Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Voyage au passé- Libre.

Mensaje por Jensen el Lun Mayo 07, 2018 9:39 pm

Je sais que quelque part tu m'attends,
tu prends soin de moi,
tu me chantes à voix basse.





Un año más, los pasos volvían a llevarle a aquel lugar sagrado. Allí, descansaba la única persona que de algún modo le echaría de menos. Aunque ¿qué esperar de alguien quien perdió la cordura, la memoria…? No esperó y no esperaba nada. Sean siempre fue un niño reservado pero confiado con aquellas personas que le dieron cierto cariño y confianza, lo que no significaba que él en algún momento fuese así.

La inocencia de aquel niño rubio, con el cabello casi blanco, desapareció cuando se quedó solo. Aquel momento crucial de su vida donde tan solo contaba con el servicio para seguir adelante en compañía de sus recuerdos. No comprendía muchas cosas y tampoco nadie iba a darle respuesta ¿por qué alguien como él se merecía eso? echaba la vista atrás y hacía escasos meses eran felices. La locura de su madre, trastocó aquella acomodada familia de clase alta, dejando a un niño huérfano pero que se iría haciendo fuerte a medida que pasaba el tiempo.

Era quién era porque la vida no le dio tregua, le amoldó para no solo ser fuerte si no inquebrantable. Más de la mitad de su vida, dedicada a conocer ese mundo sobrenatural y moverse en él, aquel mundo con el que tenía que ver demasiado aunque fuese un simple humano. Quería respuestas y tarde o temprano las obtendría costase lo que costase, no iba a desistir en ello pues no se encontraba en aquel punto para el simple hecho… terminar por abandonar.

En la mano derecha, un ramo de orquídeas. Lo único que le quedaba de su madre, aquella delicada y hermosa flor, aroma que le recordaba a la mujer que lo acunó entre sus brazos y cantaba con esa dulzura característica. Hermosa y frágil, tanto que su mente fue acaparada…yéndose antes que ella, quedando un cuerpo vacío… con vida pero sin recuerdos. ¿Por qué la vida le castigó de esa forma? Una de tantas preguntas.

Y allí estaba, frente la lápida de los Jensen. Sean quiso enterrarla con su apellido de soltera y no con aquel malnacido, con el de su padre que no tardó en abandonarles para crear otra familia. Estiró la mano para delinear cada letra y recordar viejos tiempos. Aún sobre la lápida, quedaban restos de flores secas…seguramente las últimas que él mismo llevó. Las apartó dejando las frescas en su lugar y medio sonreír, al menos podía estar más cerca de ella.

-No te merecías eso, madre- murmuró más para sí mismo, dejando escapar un suspiro, no era partidario de hablar con las tumbas…con los muertos, ya con el simple hecho de estar allí era más que suficiente para quedarse más tranquilo. Pero no su alma, aquella que hasta que no supiese la verdad… no descansaría tranquila y no se detendría hasta conseguirlo.

En esa lápida quedaban todos los recuerdos vividos, momentos anhelados… una parte de él que se fue con su madre para no regresar jamás. Quién debería estar allí, era su padre... aunque ya estaría pudriéndose en algún otro lugar.




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Re: Voyage au passé- Libre.

Mensaje por Femke Van Roosevelt el Mar Mayo 08, 2018 4:05 pm

Cuán bien hacía al alma no estar sola.
No era que se quejará del amplio espacio que en su hogar en Leeuwarden tenía, de esas amplias habitaciones en las que solía estar a solas o con su madre, o con la servidumbre atenta a sus pedidos, jamás lo haría de los bosques o lagos donde le gustaba estar, menos del silencio que era solo suyo en la villa que siempre le recibía con los brazos abiertos cada vez que se le antojaba un descanso en París. Silencios y espacios, pensó mientras veía la sonrisa triste de su amiga al decirle que habían sido largos meses sin verla.

