Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

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El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Lun Abr 16, 2018 7:28 am

Ferreo era el sabor que recorría la boca de la cambiante, dolía al respirar, la vista se difuminaba como un cuadro recien pintado con pintura pastel y mojados por la lluvía, a veces se gana..a veces se pierde, y hoy había tocado perder, la herida de arañazos y mordiscos no se adivinaban bajo los ropajes, pero si los cercos de sangre, tras perder el combate Yendra había coneguido salir a pie del ring frente a otro cambiante con forma de león adulto, al llegar al vestuario se había transformado en humana y había cogido sus ropajes y se había marchado, con el ego casi tan herido como su cuerpo, volvería, eso estaba claro, volvería para retomar una feroz venganza contra su vencedor de esta noche, pero ahora estaba agotada, derrotada y mal herida.

Respiró costosamente mientra abandonaba en dirección a los callejones, no sabe si sería capaz de llegar al circo donde tumbarse, sentía más frio de lo normal y sus labios se tintaban de violaceos por el descenso de temperatura por la perdida de sangre, la cambiante había abandonado el lugar de peleas, avanzaba aturdidamente, con el paso lento, y arrastrando los pies mientras, continuaba el camino, apoyandose en la pared para mantener el equilibrio y la verticalidad, mientras mentalmente repasaba el combate.
El león era ligeramente más grande que ella, y ella en su forma tigre, había fallado el primer salto por ir demasiado euforica, las garras se habían clavado en el lomo del leon y los mordiscos habían dejado su pelaje teñido, pero se había girado bien y dejado un señor zarpazo en el costado de la tigresa, y otro en el pecho, que la había tirado a la rubia contra el suelo, seguido de un señor bocado cerca de la clavicula, la que le obligó a retirarse.

Gruñó dando un puñetazo a la pared de frustración, mientras miraba el callejon en el que se había metido, más el desangre, la empezaba a vencer. Cayó al suelo de manera brusca, se levantaba con lentitud, buscando las fuerzas para mantenerse en pie, se apoyó en la pared, quedando sentada, se la notaba mareada, odiaba sentirse tan indefena, sus fosas nasales captaban el aroma de un hombre, cerca, la hizo ponerse como pudo en alerta, pero sin fuerza para ponerse en pie nisiquiera. Simplemente miraba en la dirección que le alcanzaba el aroma, ciertamente inquietandose por sentirse tan indefensa, pero trataría de atacar si se vería en circunstancia, aunque en estar en esa condiciones le hacía dudar de poder.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Lun Abr 16, 2018 8:32 am

“So blame it on the night,
Don't blame it on me.
Don't blame it on me.”

Una luz en la mesa permite la visibilidad del lugar. No tiene demasiado, la casa no es suya, si no de un sobrenatural que se la presta para que pueda vivir ahí. No hay lujos, más que una vieja y destartalada cama. Un sofá que ha visto días mejores, no más. Todo lo que tiene lo gasta en aditamentos armamentísticos y médicos. Se abastece lo más que puede porque hay momentos en que sus mecenas son bastante generosos y hay otros, como ahora, donde le falta al menos algo de dinero para comprar comida.

Parte el pan por la mitad, con un pedazo de queso viejo va a acompañarlo. Un vaso de agua en la mesa es suficiente para completar lo que será una gran cena. Va cortando el pan y el queso en tanto los combina para tener algo de sabor en la boca. El sonido de unos pasos acercándose le instan a tomar la escopeta recortada de su propia creación. La sostiene contra sus piernas, quedándose callado hasta que un niño de seis años se asoma por la puerta - Messié Grand, Messié Grand - ni siquiera puede pronunciar "Granchester" como muchos infantes de ese lugar, así que le llaman "Messié Grand" por "Grande" - dice la Nona que hay una mujer tirada en frente de su casa, que está herida. Que si Messié Grand va, ella le da comida - sus ojos castaños son enormes.

Está todo manchado de mugre y lodo, sin zapatos, con una camisa de tirantes que ya tiene más de tres hoyos. Suspira un poco antes de negar con la cabeza - Pierre ¿Y quién me va a reponer los suplementos? - le mira con la cabeza apoyada en la palma de la manaza. El chiquito sonríe y se encoge de hombros - dice la nona que hay una mujer... - empieza a repetir y Loyd niega con la cabeza. Es inútil - Que si Messié Grand va, ella le da comida - termina muy feliz. El hombre se da por vencido, además, le hará bien algo de alimento de la cocina de la nona. Una italiana que hace maravillas con algo que llama pasta y que le llena mejor la tripa que el pan con el queso.

Se acaricia los cabellos cortos pensando que necesita recortarlos aún más. Se levanta y le lanza el queso al niño - espérame aquí y ya vuelvo - se dirige a la habitación contigua cerrando la puerta tras él. Quita lo que debiera ser un tapete fino en sus buenos tiempos y ahora sólo son hilos con formas extrañas y levanta la trampilla. Debajo de ésta, se ven unas escaleras. Baja a su sótano para agarrar el bolso médico. Si bien es cierto que no hay mucha seguridad dentro de su casa, es el hogar más protegido de la zona. Todos miran, todos le protegen sabiendo que Loyd hará lo que sea por ayudarles. Es un sitio donde los sobrenaturales pululan.

Nadie pensaría que el pequeño Pierre en realidad es un cambiante. Y que su abuela (Nona) es la matrona de éstos, la más temible y al mismo tiempo, la más protectora. Y ha adoptado a Loyd entre sus hijos. Puede que le roben la mesa, la cama, pero jamás lo que tiene en su sótano. Eso es sagrado y la vez que lo hicieron, la propia Nona en unión de otros dos sobrenaturales, dieron caza al traidor. Eso es lo que le agrada de los no humanos, que son los seres más nobles a pesar de las historias que digan de ellos. Una vez listo, sale por la trampilla, la cierra y vuelve al living. - Pierre, vamos, tú sabes dónde está, así que llévame - el chiquillo está comiendo el queso y se levanta de un salto de la silla donde estaba sentado y esperando para asentir con la cabeza y correr como alma que lleva el diablo.

