luego de ello, tengo algunas medicinas en casa que pueden ayudar a cicatrizar rápido - contesta en automático, su mente es un reflejo de sus palabras. Abre los ojos, su expresión es adusta y seca. El regaño que le da la fémina sólo es respondido por un gruñido. - ¿Qué has hecho con aquélla que creía que todos debían besar el suelo donde pisaba y la has transformado en una samaritana y alma piadosa del señor? - tose un poco antes de apretar los dientes para no emitir gemido alguno. No es de los que se quejan.

Las gotas de sudor le recorren el rostro con rapidez, bajando hasta su cuello, cayendo algunas al vacío. Desvía la mirada hacia el camino antes andado comprobando que nadie les sigue - no es necesario. Iré a mi casa - la aleja con una manaza sobre el diminuto hombro femenino y a avanzando con un aire regio. No va a demostrar debilidad. ¿Cómo podría cuando hay tantos peleando, teniendo peores heridas y siguiendo el combate? NO va a insultar su recuerdo cayendo como ahora lo hace, terminada la adrenalina que le mantenía en pie y estando en un lugar seguro, la torre se derrumba quedando en el olvido de la inconsciencia.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 24, 2018 2:22 pm

La situación se había extremado, y ciertamente en el momento que había tocado disimular el que la hubiera besado él con más ganas que ella le había sorprendido, sobretodo por que pensaba que la odiaba, pero no iba a darle mayor importancia, no era ni momento, ni el lugar, había que salir de ahi, y la jugada de la cambiante había salido todo lo bien que podía salir, pero ahora iban a lo que importa, a examinarle la sangrante herida, de bala, en un sitio que sangraba bastante, de hecho el aroma llegaba a inundar el fino olfato de la tigresa, que entrecerraba los ojos comprovando cuan hondo estaba y la sangre que salia del improvisado torniquete que ya desbordaba, debía dolerle horrores, o quizás solo era la impresión que le daba pues le veía muy entero ciertamente.
Enarcó una ceja cuando finalmente este hablo dando explicación para que la cambiante supiera de que era la herida, era bueno saberlo, asi podría saber como ayudarle, aunque cuando replico por su comportamiento de la anterior vez y la de esta vez, la rubia no pudo evitar observarle. -Ya lo siento...pero no, no soy ni buena samaritana, ni un alma piadosa "del señor".- Gruñó la cambiante incorporandose para mirarle cruzada de brazos. -Naturaleza, euforia y unas cuantas jarras de ron miel hace que mi caracter cambie, al igual que las situaciones.- Dijo con aire tranquilo para no se sobresaltase, quizá fuese culpa de ella todo el mal piel y tampoco quería dar pasos atras ahora que la dirigia la palabra mas.


Quiso invitarle para curarle pero lo unico que noto fue como el enorme hombre la apartaba sin esfuerzo empujando su hombro, ella observa como su sudor resbala por su frente, puede oler como su estado empeora, aparte de ver como estaba más palido, pudo notar el descenso de adrenalina por el olor, pero no dijo nada, se apoyo en la pared para observarle como se marchaba hasta que vió como se tambaleaba y se iba de bruces al suelo desmayado, la cambiate corrió y le giró para ponerse boca arriba. -¡¡Eh!! ¡¡Eh!! ¡¡oye!! ¡¡¿señor Grand?!!.- Le llamó asi solo por que lo escuchó al pequeñin aquel, le daba palmadas en el rostro pero estaba claro que estaba inconsciente, moverle iba a tomar su tiempo, aunque tenía fuerza el era enorme y la iba a costar, miró a ambos lados del callejon comprobando que no había nadie y descubrió la herida para examinarla sangrar.
Tenía que renovar el torniquete, y limpiar esa sangre, ella tenía el instinto animal muy a flor de piel, y no se le ocurrió nada mejor que lamer la herida para limpiarla y volver a cubrirla con un torniquete nuevo que hizo con sus propias ropas.


Se relamió la sangre en su boca, no le desagradaba el sabor de la sangre, aunque no era vampiresa, miró al hombre tirando de su brazo para cargarlo en sus hombros y de manera lenta y torpe, pero por suerte solo tuvo que arrastrarlo como pudo unas calles hasta llegar a las casa que la pagaba el circo, no era muy grande, cocina pequeña, un baño y una cama, lo justo para vivir ahí, tiró al gigantón sobre su cama cayendo ella al suelo resoplando por el esfuerzo, se levantó observandole y cerrando la puerta, fue al baño trayendo las vendas y una botella de alcohol que tenía, encendió la chimenea para que el ambiente se caldease, se giró para ir al grandullón y quitandole las ropas para dejar el torso liberado y ver bien la herida, buscó con la mano la botella de alcohol sacando el corcho con los dientes, quitó el torniquete y derramo un poco de alcohol en sus manos para desinfectar y otro chorro sobre la herida, despues cogió hilo y aguja para empezar a coserle la herida mientras limpiaba delicadamente la herida, para despues taparla con las vendas, le acomodó en la cama como buenamente pudo ya que el hombre era muy largo, le tapó y se dirigió la cocina.
Empezó a preparar algo de comer, necesitaría comer algo para recuperar la sangre perdida por la herida, buscó donde podía tener chocolate, lo encontró y lo puso en una pequeña cacerola que llevo al fuego de la chimenea donde la puso a calentar hasta que el aroma a chocolate invadía la estancia, una vez el chocolate derretido hechó un chorrito de leche y lo puso en una taza que coloco en la mesa auxiliar junto a la cama para cuando se despertara, mientras la cambiante se sentó en el suelo junto a la chimenea para calentarse y comer mientras un melocotón su fruta favorita, estaba algo cansada por el esfuerzo de tirar de ese enorme hombre.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Miér Abr 25, 2018 10:12 am

Sumido en un mar onírico, las imágenes se contraponen, los tiempos se flexibilizan y el caos reina en la mente del hombre haciendo que pase de un negro total a recorrer partes de su vida que mejor olvidar y sepultar. Los ojos de Grace le persiguen como si fuera un perro y él un zorro intenta escapar a toda velocidad. En cada lugar, le ve. Llorando, con la sangre derramándose por la herida sin que el grandulón pudiera contenerla. Llenándose los dedos de ésta, dejando caminos en sus ropas de sueños en tanto grita y grita sin parar. Con la voz del sacerdote en sus oídos - Matadle, cogedle y matadle. ¡Sus artes son del diablo! La pobre mujer morirá como siga este demonio salido de los infiernos tratándola. ¡Matadle! ¡Ahorcadle! - enloquece corriendo como si no tuviera alma. Como si fuera un vampiro más de los que le observan en la noche, entre los brazos de los pobladores que le cierran el paso intentando cogerlo. Aprehenderlo. Detenerlo.