La baronesa pestañeó. En general no se quejaba del tiempo que podía dedicarse, pero... siempre existen los peros, ¿verdad?
Silencios, tiempos y espacios, solo suyos. Sonrió y asintió para no pasar como grosera o ausente, acarició la mejilla de su amiga con afectuosa delicadeza porque en realidad se sentía bien poderle dar todo lo más importante que tenía a las amistades que poseía, que siendo pocas llenaban con sonrisas, noticias y extravagancias un mundo que siempre había girado en torno a ella: su vida.

Los pasos de ambas y de las otras dos amigas que las acompañaban tomándoles la delantera a la salida, se escuchaban sobre el suelo gris del cementerio, se sentía agradable que fueran custodiados por las doncellas que las seguían de cerca y como siempre, su séquito personal de guardias. Femke disfrutaba del lugar. El cementerio de París era para ella uno de los lugares más hermosos del mundo que hasta ahora conocía. Era, según sus propias palabras, donde la calma y la paz encuentran el equilibrio perfecto entre el monocroma de las estatuas y el verdor del mundo, un verdadero santuario a la muerte.

Solo le hubiese gustado que fuera en otras condiciones en las que volver a tal lugar, ¿pero a que más se vendría a tal espacio si no era para despedir a alguien o conmemorar su recuerdo?¿para decir un no te olvido entre lágrimas o susurros?
Ella podría leer o tan solo deleitarse mirando cada rostro pétreo y sus historias, pero hoy no era la excepción, había muerto un pariente lejano de una de sus amigas y qué mejor excusa para algunos de sus familiares que haber tenido a una baronesa extranjera en tal evento, que poder haber lucido tales amistades.

Frugalidades de la época y la clase alta que nadie le dijo en la invitación, que no imaginó ella y su amiga porque en verdad la apreciaba, que tampoco noto, pero que todos pensaron al saber que estaba en París y que muchos hicieron notorio durante el entierro. Cuando se cansó de ver la fila de asistentes frente a ella en procesión a los coches, desvió su mirada entre las hileras de tumbas que rodeaban aquel camino, se veían las infaltables sombras vestidas de negro. Femke las observó con interés, dos hombres y seis siluetas femeninas.

¿Sentirían la muerte de la misma manera que ella había sentido la de su padre hace unos meses? Sin embargo era algo que no se atrevía a preguntar entre los familiares de su conocida.

Segundos pasaron antes de que se decidiera.
Apretando el brazo de la jovencilla francesa, se excusó con un beso en su mejilla, daría un breve paseo y regresaría a su villa, quizás más tarde se reunieran para tomar el té o mañana y dejando una distancia clara entre ella y sus guardias, tomó las faldas de su vestido, los dejó en el camino y terminó hundiéndose, como una sombra más allí donde el suelo verde parecía mar que se tiñe de gris, con las tumbas que sobre el naufragaban y que a su vez salvaban vistosos arreglos florales.

Escuchó algunos susurros de la primera sombra que encontró, no entendió ninguno. Él era un caballero alto de cabellos rubios, lo que le hizo detenerse fue su notoria tristeza. Aunque había algo más en esos colores índigo que lo rodeaban. ¿Así se veía ella ese día cuando su padre...no pudo terminar la pregunta en su mente, era como ver un gran velo sobre él que comenzaba a rozarla, un velo aún más gris que todas las piedras del lugar, del mundo que sus ojos habían visto.

Notó el precioso ramo de flores al mismo tiempo que su aroma. - Qué orquídeas más hermosas, estoy segura que le deben gustar mucho.- con su voz suave y en un francés casi nativo fue lo único que se le ocurrió decir, sin un saludo, sin el protocolo que la caracterizaba, solo sintió que necesitaba decir algo para ahuyentar cualquier velo. Era un hermoso día para estar triste. Miró a la tumba y leyó el nombre sobre ella, regresó sus ojos al caballero, el rubor en sus mejillas mostraban que estaba consiente de que era una entrometida y que quizás sus palabras no significaran nada para él.

Porque, ¿acaso ella creía que a su padre le importaban o amaba las flores que ella y su madre dejaban cada domingo en su mausoleo?
Deseaba que sí, pero en realidad no lo sabía.


