Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

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Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Vie Mayo 04, 2018 3:37 pm

Tener fe en tu Dominante implica no tener miedo.
¿Miedo? No tengo miedo de lo que haces,
si no, de lo que te olvidas de hacer.

Señorita Kurdaliova:

La otra noche demostró usted que tenía una buena predisposición para lo que se refiere a “acatar órdenes”, pese a que dijo que le costaba mucho seguirlas. Tiene un carácter fuerte e indómito que me gustaría seguir doblegando para saber hasta cuánto estaría dispuesta de someterse a mis órdenes y a mis deseos. Me excita pensar en el reto que supone su rebeldía, en descubrir dónde están forjados sus propios límites que estoy convencido, ni usted misma lo sabe.

Ya le demostré que soy capaz de otorgarle placer y de hacerla alcanzar el orgasmo, pero apenas es un pequeño atisbo de todo lo que podría hacerle si se dejara caer en mis manos y en mostrar completa y total sumisión hacia mí. Ser el dueño de tu cuerpo para reconducirlo al orgasmo, dejar que roces el paraíso con tus dedos, pero sólo si eres merecedora de alcanzarlo. Obediencia y sumisión; si las cumples vuestro cuerpo será venerado, si desacatas mis órdenes serás castigada por ello.

Si se atreve a seguir jugando le espero dentro de dos días en mi casa, a las ocho en punto de la noche. La quiero con el pelo recogido en una coleta, pero no demasiado fuerte, su ropa será de cuero y bajo ésta no llevará absolutamente nada. Desde el principio se dirigirá a mí como “amo” o en todo caso como “señor”, nada más entrar y de dirigirse con respeto irá hacia la habitación y se pondrá de rodillas sobre el suelo con las piernas juntas y la cabeza ligeramente agachada. Acuérdese de estas premisas porque así tendrá que acudir siempre que tengamos una sesión. Tendrá su palabra de seguridad que le diré cuando llegue para que sepa cuál es.

La esperaré dentro de dos días para poder empezar a descubrir sus límites y hasta dónde podrán llevarle, la guiaré de mi mano por todos ellos.

Hasta entonces lleve cuidado con sus experimentos señorita Kurdaliova, espero verla y que cumpla con todas mis expectativas que le tengo preparadas.


Atte.:

Naxel Eblan


La aventura que tuviera unos días atrás tiene consecuencias. En primera, el hombre se ha dedicado a investigarla. Si no, ¿De dónde ha sacado su apellido cuando ella ni siquiera le dijo más que un simple "Sasha"? Es astuto, tiene recursos. Golpetea la carta doblada contra su palma extendida recubierta por finos guantes mirando todo lo que tiene que hacer antes de que los dos días pasen. Es muy poco tiempo de anticipación. Si sólo fuera una dama de sociedad común y corriente, tendría tiempo de sobra. No es así. Relee la misiva sintiendo una ansiedad crecer en lo profundo de sus entrañas. No estuvo mal su primer y único encuentro. Cierto es que su experimento con el vampiro no tuvo mucho éxito y sin embargo, del fracaso se aprende más que del triunfo. La aparición de ese dominante espécimen en el laboratorio que fueran las calles de París, le hace sonreír con cinismo. Hay noches en que los demonios caminan por la tierra, encontrarse a un incubus en plena prueba fue una ¿Bendición?

¿Cuáles eran las indicaciones? Sus ojos repasan la carta con avidez antes de emitir una carcajada divertida. ¿Obediencia y sumisión? - Quieres ser dios y tus instintos demoníacos te vencen, Naxel - pronuncia su nombre con un especial énfasis en la "X". Relame su colmillo izquierdo con la boca entreabierta dejando que la lengua se mantenga ahí por unos instantes. Recuerda ese cuerpo firme, viril, la musculatura desarrollada, los brazos capaces de proporcionar placer y esa mente tan retorcida que comprende lo tergiversado de las necesidades de la rusa. Vuelve a golpear la carta contra la mano abierta. Pasea por el espacio amplio de su despacho. Llega hasta una caja dorada abriéndola para extraer un largo cilindro. Coloca la boquilla en uno de los extremos para encenderlo dejando que el aroma a tabaco mezclado con menta se impregne en sus fosas nasales.