Sus pies caen de bruces en el suelo marchito, arenoso que le impide avanzar. Los brazos le sujetan del cuello, del tórax, de los brazos y piernas impidiendo movimiento. Grita, exige que le suelten sin éxito. Le alzan para llevarle al cadalso, la soga pende de una gran viga esperando como si fuera la muerte en persona quien está parada para atraparle y desgarrarle. Su cuello es rodeado por esas hebras de textil ásperas que pican y al tensarse, cortan la respiración en tanto sus manos son atadas por serpientes que muerden haciendo que el dolor se intensifique mil veces. Los gritos se vuelven gemidos.

En la realidad, el propio Loyd gime removiéndose en el lecho endeble que sostiene apenas su peso. Mueve las manos intentando alejarlos, éstas envueltas en una manta le impiden el movimiento, los pies hacen de sostén enredados en la tela. Otro gemido más, la soga le arranca el aire en el primer golpe instada por la gravedad y los kilos del cuerpo del hombretón. Pierde la respiración, sus manos se van al cuello buscando quitar la cuerda que no existe y por supuesto, al no ser real, es imposible desprenderse de ella. Jugarretas de la mente y la memoria, de sus propios demonios que le muerden y laceran entre látigos y risas escandalosas.

Esta vez, la respiración se corta por completo. Sueño y realidad, ha dejado de respirar por diez segundos. En su mundo onírico, se va desvaneciendo en el abrazo mortal, desprendiéndose su vida en la áspera soga que es su verdugo. Entreabre los ojos al oír los gritos desesperados de sus ejecutores. Ella está ahí, el cabello rubio rizado como el de un ángel con la bandera de su capa ondeando y anunciando la salvación. ¿O la muerte total? Siente un dolor intenso en el costado justo antes de que la vampiresa tome a Grace y la muerda. ¡No! ¡No! Eso la hará desangrarse y morir. Absorbiendo la vitae, los ojos azules sin vida del kindred son el símbolo de su pérdida de la vida y de su mente.

Loyd se despierta con un grito - ¡No, Grace no! - sentándose en la cama para mirar que se ha desvanecido su esposa, sólo hay una pared dominando sus pupilas. Su mano izquierda se estiró al máximo en su desespero por evitar la muerte de su amante. Aprieta el puño sabiendo que sólo fue un sueño. Un maldito sueño. Uno de tantos que le persiguen por las noches. Golpea la cama con fuerza antes de extender las palmas y cubrir con ellas su rostro. Está sudoroso, las gotas se permean en la piel antes de que sus manos restrieguen la faz y se dirijan a la nuca donde permanecen húmedas. Sólo fue un sueño. Un maldito y desgraciado sueño.

Después de respirar profundo, puede recobrar el control de sus emociones y de su propio ser. Mira a la cambiante a su lado en tanto su mano es llevada al costado para ver el vendaje - gracias. Me dices cuánto te debo para pagártelo, que sé que no haces nada por buena voluntad - se deshace de las mantas para sentarse. Está su cabeza sumida en un constante aprieta y afloja de dolor. Sacudido por la marejada de la presión baja y exhausto por la pérdida de sangre, no coordina. Intenta levantarse, su peso es mayor, por lo que termina cayendo de nuevo de culo contra el colchón. Agita la cabeza de derecha a izquierda haciendo que algunas gotas saladas se desperdiguen por diferentes direcciones. Necesita algo de azúcar. Reconoce los síntomas - tengo que irme - es más una aclaración para sí que para la fémina.

Quiere correr, escapar de su realidad.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Vie Abr 27, 2018 6:01 am

La cambiante avivaba el fuego mientras degustaba la dulce fruta, quizá comiendo de una forma un tanto animal dejando que el jugo de este resbalara por las comisuras de sus labios, recogiendolas con la lengua o en un gesto mas felino, las recogia con el dorse de la mano y despues lamia este, terminandose las dos piezas de frutas mientras su huesped seguía desmayado, se puso a recoger su choza y dejarla más presentable para cuando este se despertase, al acabar se sentó nuevamente frente a la chimenea recostandose con la mirada perdida en las danzantes llamas, mientras se sumía en sus propios pensamientos, y en algun que otro recuerdo, que hacían que la cambiante mantuviera un semblante neutro aunque a veces ladeara la cabeza, aunque despertó de esto cuando su fino oido captaba como aquel giganton se revolvía en la cama, se levantó y se acercó tomandole la temperatura en su frente, revelandole que a lo mejor alguna decima tenía, pero era normal, le acababa de coser una herida, eso era normal.


Más cuando se giró para sentarse nuevamente optó por leer un rato cuando la tronadora voz del hombre llamando a alguien hizo que Yendra pegara un tremendo salto que se subiera a la mesa y bufase del susto, observó que el hombre había despertado al fin, la cambiante se bajo agilmente de la mesa y se acercó a él, parecía algo confuso y tardaba en recordar donde se encontraba, ya que no había llegado consciente, y fue la cambiante quien había tenido que hacer acopio de fuerza y cargar con él hasta su casa que era lo mas cercano. Observó sus desesperados movimientos, con la mano alzada como si quisiera impedir algo, eso hizo que la rubia entrecerrara los ojos intentando adivinar sus sentimientos aunque su aura le estaba dando muchisima información respecto a ello, casi tanto como el lenguaje corporal, como golpeo la cama con frustración, como se cubrió el rostro con las manos, la cambiante permanecia inmovil, sin soltar ni media palabra, casi parecía una estatua al lado del enorme hombre.