- Por acá, Messié Grand, por acá - dice unas cuadras más adelante, señalando a una joven en el piso. Cuando se acerca, la observa detenidamente, - dice la Nona que hay una mujer tirada en frente de su casa, que está herida. Que si Messié Grand va, ella le da comida - Loyd voltea a mirar al pillo que se ríe antes de salir corriendo - Nona, Nona, Messié Grand ya llegó, quiere comer - grita dejando atrás al médico que suspira revisando las heridas de la fémina - Dile a Messié Grand que si necesita una cama de hospital, ya está lista la mesa - se oye un grito de una anciana. Loyd no duda, toma en brazos a la mujer para llevarla dentro de la casa de Nona - Gracias, Nona. Voy a necesitar agua caliente, telas limpias y quizá un poco de ayuda por acá - la deposita sobre la mesa en tanto empieza a limpiar las heridas, quitando la ropa con cuidado de no lastimarla más.

Como desconoce si tiene más ropas, procura no romperlas más de lo que están, aunque para su sorpresa nota que las heridas están debajo de la ropa, no atravesaron ésta. - Las heridas fueron hechas antes - le enseña a la Nona que se ha acercado a ver. Asiente con la cabeza - de todas formas, seguía desangrándose allá afuera, temo que no puedo hacer mucho y se nota que son garrazos de sobrenaturales - Loyd asiente empezando a pasar las gasas con agua por las heridas limpiándolas. Luego de ello, coloca algunos polvos medicinales para que eviten la infección y le ayuden en la regeneración.

La mujer está desmayada, así que cuando termina de atenderla, la dejan reposar. Loyd se queda mirándola sin comprender qué hace ahí. De dónde viene. Pierre, instado por su abuela, toma una manta y la cubre, le da palmaditas en la cabeza para "consolarla" y luego corre sin pudores para sentarse en las piernas gigantes de Loyd esperando a que le cuente alguna aventura. El médico va platicándole suavecito, intentando no despertar a la paciente. Aunque el olor de semejante pasta, levantaría hasta los muertos.


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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 7:16 am

La cambiante solo pudo ver sombras difuminadas frente a ella, sin llegar a distinguir nada, las voces se le antojaban lejanas, ecosas, noto que alguien la alzaba del suelo, pero para entonces la conciencia se perdia, no recordando ni enterandose de nada de lo que acontecía ni los cuidados sobre sus heridas que pronto sanarian de acelerada manera, era sorprendente de que a pesar de no llevarse bien, lo conectados y similares que eran los cambiantes y los licántropos, salvo por lo de transformarse a voluntad, era lo único casi en lo que discernian, y ser varios animales no solo lobos, la perdida de conciencia llevó tambien a la perdida de la noción del tiempo, haciendo que la rubia cambiante ignorase cuanto tiempo llevaba desmayada, sintió primero la quemazón de las heridas que molestaban mientras frunció ligeramente el ceño antes de empezar a abrir sus azules ojos.


Escuchaba una voz baja de alguien a su lado, olfatea, abre ligeramente los ojos los cierra con fuerza y se alza sentandose de golpe en la camilla, emitiendo un bufido, se palpa enteramente buscando que no haya habído ningun tipo de sobrepasación sobre su cuerpo cuando estaba inconsciente, parecían que le habían estado atendiendo, emitió un bufido miró a su lateral donde estaban aquel enorme hombre hablandole al chiquillo que tenía en sus rodillas, Yendra primeramente hizo gala de la desconfianza natural que acompañaba a los cambiantes. -¿Quien eres tú?- Dijo en un tono ciertamente agresivo, pues al haber estado en el barrio bajo no encontraba razones de peso para que nadie fuera amable, pero tras un vistazo algo más rapido a su alrededor bajó sus animos y observó al hombre con el chiquillo, no había motivo para pensar que eran hostiles, de momento.


La muchacha ladea la cabeza observandole y enarca una ceja. -¿Me has ayudado tú?- Ladea la cabeza en un gesto muy animal, mientras su azul mirada parece estudiarle con algo más de detenimiento, queriendo ver lo que ocultaba, por el olor nadie conocido, y meramente humanos, no había por que preocuparse entonces, se acarició las zonas heridas, estaban sanando bien, aunque lo que gruñó no fue ella, si no su estomago, a lo que la rubia sueca chasqueo ligeramente la lengua. -Supongo que debo darte las gracias, o...¿necesitais pago?- No le molestaba pagarlos por haberla ayudado si es lo que deseaban, Yendra estaba curada de espanto y no esperaba nunca acciones altruistas de manera gratuita, ese tipo de bondad escaseaba mucho, incluso ella se podría añadir a ellos, pues pocas veces había ese tipo de pena en el corazón de la cambiante.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Mar Abr 17, 2018 10:14 am

La atmósfera del lugar es cálida, el olor de la comida de Nona inunda el sitio, es tarde para que ella esté cocinando, seguro que lo está haciendo para darle de comer a Loyd y, de paso, a la mujer que ahora reposa en la cama. No tardará en despertar, por lo que los susurros entre el adulto y el infante son débiles. Intentan que ella descanse lo más que pueda para que su cuerpo tenga energías para regenerarse. Además, los medicamentos suministrados son suficientes para evitar cualquier infección y de paso, ayuden con el proceso de regeneración celular. El tiempo pasa rápido en buena compañía, con un vaso de un licor de baja calidad, el hombretón está satisfecho. La comida no tardará en llegar.

Y justo, la joven se levanta como un resorte en la cama sin entender dónde está, conoce esa sensación. Observa todo haciendo que Pierre se refugie más en el gigante que le carga. Loyd tiene una altura de casi un metro noventa y ocho. Su contextura marcada y trabajada hace que muchos se lo piensen antes de encararlo. Y su expresión adusta y desconfiada no ayuda en eso. La pregunta es una exigencia tangible. Pierre se aprieta contra el abdomen de su protector que le coloca una manaza en la espalda para darle seguridad. Antes de que diga nada, Nona aparece por el marco de la puerta de la cocina - buenas noches. Él es el médico que vino a atenderte. Estás en mi casa, soy Francesca, pero me dicen Nona. Levántate y ven a comer algo, perdiste mucha sangre - un ademán de la mano hacia arriba reafirma sus órdenes. No hay quien se le oponga a la mujer de avanzada edad que vuelve a la cocina.

