Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

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El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Mar Mayo 08, 2018 5:35 am

Los pasos sonaron huecos a través del corredor, Aren hijo del conde había llevado acabo pequeñas misiones con sus hermanos, pero la sed de venganza lo empujas con saña hacia una gesta mayor y aquel día estaba mas que dispuesto a obtener el permiso paternal para batallar en la próxima gesta en la que los ejércitos se encontraran de frente en el campo de batalla.
Golpeó con los nudillos el portón del despacho donde Höor como muchas otras veces trabajaba.
-Adelante -la voz del norteño sonó ronca y cuando la puerta fue abierta y su hijo apareció tras ella esté se reclinó en el sillón dedicándole toda su atención.

Entre los dos la relación no era especialmente fácil, Aren mantenía que sus padres fueron aquellos que lo acogieron y criado tras el fallo del conde dándolo por muerto, así que mientras Höor buscaba frente a su hijo la redención, este solo ansiaba vengar a toda su aldea.
-Höor, se que se esta preparando un ataqué masivo para liberar los pasos, para que Randulf recule nuevamente hacia su fortaleza y que apostareis varios hombres en el condado de Reidar, quiero ser uno de ellos, estoy cansado de que me mantengas en un segundo plano, con misiones sencillas cuando por contra mis hermanos son enviados a la muerte sin problemas.
-No estas preparado Aren -sentenció devolviendo su mirada a los documentos mientras el muchacho ciego apretaba uno de sus puños y con la diestra el bastón- ¿por que soy ciego? -preguntó cargado de ira.
-No, porque piensas como un herrero y no como un guerrero, no mando herreros a la batalla. Aren, no estas preparado, has de formarte, has de aprender a luchar porque lo que en el patio de armas es un entrenamiento en el campo de batalla supone tu muerte.
-Iré -sentencio Aren lleno de rabia -con tu permiso o sin el.

Höor se puso en pie dejando caer la pluma sobre los papeles y miró con gesto tenso a su hijo, era terco y en parte era fácil verse a si mismo reflejado en él.
-Bien, iremos al patio de armas, si consigues aguantar en pie un asalto o herirme en el intento, tendrás mi permiso para ir con tus hermanos a enfrentar a Randulf, por contra, si eso no pasa, obedecerás.

Pronto padre e hijo estuvieron de frente en el patio de armas, los jóvenes soldados que batallaban guiados por los generales, observaron lo que a todos los efectos era una gesta que pocas veces se producía. Aren desenvainó sus dos gemelas, Höor se mantuvo a la espera de sus primeras y no por ello no salvajes acometidas, peor el conde acostumbrado a la guerra desde que era un infante, con facilidad detuvo cada una de las embestidas de su hijo y llegado el momento, jaló su bastarda tomando la iniciativa.
Aren hizo lo que pudo por detener el silbido de aquel voraz arma, un codazo en la cara lo tumbó en el suelo y una patada en el pecho lo anchó a este mientras la punta de la espada reposaba en su gaznate.
-No estas preparado -sentenció el conde dando el asunto por zanjado.

-Iré -rugió Aren desde el suelo no respetando el pacto acordado de padre e hijo -no eres mi padre -rugió cabreado mas por el orgullo tocado que porque en parte no supiera tenia razón el conde.
-Puedes odiarme, puedes llamarme muchas cosas y en la mayoría de esos adjetivos que me dediques posiblemente tengas razón, mas si algo no puedes negar es que soy tu padre y como tal, te ordeno que obedezcas Aren, no estas preparado.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Miér Mayo 09, 2018 8:09 am

Lejos de lo que cualquiera pudiera pensar, vivir como lo hacía Siriana y su padre no dejaba tiempo para el aburrimiento. Como ellos dos se lo tenían que hacer todo solos, desde la ropa, el calzado, los utensilios para cocinar, cazar y pescar, conseguirse alimento, labrar el terreno, recoger los frutos que el huerto les daba, recolectar frutos y bayas, recoger leña, prepararse el fuego, hacer la limpieza, lavarse las prendas, mantener las trampas siempre a punto y un largo etcétera, cada día había multitud de tareas que llevar a cabo y, por tanto, poco tiempo libre para remolonear, mirar las musarañas o incluso leer, por mucho que eso le gustara a la joven muchacha.