Cuando este recuperó la compostura pudo observar a la cambiante, pero sus palabras a Yendra se le antojaron hirientes, frunció el ceño antes de chasquear la lengua. -Vaya, debo avergonzarme mucho de la primera impresión que causé, parece que por alguna razón crees que soy un monstruo sin corazón.- Comentó con tono que notaba molestía mientras negaba con la cabeza. -No quiero dinero.- Gruñó finalmente, mientras se acercaba aunque con aire distante y cogiía la caliente taza de chocolate que había preparado.
Él quiso levantarse para marcharse, pero estaba debil y eso hizo que cayera de nuevo a la cama, aunque él aseguraba que tenía que irse de alli, la cambiante le puso la mano en el pecho para detenerlo. -No, no puedes, estas muy debil, has perdido sangre..- Dice de forma seca, no por nada, si no por la actitud que el enorme hombre gastaba con ella. La cambiante le acercó la taza de chocolate, para que este primeramente oliera el aroma que desprendía la taza. -Bebetelo y cuando te recompongas veremos si te puedes mover o no, lo siento gigantón, no puedes ir a ningun sitio, estas hecho polvo. - Dijo apoyandose contra la pared cruzada de brazos, más emitió un bufido. -Y deja de tratarme como si fuera un monstruo descorazonado, tu tampoco fuistes un encantador caballero y no te lo hecho en cara.- Protesta la rubia mientras desvia la mirada al fuego con aire ofendido.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Vie Abr 27, 2018 3:15 pm

Las palabras de la fémina caen contra su ¿conciencia?. Cierto es que le ha tratado de alejarla. No le gusta demasiado la cercanía de nadie. Nona y Pierre son diferentes. Orson, Didier y Belmont también. Las primeras personas que conoció al llegar a París y que le ofrecieron la mano. Después de eso, se cerró por completo. El dolor de su costado le recuerda que muy lejos no puede llegar, como la Inquisición le siga buscando, será presa fácil. Y una vez dentro de las celdas del Santo Oficio, no habrá forma de salir. No con vida. Baja la cabeza mirándose las manos, le tiemblan, el dolor que siente en el cerebro es tremendo, señal de que en definitiva, está débil.

Cierra los ojos apretándolos esperando recuperar un poco la compostura. El ojo derecho se le mueve, como si fuera un tic, parece que parpadeara sin llegar a cerrarlo por completo. Sólo son milímetros que bajan y se elevan. Le quita importancia al asunto. Se restriega el rostro con la diestra sintiéndose atrapado, como león enjaulado. El felino de los Moncrieff exige su liberación. Estar fuera de la jaula que implica todo ese inmueble, la mujer frente a él, los constantes golpes en su cabeza que le desquician. Se pone en pie con la adrenalina le exige empezar a caminar. Y vuelve a caer de golpe. Niega de nuevo.

Se queda encerrado en el lugar, de mala gana toma la taza de chocolate. Huele un poco y su estómago resuena de hambre. Se pasa el músculo bucal por el labio inferior para dar un largo trago. Le cae muy bien, siente cómo la presión está nivelándose. Continúa así hasta terminárselo mirando al final, el fondo del vaso como si observándolo se fuera a llenar de nuevo. Sus ojos se posan en la cambiante - no me importa lo que pienses de mí. Si me ayudas como yo lo hice, de acuerdo, sólo no me pidas que haga algo más - juguetea con la taza en silencio. Removiéndola nervioso. Fuera, algunas voces se alzan inquietas. Se escucha el ir y venir de las personas. Algunas puertas se abren con violencia. Se pone tenso al pensar que vienen a por él.

- ¡Abran en nombre del Rey y de su Santidad el Papa! - se escucha en las calles, los golpes van de puerta en puerta. Así que la redada ha llegado hasta la propia puerta de la cambiante. Loyd intenta ponerse en pie, esta vez lo logra, quedando un poco tembloroso por el esfuerzo - debo irme. No puedo meterte en problemas. Dime por dónde me voy - intenta tomar su abrigo, la ropa que ella le quitó dándose cuenta de que está con el pecho desnudo. Las cicatrices de los golpes y heridas sufridas durante el intento de lincharlo y ahorcarlo son visibles. Se coloca la camisa como puede. Los golpes van acercándose más y más a la casa de la cambiante.

Y quienes no permiten el paso, son golpeados y apaleados hasta que no revisan que no está el grandulón por ningún lado. Algunos son apresados para llevarlos a las instalaciones del Santo Oficio. Buscan incansables. Tienen que encontrarlo. El precio por su cabeza es elevado, así que pocos dejarán de moverse por encontrarlo.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Dom Abr 29, 2018 10:23 am

Algo le pasaba a ese hombre, no había que ser muy inteligente para conocer el pasado oscuro que parecía atormentarle, engullirle, convirtiendole en alguien frio, distante, parecía un recipiente sin emociones a veces, que no medía sus palabras y no le importaba realmente si la rubia se ofendía o no, pero Yendra no estaba para esas tonterías, no estaba para chiquilladas, y desde luego no necesitaba la caballerosidad de nadie, hacía taanto tiempo que jamás había esperado un buen trato por parte de nadie, cuando se veía necesitada de cierto cariño usaba el oro ganado de los robos a los de alta cuna para visitar un concurrido burdel, y buscar quien quería que le diera calor esa noche, no había por que alargar nada, dejó escapar un suspiro mientras observaba como el enorme hombre bebía, ahora que se fijaba ni él sabía el nombre de ella y ella creía que él se llamaba Grand, sonrió pensando en ello y negó con la cabeza para si misma. Él pareció querer más y de hecho la cambiante iba a ofrecerle más cuando este hablo, cosa que hizó que la cambiante enarcara una ceja.
-Para ya con eso, no te voy a pedir nada.- Gruñó empezandose a ofender de manera mas seria, si continuaba asi acabaría golpeandole por muy grande que él fuera, era mal educado incluso cuando le habían ayudado, y ella no sabía ya como decirle ue dejara de preocuparse de eso. -Te lo he dicho, no quiero nada.- Rugió la rubia de manera tajante mientras se apoyaba viendo como seguía con ganas de salir corriendo de allí.