Hasta el hombretón baja la cabeza cuando Nona se impone. Pierre se queda mirándola asustado - messié Grand, si la madame se pone loca, ¿Usted me protege, verdad? - la manaza lo aprieta más contra él, es una respuesta silenciosa. Los ojos masculinos se fijan en los de la extraña para atrapar su mirada y con ella sujeta, bajar hacia el pequeño haciéndola consciente de que sus actitudes están poniendo nervioso a un niño. Para que calme sus ánimos. La observa comprobarse las heridas. Las vendas están firmes, sujetas como sólo un experto podría hacerlo. Si bien no son de primera calidad, se hace lo que se puede con el material al alcance de la mano.

En ocasiones, a Loyd le sobra el dinero para comprar buenas telas para sus vendajes. En otras, tiene que utilizar algunas sábanas o cortinas para desinfectarlas bien y hacer tiras con ellas que le servirán para resguardar las heridas. Y ella, tuvo la mala suerte de tocarle las segundas. - Aunque no lo creas, no te va a cobrar más allá del costo de los vendajes y la medicina. Tiene que reponerlos. No es que estemos viviendo en la abundancia, niña. Te dije que vengas a sentarte a comer, es la última vez - va dejando los platos en la mesa para que puedan empezar a ingerir sus alimentos antes de regresar a la cocina. Seguro que le faltó algo.

Pierre no piensa dejar a Loyd, así que toma su plato para llevarlo al regazo y comer ahí. Por instinto, el hombre toma la primera cucharada para probar lo caliente que está. Al sentir que todavía le falta enfriarse, toma la mano del nene con cuidado - despacio, está caliente - advierte al pequeño que asiente con la cabeza soplándole a la cuchara con la boca buscando que esté a una temperatura que pueda soportar su paladar. La voz del hombre es fuerte, vibrante y ronca. Como si fuera un gruñido atenuado. Toma el pan para partirlo y poner un pedazo en la mano del pequeño quien lo toma y empieza a comer con alegría. Él lo hace con tranquilidad. Con modales impropios de alguien de su tamaño y aspecto físico. La ropa está limpia con excepción de las marcas sanguinolentas producidas por la atención médica brindada a la cambiante.

Aún así, tiene algunos agujeros, el pantalón negro en combinación con la camisola blanca reflejan una austeridad completa y aún así, un gusto refinado. Pareciera un gorila con ropas que en otra vida, fueron finas. Así de bizarro. Las botas grandes están pulcras. Come en silencio, procura que el pequeño haga lo mismo y cuando el infante se termina el contenido de su plato con la velocidad que refleja el hambre que tiene, el hombre mira a la cocina y, una vez comprueba que no lo ve, cambia su plato por el del niño dándole en silencio, más qué comer.

Para él, los seis bocados ingeridos, son suficiente. - ¡Grand! Que no te vea dándole tu plato a Pierre porque te apaleo - se oye la voz de la Nona, ambos transgresores saltan sorprendidos, se miran y parece que con eso todo está dicho. El hombre carraspea - ¡Por supuesto que no, Nona! Yo ya terminé y Pierre sigue jugueteando con la comida - le guiña un ojo al niño que sonríe mientras come con apetito. - ¡Claro, claro! Pierre siempre juguetea con la comida cuando tú estás aquí. Me pregunto por qué será - la mujer aparece con la cacerola que contiene la comida por la mitad. Sirve un poco más a la cambiante, otro a Loyd que la observa intrigado y un poco más a Pierre. Ella hace lo propio en su plato - ni se les ocurra renegar. Coman, necesitan fuerzas. Ahora sí, dime tú, chiquilla ¿Quién te hizo esas heridas? ¿Algún vampiro o un cambiante? Quiero saber si tengo que cuidarme de alguien o no - exige en tanto deja la cacerola al centro de la mesa y empieza a comer.

Loyd, con la mujer sentada, tiene que terminarse el contenido del plato. Así que esos movimientos propios de la clase alta vuelven a aparecer. Mastica despacio, habla poco y cuida de que Pierre no tire su plato.  


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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 2:45 pm

La cambiante estaba recelosa, incluso algo atacada e inquieta, no le gustaba haber estado tan indefensa ante nadie, oberva al gigantesco hombre de casi dos metros, quedandose ella como una enana ante él, ya que Yendra solo mide un metro cincuenta, como buena acrobata circense es pequeña, pero sumamente agil y elastica, siendo capaz de contorsiones extremas, y de colarse por huecos realmente pequeños al doblarse, por eso al mago le gusta cogerla a veces de ayudante en los espectaculos del circo, la cambiante clava la mirada con desafio en aquel gigante hombre de rasgos atractivos, y en el pequeño que se abraza a él pensando que tal vez fuera su retoño, cuando aparece la Nona Yendra solo pone una cara que muestra el desconcierto de que la hablen con tanto descaro, solo una persona se atreve a hacerlo, y ese es el capataz del circo, que se toma la libertad de gritarla y a veces de agarrarla del pelo cuando se enfada, claro que eso solo ocurria en pocas ocasiones y por el hecho de que la cambiante se lo permitia relativamente, pero siempre la orden de quien paga manda.
Le sorprende que aquella vieja mujer la hablase asi, si había perdido sangre, pero a los presentes le sorprenderían unas cuantas cosas de aquella menuda mujer, no solo que aguantase mejor por el echo de ser cambiante, si no que aquella rubia era una autentica masoquista, que amaba el dolor, le daba un morbo inconfesable, lo cual hacía que fuera capaz de extremar más las condiciones.


El grandullón era el medico, quien lo diria con esas manazas, parecía que se le daría mejor dar golpes que coser heridas, eso despertaba las ideas de la sueca, que miró al niño, se asustaba de su brusquedad, ella no dejaba ser cincerse, su especialidad era recibir atención y aplausos, incluso sonrisa, lo que hizo que entendiera lo que ese hombre indicaba con asustar al muchacho. Resoplo y se puso en pie, silbó al chiquillo para que la miraba y de sus ropajes sacó unas cuatro pelotas de colores, sonrió y empezó hacer malabares de manera fluida con ellas para entretener al chiquillo, mientras ella observaba al grandote, para poder comprobar que no vestia precisamente como un vagabundo, el tiempo suficiente para lanzar las cuatro al aire girar sobre si misma y recogerlas con un divertido tachán, antes de dirigirse a comer, escuchando la palabras de Nona sobre el pago, cosa que hizo que la cambiante pusiera los ojos en blanco siguiendo a la zona donde podría comer algo, por orden de aquella mandona mujer.


