Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Sacando carácter [Chloé Hohenzollern]

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Sacando carácter [Chloé Hohenzollern]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Dom Mayo 06, 2018 7:36 am

El valiente vive hasta que el cobarde quiere.
Aunque muchas veces el cobarde muere antes de alzar el arma.

Sus falanges atrapan el fino papel del sobre depositado sobre el enorme escritorio de ébano que domina la mayor parte de su despacho decorado con tonos blancos y dorados, de conformidad a la actual moda de París. Tras tomar asiento en la silla con reposabrazos tapizada, mantiene su mente distraída con una revisión global de las actividades, soluciones, pendientes y personas a quien ver en los próximos cuatro días antes de la fiesta de los Lumiere. En conclusión, como ha sido en toda su existencia, con la hiperactividad a flor de piel. El abrecartas cuyo extremo superior está rematado con una figura de plata pura imitando la forma del busto de un córcel, rasga el papel del sobre de la primera carta. La lectura la obliga a ir apoyando la espalda en el tapizado. Hace algunas anotaciones en un papiro con caligrafía firme y con rasgos elegantes. Incluso, la punta de la pluma casi perfora el material de que está hecho de la fuerza con que escribe. En la intimidad, Aleksandra escribe con la siniestra, la primera mano con la que aprendiera a hacerlo en la China. En Europa tuvo que aprender con la diestra. Las habladurías se alzan señalando a los que no son iguales. Dicen que escribir con la izquierda son cosas del diablo.

- Como si el acostarse con alguien que no es tu cónyuge te salvara del infierno - susurra poniéndole voz a sus pensamientos. De la carta, subraya algunas líneas o conceptos. Repite el proceso con toda la correspondencia que para ella, es poca comparada a otros días. Una en particular la hace tomar la campanilla, agitarla para que con su melódico sonido atraiga a la servidumbre - decidle a Josephine que prepare mis maletas. Tengo que estar a Londres en dos semanas - ordena cuando el mayordomo se apersona. Una reverencia del hombre es suficiente para que toda la maquinaria se eche a andar. Pensativa, Sasha golpea la carta doblada contra la palma de su mano enguantada. Su notario la quiere ver con urgencia. Se pregunta el por qué. Sus negocios son bastos, cualquier problemática con ellos puede ser resuelta por su amanuense. Si su presencia es requerida es porque su consentimiento es indispensable.


SEMANAS DESPUÉS

La presencia de la rusa en la notaría causa revuelo. Saben que es exigente, no se le puede hacer esperar, debe atendérsele con rapidez. Dos de los abogados apresuran el paso. Llevan los documentos hasta la sala de juntas y es el notario en persona, quien del brazo, la dirige a un despacho donde se encuentra una dama sentada. Aleksandra se queda en silencio, su mirada es inquisitiva cuando sus ojos verdes se posan en el rostro del notario que carraspea - le hemos citado, my lady porque comparte un negocio con Mrs. Chloé Hohenzollern, aquí presente. Se trata de la empresa de embarcaciones donde detenta una participación accionaria del cincuenta por ciento con mister Hayes, el cual ha fallecido y ella es la legal heredera del porcentaje restante. Por favor, tome asiento y les explicaré mejor - solicita nervioso. Cuando la rusa avanza, el hombre de mediana edad le recorre la silla, toma asiento con elegancia, acomodando las enaguas del vestido quedando cara a cara de la dama separadas por la enorme mesa en cuya cabecera se ubica el notario.

Un servicio de té ingresa a la sala de juntas, es servido con rapidez y pocas palabras. Sasha va desprendiéndose de los negros guantes largos hasta doblarlos y colocarlos al lado de su lugar sobre la mesa. Toma la taza de té para dar un ligero sorbo y luego, devolver la porcelana con cuidado. - Está frío - nadie puede saber que no es cierto, sólo le gusta presionar a los hombres. El notario palidece llamando de nuevo al servicio con un par de palmadas que justo, se había retirado - el té de mi lady está frío. Calentadlo ya - ordena con nerviosismo en la voz. La dama en cuestión sonríe con un dejo de cinismo. Cómo le gusta apretar los tornillos de los demás hasta romper sus fachadas. - No deseo que lo calienten. Deseo que me sirvan de nuevo - sus ojos pardos se posan sobre la dama frente a ella.

De su bolsito, extrae una caja dorada de la cual toma un cilindro de papel de arroz. Encaja uno de los extremos en una boquilla. En tanto el servicio es retirado, el escribano se apresura a ofrecerle fuego con el que ella enciende el cigarrillo antes de soltar la primera bocanada con los labios formando una diminuta "o". Al haber ladeado un poco el rostro al exhalar, el humo se eleva por la sala desapareciendo antes de tocar el techo. El olor a tabaco con menta entremezclados alcanza su nariz. La mano siniestra se posa en el lateral contrario de su pequeña cintura en tanto su diestra sostiene la boquilla. Algo novedoso para la época donde son más populares los habanos y las pipas. - Mrs. Hohenzollern ¿Tiene idea de lo que heredó? - su voz se apaga cuando el cigarrillo vuelve a su boca observándola. A simple vista no parece que tuviera la menor de las ideas de qué hace en el lugar. Mucho menos lo que significa tener una de las compañías portuarias más importantes del mundo en las manos. Con parsimonia, da un golpe pequeño al largo cilindro dejando que la ceniza caiga al piso.