La cambiante ladeó la cabeza cuando escuchaba los sonidos que provenian de la calle, esos inquisidores no tenían vergüenza y empezaban a acosar a los de las casas proximas, todos circenses, el capataz tendría despues que mover hilos, Yendra bufó mirando su puerta con cierta cara de susto, miró como el enorme hombre al fin se ponía en pie y se vestía, insistió en escapar. -No puedes correr, y no estas en buenas condiciones, no es que te adore, pero ya que te he curado sería un desperdició si despues te cazaran a los 10 minutos...escondete en el baño...tengo que pensar...tengo que pensar.- Estaba nerviosa, no se esperaba que los asaltaran, le empujó bruscamente hasta el baño y cerró la puerta, mientras escuchaba como golpeaban su puerta, ella fue a abrir para volver a tirar de pericia, más según abrió la puerta uno de los hombres le agarro por una de sus coletas empujandola contra la pared. -¡¡QUE ESCONDES ZORRA!!- Preguntó directamente, casi pareciera que lo supieran, Yendra dió un gruñido. -¡¡Nada!! Acabo de volver del circo..- Responde dolorida, mientras dos más entran y empiezan a registrar la casa. -¿Que son estás vendas?- Pregunta un segundo con voz más fria mientras la mantienen contra la pared. -He tenido una pequeña lesión y me suelo vendar para no forzar los musculos.- Excusó de manera rapida, mientras se fijaba como el otro iba a abrir la puerta del baño. -Yo que tú no lo haria.- Advirtió temerosa la cambiante.
-¿Y eso por qué?- Preguntó el inquisidor, cosa que Yendra fue agil y señaló unos grandes collares que se solía poner ella cuando se convertía en gran felino. -Estoy ayudando al domador con una pantera, y estaba algo histerica y la he metido ahí, a la espera de que venga el domador y se la lleve, me ha costado mucho encerrarla, y el domador fue obsequiado con ella cuando fuimos a un palacio de inglaterra a mostrar su habilidad con las bestias, no creo que dieran buena imagen si dañais al animal.- Comentó la rubia, parece que su razonamiento era convincente, en parte por que era un hecho real, pero claro, la pantera se encontraba en donde estaban el resto de las fieras, pero eso los inquisidores no lo sabían.


Estos parecieron convencidos por las palabras de Yendran y se retiraron, el que la tenía sujeta la soltó y pareció irse con los demas cuando se retiraron, Yendra resopló con alivio y fue a cerrar, pero repentinamente el hombre volvió a entrar dandole un tremendo puñetazo en la sien que dejó a la cambiante aturdida, la empujó contra la cama donde está dió un pequeño alarido de dolor, cuando el hombre se la hecho encima dandola un par de golpes más con el mango del arma que tenía dispuesto a llevar acabo una acción más oscura a espalda del resto de inquisidores. -Sé lo que eres zorra, veo tu aura.- Gruñó este, la cambiante no se había dado cuenta del aura sobrenatural de este por los nervios, desenfundó su cuchillo de plata notando el horror en la cara de la cambiante, con una mano empezó a estrangular y con la de la daga empezó a realizar cortes en la piel de la cambiante que intentaba safarse entre gritos afonicos por el estrangulamiento, preguntandose si ese sería el final. Más la intención del otro era clara, y estaba dispuesto a saciar con la pequeña cambiante sus instintos más bajos y sucios.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Lun Abr 30, 2018 12:05 pm

Tanta insistencia de no querer nada pudiera ser un paso adelante comparado a la última vez que se vieron donde estaba empeñada en sacar provecho de él cuando ni siquiera había aceptado todo el oro que tan dadivosamente le había entregado. Es entonces, donde Loyd piensa que quizá, sólo quizá, ella esté apenada por lo acontecido en el pasado. Algo bueno tiene que salir de todo ésto. Así pues, puede relajarse un poco. No lo suficiente en el instante en que ya vestido, ella le insiste en quedarse. Tiene razón, la herida en el costado cobra factura. Está limitado en su capacidad de movimiento. Le atraparán. ¿Sería mejor que fuera ahí adentro o quizá llevarse la atención de los inquisidores sería suficiente movimiento para que ella estuviera sana y salva? También es una sobrenatural y como todos, tiene sus fallas.

Los hijos de dios ni siquiera piensan en ésto, para ellos, todos son malos, todos tienen el demonio dentro. ¿Es que una causal como un nacimiento es suficiente marca para ser un hijo del diablo? Para ellos sí. No ven los corazones, ni los actos. Por unos, pagan todos. Incluso los humanos como él, que se niegan a ser un peón más en el tablero en el que la iglesia usa para su juego. A quienes atrapan, son muertos. No existe escapatoria. Todas las ordalías tienen la misma tesitura. Desde el inicio, la inquisición peca. Va en contra de los mandamientos enviados por un dios a Moisés. O ya lo dice uno "No matarás" y ellos lo hacen a diestra y siniestra, sin escrúpulos ni consideraciones. Haciendo que todos caigan en sus redes donde sólo la absolución viene en forma de un cuerpo inerte.

Es empujado al baño, el tan minúsculo lugar es insuficiente para el grandulón. Se queda ahí encogido esperando que no los encuentren. La puerta de la casita es abierta con la violencia acostumbrada por los emisarios de dios. Las preguntas son inquisitivas, crudas, todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario, es la premisa que ellos esgrimen. Las excusas son entregadas con voz nerviosa, hasta el propio Loyd lo capta. Por instantes, parece que todo saldrá bien. Escucha cómo los detiene justo antes de que abran la puerta del baño. Si lo encontraran, ella también sería llevada al santo oficio. Que de santo sólo tiene el nombre. Se queda esperando hasta escuchar que los pasos se alejan. Recarga la espalda contra la puerta con cuidado de no hacer demasiado ruido. Por eso es que escucha el golpe de un cuerpo cayendo al piso. Los ojos se abren, agudiza el oído. La voz de un hombre confirma sus sospechas.

La están atacando. Su sangre bombea la adrenalina por todos los músculos. La rabia se hace presente en él. Si un simple mortal es capaz de tal furia, puedes imaginar lo que harían los sobrenaturales. Abre la puerta sin dudarlo, el sonido es suficiente para que el inquisidor le mire y alce la voz - AQUÍ ESTÁ, ¡AQUÍ TE ESCONDÍ - no puede decir más. La manaza cerrada de Loyd le da directo a la nariz rompiéndole el tabique nasal. A pesar de su precaria condición física, es dueño de una fuerza impropia para un humano. Otro golpe más le deja aturdido antes de que Loyd le quite la daga y, sin pensarlo, presa de la rabia y el deseo de venganza, pase el filo del arma por la yugular de izquierda a derecha en un corte tan profundo, que la sangre mana sin control. El inquisidor se lleva las manos al cuello intentando evitar que la sangre se le escape sin éxito. Los ojos se abren desorbitantes, la voz intenta salir sin éxito al llenarse también de ese carmesí líquido. Cae de rodillas con un impacto tremendo para después, irse de lado por el peso.

