Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

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El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Mar Mayo 08, 2018 5:35 am

Los pasos sonaron huecos a través del corredor, Aren hijo del conde había llevado acabo pequeñas misiones con sus hermanos, pero la sed de venganza lo empujas con saña hacia una gesta mayor y aquel día estaba mas que dispuesto a obtener el permiso paternal para batallar en la próxima gesta en la que los ejércitos se encontraran de frente en el campo de batalla.
Golpeó con los nudillos el portón del despacho donde Höor como muchas otras veces trabajaba.
-Adelante -la voz del norteño sonó ronca y cuando la puerta fue abierta y su hijo apareció tras ella esté se reclinó en el sillón dedicándole toda su atención.

Entre los dos la relación no era especialmente fácil, Aren mantenía que sus padres fueron aquellos que lo acogieron y criado tras el fallo del conde dándolo por muerto, así que mientras Höor buscaba frente a su hijo la redención, este solo ansiaba vengar a toda su aldea.
-Höor, se que se esta preparando un ataqué masivo para liberar los pasos, para que Randulf recule nuevamente hacia su fortaleza y que apostareis varios hombres en el condado de Reidar, quiero ser uno de ellos, estoy cansado de que me mantengas en un segundo plano, con misiones sencillas cuando por contra mis hermanos son enviados a la muerte sin problemas.
-No estas preparado Aren -sentenció devolviendo su mirada a los documentos mientras el muchacho ciego apretaba uno de sus puños y con la diestra el bastón- ¿por que soy ciego? -preguntó cargado de ira.
-No, porque piensas como un herrero y no como un guerrero, no mando herreros a la batalla. Aren, no estas preparado, has de formarte, has de aprender a luchar porque lo que en el patio de armas es un entrenamiento en el campo de batalla supone tu muerte.
-Iré -sentencio Aren lleno de rabia -con tu permiso o sin el.

Höor se puso en pie dejando caer la pluma sobre los papeles y miró con gesto tenso a su hijo, era terco y en parte era fácil verse a si mismo reflejado en él.
-Bien, iremos al patio de armas, si consigues aguantar en pie un asalto o herirme en el intento, tendrás mi permiso para ir con tus hermanos a enfrentar a Randulf, por contra, si eso no pasa, obedecerás.

Pronto padre e hijo estuvieron de frente en el patio de armas, los jóvenes soldados que batallaban guiados por los generales, observaron lo que a todos los efectos era una gesta que pocas veces se producía. Aren desenvainó sus dos gemelas, Höor se mantuvo a la espera de sus primeras y no por ello no salvajes acometidas, peor el conde acostumbrado a la guerra desde que era un infante, con facilidad detuvo cada una de las embestidas de su hijo y llegado el momento, jaló su bastarda tomando la iniciativa.
Aren hizo lo que pudo por detener el silbido de aquel voraz arma, un codazo en la cara lo tumbó en el suelo y una patada en el pecho lo anchó a este mientras la punta de la espada reposaba en su gaznate.
-No estas preparado -sentenció el conde dando el asunto por zanjado.

-Iré -rugió Aren desde el suelo no respetando el pacto acordado de padre e hijo -no eres mi padre -rugió cabreado mas por el orgullo tocado que porque en parte no supiera tenia razón el conde.
-Puedes odiarme, puedes llamarme muchas cosas y en la mayoría de esos adjetivos que me dediques posiblemente tengas razón, mas si algo no puedes negar es que soy tu padre y como tal, te ordeno que obedezcas Aren, no estas preparado.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Miér Mayo 09, 2018 8:09 am

Lejos de lo que cualquiera pudiera pensar, vivir como lo hacía Siriana y su padre no dejaba tiempo para el aburrimiento. Como ellos dos se lo tenían que hacer todo solos, desde la ropa, el calzado, los utensilios para cocinar, cazar y pescar, conseguirse alimento, labrar el terreno, recoger los frutos que el huerto les daba, recolectar frutos y bayas, recoger leña, prepararse el fuego, hacer la limpieza, lavarse las prendas, mantener las trampas siempre a punto y un largo etcétera, cada día había multitud de tareas que llevar a cabo y, por tanto, poco tiempo libre para remolonear, mirar las musarañas o incluso leer, por mucho que eso le gustara a la joven muchacha.