El notario palmea de nuevo ordenando que traigan un cenicero. La irreverencia de la rusa no se debe a una mala educación como podrá apreciarse con su voz - si hubiera un cenicero en la mesa, no tendrían que limpiar. Creo que entiende, Mrs. Bradbury, que si bien es cierto soy una mujer, no hay nadie más poderoso en el rubro de embarcaciones en Londres ¿Correcto? Debería estar preparado para mis excentricidades, no es la primera vez que fumo en su oficina - una aspiración más a la punta del cigarrillo ofrece un espectáculo de arrogancia. El cenicero llega a la mesa, la mano se extiende para dejar caer la punta consumida del tabaco. - ¿Qué hay que hacer? - el notario abre la carpeta para empezar a leer - No. Deténgase. No quiero que me lo lea. Para eso no lo contrato. Puedo leer con mis ojos. Explíqueselo - señala con el dedo índice de la mano que aún sostiene el cigarrillo, a la nueva socia que tiene. - Quiero que entienda dónde está parada y que no tenga dudas cuando salgamos de aquí - su voz mandante es la que se obedece. No será en esta notaría donde se haga lo contrario.


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Re: Sacando carácter [Chloé Hohenzollern]

Mensaje por Chloé Hohenzollern el Mar Mayo 22, 2018 10:12 pm

Chloé tenía tanto miedo… si algo le había dejado su difunto esposo eran problemas. Dinero también, pero problemas en cantidades desorbitantes que no le permitían dormir en las noches y le amargaban los días. Ella, acostumbrada al ocio, a los placeres pequeños de la vida –como leer junto al fuego, pasear por los jardines o tomar sus clases de pintura- debía ahora ocuparse de negocios que ninguna mujer estaba capacitada para entender, al menos así la habían enseñado. Tenía miedo a que su vida cambiase, aunque ya había cambiado.

Ciegamente seguía a Simon, quien había sido el abogado y secretario de su esposo durante los últimos quince años. No lo hacía porque confiara en él, de hecho nunca le había gustado ese hombre que tenía demasiada ascendencia sobre Andrew, sino porque no tenía a nadie más, estaba realmente sola metida en todo aquello y se aferraba a la certeza de que Simon, para bien o para mal, parecía saber lo que hacía.

Nerviosa de momento no estaba. Se había interesado más en la elección de su vestido –de telas pesadas, negro y con detalles en bordados con hilos de plata- y en aprobar el peinado que en pensar qué debía preguntar en la reunión que tendría en unas horas. ¿Qué sabía al respecto? Que estaba prevista para conocer a la socia de Andrew en una de sus empresas portuarias –la de mayor importancia- y que deberían realizar cambios en todos los papeles pues donde estaba el nombre, la firma y el sello del difunto Hayes tendría que aparecer el nombre de su viuda. ¿Habría sido aquella mujer una más de las amantes de Andrew? No. No tenía que pensar en esas cosas, no tenía que imaginarse atestiguando lo que ya no podría ocurrir jamás pues era un real sinsentido. Ah, pero lo hacía. En eso pensaba mientras su asistenta le trenzaba el cabello para elevarlo en un peinado alto, lo hacía mientras viajaba en el carruaje junto a Simon y también los minutos que les tocó aguardar por la mujer en la sala de reuniones que tenía la oficina del prestigioso notario ante el que actualizarían los papeles legales.

Si no había estado nerviosa en la previa del encuentro, si lo estaba ahora al ver ingresar a aquella mujer. Segura, resuelta y demandante, su socia impartía órdenes con voz incuestionable, aunque se tratase de cuestiones intrascendentes.


-Bienvenida –murmuró y ensayó un saludo con la cabeza, pero nadie lo notó. Hasta el propio Simon se hallaba subyugado por la fuerza de la recién llegada.

¿Cómo podía esa mujer ingresar sin saludar? ¿Cómo podía no darle el pésame? Ni siquiera recordaba que le hubiera enviado una carta mostrándose dolida por el fallecimiento de Andrew, mucho menos que se hubiese apersonado en la ceremonia del adiós. Y sí que era escandalosa. Chloé jamás había visto a una mujer fumar, mas ahora no podía apartar los ojos de ella… ¿Cómo era posible que hiciese algo tan impropio con tanta naturalidad? Algo que siempre había relacionado a los hombres ahora le parecía sumamente femenino al ver a la mujer fumar así. La viuda de Hayes estaba entre escandalizada y admirada.