Loyd lo observa con arrogancia, con esa satisfacción que le da eliminar un miembro más de la iglesia. Los pasos se escuchan, por instinto toma a Yendra para cubrirla detrás de su cuerpo en el instante en que la habitación se llena con cuatro inquisidores más. El cuchillo no es ayuda cuando la herida se resiente obligándolo a perder el control de su cuerpo. Los golpes sobrevienen uno tras otro. Los hijos de dios han logrado su objetivo: capturar al demonio que destruye iglesias y mata a sus sacerdotes y feligreses. Estarán felices, la paga será abundante.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Mayo 01, 2018 11:31 am

La rubia gruñía y pataeaba teniendo al hombre sobre ella con las intenciones oscuras, mirada ladina ebrio de quien ejerce poder sobre quien no puede defenderse sin consecuencias, pero lo que no se esperó es que el enorme hombre saliera del baño, llegando al rescate de la cambiante quitandoselo de encima a golpes, ella se encogió y rodó por la cama para apartarse bufando notablemente, el hombre gritó alertando a los inquisidores aunque el enorme hombre se encargó de silenciarle para toda la eternidad, viendo como este se salpicaba de la sangre que salía a borbotones, llegando unas gotas también al rostro de la cambiante rubia, que miraba como el hombre terminaba su vida ahí en el suelo, más los pasos indicaban que los inquisidores habían oido la alerta, miró a la puerta con cara de sustó aunque el enorme hombre la agarró ocultandola detras de él, en un instinto protector, que a la rubia se le antojó muy estraño para ella, miraba desde la posición semi oculta que el grandullón la ofrecía, los inquisidores invadían la casa, él tenía el cuchillo, él era el buscado, y lo peor de todo él estaba debil, el cuchillo hizo un sonoro chirrineo al impactar contra él suelo.
Los inquisidores llovieron sobre ellos, a ella la sujetaron, pensando aun que era una humana normal, con la fuerza unica para las acrobacias, ella no podía mostrar su naturaleza.
Yendra gritaba a los inquisidores que golpeaban al enorme hombre.- ¡¡No lo golpeis!! ¡¡No le hagais daño!!.- Dijo en ahogados gritos intentando ir hacía él, hasta que un golpe llegó a su nuca noqueandola siendo más facil el que ambos fueran detenidos.


La cambiante recordaba las voces, el movimiento, el calor, y entonces despertó, el olor a incienso que caracterizaba a los inquisidores, mientras los grilletes eran puestos y empujados a la celda, sacudia confusa la cabeza, sus pesadilla se habían convertido hoy por hoy en ralidad, ahí estaba, en los calabozos de la santa sede, ahora era más importante que nunca no revelar la autentica naturaleza, solo había que rezar por una cosa, pasase lo que pasase no podía demostrar su naturaleza animal y sobre todo rezar por que no hubiera un condenado sobrenatural al cargo, sacudió la cabeza y se tocó la cabeza con una mano, estaba aturdida, y la cosa solo habñia empezado a empeorar, miró a su alrededor, ella no sabía cuanto tiempo había estado incosciente, pero rezaba por que el capataz del circo tuviera la suficiente influencia para que pagase por una de sus estrellas principales, pero hasta que eso ocurriese se iba a ver negra la cosa, se giraba intentando moverse para darse cuenta que su pie estaba encadenado con unos grilletes y una cadena a la pared, pero ahora eso no era lo que importaba.


Miró a su alrededor hasta localizar al enorme hombre, por suerte en la misma celda, ella se arrastro para acercarse al hombre, sin duda él se había llevado la peor parte, estaba más que golpeado, y no tenía una simple cadena atada al pie como ella, si no que las cadenas en él era más contundente, a la cambiante rubia no se habían molestado por no ser considerada una potencial amenaza, se acercó a él y lo zarandeo para que despertase. -Señor Grand....vamos despierte....señor Grand...-Decía en un susurro buscando que este abriera esos ojos de un color tán caracteristicos, mientras ella le daba unas suaves palmaditas para espabilarlo. -Despierta...estamos en lios, nos han capturado...por favor...despierta....-Susurraba mientras miraba hacía fuera de la celda, intentando captar el olor de alguna posible amenaza que sin duda tendría, ella se mostraba nerviosa mientras limpiaba los resquicios de sangre del labio y tocaba con delicadeza un rasgullo que tenía en el rostro. -Vamos...despierta por favor...-



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Miér Mayo 02, 2018 3:43 pm

Sumido en la oscuridad, es fácil su transportación, cadenas y grilletes son ahora sus compañeros inseparables. Cuando despierta, un olor nauseabundo a mugre y vómito es su recepción. Hay otro olor más, que reconoce con rapidez: sangre. Sacude la cabeza intentando recobrar el conocimiento, el control de su mente y de sus miembros. No puede andar demasiado, en cuanto intenta alargar mucho la mano, una cadena se lo impide sujetándole a distancia que ni siquiera pueda tocar su rostro. Alguien le llama, por un momento confunde la voz de Yendra con otra que le atrapa el corazón con espinas y alambres de púas - Grace. ¿Grace? - abre los ojos para que se desdibuje la figura de su esposa quedando sólo la de la cambiante. Parpadea alejando sus demonios. Se sienta más las cadenas vuelven a obligarlo a sólo mantener los brazos alejados del cuerpo.

Sus ojos se acostumbran a la tenue iluminación del lugar, sólo hay antorchas a su alrededor. Desubicado, el típico gesto Moncrieff aparece en él: arruga el espacio que separan sus cejas cuando éstas se intentan unir. Siente el sabor metálico en la boca, por instinto, voltea para escupir un coágulo quedándole un sabor acre en la lengua. - ¿En dónde estamos? - susurra por lo bajo mirando a la cambiante - ¿Por qué te trajeron a ti también? Así será más difícil escapar, si descubren tu condición, impedirán tu salida - repasa el músculo bucal por sus labios dejándolos rojizos. Aún sigue sangrando una parte de su boca, se mordió tras un puñetazo.