Además, aquel día se había discutido con su padre, así que el humor de la joven estaba en una cuerda floja entre el pasotismo y el enfado prematuro que hacía que arrancara las malas hierbas con las manos desnudas, sin importarle los arañazos de las zarzas o los cortes de las briznas más finas y afiladas. Sus manos estaban curtidas y aunque su rostro se veía delicado y su padre decía que le recordaba a un hada, era una chica dura que de vivir sola, sería capaz de apañárselas y sobrevivir en condiciones extremas, gracias a la experiencia adquirida durante más de una década y a las enseñanzas impartidas por el que, además de su progenitor, era también su maestro.

Una ardilla se acercó a la joven y desde una distancia prudencial, la observó mientras se mordisqueaba sus pequeñas manos de roedor. La cola se enroscaba y oscilaba con cada gesto que se daba con los breves bocados que sus dos paletas grandiosas daban al rojizo pelaje. Seguramente se andaría quitando pulgas, porque allí abundaban cosa mala. Por eso los dos humanos que habitaban en la zona se aseaban, además de con agua, con un ungüento a base de limón, cardamomo y menta ácida, algo que mantenía a raya a todo tipo de insectos, aunque, por desgracia, con las serpientes no funcionaba. Para esas era mejor dormir con un ojo abierto y en alto.

Siriana miró al curioso animal y con una ladina sonrisa, agarró una pequeña seta y con puntería certera, se la lanzó a la cabeza. El animal se sacudió y le soltó un quejido en forma de pequeño grito. La muchacha se echó a reír antes de que la ardilla trepara hasta su cabeza y se pusiera a enredarle la melena. -Ya, deja mi pelo, Mic.- Entre carcajadas hundió los dedos en su cabello y buscó al roedor, lo sacó de su enmarañado pelo y lo miró entornando la mirada. -Me rindo, ¿vale?- El animal le metió su pequeña mano en una de las fosas nasales a la chica como burla y esta arrugó la nariz, moviendo la cabeza. -Ya basta, no seas cabezón. Has ganado.- Las diminutas zarpas del roedor apresaron su tupida cola y la lamieron con cuidado. Había tregua y se lo demostraba al calmarse y dedicarse al acicalado. -Eres un presumido.- Sentenció ella y, tras ponerse al animal en el hombro, se alzó y fue a por algo de comida al interior de la casa. Era la hora de la merienda.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Miér Mayo 09, 2018 10:41 am

Las cosas entre padre hijo no parecían encontrar calma, mas bien lo contrario, cada uno anclado en su decisión, mostrando el tempestuoso carácter que ostentaban los Cannif y atrincherados en sus propias decisiones no cedieron un ápice de terreno.
Llegó el día de partir hacía el condado de Reidar, allí estaba Aren enfrentándose a la voluntad de su padre que no lo había convocado.
El encontronazo se produjo de nuevo entre ambos, aunque esta vez con distintas consecuencias pues Aren fue atrapado por insubordinan y montado en un carro jaula tirado por sendos percherones blancos.
De nada sirvió que Danielle intentará hacer cambiar de parecer al terco conde, que el resto de sus hijos se opusieran a la decisión tomada o que la chica pájaro intentara sin éxito evitarlo, Höor había tomado una decisión y nunca cambiaba de opinión.