Está cavilando si asistir o no. Hay algo en el hombre que le encanta fustigar - Naxel - susurra con ese énfasis en la misma letra dando otra calada con coquetería y cierto morbo. Sí, ese hombre es morbo y decadencia sexual pura. Una máquina de lujuria. Algo que con sus otros compañeros no obtuvo, placer sin límites. Sólo hay una pequeña, diminuta astilla en ese tronco que la incordia. Que endurece a esa espina en la rosa que es la fémina, fundamental para que pueda definirse así. Su voluntad pocas veces es doblegada y él quiere que baje la cabeza ante sus demandas. El pensamiento se torna erótico con sólo recordar el miembro viril del cazador en su boca o invadiendo sus entrañas. No se da cuenta hasta que escucha una sonora exhalación de pura lujuria de cuánto le gusta la idea de ir a con él.

Vuelve a leer la carta con más detenimiento. ¿Ropas de cuero? - No soy un caballo - rezonga atrevida. ¿Dónde puede conseguir tales ropajes? Sacude la cabeza con impaciencia, uno de sus otros rasgos que él intenta manipular. Los rizos ensortijados se mueven de derecha a izquierda. Los que se han soltado de tan sofisticado peinado. Recuerda a uno de sus modistos, famoso por sus atuendos extravagantes. Como ella. Como él la quiere. - De acuerdo, my lord, vamos a darte otra oportunidad, Naxel, veamos qué puedes hacer con ella esta vez - se ríe a carcajadas por las expectativas que se abren con esta propuesta dejando la carta bajo llave en uno de sus cajones para ir a donde su ama de llaves para ordenar que convoque a Pierre. Tiene un reto para él y tiene que quedar en dos días a más tardar. De preferencia, antes de las dos de la tarde.


DOS DÍAS DESPUÉS

Por supuesto que hizo todo lo posible por asistir puntual a la cita. El reloj anuncia las ocho horas con quince minutos de la noche. El cazador ha de estar hecho un energúmeno. Su paciencia es tan corta como un orgasmo, no es una de las virtudes masculinas. Está segura de que el cazador lo consideraría un enorme defecto con esa avasalladora personalidad dominante y caprichosa. Avanza con parsimonia tras bajarse del carruaje comprobando que sus ropajes sean los adecuados. Ella es una dama de sociedad en búsqueda de su placer, no una prostituta vulgar y cualquiera. Así que si no le gusta lo elegido, que se lo compre, que gaste de su bolsillo. Ella invirtió una cantidad exorbitante en ésto. Si le desagrada, que se consiga una puta. Está segura de que lo que le atrajo es su estatus social, sus formas elegantes y la franqueza de sus actos. No la vulgaridad que esas mujeres de la mala vida exudan por los poros. Para no variar, desobedecía cuatro de las "sugerencias" de su amo. Sólo pensar en esa palabra, la hace reír a carcajadas a diez metros de distancia del lugar de la cita. Se detiene un momento antes de continuar el camino intentando serenarse, no puede explotar en risas ante su cara roja por la furia.

Hay una incomodidad en su pierna derecha. No duele, sólo es difícil avanzar. Y si no son las ocho en punto, no tiene sentido correr. Llegó tarde, así que si le niega la entrada será su problema. Tendrá dos enormes tragos amargos que pasar por la garganta; su impuntualidad y su frustración sexual. La ausencia del dolor fue el primer obstáculo que él encontró en su primer encuentro. Su amo y señor tuvo ciertas dificultades técnicas para descubrir por qué no respondía su esclava como cualquier otra mujer. Y tras preguntar, ella sólo fue capaz de responder, altanera como es: "Ya demostró que puede complacerme, le dije que tenía gustos extravagantes. ¿Por qué no lo investiga la próxima vez?". Si algo no contiene son sus ansias de crispar sus nervios. Ver hasta dónde es capaz de llegar con la presión adecuada. Naxel es para ella, un experimento del cual obtiene un placer infinito. Tanto mental como orgánico. Verlo con el gesto ensombrecido por la rabia, sus gritos demandantes, sus golpes dominantes, le excita sobremanera. No es que se proponga el alterarlo, le nace muy natural. Ese es el problema cuando se tiene a una mujer de mundo en la cama. Se tiene que armar de paciencia -lo que el cazador no tiene, reafirmaremos- para no quebrarle el fino cuello de cisne de la rusa.

