Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

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Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Vie Mayo 04, 2018 3:37 pm

Tener fe en tu Dominante implica no tener miedo.
¿Miedo? No tengo miedo de lo que haces,
si no, de lo que te olvidas de hacer.

Señorita Kurdaliova:

La otra noche demostró usted que tenía una buena predisposición para lo que se refiere a “acatar órdenes”, pese a que dijo que le costaba mucho seguirlas. Tiene un carácter fuerte e indómito que me gustaría seguir doblegando para saber hasta cuánto estaría dispuesta de someterse a mis órdenes y a mis deseos. Me excita pensar en el reto que supone su rebeldía, en descubrir dónde están forjados sus propios límites que estoy convencido, ni usted misma lo sabe.

Ya le demostré que soy capaz de otorgarle placer y de hacerla alcanzar el orgasmo, pero apenas es un pequeño atisbo de todo lo que podría hacerle si se dejara caer en mis manos y en mostrar completa y total sumisión hacia mí. Ser el dueño de tu cuerpo para reconducirlo al orgasmo, dejar que roces el paraíso con tus dedos, pero sólo si eres merecedora de alcanzarlo. Obediencia y sumisión; si las cumples vuestro cuerpo será venerado, si desacatas mis órdenes serás castigada por ello.

Si se atreve a seguir jugando le espero dentro de dos días en mi casa, a las ocho en punto de la noche. La quiero con el pelo recogido en una coleta, pero no demasiado fuerte, su ropa será de cuero y bajo ésta no llevará absolutamente nada. Desde el principio se dirigirá a mí como “amo” o en todo caso como “señor”, nada más entrar y de dirigirse con respeto irá hacia la habitación y se pondrá de rodillas sobre el suelo con las piernas juntas y la cabeza ligeramente agachada. Acuérdese de estas premisas porque así tendrá que acudir siempre que tengamos una sesión. Tendrá su palabra de seguridad que le diré cuando llegue para que sepa cuál es.

La esperaré dentro de dos días para poder empezar a descubrir sus límites y hasta dónde podrán llevarle, la guiaré de mi mano por todos ellos.

Hasta entonces lleve cuidado con sus experimentos señorita Kurdaliova, espero verla y que cumpla con todas mis expectativas que le tengo preparadas.


Atte.:

Naxel Eblan


La aventura que tuviera unos días atrás tiene consecuencias. En primera, el hombre se ha dedicado a investigarla. Si no, ¿De dónde ha sacado su apellido cuando ella ni siquiera le dijo más que un simple "Sasha"? Es astuto, tiene recursos. Golpetea la carta doblada contra su palma extendida recubierta por finos guantes mirando todo lo que tiene que hacer antes de que los dos días pasen. Es muy poco tiempo de anticipación. Si sólo fuera una dama de sociedad común y corriente, tendría tiempo de sobra. No es así. Relee la misiva sintiendo una ansiedad crecer en lo profundo de sus entrañas. No estuvo mal su primer y único encuentro. Cierto es que su experimento con el vampiro no tuvo mucho éxito y sin embargo, del fracaso se aprende más que del triunfo. La aparición de ese dominante espécimen en el laboratorio que fueran las calles de París, le hace sonreír con cinismo. Hay noches en que los demonios caminan por la tierra, encontrarse a un incubus en plena prueba fue una ¿Bendición?

¿Cuáles eran las indicaciones? Sus ojos repasan la carta con avidez antes de emitir una carcajada divertida. ¿Obediencia y sumisión? - Quieres ser dios y tus instintos demoníacos te vencen, Naxel - pronuncia su nombre con un especial énfasis en la "X". Relame su colmillo izquierdo con la boca entreabierta dejando que la lengua se mantenga ahí por unos instantes. Recuerda ese cuerpo firme, viril, la musculatura desarrollada, los brazos capaces de proporcionar placer y esa mente tan retorcida que comprende lo tergiversado de las necesidades de la rusa. Vuelve a golpear la carta contra la mano abierta. Pasea por el espacio amplio de su despacho. Llega hasta una caja dorada abriéndola para extraer un largo cilindro. Coloca la boquilla en uno de los extremos para encenderlo dejando que el aroma a tabaco mezclado con menta se impregne en sus fosas nasales.

Está cavilando si asistir o no. Hay algo en el hombre que le encanta fustigar - Naxel - susurra con ese énfasis en la misma letra dando otra calada con coquetería y cierto morbo. Sí, ese hombre es morbo y decadencia sexual pura. Una máquina de lujuria. Algo que con sus otros compañeros no obtuvo, placer sin límites. Sólo hay una pequeña, diminuta astilla en ese tronco que la incordia. Que endurece a esa espina en la rosa que es la fémina, fundamental para que pueda definirse así. Su voluntad pocas veces es doblegada y él quiere que baje la cabeza ante sus demandas. El pensamiento se torna erótico con sólo recordar el miembro viril del cazador en su boca o invadiendo sus entrañas. No se da cuenta hasta que escucha una sonora exhalación de pura lujuria de cuánto le gusta la idea de ir a con él.

Vuelve a leer la carta con más detenimiento. ¿Ropas de cuero? - No soy un caballo - rezonga atrevida. ¿Dónde puede conseguir tales ropajes? Sacude la cabeza con impaciencia, uno de sus otros rasgos que él intenta manipular. Los rizos ensortijados se mueven de derecha a izquierda. Los que se han soltado de tan sofisticado peinado. Recuerda a uno de sus modistos, famoso por sus atuendos extravagantes. Como ella. Como él la quiere. - De acuerdo, my lord, vamos a darte otra oportunidad, Naxel, veamos qué puedes hacer con ella esta vez - se ríe a carcajadas por las expectativas que se abren con esta propuesta dejando la carta bajo llave en uno de sus cajones para ir a donde su ama de llaves para ordenar que convoque a Pierre. Tiene un reto para él y tiene que quedar en dos días a más tardar. De preferencia, antes de las dos de la tarde.