El viaje fue largo, su hijo desde la jaula lo maldecía en un perfecto nórdico pero como si uno fuera sordo y el otro ciego el viaje no terminó entendiéndose, si no llegando a los fiordos.
En uno de ellos partado de todo había una cabaña de piedra gris con una humeante chimenea y olor a leña.
Nada mas llegaron un hombre corpulento hacha en mano salió a recibirlos, si en inicio su semblante era risueño al ver que el conde no venía solo frunció el ceño alzando el hacha.
-¡Vete por donde has venido! -rugió encarándose a Höor Cannif.
-¡No! -sentenció con calma manteniéndose erguido frente al furibundo guerrero -necesito que cuides de mi hijo.
-¿Tengo pinta de niñera? -rugió el vikingo.
-No, pero no tengo otra opción -aseguró con tranquilidad desmontando de su caballo -mi hijo tiene un problema.
El vikingo se fijo en el chico que maldecía desde la jaula.
-¿que es ciego? -apuntó enarcando una ceja.
-No, que es sordo, no me escucha y en el afán de matar a Randulf no se da cuenta que no esta preparado para la batalla. Puedo mandar a soldados a la muerte, mando a mis hijos a enfrentarla, pero no mandare un herrero a morir al campo de batalla.
-¿y que quieres que haga?
-Que lo conviertas en un hombre, porque solo veo un niño enfadado por la perdida de sus padres.

El conde terminó de desatar uno de los percherones para regresar, había quedado con el resto del ejercito en el condado de Reidar para enfrentar a Randulf.
-Dale recuerdos a tu hija.
-Pero...¿vas a dejarlo?
-Hasta mas ver -sentenció el conde dándose la vuelta hasta poner la montura al galope.

El gigantón resoplo maldiciendo al norteño y sin mas dio un golpe con el hacha a la puerta sacando a Aren del pescuezo.
-Bienvenido a tu propio Hel.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Jue Mayo 10, 2018 6:13 am

Mientras Siriana se encontraba en el bosque recogiendo bayas silvestres, siempre con mucho cuidado de no coger aquellas que producían dolores, por no hablar de la muerte, alguien llegó en carro a la cabaña y como allí era muy fácil enterarse de lo que ocurría rodeados de tanta calma, enseguida supo que sucedía algo y se apresuró con el cuenco lleno de pequeñas bolas negras y moradas, en acercarse a la zona que colindaba con el pequeño claro para observar, apoyada tras un roble.

Pudo ver a su tío discutiendo con su padre, eso era raro, normalmente siempre estaban de acuerdo en todo, especialmente cuando se trataba de llevarle la contraria a ella. Arqueó una de sus cejas al escuchar las quejas del joven que había dentro del carro y se asomó un poco más cuando Höor se marchó. Apretó los labios y arrugó la frente, qué cruel por su parte irse sin saludarla. ¿Sería eso algo habitual y era la primera vez que se enteraba?

En cuanto su padre sacó del pescuezo al muchacho que había estado encerrado, Siriana decidió salir de su escondite, por malo que fuera, y se acercó a la zona. -¿Por qué se ha ido el tío Höor sin decirme nada?- Hizo una breve pausa, llevándose un par de bayas a la boca y mientras las masticaba, entornó los ojos. -¿Y quién es él?- Hizo un gesto con la cabeza al señalarle con el mentón.

Brant tiró del joven, apartándolo de su hija. -No es nadie. Ve a por leña.- Sentenció, emprendiendo camino hacia la cabaña sin soltar al chico que intentaba zafarse del agarre de su grande y fuerte mano que le apretaba el cuello desde la nuca. El hombre no tenía intención de cuidar a ese chaval, aunque fuera el hijo de su viejo amigo. Bastante tenía con mantener a salvo a Siriana de las garras de Randulf como para ahora ponerla en peligro por culpa de un adolescente ciego y, al parecer, sordo. -Hablar veo que sabes, raro cuando no se escucha, muchacho. ¿Cuál es tu nombre?- Le soltó, pero pasó a apoyar la mano en el hombro ajeno y presionó para sentarlo en una silla. -Si alguien desea la muerte de ese desgraciado, soy yo, chico.- Era su manera de solidarizarse con el muchacho, al tiempo en que le dejaba claro que había batallas que estaban hechas para otros hombres. Igual que el joven, Brant tampoco estaba en condiciones de enfrentar a Randulf por mucho que quisiera, ya que lo primordial ahora era proteger a su pequeña.