Avanza hasta llegar a la puerta. Toca con los nudillos esperando que él abra. Varias peticiones le hizo y desobedeció cuatro. La primera, llegaba más de veinte minutos tarde. La segunda, no tuvo cuidado con uno de sus experimentos, por lo que se le salió de control esa misma noche, razón por la cual desobedecía su exigencia por la puntualidad. La tercera, trae un abrigo encima -de cuero para que no reclame, por supuesto. Además él había dicho que "debajo" nada, no comentó nada de "encima"- porque no va a caminar con semejante traje por la calle. Y el cuarto y más importante, porque él dijo en incontables ocasiones en su primera experiencia que el cuerpo de Sasha es su templo y sólo él puede dañarlo: en el muslo derecho hay una herida oculta por la falda que todavía tardará en sanar debido a su segunda desobediencia. Aún puede sentir un par de gotas resbalarle por la pierna por el esfuerzo de caminar sin una venda que protegiera la lesión. Él dijo que debajo del vestido nada, por lo que no se había atrevido a recubrirla. No tiene ya tiempo de levantarse las faldas y limpiar el desastre. Impensable el levantarse las enaguas para ello en plena calle. ¿Qué dirá la gente de ella? Él no puede saber que para Sasha, la verborrea social sólo es eso: palabrerías de viejas insatisfechas en la cama con maridos que las engañan con cuanta jovencita se les atraviesa. Si lo sabrá ella que fue de esas jovencitas satisfaciendo a los maridos.

La puerta se abre, baja la cabeza de inmediato, conforme a las exigencias. No mira su rostro, de hacerlo, estallará en carcajadas. - My lord - ahí está la quinta desobediencia. Le dijo "señor" o "amo", ella le agrega el "my". Para Naxel, tan quisquilloso, puede ser el colmo de los males.


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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mayo 08, 2018 11:09 am

Tras haberlo pensado y meditado había decido enviar la carta a la señorita Kurdaliova tras haberme dicho ella misma que podía enviarle las cartas a su buzón de correspondencia para comunicarnos de esa forma. En un principio en cuanto me lo sugirió sonreí de forma ladina porque sabía que, en el fondo, lo había dicho con la única intención de repetir el encuentro que habíamos tenido hacía unos días. La había encontrado merodeando por los callejones de la ciudad en uno de mis paseos rutinarios para cazar algún vampiro, resultó que estaba siendo perseguida por uno pero lejos de típico y normal en situaciones como aquella ella estaba haciendo experimentos con los vampiros. Algo que tenía que ver con la “ciencia” y de la cual ni siquiera pregunté porque no me importaba en absoluto, solo supe que el vampiro había quedado paralizado por unos instantes y que de su cuerpo había salido sangre hasta que finalmente lo maté. No sabía qué experimentos hacía ella y, como había dicho, apenas me importaban... sin embargo hubo algo en ella que supe ver en el instante en que le di la primera de las “órdenes”, una manía muy arraigada en mi persona que tendía a controlarlo a todo, a que todo estuviera bajo mi dominio y a que nada se escapara de este. Ella, contra todo pronóstico, había desobedecido una simple orden como era la de estarse quita y no moverse, solo para hacerme saber que tenía problemas con el hecho de acatar órdenes haciéndome saber, además, que sus gustos eran “extravagantes”, como ella mismo había especificado. Fue entonces cuando me di cuenta de que podía presentar un verdadero reto y desafío, algo que poder pulir para mejor sus actitudes y comportamientos cuando debía de hacerlo y fue por eso que decidí dar el paso. Hacía tiempo que no mantenía una relación en la que ejercía plenamente la dominación, hacía tiempo que las mujeres que habían pasado por mi cama solo habían durado una noche y lo habían hecho únicamente porque, como hombre que era, necesitaba satisfacer mis necesidades y el buscar prostitutas no era algo que fuera conmigo. Me gustaba llevar el control sin tener que pagar por ello, me gustaba ejercer mi domino, buscar mi placer a través de este, tener a una persona completamente entregada a mí para hacer lo que más me placiera con su cuerpo. Fue por eso que decidí aventurarme porque, algo en ella, me hizo saber que no era otro polvo “vainilla” más como habían sido el resto. Esa noche fue cuando supe que su carácter era férreo pero que con los toques adecuados podría ser moldeado, solo había sido una toma de contacto en la que había pasado la prueba para hacerme pensar en el hecho de plantearme mantener una relación como dominante y sumisa que se basara estrictamente en el sexo, todo lo demás no tenía cabida y si en algún punto me enteraba de que traspasaba esa línea... cortaría todo de raíz.