Observaba como el hombre apenas comía y le cambiaba el plato para que ese chiquillo comiese más a pesar de las protestas de Nona, que decia que no le diera más, la cambiante casi se sintió culpable de terminar con su comida, mientras miraba de reojo a la mujer que casi le hizo toser cuando preguntó por los seres sobrenaturales asi que la cambiante observó el aura buscando saber quienes allí eran sobrenaturales.- No debe preocuparse, ha sido en los barrios bajos, y en circunstancia muy particulares, que yo sepa no hay nadie agrediendo por aquí a nadie.- Dijo ella mientras revisaba su abrigo dando con la bolsa pesada que tenía, la sacó y la dejó caer sobre la mesa, no solo estaba rellena de dinero, si no de oro, rubies y algun diamante que se deslizó por la mesa, los ultimos robos habían sido realmente provechosos y sin contar con las apuestas a su favor, menos este ultimo combate, habían proporcionado que Yendra viviese normalmente como alguien de clase alta, y no como una mera circense. - Con eso habra suficiente para arreglar este sitio, y tener lo que necesiteis y rellenar bien los estomagos, tomaoslo como un agradecimiento por recomponerme....- Dijo terminando de cenar y se levantó para estirar los musculos, y miró al enorme hombre. -Eh grandullón, supongo que despues de este pago, no le importará que le exija que me acompañe a recuperar el honor de una dama ¿Verdad? es lo unico que pido a cambio de este regalo.- Jamas daba puntada sin hilo y ese hombre le llenaba la cabeza de ideas y no necesariamente todas buenas.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Mar Abr 17, 2018 3:49 pm

La cambiante obtiene lo que busca, en cuanto saca las pelotas, Pierre no duda en separar un poco la cabeza del hombretón curioseando. La maniobrabilidad de la circense es suficiente para que le robe una sonrisa enorme seguido por una risa infantil que anuncia felicidad. - Messié Grand, messié Grand ¿Ve eso? ¿Puede hacerlo? - en ocasiones Loyd es para el niño un héroe. Si puede sanar a las personas y darle su merecido a algunos merodeadores, seguro que puede con algo así. Al ver que el grandulón mueve la cabeza de un lado a otro negando tal destreza, se queda sorprendido - ¿Es decir que no puede hacerlo? - otra negativa a lo que el pequeño parpadea antes de voltear a mirar a la mujer - ¿Puede volver a hacerlo? - como todo infante, sólo es cuestión de poner un juguete frente a él y querrá tenerlo hasta el hartazgo.

Loyd le sacude el cabello haciendo que lo mire, vuelve a negar con la cabeza y el chiquillo hace mofletes - peroooo - al ver que vuelve a insistir con su negativa, echa la cabeza atrás - nunca deja que Pierre se divierta - se cruza de brazos molesto. El plato es tomado por el hombre dejándolo en la mesa con cuidado. - Pierre debería comer más y hablar menos. No molestes a nuestra invitada - es suficiente para que de inmediato, el infante tome el plato de nueva cuenta y siga consumiendo sus alimentos. La mirada que intercambian los dos adultos es suficiente señal de que el primero agradece a la segunda por la ayuda.

En silencio, sigue la conversación tomando nota de que no fue en un lugar cercano donde le hicieron daño. ¿Dónde entonces? - De acuerdo, entonces me quedo tranquila. Los piccolos no tienen por qué temer a nadie - la voz de Nona deja en claro por qué está preguntando. No es un niño al que cuida, son varios. Como buena italiana, se hace cargo de la familia y de los miembros más pequeños mientras los hombres van a trabajar y, en barrios tan bajos como éste, las mujeres venden sus servicios sexuales para llevar algo de comer a la mesa. No saben lo que es tener lujos, no como esta mujer que abre sus ropas para sacar una bolsa que ya habían visto Nona y él al momento de curarla.

Si fueran otros, la habrían matado por el peso que podía sentirse. No son así, por lo que todo está completo. No falta nada. Y cuando la deja caer sobre la mesa desparramando su contenido, ambos se quedan estáticos. El sonido de las monedas atrae la mirada de Pierre, quien alarga la manita para tomar la piedra roja llevándosela a la cara mirándola mejor. Un carraspeo de Loyd es suficiente para que el pequeño lo mire y luego, como dándose cuenta de lo que hizo, dejar el rubí sobre la mesa - Pierre no debe tomar lo que no es suyo - repite en voz alta y solemne haciendo que el hombre le acaricie la cabeza y lo vuelva a llevar contra su regazo. Es su forma de felicitarlo.

Sus ojos recorren la mesada, todas las monedas, piedras preciosas y demás. Es una gran tentación. ¿Qué no haría él con todo ese dinero? Piensa en las armas que podría crear, en los suplementos médicos que podría obtener. Mas un suspiro profundo le saca de sus meditaciones y toma sólo cinco monedas. Nona toma el resto metiéndolo a la bolsa con diligencia, procurando que nada se quede fuera y la deja frente a la cambiante - muchas gracias por su pago, el resto es suyo. Comprenderá que entre sobrenaturales, el cobrar los favores es de mal gusto. Si no nos ayudamos entre nosotros y cobramos por hacerlo ¿Qué nos diferencia del concepto que tienen todos aquéllos que nos persiguen? Si usted quiere darme veinte monedas, tendré suficiente para hacer los cambios que necesito en esta casa y comprar algo para comer. Entienda que no estamos en un barrio agradable y eso es por elección. En otro lugar no tendremos la protección que aquí hay. Los piccolos no estarán corriendo libres y felices, no habrá tranquilidad. Ser ricos aquí, hará que los humanos miren y busquen. Creo que entiende lo que un humano mal intencionado puede hacer - de golpe, Loyd se levanta con Pierre en brazos.