El notario intentó explicar, leer los documentos que ya estaban prontos para la importante reunión, pero Kurdialiova lo mandó a callar. Simon intentó retomar, pero fue el turno de Chloé de mandar a callar al empleado. Quería explicarlo ella misma, quería demostrar que podía hacerlo. Tal vez se debiera que a que la otra mujer la había inspirado.  Así lo hizo, repitiéndose que ella no era menos, que estaban a la par. Que eran socias.


-Lamento mucho que tenga que perder su valioso tiempo en esta reunión –eligió comenzar disculpándose-. Seré puntual, explicando lo que a mí me han explicado a su vez, comprenderá que todo este mundo es realmente nuevo para mí. Supongo que resulta evidente. Mi esposo y su socio ha fallecido, como su heredera debe figurar mi nombre en los documentos y por eso los han vuelto a hacer. Se necesita que ambas firmemos nuevamente el acuerdo de sociedad. No es mi intención que nada cambie en el negocio, no sé qué es puntualmente de lo que se encargaba mi esposo pero creo que podremos hallar a quien lo reemplace.


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Re: Sacando carácter [Chloé Hohenzollern]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova Ayer a las 5:27 am

No deberías fumar, te hará mal y no te ves bien así.
No deberías meterte en la cama con tu sobrina, te hará mal
y en cuanto tu cuñado se entere, tu rostro no volverá a ser el mismo.

Aleksandra peca de intransigente, de ser un individuo tan independiente que la mayor parte del tiempo exige más que solicita. Su tiempo es oro, invaluable y no está acostumbrada a desperdiciarlo. Las normas sociales imponen una serie de formulismos para las interacciones entre las personas que la propia rusa ignora y hace de éstas lo que le place para acortar los tiempos, terminar los asuntos rápido y seguir adelante en su apretada agenda. En este mismo momento, en la reunión en la oficina del Notario, su propia conducta indomable es parte del encanto de la rusa por así decirlo, por lo que ver en su nueva socia una orden de silencio al abogado que fuera de su marido, quien posee un carácter bastante belicoso y no tan fácilmente puede cerrar la boca, le agrada. Es eso lo que le llama la atención en la otra dama.

En silencio, escucha y procesa cada palabra de la mujer. Quedándose grabadas las frases que le indican cuán nueva es en ésto. Cuánto depende de alguien para salir adelante, como el abogado que tiene a su lado. Alguien a quien Aleksandra ya hubiese despedido desde el inicio de la conversación. Es una mujer sin guía, que se deja llevar por la tempestad al igual que un buque sin su capitán. Ni siquiera hay un contramaestre que haga equilibrio y el abogado que tiene a su lado lo único que busca es su propio beneficio. Da otra calada al cigarrillo dejando que el resto se consuma al depositar el cilindro en el cenicero. El humo que emerge de sus labios deja a todos en silencio esperando su respuesta.

- Me encantaría platicar con usted a solas. Sin abogados, sin notario, sólo usted y yo ¿Le parece bien? - propone en tanto de reojo observa la reacción del abogado que seguro intentará convencerla de lo contrario - si gusta, le doy unos instantes en soledad con su abogado para que lo mediten. En tanto, voy a revisar algunos documentos que me faltan en mis archivos y así les doy intimidad. Sólo le pido algo, concédame la oportunidad de dialogar con usted, le prometo que no tardaré más allá de lo que usted misma necesite de tiempo y que llegaremos a un arreglo que nos convenga a ambas. Regreso en cinco minutos - se pone en pie para ir a con el Notario a su despacho entendiendo que la dama no tiene la misma fuerza que ella, sus palabras han sido demasiado obvias y para alguien tan perspicaz como la rusa, fueron tan claras como el agua.

Tras recibir algunas escrituras, revisa la que tiene que firmar en compañía de la viuda. Es cuando su cerebro registra que ni siquiera le dio el pésame por el fallecimiento de su marido. Para Aleksandra un hombre como Hayes era mejor muerto que vivo, sin embargo, puede que para la dama haya sido la parte más importante de toda su existencia. Deja que pasen los minutos prometidos para regresar al lugar esperando que ella tenga la buena voluntad de tomarse el tiempo necesario para aclarar la situación sin escuchas como su abogado o el Notario. Al atravesar el marco de la puerta, sus labios forman una leve mueca que pareciera una sonrisa sin llegar a terminar. - ¿Ha decidido algo? - espera paciente a que le explique el por qué no o bien, que acepte para lo cual, Aleksandra ya mandó traer un té extra, una botella de un fino licor muy suave para el paladar femenino y de paso, le pagó al notario por tener la sala exclusiva para ellas el tiempo necesario para el diálogo.


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Re: Sacando carácter [Chloé Hohenzollern]

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