Le había mandado la carta porque disfruté ejerciendo mi poder sobre ella, dominándola, privándola de alcanzar el orgasmo hasta que yo lo decidiera, otorgándome placer a mí mismo con su cuerpo, con esa boca tan desafiante que tenía... por eso había mandado la carta, porque además sabía que acudiría sin siquiera pensarlo, porque ella también necesitaba de ello aunque no lo dijera en voz alta, pero su cuerpo hablaba por sí solo. Había descubierto en esa primera noche que el dolor era algo que no le afectaba igual que a las demás, era cierto que cada uno tenía un aguante pero incluso cuando me ensañé con ella para ver cómo lo sentía supe que había algo diferente, que no era normal como les sucedía a las demás y cuando pregunté, con ese carácter que tenía, me respondió con otro reto y otro desafío velado. En la carta le había dado unas especificaciones bastante claras de lo que tenía que hacer cuando llegara, a la hora determinada, y cómo dirigirse a mí en todo momento. Ya lo tenía todo listo y preparado cuando el reloj marcaba las ocho de la noche y ella no aparecía, ¿acaso no había quedado claro que la puntualidad era algo que debía de cumplirse de forma estricta? Gruñí jugando con una de las dagas que tenía sobre la mesa, tenía armas escondidas por todo el piso para cuando llegaba de visita mi hermana Liara, para que no pudiera ver nada y sentirse incómoda en una casa plaga de armas a simple vista. Por un momento pensé que no acudiría pero nada más terminar de pensarlo una risa inundó la habitación, ¿no acudir? Esa mujer se deshacía porque alguien sacara su verdadera esencia y cómo era ella realmente, un hombre que le diera la caña suficiente y domara ese carácter rebelde que tenía. Había pensado en las formas en las que podría hacer que sintiera los castigos, el dolor no era algo que sintiera y restaba posibilidades pero todo era cuestión de encontrar la forma adecuada, y sí, la había encontrado. Iba a castigarla en cuanto llegara porque habían pasado quince minutos y no aparecía todavía, cinco minutos más tarde tocaron a la puerta haciendo que mirara hacia esta y, con cierta parsimonia y lentitud, me acerqué a esta para abrirla y encontrármela frente a mi puerta. Su cabeza agachada mirando al suelo tal y como había pedido, sin embargo llegaba tarde y aunque se tomó a la tolera la forma de llamarme me hice a un lado para que pudiera pasar viendo el abrigo que llevaba, ya llevaba dos faltas y esperaba que hubiera cumplido con mis exigencias y no llevara nada bajo las ropas de cuero, o sería la tercera falta y los castigos se irían sumando.