La chiquilla apareció con un montón de troncos sobre los brazos y encima de estos, como la guinda de un pastel, el cuenco con las bayas. A cada paso, éste se tambaleaba frente a su boca y en más de una ocasión había tenido que agarrarlo con los dientes para que no se cayera. -Si no es nadie, ¿por qué lo metes en casa?- Le cuestionó ella a su padre. Éste resopló y fue a quitarle los leños para preparar la hoguera de la chimenea. -Es uno de los hijos de Höor.- Los ojos de Siriana se abrieron con sumo interés y brillaron. El conde nunca le hablaba de su familia, de Akershus o de Randulf, porque Brant le tenía prohibido que le explicara nada que pudiera suscitar el interés de la muchacha. -¿Uno? ¿Cuántos tiene?-



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Vie Mayo 11, 2018 4:05 pm

El viejo me sacó del pescuezo y tiró de mi hacia lo que supuse por el cambio de temperatura era una casa. Yo seguía maldiciendo, no tenia Höor ningún derecho a negarme mi venganza, podía ser que pereciera en el intento, que muriera bajo la hacha de Randulf, pero eso era solo decisión mía.
Morir con el acero en la mano nunca fue un descrédito para nosotros y mi familia me esperaba en el Valhalla, no se me antojaba mala idea unirme a la gran cela.

El hombre de grandes dimensiones plató su mano sobre mi hombro obligándome a sentarme, fruncí el ceño cuando mi culo impacto con la madera del asiento y escuché sus palabras, que sonaban a lección aunque no se la encontraba. Él podía haber renunciado a su venganza, ser un viejo ermitaño que había hallado la paz en los fiordos noruegos, pero yo no tenia paz y no la hallaría hasta que la sangre de Randulf, o en consiguiente la mía fuera derramada en nombre de la venganza.
-No soy tu -repliqué con los dientes apretados -déjame ir, nada debes a mi padre y tampoco yo.

Una voz femenina irrumpió en la estancia, era la misma que fuera había preguntado quien era y que la mole había enviado a por leña, era ciego mas no tonto y sabía que por algún extraño motivo no quería que me acercara a ella, así que si no aceptaba mandarme a casa de vuelta, pues lo conseguiría por las malas.
-Soy Aren -dije extendiendo la mano como presentación escuchando el gruñido del padre que al parecer con un gesto había prohibido a su hija acercarse -¿y tu eres?

Por el tono de su voz no le echaba muchos años, posiblemente fuera de mi edad o la rondaría.
Sentí como de nuevo la mano del padre me cogía del cuello y me alzaba dando por finalizada la charla al mandar a su hija a echar leños al fuego para que este no se apagara.
-No voy a quedarme aquí -sentencié con la mirada perdida dando un paso tras otro pues el hombre me guiaba hasta lo que al parecer y según dijo seria mi cámara.
Había subido unos escalones, así que deduje que me haba dado cobijo en una espacie de guardilla.

La puerta se cerró de un portazo tras darme un empujón y meterme en el interior de la cámara ¿y este era amigo de mi padre? Joder pues no sabía como me hubiera tratado un enemigo.





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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Vie Mayo 11, 2018 5:11 pm

Su padre no hacía más que gruñir, casi parecía una sierra intentando talar un fresno con el rechinar de sus dientes. No se le veía muy predispuesto a responder las preguntas que le hacía su hija, pero el joven que estaba sentado en la banqueta sí que contestó, presentándose. Ella miró su mano, extrañada porque la pusiera tan a la izquierda, aunque tampoco estaba muy acostumbrada al trato con nadie, así que pensó que, tal vez, fuera algo normal el saludar de ese modo. Ella le tendió la suya, pero sin tocarle, considerando que eso formaba parte del protocolo. -Yo soy Siriana.- Respondió con una amplia sonrisa. Era la segunda vez en su vida que conocía a alguien y con su tío había sido cuando era muy pequeña y no lo recordaba. Ese día tenía intención de guardarlo para siempre en su memoria. Fue a dar un paso al frente para preguntarle más cosas, pero Brant se interpuso, agarrando al muchacho del pescuezo una vez más y se lo llevó escaleras arriba, ordenándole a su pequeña que se encargara de colocar bien los leños en la chimenea. La mirada de la chica se desvió hasta la hoguera y frunció el ceño. -Pero si están perfectos...- Murmuró molesta, al darse cuenta de que había sido un engaño para distraerla.
 