DOS DÍAS DESPUÉS

Por supuesto que hizo todo lo posible por asistir puntual a la cita. El reloj anuncia las ocho horas con quince minutos de la noche. El cazador ha de estar hecho un energúmeno. Su paciencia es tan corta como un orgasmo, no es una de las virtudes masculinas. Está segura de que el cazador lo consideraría un enorme defecto con esa avasalladora personalidad dominante y caprichosa. Avanza con parsimonia tras bajarse del carruaje comprobando que sus ropajes sean los adecuados. Ella es una dama de sociedad en búsqueda de su placer, no una prostituta vulgar y cualquiera. Así que si no le gusta lo elegido, que se lo compre, que gaste de su bolsillo. Ella invirtió una cantidad exorbitante en ésto. Si le desagrada, que se consiga una puta. Está segura de que lo que le atrajo es su estatus social, sus formas elegantes y la franqueza de sus actos. No la vulgaridad que esas mujeres de la mala vida exudan por los poros. Para no variar, desobedecía cuatro de las "sugerencias" de su amo. Sólo pensar en esa palabra, la hace reír a carcajadas a diez metros de distancia del lugar de la cita. Se detiene un momento antes de continuar el camino intentando serenarse, no puede explotar en risas ante su cara roja por la furia.

Hay una incomodidad en su pierna derecha. No duele, sólo es difícil avanzar. Y si no son las ocho en punto, no tiene sentido correr. Llegó tarde, así que si le niega la entrada será su problema. Tendrá dos enormes tragos amargos que pasar por la garganta; su impuntualidad y su frustración sexual. La ausencia del dolor fue el primer obstáculo que él encontró en su primer encuentro. Su amo y señor tuvo ciertas dificultades técnicas para descubrir por qué no respondía su esclava como cualquier otra mujer. Y tras preguntar, ella sólo fue capaz de responder, altanera como es: "Ya demostró que puede complacerme, le dije que tenía gustos extravagantes. ¿Por qué no lo investiga la próxima vez?". Si algo no contiene son sus ansias de crispar sus nervios. Ver hasta dónde es capaz de llegar con la presión adecuada. Naxel es para ella, un experimento del cual obtiene un placer infinito. Tanto mental como orgánico. Verlo con el gesto ensombrecido por la rabia, sus gritos demandantes, sus golpes dominantes, le excita sobremanera. No es que se proponga el alterarlo, le nace muy natural. Ese es el problema cuando se tiene a una mujer de mundo en la cama. Se tiene que armar de paciencia -lo que el cazador no tiene, reafirmaremos- para no quebrarle el fino cuello de cisne de la rusa.

Avanza hasta llegar a la puerta. Toca con los nudillos esperando que él abra. Varias peticiones le hizo y desobedeció cuatro. La primera, llegaba más de veinte minutos tarde. La segunda, no tuvo cuidado con uno de sus experimentos, por lo que se le salió de control esa misma noche, razón por la cual desobedecía su exigencia por la puntualidad. La tercera, trae un abrigo encima -de cuero para que no reclame, por supuesto. Además él había dicho que "debajo" nada, no comentó nada de "encima"- porque no va a caminar con semejante traje por la calle. Y el cuarto y más importante, porque él dijo en incontables ocasiones en su primera experiencia que el cuerpo de Sasha es su templo y sólo él puede dañarlo: en el muslo derecho hay una herida oculta por la falda que todavía tardará en sanar debido a su segunda desobediencia. Aún puede sentir un par de gotas resbalarle por la pierna por el esfuerzo de caminar sin una venda que protegiera la lesión. Él dijo que debajo del vestido nada, por lo que no se había atrevido a recubrirla. No tiene ya tiempo de levantarse las faldas y limpiar el desastre. Impensable el levantarse las enaguas para ello en plena calle. ¿Qué dirá la gente de ella? Él no puede saber que para Sasha, la verborrea social sólo es eso: palabrerías de viejas insatisfechas en la cama con maridos que las engañan con cuanta jovencita se les atraviesa. Si lo sabrá ella que fue de esas jovencitas satisfaciendo a los maridos.

La puerta se abre, baja la cabeza de inmediato, conforme a las exigencias. No mira su rostro, de hacerlo, estallará en carcajadas. - My lord - ahí está la quinta desobediencia. Le dijo "señor" o "amo", ella le agrega el "my". Para Naxel, tan quisquilloso, puede ser el colmo de los males.


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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mayo 08, 2018 11:09 am

Tras haberlo pensado y meditado había decido enviar la carta a la señorita Kurdaliova tras haberme dicho ella misma que podía enviarle las cartas a su buzón de correspondencia para comunicarnos de esa forma. En un principio en cuanto me lo sugirió sonreí de forma ladina porque sabía que, en el fondo, lo había dicho con la única intención de repetir el encuentro que habíamos tenido hacía unos días. La había encontrado merodeando por los callejones de la ciudad en uno de mis paseos rutinarios para cazar algún vampiro, resultó que estaba siendo perseguida por uno pero lejos de típico y normal en situaciones como aquella ella estaba haciendo experimentos con los vampiros. Algo que tenía que ver con la “ciencia” y de la cual ni siquiera pregunté porque no me importaba en absoluto, solo supe que el vampiro había quedado paralizado por unos instantes y que de su cuerpo había salido sangre hasta que finalmente lo maté. No sabía qué experimentos hacía ella y, como había dicho, apenas me importaban... sin embargo hubo algo en ella que supe ver en el instante en que le di la primera de las “órdenes”, una manía muy arraigada en mi persona que tendía a controlarlo a todo, a que todo estuviera bajo mi dominio y a que nada se escapara de este. Ella, contra todo pronóstico, había desobedecido una simple orden como era la de estarse quita y no moverse, solo para hacerme saber que tenía problemas con el hecho de acatar órdenes haciéndome saber, además, que sus gustos eran “extravagantes”, como ella mismo había especificado. Fue entonces cuando me di cuenta de que podía presentar un verdadero reto y desafío, algo que poder pulir para mejor sus actitudes y comportamientos cuando debía de hacerlo y fue por eso que decidí dar el paso. Hacía tiempo que no mantenía una relación en la que ejercía plenamente la dominación, hacía tiempo que las mujeres que habían pasado por mi cama solo habían durado una noche y lo habían hecho únicamente porque, como hombre que era, necesitaba satisfacer mis necesidades y el buscar prostitutas no era algo que fuera conmigo. Me gustaba llevar el control sin tener que pagar por ello, me gustaba ejercer mi domino, buscar mi placer a través de este, tener a una persona completamente entregada a mí para hacer lo que más me placiera con su cuerpo. Fue por eso que decidí aventurarme porque, algo en ella, me hizo saber que no era otro polvo “vainilla” más como habían sido el resto. Esa noche fue cuando supe que su carácter era férreo pero que con los toques adecuados podría ser moldeado, solo había sido una toma de contacto en la que había pasado la prueba para hacerme pensar en el hecho de plantearme mantener una relación como dominante y sumisa que se basara estrictamente en el sexo, todo lo demás no tenía cabida y si en algún punto me enteraba de que traspasaba esa línea... cortaría todo de raíz.