-¿”My lord”? –Pregunté cerrando la puerta tras mi espalda, llevaba un cómo pantalón para lo que tenía pensado hacer con ella, una camisa donde los botones superiores los tenía desabrochados, quedando así abierta hasta el principio de mi pecho- ¿acaso tienes problemas con el idioma, sumisa? Te dije “señor” o “amo”, porque por el momento no soy nada tuyo, que te quede bien claro –dije acercándome a ella para examinar la ropa que llevaba- quítate el abrigo –estaba algo cabreado en esos momentos y el que se tomara ciertas libertades era algo que no me gustaba en absoluto. Cuando yo mantenía esas “relaciones” esperaba que el respeto fuera la base de todo, de la que naciera todo, porque sin respeto no se iba a ningún lado y si no confiaba en mí de nada serviría que me entregara su cuerpo sin condición alguna. Al menos cuando se quitó el abrigo dejó ver un vestido de cuero negro que se ceñía a su cuerpo dejando ver sus curvas, sus pechos por el escote quedaban más marcados y voluptuosos, la rodeé observándola como el depredador que era para dar por válido el atuendo que llevaba aunque al menos era de cuero, y además, se había recogido también el pelo en una coleta que comprobé que no estuviera demasiado fuerte cogida. Mi cuerpo quedó tras su espalda dejando que mi altura se impusiera sobre ella, era más corpulento y así esperé para comprobar que esperaba mi siguiente orden para ejecutarla- llegas tarde –apunté como si no fuera obvio sobre su oído dejando que mi aliento diera contra su piel, en un tono frío y bajo que denotaba lo enfadado que me encontraba en esos momentos- te di unas especificaciones claras y la mayoría no las has cumplido, si no te tomas esto en serio puedes largarte por dónde has venido –mi mano tomó su pelo recogido en una coleta, sus rizos cayendo por su cuello y su espalda de los cuales tiré de un movimiento brusco para que su rostro se elevara y su cuello quedara tenso, mi otra mano fue a su pecho comenzando a deslizarla entre sus pechos bajando por su vientre- espero que no lleves nada debajo del vestido, bastantes órdenes has desobedecido ya y tendré que castigarte por ello –mis labios se pasearon por su cuello dejando que mis dientes marcaran su piel en mi recorrido, mi otra mano fue hasta su cadera solo para mantenerla ahí quieta contra mi cuerpo- tenía planes para ti para esta noche, pero viendo lo desobediente que eres tendré que empezar a domar ese carácter que tienes y que entiendas que, cuando te pido algo, es porque quiero que lo cumplas –mi voz no deja de tener un tono frío en ningún momento, era consciente de que si estaba allí era porque quería seguir jugando a aquel juego, y ahora tendría que castigarla por su desobediencia- ya sabes dónde está la habitación, quiero que vayas hasta allí, te arrodilles en el centro de cara a la puerta en la posición que mencioné en la carta, con la cabeza mirando hacia abajo, ve –la solté de golpe esperando a que hiciera lo que había pedido viendo como se perdía por el pasillo, me giré para acercarme a la mesa que tenía donde cogí un vaso y me serví un poco de alcohol, ella me había hecho esperar durante veinte minutos, ahora le tocaba a ella esperarme a mí.




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Re: Doblegando voluntades +21 [Naxel Eblan]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Miér Mayo 09, 2018 10:16 am

Te diré qué hacer y tú sólo dirás "Sí, señor".
Yes, my lord. Yes, Lord. Yes, señor. Sí, señor.
Qué difícil es ésto.
Qué difícil es anteponer tu dominación a mi rebeldía.

Pantalones, camisa. El único atuendo que él luce esta noche. Al menos le permite la entrada con un ademán silencioso al hacerse a un lado. Él es así, habla poco aunque también le dan sus arranques por ser un boquiflojo con palabras elocuentes que la aburren. No le interesa su boca si no es para darle placer o darle órdenes. Ese es el punto medular de toda esta historia. La razón real del por qué está ahí y aceptó sus demandas, exigencias y hasta tonterías. Porque con él alcanzó cotas inexploradas de su placer, cada golpe, cada comanda y ese tono agresivo, dominante, propio de la voz del cazador la incita a seguir adelante. A controlar su irreverente carácter forjado por años de independencia y de salvaguardar su propia existencia sin ayuda. Sin entrometidos que le indicaran qué y cómo hacer. Es esa sapiencia de que sola está mejor que acompañada, la que le hormiguea el instinto de dar media vuelta e irse de ahí.

A morderse la lengua para no contestarle por su interrogante de si no conoce el idioma. Por supuesto que lo hace, el "my lord" no es más que una expresión inglesa típica de una dominación del noble al plebeyo. Su cabeza es demasiado vulgar para comprender ese tecnicismo, entonces que se lo pierda como quiera seguir los convencionalismos. La insistencia en que él no es nada para la rusa le parece hilarante. ¿No lo es? Es su dominante, si no entendiera esa concepción, es que está más sumido en su obsesión de verlo como a él le place sin aperturar la mente a los demás que le otorgan ideas innovadoras. Sus manos se elevan para desabrochar el abrigo lento, con movimientos relajados. No hay prisa, puede llegar a la hora que deseé a su hogar. El carruaje la esperará el tiempo que sea necesario y eso no será ni por asomo antes de que esté por completo satisfecha, saciada y cansada.