Apretó los labios y con enojo salió de casa. Si su padre no tenía intención de dejar que hablaran, que no le metiera en casa. Además, ¿dónde iba a dormir él si le daba su habitación al muchacho? Ella no pensaba dejarle un trozo de su cama con lo idiota que estaba siendo. Resopló cabreada y se adentró en el bosque a desfogar su rabia. Tenía ciertas tendencias poco sanas para liberarse y aunque pareciera frágil, estaba ya acostumbrada a muchas cosas que ninguna joven de su edad imaginaría siquiera. Se plantó frente a un viejo roble y lo comenzó a golpear con saña. Su padre le había enseñado a luchar, porque allí, en cualquier momento, podías toparte con un lobo hambriento. Ella había practicado con Bran desde niña, pero cuando se enfurecía, usaba aquel árbol concreto como contrincante, pues el daño que se infligía a sí misma, era lo único que la calmada de algún modo. La corteza pelaba sus codos y raspaba las espinillas, cortaba sus palmas y magullaba sus dedos. Cada moretón y corte reducía su ansiedad y frustración en un punto. Después de media hora de pelea, lo bajó hasta cero. Sólo entonces regresó a la casa, encontrándose con que su padre no estaba. Estaba todo en silencio, no tenía claro si, tal vez, los dos hombres se habían ido.
 
Subió lentamente los peldaños de las escaleras que subían a la buhardilla y, sin llamar ni nada, porque esa era su propiedad, su hogar, empujó la puerta y se asomó al interior de la estancia. Estaba a oscuras, las cortinas tupidas estaban corridas y ella había subido sin siquiera una vela, así que no veía nada. -¿Hola?-



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif Hoy a las 7:25 am

El hombre me dijo que me acomodará en la habitación, que descansará del largo viaje porque a la mañana siguiente empezaría a entrenar con él. Me quería con las primeras luces del alba en el patio de armas preparado y con una actitud muy distinta.
Iba a preguntarle que haría si no obedecía cuando escuché el portazo e intuí que me había dejado solo en la habitación.
-Perfecto, Höor me había abandonado con un loco ermitaño que tenia las mismas ganas que yo de tenerme allí, ningunas.

Durante un buen rato bufé, gruñí y maldije furibundo, pero al final el sueño me venció y me dejé caer sobre el lecho de la habitación adormecido.
No se las horas que pasaron, solo que un “Hola” me despertó, salté como un resorte bastante desubicado, la voz era femenina, la de la joven que había conocido bajo.
-¿Hola? -respondí poniéndome en pie y caminando hacia el lugar de donde provenía aquella melodiosa voz.

No conocía aquel lugar, así que no me percaté de que un mueble bajo estaba en medio y me di una hostia en las piernas considerable que me hizo maldecir en voz alta gruñendo en un perfecto noruego.
La risa de la chica retumbó en las paredes, al parecer ella tampoco veía y a ciegas llegó hasta donde yo estaba extendiendo las manos hasta tocar mi pecho.
Lo bordeó tímida alcanzando los músculos de mis brazos mineras aseguraba que la lampara de aceite estaba en la mesita de noche, que tenía que haberla encendido antes de ir en su búsqueda.

No debía haberse dado cuenta de que poco en mi caso importaba si la encendía o no, era ciego, no veía nada de nada, así que simplemente tenía que aprenderme la estancia pues mi bastón se había quedado en la jaula que descansaba fuera.
-Necesito mi bastón -pedí para su sorpresa -soy ciego.

Yo era el hijo tullido del conde Cannif, su vergüenza, según él creía estaba muerto cuando me dejó en aquella barcaza y francamente le creía, mi padre era un buen hombre, pero ahora enfadado como estaba puse en duda que eso fuera así y que no simplemente hubiera sensitivo vergüenza de engendrar un “medio hombre” con el apellido Cannif tras el nombre.
Padre no respondió, se limitó a seguir portando la jaula y a mi dentro a destino, pero sabía que eso le había hecho daño, como a mi que me dejara en este sitio de mala muerte sin dejarme vengar a mi familia y a mi gente.
-Tengo hambre -le dije ladeando la sonrisa -y si bajamos a comer algo.
Necesitaba saber donde me encontraba para poder coger un percherón y largarme, nadie evitaría que llevara a cavo mi venganza.