Le había mandado la carta porque disfruté ejerciendo mi poder sobre ella, dominándola, privándola de alcanzar el orgasmo hasta que yo lo decidiera, otorgándome placer a mí mismo con su cuerpo, con esa boca tan desafiante que tenía... por eso había mandado la carta, porque además sabía que acudiría sin siquiera pensarlo, porque ella también necesitaba de ello aunque no lo dijera en voz alta, pero su cuerpo hablaba por sí solo. Había descubierto en esa primera noche que el dolor era algo que no le afectaba igual que a las demás, era cierto que cada uno tenía un aguante pero incluso cuando me ensañé con ella para ver cómo lo sentía supe que había algo diferente, que no era normal como les sucedía a las demás y cuando pregunté, con ese carácter que tenía, me respondió con otro reto y otro desafío velado. En la carta le había dado unas especificaciones bastante claras de lo que tenía que hacer cuando llegara, a la hora determinada, y cómo dirigirse a mí en todo momento. Ya lo tenía todo listo y preparado cuando el reloj marcaba las ocho de la noche y ella no aparecía, ¿acaso no había quedado claro que la puntualidad era algo que debía de cumplirse de forma estricta? Gruñí jugando con una de las dagas que tenía sobre la mesa, tenía armas escondidas por todo el piso para cuando llegaba de visita mi hermana Liara, para que no pudiera ver nada y sentirse incómoda en una casa plaga de armas a simple vista. Por un momento pensé que no acudiría pero nada más terminar de pensarlo una risa inundó la habitación, ¿no acudir? Esa mujer se deshacía porque alguien sacara su verdadera esencia y cómo era ella realmente, un hombre que le diera la caña suficiente y domara ese carácter rebelde que tenía. Había pensado en las formas en las que podría hacer que sintiera los castigos, el dolor no era algo que sintiera y restaba posibilidades pero todo era cuestión de encontrar la forma adecuada, y sí, la había encontrado. Iba a castigarla en cuanto llegara porque habían pasado quince minutos y no aparecía todavía, cinco minutos más tarde tocaron a la puerta haciendo que mirara hacia esta y, con cierta parsimonia y lentitud, me acerqué a esta para abrirla y encontrármela frente a mi puerta. Su cabeza agachada mirando al suelo tal y como había pedido, sin embargo llegaba tarde y aunque se tomó a la tolera la forma de llamarme me hice a un lado para que pudiera pasar viendo el abrigo que llevaba, ya llevaba dos faltas y esperaba que hubiera cumplido con mis exigencias y no llevara nada bajo las ropas de cuero, o sería la tercera falta y los castigos se irían sumando.



-¿”My lord”? –Pregunté cerrando la puerta tras mi espalda, llevaba un cómo pantalón para lo que tenía pensado hacer con ella, una camisa donde los botones superiores los tenía desabrochados, quedando así abierta hasta el principio de mi pecho- ¿acaso tienes problemas con el idioma, sumisa? Te dije “señor” o “amo”, porque por el momento no soy nada tuyo, que te quede bien claro –dije acercándome a ella para examinar la ropa que llevaba- quítate el abrigo –estaba algo cabreado en esos momentos y el que se tomara ciertas libertades era algo que no me gustaba en absoluto. Cuando yo mantenía esas “relaciones” esperaba que el respeto fuera la base de todo, de la que naciera todo, porque sin respeto no se iba a ningún lado y si no confiaba en mí de nada serviría que me entregara su cuerpo sin condición alguna. Al menos cuando se quitó el abrigo dejó ver un vestido de cuero negro que se ceñía a su cuerpo dejando ver sus curvas, sus pechos por el escote quedaban más marcados y voluptuosos, la rodeé observándola como el depredador que era para dar por válido el atuendo que llevaba aunque al menos era de cuero, y además, se había recogido también el pelo en una coleta que comprobé que no estuviera demasiado fuerte cogida. Mi cuerpo quedó tras su espalda dejando que mi altura se impusiera sobre ella, era más corpulento y así esperé para comprobar que esperaba mi siguiente orden para ejecutarla- llegas tarde –apunté como si no fuera obvio sobre su oído dejando que mi aliento diera contra su piel, en un tono frío y bajo que denotaba lo enfadado que me encontraba en esos momentos- te di unas especificaciones claras y la mayoría no las has cumplido, si no te tomas esto en serio puedes largarte por dónde has venido –mi mano tomó su pelo recogido en una coleta, sus rizos cayendo por su cuello y su espalda de los cuales tiré de un movimiento brusco para que su rostro se elevara y su cuello quedara tenso, mi otra mano fue a su pecho comenzando a deslizarla entre sus pechos bajando por su vientre- espero que no lleves nada debajo del vestido, bastantes órdenes has desobedecido ya y tendré que castigarte por ello –mis labios se pasearon por su cuello dejando que mis dientes marcaran su piel en mi recorrido, mi otra mano fue hasta su cadera solo para mantenerla ahí quieta contra mi cuerpo- tenía planes para ti para esta noche, pero viendo lo desobediente que eres tendré que empezar a domar ese carácter que tienes y que entiendas que, cuando te pido algo, es porque quiero que lo cumplas –mi voz no deja de tener un tono frío en ningún momento, era consciente de que si estaba allí era porque quería seguir jugando a aquel juego, y ahora tendría que castigarla por su desobediencia- ya sabes dónde está la habitación, quiero que vayas hasta allí, te arrodilles en el centro de cara a la puerta en la posición que mencioné en la carta, con la cabeza mirando hacia abajo, ve –la solté de golpe esperando a que hiciera lo que había pedido viendo como se perdía por el pasillo, me giré para acercarme a la mesa que tenía donde cogí un vaso y me serví un poco de alcohol, ella me había hecho esperar durante veinte minutos, ahora le tocaba a ella esperarme a mí.



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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Miér Mayo 09, 2018 10:16 am

Te diré qué hacer y tú sólo dirás "Sí, señor".
Yes, my lord. Yes, Lord. Yes, señor. Sí, señor.
Qué difícil es ésto.
Qué difícil es anteponer tu dominación a mi rebeldía.