Es un exabrupto que puede resultar incomprensible para ambas. - Llevaré a acostar a Pierre y volveré para llevarla hasta donde quiera - son sus palabras antes de desaparecer por una puerta. ¿Que si sabe lo que los humanos mal intencionados pueden hacer? Lo vive en carne propia. La ausencia de Grace calaba en lo profundo de su ser. Nona observa a la fémina sentada a su mesa. El hombretón ni siquiera terminó de comer - lo lamento, es un enigma en muchos aspectos, aún así, es un buen hombre. Guarde bien sus pertenencias, signorina. No quiero que arriesgue a mi Grand - y sí, lo considera suyo. Uno más de sus niños. Ese semblante atormentado es señal de que algo perdió. Algo muy grande.

Loyd vuelve a los instantes después de pelear con Pierre para que se quede acostado y cubrirlo con las mantas. Toma su abrigo cubriendo su camisa ensangrentada y por instinto, se coloca el cinturón con las armas bien sujetas en él. Dos pistolas modificadas y una daga de plata. Voltea a mirar a la fémina - cuando diga, estoy listo para acompañarle - se acerca a Nona para darle un beso en la coronilla de la cabeza - no vuelvo. Guarda mis cosas, mañana paso por ellas. No me las mandes con nadie. La última vez, faltaron un par de jeringas - es conocido que los niños mayores se aprovechan de los pequeños y sus instrumentos, en el mercado negro, salen caros.

Espera paciente colocándose el sombrero asegurándose de que no se caerá. En cuanto ella pone un pie afuera, la sigue como si fuera su sombra. No han avanzado ni diez metros cuando se escucha - messié Grand, messié Grand, ¿Podemos mañana ir a pescar? - niega con la cabeza antes de emitir con voz gutural, el sonido es atronador cuando eleva el sonido de sus cuerdas vocales - ¡Duérmete y lo pensaré! - avanza dos pasos más - messié Grand, messié Grand, ¿Podemos mañana ir a pescar? ¡YA ME DORMÍ! - voltea de golpe a la ventana donde Pierre asoma la cabecita. Se queda parado hasta que el niño ríe y se introduce en la casa. Ya se oye a Nona retándolo.

Con la voz de la mujer mayor en los oídos, dando de gritos por la travesura del pequeño, sigue su camino detrás de la cambiante.


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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Mar Abr 17, 2018 5:44 pm

Se sorprenden de que rechacen su pequeño saco de tesoro, realmente podía conseguir mas dinero, para ella era muy facil, se codeaba con los de clase alta y se bastaba de la seducción para robar, todos desean que esa joven de ojo soñadores se acercara y flirteara, y tardaban mucho en darse cuenta de lo que faltaba, Yendra suspiró y dejó 25 monedas sobre la mesa, y recogió el resto, ya disfrutaría quiza gastandoselo en beber comer y buena compañia, quizas en un burdel de alto estanding, o tal vez en eso espectaculos, quizá la opera en el palco que se veía de maravilla o eso había oido, tenía ganas de disfrutar de esos placeres de la vida, sonrió ante las palabras de Nona entendía que quería decir, pero ella tenía muy a flor de piel sus instintos animales, y se llevaba por ellos quizá demasiado, el grandullon sin embargo accedió sin poner más replica, eso le sorprendió, la maldad propia de un felino se notaba en ella, observó como el niño deseaba la vuelta del enorme hombre, había un paseo hasta el lugar de la pelea clandestinas de sobrenaturales.


-Te prometo que volveras para seguir cuidando de ese chavalin....que atruista eres, ahora dime...¿que ha dicho de mi esa mujer?- Ella quería saber si Nona por sus palabras sabía si Yendra era sobrenatural, y si le había dicho a ese hombre si ella era sobrenatural, no le gustaba pregonar su condición, luego tenía inquisidores soplando su nuca, y eso se le antojaba enormemente molesto a la rubia, que obervaba. -Mi ego ha sido herido y tu eres perfecto para ayudarme.- Insistió la joven mientras caminaba por su lado, acercandose con disimulo a olfatearle, empitiendo una especie de ronroneo en cubierta por asi decirlo, mientras caminaban la cambiante miraba la enorme altura de este, y sonrió ladina. -Seguro que cuesta derribarte.- Comentó como quien no quería la cosa, mientras jugaba con un mechon de su pelo, hasta que el camino les llevó a toparse con unos conocidos para Yendra, dos enormes hombres casi de la altura del que acompañaba a Yendra, ambos miraron a la cambiante mientras la furia se les dibujaba en el rostros, y eso lo noto la sueca.


-¡¡Tú!! ¡¡maldita canija!! ¡¡la otra vez te librastes de nosotros, pero ni tu, ni tu guardaespaldas vais a salir andando!!.- Rugió el mas grande, superando por apenas unos centimetros a quien acompañaba Yendra, esta les miró y sonrio. -Hola chicos....¿haciendo cosas mal vistas por la sociedad?- Dijo la joven burlona, mientras ladea la cabeza, el hombre má grande rompe una botella para amenazar con el filo de ella a la cambiante, ella abrió los ojos con sorpresa más sonrió y en un agil movimiento se puso detras de el enorme hombre que acompañaba a la cambiante y le miro. -Salvame, solo soy una damisela .- Lloriqueo como si fuera una pobre joven asustada, toda una fachada, pero quería ver lo que hacía ese hombre antes de llevarle donde le interesa, sabía llevar los hilos cuando le interesaba.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Miér Abr 18, 2018 10:56 am

Las calles están vacías a esa hora de la noche, quienes se mantienen ahí no poseen buenas intenciones. Ladrones, violadores, estafadores, hay de todo en esos lugares. Y más si piensan que tienen algo de poder con algún arma sea blanca o de fuego. Esos son los peligrosos, los que se envalentonan creyendo que un objeto en la mano les da poder. Si se es alguien que no tiene una instrucción en combate, es obvio que será una presa fácil. Los que sí la tienen, dejan a estos sujetos muertos para que los periódicos denuncien la violencia incontrolable para la policía. La sobrenatural que abre la brecha camina como si no hubiera tenido una herida importante hace unas horas. Señal de que ha cicatrizado adecuadamente, que su sistema de regeneración está en pleno actuar.