Comprueba su cuerpo, le duele el costado derecho por supuesto, le han pegado de nuevo y al observar el vendaje, nota que sigue sangrando. De ahí ese olor que captó en el pasado. Escucha pasos venir, niega con la cabeza - finge que sigues desmayada, mujer, finge y que no te vayan a ver, si puedes transformarte, escapa de aquí y ve por ayuda. Sabes dónde está Nona. Y si te detienen los vampiros, diles que estoy en la Inquisición, sabrán qué hacer - ordena para incorporarse lento. El peso de sus heridas le cobra factura. Por fin se pone en pie, justo cuando ve a un trío de inquisidores entrando. En cuanto lo ven, se acercan para abrir la celda - a éste, al salón de interrogaciones - ordena uno de ellos, que se queda afuera de la jaula. - ¿Qué hacemos con la otra, señor? - pregunta uno de los que le engancha un largo tubo del grillete que le han puesto a Loyd en el cuello - déjala, no interesa, quizá sea una bruja - se sonríen los tres sabiendo lo que significa.

Van a llevarla a una ordalía y como la falle -todos fracasan, por supuesto- será muerta. - Serán bastardos - blasfema Loyd antes de que le den un par de puñetazos en el cuerpo para callarlo. Se agacha presa del dolor lo suficiente para que entre ambos inquisidores le jalen del tubo para obligarlo a caminar. Avanza a trompicones, intentando no caerse. Si lo hace, sabe que le levantarán con caricias propias de un hereje, como piensan que es. Avanza hacia la puerta mirando un instante hacia atrás, rogando porque Yendra pueda transformarse y escapar. Hay una reja que ella puede atravesar por arriba de sus cabezas en la celda por donde se cuela la luz de la luna - ¡No se saldrán con la suya, bastardos! - grita llamando la atención a su persona. Los tres inquisidores no dudan en darle otra paliza antes de sacarlo de ahí a rastras.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Vie Mayo 04, 2018 8:52 am

La cambiante clavaba su clara mirada en el enorme hombre, que nuevamente parecía ser perseguido por sus propios demonios mientras ella le intentaba despertar zarandeandole para conseguirlo, más cuando despertó escuchó ese nombre una vez más, ¿Quién era Grace? no lo sabía pero sin duda le atormentaba, ¿una posible perdida? ¿una traición tal vez? no era momento ni lugar de preguntarle nada para saber más quizás no tendrían oportunidad de volver a preguntarle, pero su curiosidad felina ahora mismo no era la que principaba en esa situación, el hombre la miraba despierto al fin, la felina estaba preocupada, como no iba a estarlo, les había capturado la santa sede, esto no pintaba necesariamente bien, más sus palabras no fueron necesariamente las más gentiles, cuando añadío a sus cuestiones que sería más dificil escapar con ella.
Yendra no pudo evitar dejar escapar un bufido de resignación mientras gruñó de una manera sumamente leve antes de cruzarse de brazos. -Estamos en las mazmorras de uno de las sedes de los inquisidores como puedes ver, y me han cogido por varias razones, defenderte, curarte, ocultarte....creo que esas cosas a ellos les es motivo suficiente.- Replico la rubia ante la protesta masculina, ese hombre era cabezota y no agradecia nada parecia ser.


Pero ahora los orgullos y las indignaciones estaban totalmente de más, gruñe y niega con la cabeza mientras le observa resignada mientras niega con la cabeza, va a tener que hacerse la desmayada, de hecho se resigna y obedece la sugerencía del hombre cuando oye los pasos a acercarse, se aleja del enorme hombre y se recuesta donde estaba fingiendo seguir desmayada cuando esto entran en escena sin piedad para el hombre, se lo van a llevar a la sala de interrogaciones, la cambiante no se mueve a pesar de desearlo, de intentar pelear para que no sufra tan inmisericorde destino.


Les escucha hablar, la confunden con una posible bruja, la estrategia de ese enorme hombre parece salir bien, ella abre ligeramente los ojos cuando el hombre la mira antes de gritar para seguir atrayendo la atención, momento que iba a esperar fingiendo el demayo cuando derrepente y de forma involuntaria totalmente empalidece de golpe, al oler a licantropo y a incienso entrar en las mazmorras, los musculos de la cambiante se tensan de sobremanera, tragando saliva y el sudor frio se empieza a notar cuando oye los pesados pasos se dirigian hacia ellos, estaban en lios y lo sabía, lo estaba descubriendo,  y no de buena manera, apestaba a licántropo incluso pudo oir como los que vinieron a por el enorme hombre se frenaron a la presencia del licano.



Septimus:



Ya estaba todo listo, uno de sus hombres se había presentado ante él informandole que habian atrapado al fin a Grandchester, eso dibujó una lupina sonrisa en el hombre, que por fin tocaba divertirse un poco. Dejó su papel y los escritos que estaba haciendo y juntó las falanges mirando al hombre informante. -Bien...voy para las mazmorras, por fin un poco de diversión....ah Dios a veces agradece dejando jugar con los renglones torcidos.- Comentó con su profunda voz que hacía eco en esa habitación, se levantó y se colocó sus guantes, iba a manejar plata asi que no iba a dejar nada al descubierto salvo su cabeza, sus ojos azules intenso brillaron mientras se abría camino hacía las mazmorras, bajando con una agilidad notable, era un hombre alto, aunque quizá no tanto como la presa que habían adquirido, los colmillos rozaban su lengua mientras bajaba a las mazmorras alzando la mano para detener a los que tenían sujetos a Loyd. -Vaya vaya...parece que te han cazado sin necesidad de tener que ir yo a buscarte....no está mal hereje...- Sonrió acercando ligeramente su cara a la del hombre que tenía frente a él.