Pantalones, camisa. El único atuendo que él luce esta noche. Al menos le permite la entrada con un ademán silencioso al hacerse a un lado. Él es así, habla poco aunque también le dan sus arranques por ser un boquiflojo con palabras elocuentes que la aburren. No le interesa su boca si no es para darle placer o darle órdenes. Ese es el punto medular de toda esta historia. La razón real del por qué está ahí y aceptó sus demandas, exigencias y hasta tonterías. Porque con él alcanzó cotas inexploradas de su placer, cada golpe, cada comanda y ese tono agresivo, dominante, propio de la voz del cazador la incita a seguir adelante. A controlar su irreverente carácter forjado por años de independencia y de salvaguardar su propia existencia sin ayuda. Sin entrometidos que le indicaran qué y cómo hacer. Es esa sapiencia de que sola está mejor que acompañada, la que le hormiguea el instinto de dar media vuelta e irse de ahí.

A morderse la lengua para no contestarle por su interrogante de si no conoce el idioma. Por supuesto que lo hace, el "my lord" no es más que una expresión inglesa típica de una dominación del noble al plebeyo. Su cabeza es demasiado vulgar para comprender ese tecnicismo, entonces que se lo pierda como quiera seguir los convencionalismos. La insistencia en que él no es nada para la rusa le parece hilarante. ¿No lo es? Es su dominante, si no entendiera esa concepción, es que está más sumido en su obsesión de verlo como a él le place sin aperturar la mente a los demás que le otorgan ideas innovadoras. Sus manos se elevan para desabrochar el abrigo lento, con movimientos relajados. No hay prisa, puede llegar a la hora que deseé a su hogar. El carruaje la esperará el tiempo que sea necesario y eso no será ni por asomo antes de que esté por completo satisfecha, saciada y cansada.

Los botones son abiertos antes de que eche atrás el manto que cae al piso sin contemplaciones y sin que a ella le importe dejarlo en el piso. Es simple, son sus ropajes, si quiere, puede dejárselos de recuerdo. Pensar en salir desnuda la hace corregir ese derrotero, con conservar el abrigo le basta y sobra. No será la primera vez que sus piernas quedan al descubierto en una escapada de un sitio donde su amante queda en la cama agotado. Si ella es tomada por una dama de cascos ligeros, no saben hasta dónde era capaz para obtener lo que quiere y de Naxel, sólo anhela este tipo de escenas donde él la rodea mirándola con aprobación, pensando en lo que puede hacer con su cuerpo y obtener la satisfacción prometida.

La larga guedeja negra está sujetada por un elástico diminuto para mantenerla en su lugar y nada más. Algunos rizos rebeldes se han escapado del peinado porque el largo no es suficiente para ser sujetos. Es una forma de demostrarle a Naxel, que su propio cuerpo está dispuesto a someterse, más no del todo. No podrá cambiar su mentalidad, no tiene acceso a otros lugares en la vida de la fémina que el simple término de "dominante". Los sentimientos no tienen cabida en esta relación. ¿Que quizá pueda sentir algo por el cazador? Seguro, se llamará confianza en sus actuares y el respeto que le profesa por ser tan atrevido en continuar estos decadentes actos que a muchos asustarían y otros, con doble moral, se persignarían al tiempo que se les erecta el pene por la idea.

La voz molesta en su oído es música celestial para su espíritu indómito, se muerde la lengua para no sonreír. Su amenaza de que podía irse por donde vino la hace apretar las mandíbulas siendo visible esa opresión en los huesos que las unen. Más espera paciente. Si lo conoce al menos un poco, sabrá que es una amenaza que no se cumplirá. Ni siquiera pasaría de la puerta si fuera así. Espera paciente y no es que él con su propia carencia de este elemento en su existencia le haga largo el aguardar. El tirón de su cabello la obliga a echar un poco la cabeza atrás cerrando los ojos no porque sienta dolor, si no por el hecho de sentir la opresión originada en la mano del varón. El inicio de este episodio es prometedor. El juramento del castigo aumenta el calor de la rusa en tanto el recorrido de esa palma por sus senos dirigiéndose hacia el sur la deja contenta, más no satisfecha.

La recapitulación es latente, la voz masculina denota el consentimiento porque se continúe con la locura sexual que van a iniciar. Aleksandra se felicita por dentro sin emitir ningún sonido o expresión en el rostro imitando a una máscara sin sentimientos. El estremecimiento de sus dientes en el cuello recorre su ser hasta alojarse en medio de sus piernas generando una segregación inicial que por supuesto, irá incrementando en cantidad conforme continúen desarrollándose los hechos. Algo que Naxel estará aprovechando para satisfacción de ambos.

¿Que si es una desobediente? Por supuesto. Aleksandra tiene un toque único para ignorar órdenes. Tampoco va a decirle el por qué tuvo que tardar cuando en su intención estaba llegar a tiempo, eso es intrascendente y seguro que para Naxel serán excusas vacías. Así entonces, recuperado el control de su cuerpo, avanza hacia la habitación del varón mirando a su alrededor con interés sin mover la cabeza. Al llegar, sus ojos buscan en tanto sus oídos se prestan atentos a los movimientos tras ella. Él sigue donde le dejara, sin moverse en su dirección. Aprovecha para sacar un pedazo de tela de uno de los bolsillos escondidos del atuendo para alzarse la falda con cuidado limpiando el desastre de su herida. Sigue atenta a los sonidos por si él se acerca, actuar en consecuencia. Es impensable que él la encuentre haciendo esta limpieza, su furia se incrementará y con ella, los castigos tal cual indicó. Una vez satisfecha, esconde el trozo de tela en dicho bolsillo oculto a la vista, antes de arreglarse e hincarse como le pidió.

La pierna le tiembla cuando obliga a su músculo a quedarse quieto en esa posición de servilismo. Se pasa la mano por encima de la tela para darle cierto alivio en tanto susurra muy bajo - vamos, tienes que aguantar - un par de pases más permiten que pueda adoptar la posición que él quiere. Cabeza abajo, brazos a los costados. Y nada más. Si piensa que va a renegar por la espera, todo lo contrario. Al menos tuvo tiempo para hacer de su pierna algo utilizable.