Incluso voltea a mirarlo, es tan blanca como bella, ese cabello rubio enmarca un rostro que pareciera inocente de no ser porque Loyd vio la bolsa de joyas y monedas. ¿De dónde sacaría tanta riqueza para llevarla así, como si fuera un abrigo? Quizá es una asaltante como los que les observan pasar. Aprieta la mano contra el mango del arma que metió en el bolsillo del abrigo para sacarla con rapidez en caso de ser necesario. El peligro está en todo lugar y tiempo. Y ellos están tentando al destino. - Nada - es la respuesta a la primera pregunta. Sus ojos están escudriñando en la oscuridad. Humano tal cual, le cuesta ver en este sitio. Hasta que las luces se abren a sus ojos lo que le obliga a parpadear un poco para que sus pupilas se adapten al cambio de luminosidad.

Por un momento, cuando ella indica que le han golpeado en el ego, sus pies dan un paso atrás. Así que aparte de ayudarla ahora tiene que hacer las funciones de matón. Eso no estaba en los planes. Hay seres como ella que abusan de las personas. Piensa en las monedas que trae, si quiere que mate a alguien, lo hará. Aún así, todo tiene su precio y está seguro que a ella no le molestará perder unas cuantas de esas monedas que despilfarra con entusiasmo. El olfateo no le pasa desapercibido, es algo que los licántropos o cambiantes hacen con frecuencia. Llenarse las fosas nasales del olor para luego seguirlo. Un ronroneo le descubre por fin quién es ella. Cambiante felino.

El jugueteo de su cabello no lo inmuta. Sus ojos no han perdido el aburrimiento que le produce una mujer como ella. Avanza hasta que sus pasos les llevan hasta encontrarse con dos sujetos. Uno es del forje de Loyd. Sus expresiones se tornan turbias con la presencia de la mujer. El humano se recarga el hombro contra un poste mirando los acontecimientos sin decir palabra. Los gritos suenan por el lugar, el cristal rompiéndose llama su atención. El arma es blandida contra la cambiante con una advertencia real y tangible. No están para obtener más que su venganza. Ella en lugar de encararlos, sale corriendo a ocultarse a sus espaldas. El tono de su voz y sus palabras le hacen mover la cabeza de un lado al otro. Ni él, ni los otros dos se creen que sea una damisela en aprietos.

Un par de pasos los acercan, el cristal está listo para usarse - ¿Vas a defenderla? No es tan santa como aparenta. Es una vulgar y traicionera ladrona y embaucadora - casi escupe con las palabras. Loyd sólo lo mira con la misma expresión aburrida. Al siguiente paso que da, sólo sujeta el arma en el bolsillo del abrigo. ¡BANG! ¡BANG! resuena en todo el lugar. Una de las balas destroza la tela de la prenda de vestir que la oculta a la vista, recorriendo un camino hasta incrustarse en la frente del que trae la botella rota. Los ojos de éste parecen sorprendidos porque ni siquiera tuvo un aviso de la peligrosidad del otro. Su cuerpo va perdiendo la fuerza al tiempo que su cerebro hace corto circuito y cae con un sonido abrumante. La botella se escapa de su agarre rodando por las baldosas con el típico tintinear del cristal.

El segundo fogonazo fue hacia el pecho del segundo, la bala perfora la tela de la vestimenta de su próxima víctima, cortando piel y tejido hasta saludar al corazón en su endiablado camino para llegar al tejido del pulmón encontrando ahí su hogar. Perforado el órgano principal del cuerpo, el dolor se extiende por todo el hombre que lleva una mano a la herida mirando a Loyd en tanto sus rodillas se doblan y va cayendo hasta que yace en el piso intentando respirar entre bocanadas de sangre que salen como burbujas. La asfixia líquida es mil veces peor que la seca. Se atraganta sin poder evitarlo, ni siquiera respirar por la nariz es suficiente cuando la sangre resbala por sus fosas nasales. Los mira como pidiendo auxilio, estira una mano hasta ellos, la muerte se ve en sus ojos que van apagándose. Loyd suelta el arma en su bolsillo que humea para extender la palma hacia Yendra - Son veinte monedas por cada uno y el diamante - pide su pago con voz tranquila a pesar de que se escucha como un rugido de tan ronca que es.

El diamante le ayudará como cortador. Es la más dura piedra de todas, así que le dará utilidad. A sus espaldas, los dos hombres son cegados por la muerte, mañana, los periódicos hablarán de la violencia en las calles. Y eso aleccionará a los bravucones que creen que un arma los hace todopoderosos. ¿O quizá no?


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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Jue Abr 19, 2018 9:37 am

Ella observaba a lo dos maleantes, ofendidos claramente por haber perdido notablemente bastante oro contra la cambiante, tiene muchos As en la manga, asi que el hecho de haber perdido ante ella, hacía a esos hombres estar rabiosos y querer recuperar lo que perdieron contra ella, la cambiante no iba a darles ese placer, y se movió rapidamente para esconderse de tras del grandullon que se había decidido a acompañarla, los bandalos dijeron falacias en su contra, y aunque si, no dijeron mentira, ella robaba, pero había un transfondo detras de todo ello, pero por suerte ese gigantron no pareció dejarse llevar por las habladurias de dos maleantes con ganas de sangre, de sangre de mujer en este caso, eso se notaba, pero el hombre que había al lado de ella sin que la cambiante lo perciviera tenía un arma dentro de ese bolsillo, Yendra se mantenía detras de él, poniendo quizá cara de gatito asustado, todo una pura fachada diseñada para engañar.


Dos disaros fueron suficientes para derribar a uno y a otro, una botella rota, y la bala impactó entre ceja y ceja, haciendo que cayera al instante, con los ojos en blanco, muerte cerebral instantanea, la segunda muerte por el contrario fue muy malvada, incluso para el gusto de la cambiante, la muerte fue breve, ahogado en su sangre, fue breve para ella, pero seguro que aquel hombre se le antojarian los segundos horas hasta que su llama finalmente se apagaba, para caer sobre el suelo, la cambiante miró al gran hombre en el que se había escudado dejando ver entonces lo que le sorprendía que llevara armas encima.