Los botones son abiertos antes de que eche atrás el manto que cae al piso sin contemplaciones y sin que a ella le importe dejarlo en el piso. Es simple, son sus ropajes, si quiere, puede dejárselos de recuerdo. Pensar en salir desnuda la hace corregir ese derrotero, con conservar el abrigo le basta y sobra. No será la primera vez que sus piernas quedan al descubierto en una escapada de un sitio donde su amante queda en la cama agotado. Si ella es tomada por una dama de cascos ligeros, no saben hasta dónde era capaz para obtener lo que quiere y de Naxel, sólo anhela este tipo de escenas donde él la rodea mirándola con aprobación, pensando en lo que puede hacer con su cuerpo y obtener la satisfacción prometida.

La larga guedeja negra está sujetada por un elástico diminuto para mantenerla en su lugar y nada más. Algunos rizos rebeldes se han escapado del peinado porque el largo no es suficiente para ser sujetos. Es una forma de demostrarle a Naxel, que su propio cuerpo está dispuesto a someterse, más no del todo. No podrá cambiar su mentalidad, no tiene acceso a otros lugares en la vida de la fémina que el simple término de "dominante". Los sentimientos no tienen cabida en esta relación. ¿Que quizá pueda sentir algo por el cazador? Seguro, se llamará confianza en sus actuares y el respeto que le profesa por ser tan atrevido en continuar estos decadentes actos que a muchos asustarían y otros, con doble moral, se persignarían al tiempo que se les erecta el pene por la idea.

La voz molesta en su oído es música celestial para su espíritu indómito, se muerde la lengua para no sonreír. Su amenaza de que podía irse por donde vino la hace apretar las mandíbulas siendo visible esa opresión en los huesos que las unen. Más espera paciente. Si lo conoce al menos un poco, sabrá que es una amenaza que no se cumplirá. Ni siquiera pasaría de la puerta si fuera así. Espera paciente y no es que él con su propia carencia de este elemento en su existencia le haga largo el aguardar. El tirón de su cabello la obliga a echar un poco la cabeza atrás cerrando los ojos no porque sienta dolor, si no por el hecho de sentir la opresión originada en la mano del varón. El inicio de este episodio es prometedor. El juramento del castigo aumenta el calor de la rusa en tanto el recorrido de esa palma por sus senos dirigiéndose hacia el sur la deja contenta, más no satisfecha.

La recapitulación es latente, la voz masculina denota el consentimiento porque se continúe con la locura sexual que van a iniciar. Aleksandra se felicita por dentro sin emitir ningún sonido o expresión en el rostro imitando a una máscara sin sentimientos. El estremecimiento de sus dientes en el cuello recorre su ser hasta alojarse en medio de sus piernas generando una segregación inicial que por supuesto, irá incrementando en cantidad conforme continúen desarrollándose los hechos. Algo que Naxel estará aprovechando para satisfacción de ambos.

¿Que si es una desobediente? Por supuesto. Aleksandra tiene un toque único para ignorar órdenes. Tampoco va a decirle el por qué tuvo que tardar cuando en su intención estaba llegar a tiempo, eso es intrascendente y seguro que para Naxel serán excusas vacías. Así entonces, recuperado el control de su cuerpo, avanza hacia la habitación del varón mirando a su alrededor con interés sin mover la cabeza. Al llegar, sus ojos buscan en tanto sus oídos se prestan atentos a los movimientos tras ella. Él sigue donde le dejara, sin moverse en su dirección. Aprovecha para sacar un pedazo de tela de uno de los bolsillos escondidos del atuendo para alzarse la falda con cuidado limpiando el desastre de su herida. Sigue atenta a los sonidos por si él se acerca, actuar en consecuencia. Es impensable que él la encuentre haciendo esta limpieza, su furia se incrementará y con ella, los castigos tal cual indicó. Una vez satisfecha, esconde el trozo de tela en dicho bolsillo oculto a la vista, antes de arreglarse e hincarse como le pidió.

La pierna le tiembla cuando obliga a su músculo a quedarse quieto en esa posición de servilismo. Se pasa la mano por encima de la tela para darle cierto alivio en tanto susurra muy bajo - vamos, tienes que aguantar - un par de pases más permiten que pueda adoptar la posición que él quiere. Cabeza abajo, brazos a los costados. Y nada más. Si piensa que va a renegar por la espera, todo lo contrario. Al menos tuvo tiempo para hacer de su pierna algo utilizable.


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