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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mayo 26, 2018 11:53 am

Odiaba por encima de todo que se me desobedeciera en las órdenes que daba, sobre todo cuando una relación como la que habíamos empezado se trataba precisamente de eso: seguir órdenes. No me gustaba que me contradijeran y mucho menos en tantas cosas cuando lo había dejado todo totalmente claro en la carta que le había mandado, porque sí, por supuesto que había averiguado y buscado información sobre aquella mujer antes de decidir enviarle nada, porque no era una persona que se fiaba de nadie y mucho menos me fiaba de mí mismo como para hacerlo de una mujer que había conocido una única vez. Si me había atrevido a mandarle la carta era porque precisamente había disfrutado como hacía tiempo de la relación que habíamos mantenido, de ver cómo se rebelaba con cada orden que le daba, el carácter y espíritu de fuego que esa mujer poseía y que hacía todo mucho más divertido que con cualquier otra sumisa que me complaciera en todos los sentidos. Sin embargo, y pese a ello, no me gustaba que fueran impuntuales y no me importaba las excusas o los motivos que le hubieran llevado a llegar veinte minutos tarde de cuando la había citado realmente, un par de minutos más y se habría quedado fuera parada en la puerta por haberse atrevido a contradecirme la primeva vez que quedábamos. ¿Qué clase de dominante sería si dejaba que mi sumisa hiciera lo que quisiera campando a sus anchas? Uno no demasiado bueno, al parecer, puesto que debía de corregir el espíritu guerrero de esa mujer al menos en el dormitorio y hacerle ver que si yo pedía algo esperaba que esa exigencia fuera cumplida con la precisión que requería en su preciso momento. Ella había desobedecido varias órdenes y la idea inicial que había llevado en un momento debería de ser cambiada para enseñarle que si tú amo o señor te pedía una cosa debías de cumplirla, una regla más que básica en una relación de amo sumisa. Si había ido hasta allí era porque ella también estaba ansiando el encuentro, se había vestido tal y como había pedido por lo que esperaba que finalmente esa noche su carácter empezara a ser redirigido hacia otros lares y empezara a entender la mecánica de cómo funcionaba aquello y que era bastante básico: yo mandaba y ella obedecía. Por supuesto que solamente en el ámbito sexual y dentro de cuatro paredes donde se sucedieran los encuentros, fuera de allí era libre para rebelarse contra quien ella quisiera, pero cuando era mía debía de actuar como la sumisa que esperaba de ella. Sin embargo y aunque le dijera que me molestaba su rebeldía, en el fondo, me divertía porque las cosas fáciles no me gustaban incluso en el ámbito sexual y ella era sin duda la mayor rebelde que había tenido en una relación así, por lo que sería más que un placer y un gusto el dominarla para convertirla en la sumisa que se esperaba de ella, yo o cualquier otro que ella quisiera que fuera su amo... sin embargo era mía y, por ello, esa noche le daría una valiosa e instructiva lección que no olvidaría por mucho tiempo.

No solo se trataba de dar placer, de encontrar placer a través de lo que hacíamos, sino también de instruir y de buscar una forma para que los castigos que con otras mujeres surtían efecto en ella también lo hicieran. Ese inconveniente del dolor debía de saldarlo de otra manera que ya había buscado como hacerlo, me gustaba dar el dolor justo y necesario en una relación para que supieran que a través del mismo se podía alcanzar un orgasmo, pero con ella iba a ser un poco complicado porque no sentía el dolor igual que el resto de las personas y de eso me había dado cuenta en nuestro primer encuentro. Pero eso no quitaba par que utilizara otros métodos para castigarla, habían formas no solo con dolor para castigar a una sumisa y esa noche ella conocería uno de ellos en su piel y en su cuerpo. Había pensado empezar de una forma diferente, había tenido muchas ganas de ese encuentro pero no podía dejar pasar sus osadías y sus afrentas, tenía que enseñarle que en una relación así si uno ordenaba algo se cumplía, sin rechistar, sin pensar. Por ese mismo motivo había dejado que fuera a la habitación tras haberme quedado tras ella, pegando mi pecho a su espalda, tomando esa mata de pelo rizado recogido en una perfecta coleta como había pedido aunque algunos mechones rebeldes se revelaran, no me importó e hice su cabeza hacia atrás para dejarle claro cuáles eran sus órdenes, mis manos descendieron entre sus pechos para hacerle ver que ella estaba igual de deseosa que yo y la mandé a la habitación mientras la hacía esperar por mí y me tomaba un vaso con bourbon por la espera. Tenía varias cosas preparadas para ella en un pequeño maletín que llevaría a la habitación junto con otras cosas, lo cierto es que esa habitación no era donde solía dormir realmente sino donde más bien realizaba los encuentros y las sesiones, siempre estaba cerrada con llave por lo que pudiera pasar y nadie salvo yo podía abrirla. Allí tenía todo lo necesario para jugar con su cuerpo, para mí placer y el suyo propio así que cuando pasó el tiempo que escatimé necesario dejé el vaso vacío sobre la mesa y cogí el maletín adentrándome en la habitación observando la postura que había adoptado, tal y como le había indicado, salvo que la esperaba desnuda y no lo estaba. Me paré frente a ella para ver si levantaba la cabeza pero no lo hizo y sonreí ladino, al menos sabía cuándo debía de alzarla y era simplemente cuando yo se lo indicara, cosa que por el momento no había indicado. Me apoyé contra el marco de la puerta deleitándome con la imagen que me regalaba de esa forma durante unos minutos, siendo consciente de que ella sabía que estaba a unos pocos pasos pero dejando que mantuviera esa postura por el tiempo que yo quise, solamente hasta que me decidí a hablar pasados unos cuantos minutos observándola.