Miraba el agujero humeante donde habían salido las balas que habían financiado la vida de esos dos, la cambiante alzó la mirada para enfrentar los ojos del atractivo gigantón, pero entonces la petición dejó que la chica abriera la boca con sorpresa. -¿Perdon?- Contestó ante la petición de pago, sin duda no se la había esperado para nada, lo que hizo que enarcara una ceja obervandole. -¿Es que tu altruismo es intermitente? ¿o es que curarme es gratis mientras que salvar mi honor es mucho más caro?- Sacó la bolsa de monedas de oro y joyas, y la miró fijamente para despues alzar la mirada al contrario.


Negó rotundamente con la cabeza volviendose a guardar el saco de tesoros que ella poseía, y le miró ladeando la cabeza. -Lo siento encanto, no creo que te lo hayas ganado, no te confundas...no soy una vulgar ladrona, pero los que no saben perder...-Aseguró mientras miró hacia delante, se cruzó de brazos y miró de nuevo al grundullón mirandole. - Pero compartiré mi botin si eres mi partner, me apalizaron en las peleas clandesitinas....pero de sobrenaturales, un cambiante león, si restauro el honor.....compartiré tesoros contigo...-Asegura, pensando como se tomara la petición, pero estaba dispuesto a pararlo los pies si este se ponía bravucon, o replicaba por querer el premio a la de ya.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester el Jue Abr 19, 2018 5:11 pm

La expresión de la fémina pareciendo ofendida por haberle cobrado le saca de quicio. ¿Acaso cree que las muertes son gratuitas? Él fue quien la sanó. El favor se lo debía ella a él. No viceversa. La voz sigue escuchándose por el lugar en tanto ella saca el bolso para mirar el contenido. - Lo primero fue un acto piadoso, ésto es un negocio - es la diferencia entre una y otra. Su mano sigue extendida hasta que ella niega con la cabeza. Cierra la palma en un puño calibrando la situación. Se queda mirando al frente, algunas personas se asoman con discreción habiendo escuchado los disparos, temen que algo peor suceda. Están llamando mucho la atención, algo que a Loyd no le agrada en absoluto.

¿No creía que se lo había ganado? Parpadea un par de ocasiones, es la única expresión de su descontento. Ella se ponía en una pésima situación y ahora resulta que él tenía que ser guardaespaldas gratuito. Lecciones que da la vida. Sus labios empiezan a silbar una tonada melodiosa. Arregla su abrigo quitándole las pelusas con un golpe de la mano. La propia pólvora del bolsillo antes de empezar a caminar. Cuando lo hace, es directo hacia la fémina, da un paso al lado para evadirla pasando al lado suyo. Ni siquiera le dedica una mirada. Para él, todo está dicho.

Sigue avanzando tomando un camino diferente al que ella había marcado. Baja unas escalinatas cuando puede olerse, en términos de la nariz de cualquier sobrenatural, el pesado olor a muerte y putrefacción propias de los verdaderos señores de la noche. Él va directo a ese olor, inconsciente quizá por su condición humana. Las sombras se arremolinan a su alrededor, los verdugos avanzan por los techos con pasos veloces antes de empezar a caer al piso, uno tras otro haciendo un total de cuatro y, en medio de ellos, justo delante del grandulón, una  vampiresa pone los pies en el piso con los velos blancos y dorados ondeando por el viento. - ¿Hay algún problema por aquí? - su voz suena seductora, en tanto los colmillos desenfundados brillan con la luz de la luna.

El hombretón niega con la cabeza pasando a su lado como hiciera antes con la cambiaformas. Sigue su camino dejando atrás a los cinco vampiros que buscan con la mirada el inicio de la escalinata esperando que, cualquiera que sea el que está a punto de cruzar, sea el sustento y la satisfacción de un hambre animal. Para Loyd, todo está dicho. No busca hacer negocios con nadie, mucho menos con alguien que es tan irritante e infantil. ¿Acaso piensa que él es su juguete? - ¿Quieres que la mate? - susurra la vampiresa acariciando la espalda del humano, deteniéndolo para oler su sangre, tiene ganas de morderlo, más es conveniente para sus planes - No. Graba en tu memoria su rostro y envíalo a la mente de los sobrenaturales que custodian a Nona. La quiero a salvo, Aleera - ella sabe que se refiere a Nona, no a la mujerzuela. El hombretón sigue su camino sin detenerse. Ni siquiera la belleza de la vampiresa es suficiente para que cambie en algo la seriedad de su rostro.


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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Yendra Isley el Jue Abr 19, 2018 8:14 pm

Fue realmente hiriente el trato recibido de aquel grosero hombre, al final lo unico que le movia era lo mismo que a todos, el dinero, observó como se marchó y el aroma a vampiro, no le gustaban a la cambiantes los vampiros, emitió un bufido y siguió adelante, mientras dejaba que ese hombre se fuera por su lado, no perdío momento para ir a recuperar rapidamente su orgullo, aunque tuvo que hacerlo sin equipo, y en desventaja, pero unas cuantas triquiñuelas le dieron la victoría acabando aquel combate lo suficientemente bien para que sus ganancias aumentaran y poder gastar algo de lo ganado en pequeños lujos que la cambiante personalmente le encantaban.


En la actualidad.





Era ya de tarde, y hoy el circo había cerrado algo antes y Yendra estaba lo suficientemente descansada para aumentar sus espectaculos, la joven estaba animada, despues del parón para comer algo hablar con alguno de los compañeros y demás la joven se había separado abandonando la carpa y marchando a donde le paso de la gente era más ameno, no siquiera se había cambiado de ropa, había aprovechado las ropas del circo para continuar con su numero en las calles de la francesa ciudad, mientras lucia ese llamativo look recogido en dos coletas, y la vestimenta que traía ya del espectaculo dentro de la carpa.


Miraba a los que allí paseaban con una explendida sonrisa de oreja a oreja, mientras empezaba a ofrecer de primeras un truco de malabares de hasta 6 pelotitas de colores dejando mostrar su gran habilidad, algunas monedas se deslizaban a la pequeña mantita purpura que estaba en el suelo, segun avanzaban la calle la gente dejaba más de pasar, pero aun asi ella como buena circense se guardaba lo mejor para el final, saco su aro que había cogido prestado del circo, y empezó a bailar con él danzando moviendo su cintura para mantener el giro mientras guiñaba el ojo a quienes aun se mantenían allí viendo el espectaculo.