Movió ligeramente su nariz notando asi que estaba olfateando algo e indicó con la mano que le giraran mirando a la celda mientras se acercaba a la rubia mujer que estaba en el suelo, ladeó la cabeza mirandola y miró a Loyd. -¿Es tu amiga? es un poco bajita, casi parece de una niña de 12 años de no ser por las curvas...- Sonrie de medio lado mirando a Loyd mientras sus ojos brillan de un color naranja. - Un poco tensa para estar desmayada....tiene una cara muy mona...¿Verdad señor Grandchester?- Le agarrá bruscamente por el cuello, haciendo que la cambiante abre los ojos mientras la levanta separando sus pies del suelo y viendo como su rostro se enrojece por segundos por la privación de aire, la cambiante patalea intentando liberarse inutilmente, sonrie mirando al enorme hombre mientras aguanta los golpes de la cambiante que pelea buscando aire mientras hace sonidos intentando buscar aire, el licano cuando ve que la cambiante pierde fuerza mira a Loyd esperando que diga algo, justo antes de estrellar a la cambiante contra el sueño noqueandola por completo. -Que se quede ahí, despues juego con ella...lo primero es lo primero.- Sonrié ampliamente.


Se acercó a Loyd dandole un puñetazo en la boca del estomago y sonrié mirandole de manera malevola. -Tengo nuevos juguetes para sacar confesiones a herejes....bien muchachos, llevenlo a la sala de interrogatorios de la izquierda.- Ordena mientras les sigue, mientras le llevan y le mandan que le aten a la pared, mientras el inquisidor se para y observa los objetos de plata. -Veras ya que te gustan tanto los seres sobrenaturales usaré el mismo material para contigo...que pena que a ti no te queme, pero seguro que se me ocurre algo...veamos querido...preparaté pues me vas a confesar todo lo que tu alma impura oculta....-Sonrie de maliciosa forma.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Vie Mayo 04, 2018 10:02 am

Some of them want to use you
Some of them want to get used by you
Some of them want to abuse you
Some of them want to be abused

Cada instante en ese lugar va oscureciendo su destino haciéndole pensar que quizá, por un mísero momento, no tendrá escapatoria. Las condiciones empeoran cuando un Inquisidor se presenta ante él. Sus ojos destilan maldad pura que rebasa los estándares que Loyd ha visto durante su vida. Un brillo muy diferente al que inundaba los ojos de los pobladores que iban a matarle, en ellos era la rabia la que primaba. En lo que se equiparan, es que también hay una promesa de sufrimiento y muerte. El estómago del humano se contrae de sólo pensarlo. Es el inquisidor entonces, demasiado atractivo para ser tan despiadado. Las mujeres le tildarían de bello, babearían a su paso, cuchichearían con su voz, para el mortal sólo es una basura y un engendro más queriendo ser santo ocultándose en un rostro bello que disfraza la monstruosidad de su alma.

La nariz del inquisidor se mueve al parecer detectando algo. Demasiado tiempo conviviendo con los sobrenaturales alerta a Loyd. Éste no es un miembro ordinario del santo oficio. No. Éste es un Condenado. Una gota de sudor recorre su sien dirigiéndose hasta su cuello ocultándose con pavor. El miedo se instala en los miembros del hombre. Ésto va a ponerse muy, muy mal. No podrá escapar, no tendrá oportunidad por los sentidos tan desarrollados del sobrenatural. Los pasos del santo hombre le llevan hacia Yendra. Aprieta los dientes con fuerza, dicho rictus se nota por cómo se marcan las mandíbulas de tan tensas que están. Si demuestra un poco de consideración hacia la fémina, será carne de cañón. Morirá sin duda alguna. El espectáculo es brindado. El Condenado levanta con una sola mano denotando su poderío a la mujer sujetándola por el cuello.

Le mira para ver la reacción de Loyd. Éste alza la barba en gesto beligerante. - Gran-chester. Mi nombre es Loyd Gran-Chester. Para ser un Condenado tienes muy poca información. ¿Tus espías no son tan eficientes? Puede que también se hayan equivocado al juzgar a esa mujer a quien amenacé para esconderme en su casa, mátala, para mí es basura - intenta que sus palabras desvíen la atención del inquisidor de Yendra a él. Lo provoca, lo incita. Tiene que entender qué clase de sobrenatural tiene enfrente para saber cómo actuar. La escapatoria se esfuma cuando la cambiante queda en el piso desmayada por la asfixia y el golpe que la remata. Está solo. Debe atraer la atención del inquisidor para que tarde con él, así ella pueda despertar y escapar.

Tiene fe de que una de las formas de Yendra puede evadir los grilletes, subir la pared y salir por la ventila. Para eso, debe lograr que los oficiantes no piensen en ello, debe incitarlos más - Oh, vamos, creí que tus palabras eran la bienvenida a tu torneo por ver quién tiene la verga más grande y te aseguro, que tu flaco pito no se compara al de un hombre como yo - se ríe a carcajadas antes de que le calle con el puñetazo en la boca del estómago que le saca el aire y le provoca toses. Aún así, sigue sonriendo de lado. Las siguientes palabras del Condenado son un éxito nimio para Loyd que es llevado hacia la sala que ordena.

Hay varias repartidas por el lugar y desde sus interiores se pueden escuchar, aún con el oído humano, los gritos y ruegos por la vida, la salud, la esperanza que se esfuma con más alaridos. No hay piedad en esos sitios. En cuanto entran, el mortal aprieta los dientes al ver la cantidad de artefactos y utensilios que pueden utilizarse en su persona. Va a ser una noche larga. Le intentan atar contra la pared cuando Loyd, sacando fuerzas de flaqueza, noquea a uno con un cabezazo contra la nariz. Si van a torturarlo, que se lleven al menos algunos recuerdos. Los otros dos se descontrolan porque pensaban que tras la paliza de antes, no tendría tanto brío. Error. Loyd conecta un puñetazo en el cuello a otro en tanto patea al último en las gónadas. Los tres no son tan valientes cuando se tiene a un verdadero hombre frente a ellos.

La constitución física del grandulón merma las defensas, rueda por el piso para alcanzar uno de los objetos punzo cortantes esgrimiéndolo ante el inquisidor con rapidez. Tiene a uno desmayado en el piso, al segundo muerto al romperle con el puñetazo la manzana de Adán haciendo que se ahogue con la falta de aire y al tercero doliéndose en el piso sujetándose las bolas. Sólo queda uno. No es tan infantil de pensar que puede escapar, hay muchos más de donde vinieron éstos. Más sigue haciendo tiempo para que Yendra despierte. La cambiante es su única oportunidad de salir vivo de ese sitio. Sólo espera que haya comprendido su estrategia. - Sabía que ésto era un duelo de ver quién la tenía más grande, sólo no esperaba que fuera tu "querido" ¿Tanta es tu obsesión por chupármela? Ven y atrévete a hacerlo - la herida en el costado duele a raudales. Más es la adrenalina la que le mantiene en pie. Todavía.