-Si supieras lo enormemente sexy que te ves en esa postura, solamente faltaría que estuvieras desnuda
–comenté acortando la distancia para llevar mis dedos a su mentón y de un movimiento alzar su rostro para que sus ojos subieran a los míos- me gusta cómo te ves en esta postura, creo que más tarde la utilizaré para darme placer con ella –mi pulgar se deslizó por sus labios notando que ella los abría ligeramente donde pude notar su cálido aliento contra mi yema, por supuesto que sabía a lo que me estaba refiriendo sin necesidad de decir mucho más al respecto. Me separé de ella para dejar sobre la cama el maletín que había traído comprobando de un rápido vistazo que estuviera todo en la habitación que fuera a necesitar- levántate –pedí sin mirarla esperando a que lo hiciera para quedar de pie justo donde estaba con aquel traje que llevaba puesto para ver si se movía o simplemente se quedaba quieta. La miré y la bordeé contemplándola desde todos los ángulos de forma minuciosa hasta que quedé frente a ella apartando un mechón rebelde que se había salido de la coleta por el rizo, incapaz de ser cogido en la coleta que llevaba- es hora de saber si has obedecido con mi orden de no llevar nada encima –dije llevando mi mano por su vestido repasando su contorno sobre la propia tela, repasando sus pechos redondos y turgentes como el preludio de lo que podría ser esa noche, un pequeño delante de todo lo que le esperaba. Me coloqué a su espalda para llevar mis dedos al cierre de aquel vestido, quería ver si estaba desnuda como le había pedido. Conforme fue bajando el vestido negro de cuero que llevaba fue dejando su piel al descubierta, satisfaciéndome en el hecho de que no llevaba nada bajo el vestido cumpliendo con mis órdenes, el vestido quedó en el suelo y mis dedos recorrieron su columna vertebral para luego ir a sus nalgas, en una lenta caricia, subir de nuevo hasta ir a su hombro y comenzar a rodearla pasando por su clavícula hasta bajar por entre sus pechos ya con mi palma totalmente tocando su piel, los bordes de esta tocaron sus pechos bajando hasta llegar a su vientre, a la antesala de su sexo dejando allí mi mano, no así mis ojos que siguieron bajando el recorrido por su pálida tez hasta que me di cuenta de un detalle en su muslo; una herida que abierta manaba un par de gotas que bajaban por su muslo dejando un rastro por su inmaculada piel, subí mis ojos para encontrarme con los suyos y enarqué una ceja-pensé que te había pedido que llevaras cuidado, ¿otra desobediencia más Aleksandra? –Pregunté aunque bien sabía que me había dicho que se llamaba Sasha en un principio, aunque yo sabía que no era así su verdadero nombre por lo que había podido averiguar de ella- de todas las cosas que te he pedido solo has cumplido dos, ¿crees que es así una buena forma de empezar una relación de amo-sumisa? –Pregunté alzando su rostro con mis dedos en su mentón, exigiendo una respuesta a ello para luego chasquear la lengua- bueno, tenía que castigarte igualmente por tu desobediencia –tomé sus manos que descansaban en ambos lados de su cuerpo para tirar de ella para que me siguiera- sube a la cama –dije esperando que lo hiciera para coger un pequeño trapo que había sobre una silla en la habitación y limpiar la gota que resbalaba por su muslo, para posteriormente vendar esa parte y que no me molestara con lo que pretendía hacer- mucho mejor –dije antes de subirme a la cama no sin antes coger una cadena que tenía quedando frente a ella en la enorme cama, perfecta para sesiones como aquella- extiende tus brazos y pon las palmas hacia arriba –pedí y cuando lo hizo las esposas se ciñeron en sus muñecas, solamente para juntarse en una argolla y elevar así sus brazos hasta engancharlos a otra argolla que había en el techo, de esa forma con sus brazos estirados hacia arriba sus pechos quedaban más elevados, perfectos para hacer con ellos lo que se me antojara. Mis manos descendieron por cada brazo en una lenta caricia hasta llegar a sus pechos que cogí con mis manos, apretándolos un poco, una mano fue a su pelo elevando su cabeza, la otra bajó en lo que mis labios quedaban sobre los suyos dejando mi aliento sobre estos, un pequeño tirón para tensar su cuello como yo quería- abre las piernas –mi mano siguió bajando hasta encontrarse con su sexo, mi dedo se deslizó por su hendidura encontrándola mojada, perfecta que me hizo soltar una risa contra sus labios observándola de forma detenida- estás muy mojada, ¿anhelabas sentirme de nuevo? –Mis dedos se paseaban de forma lenta por su sexo, apenas una pequeña caricia para lo que pretendía hacerle por esa noche- hoy aprenderás que la obediencia es fundamental para una sumisa, que un amo siente placer cuando sus órdenes son ejecutadas a la perfección sin ser cuestionadas, sin que su sumisa se rebele... y tú te has rebelado demasiado hoy, así que hoy tendrás tu castigo –para ello el maletín y lo que llevaba en su interior- pero antes... –murmuré mordiendo sus labios llevando mi mano a su nalga para darle un azote, mis labios bajaron hasta apresar su pecho mordiendo su tieso peso, su otro pecho fue succionado por mi boca antes de bajar y descender con mis labios para quedar arrodillado frente a ella, sonreí ladino levantando su pierna antes de acercar mi lengua a su sexo probando el néctar de sus jugos, lo caliente y mojada que estaba. Mi lengua recorría su apertura y terminaba en el clítoris para volver a empezar, succioné su clítoris y comencé a darle pequeños golpecitos notando sus reacciones, mi mano fue a su sexo y un dedo se introdujo en su interior caliente mientras seguía torturando su clítoris, preparándola metiendo un segundo dedo en lo que mis dedos entraban y salían de ella. Paré cuando noté que era suficiente por el momento y subí mis ojos a ella con una sonrisa ladeada, me bajé de la cama y fui hacia el maletín para sacar algo de metal que había preparado, una variación de un consolador algo diferente que había hecho para utilizarlo en mis sesiones. Era de forma redonda en la parte superior del que colgaba un pequeño hilo, a modo de “tapón” para lo que pretendía utilizar. Me acerqué a ella y separé sus piernas para estimular su sexo, hasta tenerlo prepararlo para introducir aquello en su interior dejándolo dentro sin moverse, esa era su función. Cuando terminé un azote en sus nalgas que aunque no le dolerían si emitirían vibraciones y con lo que llevaba dentro estimularían la zona provocándole placer- nada de correrte, por el momento lo tienes prohibido –y así era como pretendía empezar por aquella noche, a ver cómo se desenvolvía con aquella orden que le había dado.



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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Dom Mayo 27, 2018 12:47 pm

Tu cuerpo es mi templo.
Ya, ahora resulta que te sientes Dios.
Naxel, ¿Qué tan loco te sientes hoy?.