El numeró continuo, añadiendo dificicultad, lanzando el aro y recogiendolo, hasta que empezó a mezclar sus capacidades acrobatas y contorsionistas con el baile del aro, realizando asi las distintas figuras que la circense podía ofrecer, haciendo que su manta purpura se hubiera llenado considerablemente de monedas, volviendo a la verticalidad sujetando el aro, y con una notable reverencia, la joven dió por finalizado su numero callejero sentandose a contar lo que había ganado, pensando que era lo que le apetecía en ese momento, quizás algo de comida, o algún capricho material, el olfato le hizo llegar un aroma familiar, pero no dejó el recuento de monedas por ello, seguía sentada cruzada de piernas, mientras su mente divagaba en recuerdos del pasado, con cierta nostalgia, perdiendose en sus propios pensamientos.



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Re: El hombre y la bestia (priv. Loyd Granchester)

Mensaje por Loyd Granchester Hoy a las 8:52 am

Sudor. Gotas interminables recorren su cuerpo puesto a toda marcha. La adrenalina azuza sus piernas para que los músculos, como una maquinaria impecable, corran a toda velocidad. Ni siquiera es de noche, no tienen apoyo de los vampiros y los hombres lobo son ahora inútiles. Los cambiantes y hechiceros están dando lo mejor de sí, fustigados por el embate insolente y feroz de los inquisidores. Le pusieron precio a su cabeza. Tras el último golpe al carruaje donde venían el Obispo y algunos de sus seguidores, dejando a cinco muertos como resultado del enfrentamiento, alguien le reconoció e fue a buscarlo con apoyo. Los soldados de la Inquisición siguieron sus pasos hasta su choza en lo profundo del bosque y le atacaron como perros tras el zorro.

Lo que encontrarían sería a un oso en pleno período de hibernación que, al ser molestado, atacó con violencia inusitada. Loyd se sujeta el costado con el brazo izquierdo un momento. La herida es de consideración, el torniquete efectuado es cuestión de tiempo antes de que pierda su función y el sangrado continúe corriendo como agua de río. En cuanto llegó a la ciudad, el silbido de alerta convocó a los pocos sobrenaturales del peligro inminente. Dos cambiantes, hijos de Nona salieron a ayudarle. Tres hechiceros hicieron lo propio. No hay hombres lobo que se atrevan a atacar aún. Esperan impacientes a que la luna llena esté en todo lo alto para salir a guerrear. En tanto, el grandulón hizo algunas maniobras para disminuir el número de inquisidores.

Es inútil, es como si de un chisme se tratase, corre de oído en oído llevando a más y más enemigos. Las bajas son pocas comparado a su número actual. Doce que le persiguen, ocho contenidos atrás, en los barrios más bajos alejados de la zona marcada con rojo para los inquisidores que buscan desesperados para destruir uno de los puntos más fuertes de la facción que se les opone. Imposible descubrir quién está comandando, desde dónde manda las órdenes, sólo saben que si atrapan al humano que les proporciona armamento, podrán torturarlo y será cuestión de tiempo antes de que descubran todo el hervidero de gusanos, como ellos quieren denominarlo.

Los pies siguen en su labor, las zancadas le llevan hacia una de las calles más concurridas de París intentando con ello perderse entre la multitud. Apenas da vuelta a la esquina, se desprende del abrigo con la intención de confundir a sus perseguidores. Lo logra por unos momentos, ellos miran a su alrededor sin poderlo encontrar entre las personas porque Loyd ha dejado de correr para caminar como cualquier transeúnte. - Sepárense, ustedes al norte, ustedes al este, ustedes al oeste - el líder del grupo, un soldado inquisidor, da la voz y los demás empiezan a correr para cumplir sus órdenes. Nuestro protagonista sigue su andar, confundiéndose entre grupos de personas para que sea más difícil su localización. A lo lejos puede ver a uno de sus aliados, se detiene a su vera - dame tu abrigo y continúa caminando como si nada, ve a con Nona y advierte que las huestes están tras mis pasos. Que no iré hasta no estar seguro de que ya no estoy comprometido - Damian asiente dándole la prenda y de paso, su sombrero.

Loyd se los calza sin dudar, en un rápido movimiento, temeroso de que los hayan descubierto. El diablo le ayuda a seguir adelante. En tanto el sobrenatural se desvía del camino para dar un rodeo y llegar a la zona roja, el humano avanza procurando pasar desapercibido. Los soldados están haciendo una valla alrededor de la calle, dirigiéndose a la plaza en la que desemboca cual dique. Tiene algo a su favor, pocos le han visto el rostro y siguen buscando a alguien con un abrigo diferente al que trae. Sus pasos le llevan hasta una zona donde la multitud observa a una mujer haciendo malabarismos. En cuanto termina el acto, las personas van dispersándose. El grandulón aprieta los puños porque ha perdido el anonimato momentáneamente.

Sus ojos se fijan en la joven que está contando las monedas ganadas. La reconoce. No confía en ella, así que va avanzando en dirección contraria a ésta cuando un par de soldados pasa a su lado, se agacha para aparentar estar abrochándose las botas. El olor a sangre puede ser reconocido por cualquier sobrenatural, a narices humanas, no se nota entre tantas fragancias diseminadas en la plaza. Pasan por su lado y para su mala suerte, se detienen a dos metros - ¡Búsquenlo! Está herido, no puede ir muy lejos - da la voz uno de los soldados - tenemos que encontrarle, el Obispo lo quiere vivo para interrogarlo - se diseminan los tres soldados buscando. Loyd no tiene alternativa. Se acerca a la sobrenatural esperando que no vaya a abrir la boca - interesantes movimientos ¿Dónde los aprendió, mademoiselle? - ojalá pueda ayudarle, no confía en ella, la última vez fue fatal su reunión. Sólo espera que tenga un poco de coherencia y entienda que por hoy, necesita de su ayuda. Y sabe que tendrá que pagarla. Ya verá de dónde saca el dinero.


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