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Re: Voyage au passé- Libre.

Mensaje por Jensen el Miér Mayo 16, 2018 9:38 pm

Mon passé ... ça sent les orchidées.
Et le baiser oublié au toucher doux d'un de ses pétales.


La soledad volvía a acompañarle en sus pasos hasta el lugar que no había dejado de visitar desde que tuvo uso de razón. Allí, yacía la persona más importante para él, a quién se le habían arrebatado, la única que lo acunó entre sus brazos, besó su frente y susurró un « Bonsoir, angel » antes de partir. En completo silencio, sus orbes azules se perdían en cada letra del nombre de la lápida, la piedra se había oscurecido con los años. El apellido Jensen, en el centro.
Las depositó en el centro , como si de algún modo, los dejase sobre el regazo de la mujer. Siempre hacía lo mismo, cuarenta minutos en completo silencio, sin mediar palabra...hasta ese día en el que no encontró más sentido a su realidad. No encontraba respuestas, hallarlas sería su máxima victoria...realmente podría conocer sus orígenes, lo que ralmente le ocurrió a su madre. Una historia en blanco en donde las letras quedaban en el aire, poco a poco...en el olvido.

Olvidar, ¿cómo olvidar ? Al fin y al cabo, era lo más real que tenía en ese momento, el recuerdo intacto de la mujer que le dio la vida. Su vida de clase alta, la pasaba de reuniones en reuniones, eventos o cualquier tipo de fiesta importante en donde los Jensen eran invitados, los mismos rostros, conversaciones y las insistentes jovencitas por recaudar un buen partido con el que contraer matrimonio...eso del casamiento. Una familia, una que él mismo desconocía, ¿cómo dejar de lado su objetivo para centrarse en otros menesteres ? Muy complicado, al fin y al cabo, su vida se quedó estancada en un pasado del que escapar se veía cada vez más difícil.

El silencio, se vio interrumpido por un susurro. La voz ajena le devolvió a la realidad en donde no esperó estar acompañado, menos en un lugar como ese. Sonrió, acaiciando con el pulgar el borde de la piedra, su más sentida despedida. Sin apartar la mirada del bloque, dejó escapar un suspiro, asintiendo con la cabeza...sí, seguro que a su madre le gustarían esas flores.

-Yo también lo creo. Olía a ellas -compartir un instante como aquel con un desconocido al que ni había mirado, le dejó sin palabras un par de minutos. Al girar la vista, la visión de la joven provocó que entreabriese los labios por la sorpresa, ella destacaba aunque vistiese de negro...como un ángel acabado de bajar del mismo cielo, como si tomarle de la mano y devolverle a su lado, fuese su misión - ¿Y a vos ? -observó que en el suelo, una flor abandonó el ramo... se apresuró a agacharse a tomarla y en la palma, avanzar hacia la desconocida, muy despacio, vacilante... el contacto con otras personas no acostumbraba a hacerlo más a allá de la cordialidad.

-Decidme pues si le gustaría, ella no puede olerlas -dejó caer en la palma de la joven la pequeña flor, guardándose en los bolsillos de la gabardina las manos, observándola sin perder la breve sonrisa -Un entierro no deseado. Me refiero... -hizo un gesto con la cabeza, el ataúd en cuestión lo llevaban a cuestas, apoyados en los hombros de cuatro hombres, no había más entierro que ese -Su cita en este lugar



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Re: Voyage au passé- Libre.

Mensaje por Femke Van Roosevelt el Jue Mayo 17, 2018 2:04 pm

"Has lo que sea preciso en el momento preciso."

Sentirlo sonreír fue algo que le alivió el alma, aunque lamentablemente a medias.
Por una parte el haber recibido esa reacción le demostraba que no era una entrometida como temió verse al principio, por otro lado, ¿quién no se sentía con el alma en paz y bueno al consolar a alguien en una situación así? De podérselo robar a la tristeza y mostrar un poco de la luz que se veía desde el otro extremo de la orilla, pero a pesar de la esperanza, eso mismo era lo que la hacía sentir así, a medias.