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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Dom Mayo 06, 2018 6:23 am

La cambiante había sido abatida sin ningún miramiento por aquel licano, haciendo que su cuerpo se hubiera quedado tirado en el suelo totalmente arrollado por la tremenda fuerza que este había ejercido sobre una desprevenida cambiante, pero poco a poco empezó a fruncir el ceño con indicios de que empezaba a recuperar la consciencia despues del notable noqueo recibido por el lobo, se movío ligeramente pero tampoco mucho, pues lo primero que empezó a hacer fue olfatear asegurandose que no había nadie en la mazmorra antes de dar indició de recuperar la consciencia, no olia a Loyd, no olía nada salvo el olor a incienso, a sangre, a cadenas y agua estancada, se humedeció sus secos labios antes de ladear su cuerpo tendido en el suelo, y llevarse una mano a la cabeza, en la caida el lobo la había abierto una brecha, la rubia miró sus dedos humedecidos en sangre, aunque estaba bastante bien dentro de lo que cabía, miró aturdida hacia los barrotes preguntandose cuanto tiempo llevaba ahí totalmente incosciente, no sabía si había pasado horas o minutos.


Estaba mareada, pero a la mente le llega el ultimo recuerdo, escuchar a Loyd llamarla basura antes de que el licano la estampase, debido al aturdimiento le cuesta llegar a la deducción de que lo hizo para que ese maldito inquisidor no reparase en ella mucho más, pero aun asi tenía que conseguir ayuda, gateó mirando a su alrededor hasta ver la posible salida, no era muy grande, pero una de las formas de la felina y la muy poco usada por ella, era la de ocelote, siendo algo más grande que un gato, pero aun asi lo suficientemente esbelto y agil que cabe por casi cualquier sitio, sabe que su cambio indica perder la ropa, pero no es algo que la preocupe, pasearse desnuda es el menor de sus problemas ciertamente.


En cuanto se recuperó lo suficiente del aturdimiento sus ropajes circenses cayeron al suelo y de entre ellos salió un precioso ocelote dorado y manchado, se sacudió y saltó agilmente para escapar por la pequeña ventilación que había en la mazmorra, pasando sin mucha dificultad entre los barrotes, y moviendose hasta conseguir emerger a las Parísinas calles, tenía que buscar ayuda, y tenía que hacerlo lo más rapido posible, no sabía su tiempo de desmayo y no sabía cuanto aguantaría ese enorme hombre, entonces aquí vino una habilidad que útilizaba mucho pero jamás revelaba a nadie, la comuniación telepatica con los animales, y quien era los que más sabían de todo...las ratas...las ratas estaban en todos lados y sabían mucho, lo cual el comunicarse con una rata para que la ayudase a buscar ayuda no era nada descabellado, claro que despues pagaría a la rata con comida.


Septimus:


El licántropo miraba fijamente a Loyd, como mantenía esa actitud creida, y chulesca, un humano, un simple humano, que se revelaba con brutalidad noqueando y golpeando a sus hombres en un arrebato de adrenalina, para el lobo le fue sin problema, dió un derechazo a Loyd antes de que vinieran más hombres que sujetaran al enorme hombre que se resistía con ferocidad, pero otro puñetazo en el estomago a Loyd lo dejó sin aire, gruñó asomando una maliciosa sonrisa mirando al hombre al que no tardó en mandar colocar en el potro de tortura, y despues pedir que los dejaran solos y se llevaran a los noqueados a la enfermería, no le preocupaba mucho el estado de los hombres caidos ante esa mole humana, mientras Loyd estaba bien sujeto y ni su fuerza haria que se librase, ya que Septimus apretaba sobre manera los amarres para que estuviera bien expuesto y atado en el maldito potro de tortura, Septimus se cruzó de brazos con una sonrisa engreida en los labios, mientras se acercaba a Loyd tomandole del pelo para que alzara la cabeza y le mirara. -Ya que tienes tanta obsesión con felaciones a lo mejor te doy ciertos privilegios de chuparla mientras lloras como una mujer que ha perdido su retoño.- Dijo de manera cruel antes de darle un puñetazo en la mandibula para empezar a notar en el ambiente el aroma a sangre. Sonrió y se fue a por una pequeña cuchilla que observó con atención.- Las preguntas vendras despues primero me voy a divertir..- Comentó volviendo a dejar la cuchilla y se dirigió a Loyd, le agarró la camisa y la desgarro medio arrancandosela para dejar su torso libre, sin mediar palabra se dirigió al mecanismo del potro dandole un giro que estiró bastante a Loyd.


Volvió al lado del hombre y observó la sangrante cicatriz con puntos. -Vaya...te ha cosido bien esa enana con la que estabas, es una buena sutura desde luego.- Se dirigió de vuelta a por la cuchilla y sin cuidado ninguno cortó a Loyd para romper los puntos abriendo asi la herida nuevamente dejando que emanara la sangre de manera fluida, mientras la cabeza se le llenaba de perversiones con el aroma a sangre, sus pupilas se dilataban muchisimo mientras observaba a Loyd enseñandole asi sus colmillos. -Y dime, con lo bajita que era seguro que no necesitaba agacharse mucho para hacerte con su pecadora boca una felación, seguro que pensastes en eso ¿Verdad hereje?- Se rie, y sin dejarle ni darle tiempo a responder, dió un tirón más al mecanismo para que Loyd se estirase más, pronto empezarían los esguinces y los desgarros musculares, pero primeramente lo iba hacer sufrir.


Sonrió de medio lado y metió su dedo en la herida de Loyd, moviendole, para empezar a hacer mas profunda esa herida, sabía que ahí no era mortal pero podía permitirse que perdiera más sangre, y le gustaba meter sus dedos en las heridas de manera literal mientras veía como sus victimas se retorcían de dolor. -Bien hereje, dime donde se esconden esos renglones torcidos con los que te juntas...- Ahí fue la primera pregunta, y se aseguró de profundizar con su dedo en la herida para que le doliese bien. -Si no me respondes no solo te haré esta miniedad...si no que empezaré a apretar con el potro...tengó muchas ideas...- Amenazó, esto solo era el principio, el lobo quería jugar.



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