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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana Hoy a las 8:50 am

Escuchó el sonido del cuerpo al moverse sobre la cama, repentino, seguramente sobresaltado por su intrusión a oscuras. -No sabía si te habías ido con mi padre...- Comentó mientras el joven se movía por la estancia y se comía con las rodillas el pequeño armario de tres cajones. Rio, negando y fue a buscarle con los brazos extendidos, moviendo las manos hasta localizarle. Se conocía la habitación pero eran dos moviéndose a la vez y no quería que lo siguiente en chocar fueran sus cabezas. Palpó con cuidado al ir subiendo por el pecho ajeno hacia los hombros, no sabía ni por qué se tomada la confianza de hacerlo, tal vez porque alienada de la civilización como estaba, no sabía lo que era o no correcto en aquellos términos. -Tenías una tea sobre la mesita de noche, deberías haberla prendido antes de levantarte.- Le comentó con una sonrisa, aunque él no podía verla. Fue ella misma la que, sujetándole una muñeca para no perder su ubicación, se inclinó hacia un lado y prendió la pequeña lámpara que iluminó la sala. La luz se proyectaba desde atrás, así que ella no podía ver bien el rostro ajeno cuando se incorporó de nuevo, quedando frente a él. Abrió la boca para decir algo, pero el muchacho la interrumpió pidiendo su bastón. ¿Qué quería golpear para necesitar un bastón? Se preguntó Siriana, pero antes de preguntarlo siquiera, la respuesta le fue dada. Le sujetó por los codos y le hizo girar para que la luz se reflejara en los orbes de Aren, pudo ver entonces lo que le decía. Sí, no estaba acostumbrada a tratar con humanos, pero había visto animales ciegos antes y como al mirarles a los ojos parecían no tener alma. Era absurdo, obviamente la tenían, pero era la sensación que daban. -¡Eres ciego!- Repitió elevando la voz, pero no fue con mal tono, al contrario, casi sonaba como si aquello la fascinara, y en cierto modo así era.
 
-Ven, ven, vamos a comer.- Asintió, tomándole de la mano y tiró de él hacia las escaleras. Cuidado, son catorce peldaños. Le comentó, porque pensó en que eso le serviría de ayuda, pero no contó con que no le había guiado bien hacia la salida y se chocó con el marco de la puerta. -Joder, lo siento, ¿estás bien?-  Se giró de nuevo y fue a mirarle la cara, porque había oído el golpe pero no sabía con qué se había dado, por suerte había sido con el hombro y no había nariz rota. -No tenemos muchos muebles así que… obstáculos no hay demasiados.- Esta vez aguardó y fueron descendiendo despacio hasta llegar a suelo llano. Le acompañó a la mesa, observando cómo él se iba haciendo al lugar con la mano libre, tocando paredes y lo que se encontraba por el camino. -Tú siéntate aquí y yo iré a buscarte el bastón… Imagino que sigue en el carro.- Le dejó frente a una silla, le dio un suave golpecito en el pecho para que se dejara caer  marchó a toda prisa hacia fuera. Efectivamente, encontró el largo palo en aquella especie de jaula y lo estuvo estudiando mientras regresaba a la casa. -Aquí lo traigo.- Sonrió al apoyárselo en la diestra y fue a por un par de cuencos de barro horneado en los que vertió leche de cabra ordeñada de aquella misma mañana y también cogió una hogaza gruesa de pan, mantequilla de cabra y un poco de carne ahumada y seca. -¿Por qué te trajo aquí el tío Höor?- Preguntó con curiosidad, dándole el primer muerdo a su trozo de pan, mientras dispersaba el resto de cosas por la mesa y le dejaba el cuenco en frente. -Cuidado no tires la leche…- Le advirtió para que fuera con cuidado.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

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