Esperar paciente es la parte más difícil de todo ésto, una vez que empiece la actividad será más fácil, al menos es lo que está pensado o queriendo que suceda. La vez pasada fue tan improvisado que resultó satisfactorio para su sorpresa. Le gustan los encuentros así, espontáneos, donde el deseo sea el que los lleve a un lugar apartado para dar rienda suelta a sus pasiones en tanto la sociedad ignora que bajo la apariencia de dama refinada se esconde la más grande puta que los hombres desearían tener todas las noches en sus camas. Que es lo que desean los casados, una dama en la casa y una puta en la cama. Aleksandra sería tan buena esposa de no ser porque odia tener a un hombre impositivo en su vida diciéndole qué sí y qué no hacer. ¿Qué pasa con Naxel? Sencillo, ella lo deja porque a finales de cuentas es un juego y cuando se aburra él no le hará escenas exigiendo volverla a ver. Está segura de que el orgullo del hombre es tal para dejarla ir sin más problemas. Igual sería si él no vuelve a mandar ninguna carta para solicitar su presencia. La rusa se lamentará perder tan buen amante, más continuará con su vida para buscar a otro que ocupe su lugar.

Sus pasos le informan que está ya listo para empezar una vez que la hizo esperar como suponía, un castigo por su propia irreverencia que a él no le pareció correcto. Abrir la boca para disculparse es una reverenda tontería. Él carece de la paciencia para escuchar excusas y por supuesto que ella tampoco la tiene para darlas. Los hechos son visibles, tangibles como su propia ropa. Avanza hasta detenerse frente a ella que puede ver sus zapatos lustrosos y limpios. Es un gesto que a ella le agrada porque tener sexo con alguien que ni siquiera se preocupa por oler bien le ahuyenta el libido sin que haya nada para volverlo a recuperar. Y él huele muy bien como puede recordar de la vez pasada.

Mantiene la mirada abajo tal cual él pidió en su carta observando cómo se aleja, fija su vista en un punto en particular en tanto su cuerpo sigue firme, de vez en cuando la pierna se entumece por lo que de forma imperceptible a sus ojos la levanta para relajar el músculo volviendo a su posición. Las faldas permiten que realice esta acción un par de veces antes de que él vuelva a llegar a su lado. Su frase la obliga a apretar los dientes para no sonreír. Así que sexy, al menos le gustó el atuendo. Y qué bueno porque de no ser así, ya estaría aventando las prendas por su cabeza. Alza el rostro para observar el suyo fijando la vista en su entrecejo, así parecerá que no está retando a la bestia que sabe bien cómo le molesta. Así que esa postura la utilizará más adelante, su dedo roza los pliegues de sus labios provocando que por inercia los entreabra dejando escapar una exhalación suave calentando esa falange. Sí, ya se imagina a qué se refiere cuando a esa altura quedan a la vista sus caderas donde reside un poderoso instrumento al que ella le gustaría degustar de nueva cuenta.

Se vuelve a alejar, lo escucha dejar algo sobre la cama en tanto baja la cabeza de nuevo. Mientras él no le ordene cambiar la posición, ella seguirá igual. Se incorpora cuando lo ordena quedando con las manos a los costados paciente, parece que todo va a dar inicio de una buena vez por todas lo cual le alegra porque la pierna está cada vez más insoportable. Hay momentos en que no puede mantener la vertical y eso podría ser contraproducente con Naxel. La rodea como si fuera un lobo y ella su presa, quizá eso es. Se está poniendo a ese nivel con tal de disfrutar de la satisfacción sexual, de esa parte de su anatomía tan rígida y lubricada, más cuando la esconde en el útero de la rusa para sacarla más mojada aún. Y ahí viene el episodio que ella teme, cuando él habla de ver si no trae nada abajo. Por supuesto que no, eso significa que verá la herida y sabe que habrá un castigo ejemplar para que la próxima vez sea más cuidadosa. Lo ve venir como siente sus manos deslizándose por sus senos provocando que sus pezones se pongan erectos y sus senos más duros aún.

El cierre baja lento causando una espera interminable, deja a la vista su fina espalda, su columna vertebral indemne para luego, con un movimiento de las manos del cazador en sus hombros, dejar que caiga primero a la cintura y luego, por la misma gravedad, al piso dejando toda su curvilínea figura a la vista. Soporta la caricia de su columna intentando no arquearse como gata, más las sensaciones son indescriptibles al tiempo que sus senos se ponen aún más pesados y su vagina empieza a lubricarse.

El recorrido va dejando un rastro de fuego por su piel, calentándola hasta ser depositadas sus manos en su vientre. Abre los ojos esperando paciente a ver qué hace a continuación. Ella ya siente su sexo listo para cualquier idea que al cazador se le ocurra. Y ahí está, su reclamo por haber mancillado su templo. Inhala profundo para soltarlo por la boca, por instinto va a encoger los hombros más mantiene la postura. Cuando quiere es disciplinada hasta la médula. Es cuestión de eso: de querer porque cuando no, es más rebelde que cualquier leona ante un león que quiera quitarle su comida. Toma nota que sabe su nombre completo, no sólo le sorprendió al recibir la misiva si o que había hecho su tarea al detalle. Eso la reconforta en cierta manera, así él sabe a quién tiene entre las manos y se asegura de que no se sobrepase o bien, entienda si en ocasiones puede faltar a alguna cita. Lo último lo considera inconcebible para alguien tan dominante como su señor y amo. De sólo pensar eso, se muerde la lengua apretando los labios para no soltar la carcajada que seguro le traerá un regaño más.

Ni contesta cuando le pregunta alzando su barbilla. Cumplió dos cosas sí, más hizo lo imposible por lo demás, sólo que excusarse es volver al razonamiento principal, es una tontería con alguien que no quiere escuchar razones y la rusa tampoco quiere darle a conocer su existencia que le llevó a este momento precario. Además, en caso de negarse a tenerla consigo ¿Qué hace allí todavía? Sólo habla de castigos más es obvio que quiere seguir con el juego porque ni siquiera le ha largado de su casa. Le ordena ir a la cama, lo cual hace sin dudar, caminando como acostumbra, dejando resonar los tacones con fuerza por la silente habitación dejando que cada paso remarque su bien formado trasero, dejando que los senos, sin una prisión, se muevan libres con la fuerza de la gravedad tirando de ellos.