Porque ella no se hallaba del todo al otro lado, a salvo, ella sabía de las sonrisas o miradas que se daban con agradecimiento por la intención, porque eso era lo que valía a fin de cuentas cuando muchos trataban de consolar, sabía que en nada podría borrar la tristeza que era obvio él sentía, lo sabía porque era lo que ella ignoraba, a lo que le huía desde hace un año, y a veces la encontraba y hurtaba del mundo a un refugio en una soledad inminente, que prefería como casi todas las soledades, el silencio absoluto.

Podía hallarse y verse ella misma en Leeuwarden, tocando la piedra fría de la tumba de su padre, con la misma añoranza y ternura con la que lo vio hacerlo con la de su amor ausente, el corazón se le llenó de agua y bajando la mirada, entrelazó sus dedos, apretando un poco las manos para acercarlas a su vientre y así ahogar el sentimiento que sentía despertar en ella de nuevo.

¿Hace cuánto no tenía sus arranques de tristeza? La baronesa detuvo sus pensamientos al escucharlo, la voz del caballero cortó el aire a su alrededor y ella agradeció que así fuera. No quería estar triste. - Hoy no, hoy no.- se dijo. Aunque en realidad era un por favor, nunca. Al mirarlo compartió su largo silencio, las orquídeas olían delicioso y eran hermosas, no podía imaginar la belleza de una mujer con el aroma a ellas. El sol los acompañaba en una primavera caprichosa que no advertía de lluvias o disfraces anticipados de verano.

En la ausencia de palabras contempló la tumba, ¿qué debía decir para hacerle sentir mejor? Convencida de que lo justo era siempre callar y acompañar, lo siguió haciendo sin percibir cuando él decidió mirarla, perdida en los sagrados domingos de visita a su padre, que rompía cuando estaba de viaje y los días en que por gusto se sentaba a conversar con él, como si pudiera escucharla para sentir una mano amiga guardando su vida, esperando escuchar su voz de nuevo para arrancar a llorar en su regazo.

Pestañeó y miró al hombre.  Al recibir sus ojos y ver su sonrisa, le devolvió el gesto con suavidad y un ligero sonrojo, la sorpresa de haberse hallado observada y de tan amables rasgos. Él le preguntaba sobre el olor de las orquídeas, mientras se inclinaba tomando una que se había escapado del ramo o quizás había sido olvidada sobre la hierba, al él acercarse observó cómo esta quedaba en su mano y la escrutó con curiosidad. La orquídeas, las blancas siempre han sido sus favoritas, puede que sea porque si fuera un color, no dudaba que sería ese el que la definiera.

Llevó su atención al lugar que él observaba. El pesado caminar de los hombres con el ataúd sobre sus hombros solo fue un punzón en su corazón, uno de los muchos del día. Hoy era la segunda vez que tenía que ver algo así e inevitablemente todo era un viaje al pasado. Femke negó con la cabeza. - Mi cita terminó hace unos minutos, la de él y la de su familia me temo que apenas comienza.- dijo con el sentimiento, la certeza y empatía de quien ha perdido a alguien.
Pero, ¿por qué seguía refiriéndose a los muertos como si aún vivieran? Quería creerlo, que su padre la miraba desde algún lugar, que se preocupaba cuando tomaba malas decisiones, pero que también la perdonaba.

Acercó la orquídea a su nariz y cerró los ojos para disfrutarla con más atención, en efecto, su olor era exquisito, fresco, puro. - Si. Me gusta y si antes pensé que así sería, ahora estoy segura y también me dice esta flor, - olfateó una vez más curvando una sonrisa sobria pero soñadora, -que debió ser una mujer muy bella. - no podían sobrar las palabras, estaba decidida a ayudarlo a sonreír por lo menos un día y de paso, ayudarse a no caer en los profundos y oscuros pozos de la melancolía.


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Re: Voyage au passé- Libre.

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