Una vez en la cama, él se aleja para regresar atendiendo su herida lo cual ella agradece. A pesar de todo, tiene un buen amo, debe reconocer. La atiende, la procura, la mima y sobre todo, le da esos tremendos orgasmos que la dejan sin aliento. Perfecto para ella, demasiado ideal. Eso le preocupa. Así como termina de vendarla se sube para tomar la cadena que ya usó en la sesión pasada, coloca los brazos como ordena para que los atrape sintiendo la tirantez de los mismos en cada uno de sus músculos por la fuerza de gravedad que su cuerpo ejerce. La dominación inicia por completo. Las caricias en su cuerpo erizan más la piel, su vagina se lubrica aún más sabiendo que pronto va a ser atendida. Los senos parecieran haber sido creados para su toque. Aprieta los labios cuando los roza, cuando hace atrás su cabeza, la tirantez de los brazos aumenta aunado a la del cuello en tanto queda toda su piel expuesta. Abre las piernas como él indica con cuidado de que las cadenas le permitan hacer la labor.

Si bien el dolor es una ausencia a sus sensaciones, eso no significa que lo estirado de los músculos sea algo que pueda ignorar. Está presente en todo momento, aún su nuca que empieza a mandar mensajes eléctricos a su cerebro para que busque una liberación. Sus labios junto a los suyos hacen que la mujer disfrute de nuevo, su cálido aliento con aroma embriagante inunda sus fosas nasales haciéndola ansiar probar cada parte de su boca, de esa lengua que la pervierte y la humedece cada vez más. Por fin su falange encuentra su entrada preparada para recibirlo, húmeda, ansiosa, con un olor acre propio de la misma Aleksandra aunado a los perfumes y aceites antes vertidos en su cuerpo, crean una poderosa combinación olfativa. Se permite una sonrisa a su pregunta, ladeada, coqueta, sensual y erótica. Sus pupilas se dilatan cuando él remueve su dedo acariciando su entrada lento y provocativo. Sus senos se tensan, sus puntas se tornan tan duras que parecieran hechas de metal que a su contacto se derretirán.

La mordida le provoca una exhalación, aunado a la sensación de la fuerza contra su glúteo en el azote, hace que su cuerpo se mueva y la piel del labio quede ligeramente marcada sin sangrar. El dolor debiera ser fuerte, más al no sentirlo, son las sensaciones la que la enloquecen, la posesividad del hombre es fundamental para que de su sexo resbale una gota de lubricación que cae en la palma de la mano del varón haciéndole consciente de lo que provoca. De su propia excitación y su fascinación por él. La mordida en su seno es bien recibida con el pezón ansiando más, la succión del otro forma un nudo en su abdomen en señal de que como siga así, tendrá el primer orgasmo sólo por esa dominancia del hombre que se vuelve insufrible. Sigue su camino de besos hacia su sexo que le espera ansioso. Le levanta una pierna que apoya en la cama con el tacón en ésta, sintiendo cómo la tirantez de los brazos reclama ser tan pacífica.

La otra pierna se vuelve más tensa conservando precariamente el equilibrio en una superficie tan endeble como lo es el colchón en el que está hincada. Jadea sin proponerlo al sentir su lengua en su húmeda entrada, disfruta con la diferencia de temperaturas entre un sexo muy caliente contra su saliva tibia. Le electrifica desde su vagina hasta la cabeza y las puntas de sus dedos de los pies. Aprieta éstos aprovechando que están ocultos a su vista, lo mismo pasa con los de sus manos que forman puños para controlar los gemidos mordiendo sin consideración su labio inferior para evitar que se enoje por demostrar tan abiertamente cuán bien atendida está con esa boca que cada vez se vuelve más insidiosa y profunda. Su clítoris se unió en esta tortura salvaje y mórbida haciendo que Aleksandra a duras penas contenga el orgasmo. Todo su cuerpo llevado a la locura, a la exigencia del dominante hombre, dejándola como una indefensa damisela.

Le fascina.

El primer dedo entra en su húmedo útero dando satisfacción parcial para lo que realmente querría, tener su pene mojado y tieso en su interior, más de momento se conforma con ésto, echa atrás la cabeza mostrando su cuello, aspira profundo haciendo que sus senos se muevan de arriba a abajo con cada respiración desesperada en tanto opaca sus gemidos y suspiros. El segundo dedo le hizo compañía al primero invadiendo su interior como si fueran dos extranjeros pidiendo su mejor y mayor tesoro. Siente el rostro caliente por las sensaciones, su vagina se humedece más haciendo que sus dedos salgan mojados por sus cristalinos líquidos. Larga un gemido profundo imposible de evitar cuando la abandona. Le mira con ansiedad, con una expresión de total ira sin pronunciar palabra alguna. ¡Bastardo!

La abandona haciendo que la fémina se apresure en recomponer el tipo, de relajarse porque sabe que si para en un momento tan decisivo es porque viene algo mejor. O peor, si sus órdenes son contrarias a lo que ella desea que es dejarse llevar. Aspira profundo en tanto sus senos siguen el movimiento de su respiración alzándose y cayendo invitando al hombre a tomarlos. Su vagina está tan mojada que siente algunas gotas resbalar hacia el colchón. Jadea con la boca abierta controlando su cuerpo hasta que casi lo logra. Le mira con el rostro rojo de la excitación, con los puños apretados sin que él sepa de sus dedos que rasguñan la planta de los zapatos intentando refrenar sus impulsos. Mira el objeto que trae en las manos sabiendo parcialmente su función más el hilo le tiene intrigada. Se planta de nuevo ante ella, lo remueve de arriba a abajo por su sexo antes de empezar a introducirlo.

Está frío, eso hace corto circuito con lo caliente que tiene su abertura vaginal, gruñe sin poderlo evitar en tanto le mira a los ojos, hay una sombra oculta en ellos. En cuanto él siente que es suficiente lo deja ahí. Ahora es cuando comprende para qué diablos es el hilo. Por más que relaja su útero, éste no sale. El golpe en sus nalgas hace que la cosa vibre dentro haciendo que deseé apretar y relajar su útero para tener satisfacción, más su maldita orden la hace mirarlo con rebeldía en los ojos. ¿Acaso cree que con semejante objeto metido en sus entrañas va a evitar que pueda eyacular? Es un demonio vestido de hombre. Es un malsano varón con ansias de poderío. Lo peor no es eso. Lo peor es que a Aleksandra le gusta el juego y sonríe divertida para llevar a cabo la labor encomendada aspirando y soltando aire para relajarse procurando entrar en un proceso de meditación aprendido en el Oriente.

Quitar su mente de su cuerpo, que la primera sea la que prime sobre las sensaciones. Aspira y suelta con los ojos cerrados concentrándose. Y lo logra. Cuando su cuerpo por fin responde a los deseos de su mente, abre los ojos arqueando una ceja como diciendo ¿Eso es todo lo que tienes?


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