Además, aquel día se había discutido con su padre, así que el humor de la joven estaba en una cuerda floja entre el pasotismo y el enfado prematuro que hacía que arrancara las malas hierbas con las manos desnudas, sin importarle los arañazos de las zarzas o los cortes de las briznas más finas y afiladas. Sus manos estaban curtidas y aunque su rostro se veía delicado y su padre decía que le recordaba a un hada, era una chica dura que de vivir sola, sería capaz de apañárselas y sobrevivir en condiciones extremas, gracias a la experiencia adquirida durante más de una década y a las enseñanzas impartidas por el que, además de su progenitor, era también su maestro.

Una ardilla se acercó a la joven y desde una distancia prudencial, la observó mientras se mordisqueaba sus pequeñas manos de roedor. La cola se enroscaba y oscilaba con cada gesto que se daba con los breves bocados que sus dos paletas grandiosas daban al rojizo pelaje. Seguramente se andaría quitando pulgas, porque allí abundaban cosa mala. Por eso los dos humanos que habitaban en la zona se aseaban, además de con agua, con un ungüento a base de limón, cardamomo y menta ácida, algo que mantenía a raya a todo tipo de insectos, aunque, por desgracia, con las serpientes no funcionaba. Para esas era mejor dormir con un ojo abierto y en alto.

Siriana miró al curioso animal y con una ladina sonrisa, agarró una pequeña seta y con puntería certera, se la lanzó a la cabeza. El animal se sacudió y le soltó un quejido en forma de pequeño grito. La muchacha se echó a reír antes de que la ardilla trepara hasta su cabeza y se pusiera a enredarle la melena. -Ya, deja mi pelo, Mic.- Entre carcajadas hundió los dedos en su cabello y buscó al roedor, lo sacó de su enmarañado pelo y lo miró entornando la mirada. -Me rindo, ¿vale?- El animal le metió su pequeña mano en una de las fosas nasales a la chica como burla y esta arrugó la nariz, moviendo la cabeza. -Ya basta, no seas cabezón. Has ganado.- Las diminutas zarpas del roedor apresaron su tupida cola y la lamieron con cuidado. Había tregua y se lo demostraba al calmarse y dedicarse al acicalado. -Eres un presumido.- Sentenció ella y, tras ponerse al animal en el hombro, se alzó y fue a por algo de comida al interior de la casa. Era la hora de la merienda.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Miér Mayo 09, 2018 10:41 am

Las cosas entre padre hijo no parecían encontrar calma, mas bien lo contrario, cada uno anclado en su decisión, mostrando el tempestuoso carácter que ostentaban los Cannif y atrincherados en sus propias decisiones no cedieron un ápice de terreno.
Llegó el día de partir hacía el condado de Reidar, allí estaba Aren enfrentándose a la voluntad de su padre que no lo había convocado.
El encontronazo se produjo de nuevo entre ambos, aunque esta vez con distintas consecuencias pues Aren fue atrapado por insubordinan y montado en un carro jaula tirado por sendos percherones blancos.
De nada sirvió que Danielle intentará hacer cambiar de parecer al terco conde, que el resto de sus hijos se opusieran a la decisión tomada o que la chica pájaro intentara sin éxito evitarlo, Höor había tomado una decisión y nunca cambiaba de opinión.

El viaje fue largo, su hijo desde la jaula lo maldecía en un perfecto nórdico pero como si uno fuera sordo y el otro ciego el viaje no terminó entendiéndose, si no llegando a los fiordos.
En uno de ellos partado de todo había una cabaña de piedra gris con una humeante chimenea y olor a leña.
Nada mas llegaron un hombre corpulento hacha en mano salió a recibirlos, si en inicio su semblante era risueño al ver que el conde no venía solo frunció el ceño alzando el hacha.
-¡Vete por donde has venido! -rugió encarándose a Höor Cannif.
-¡No! -sentenció con calma manteniéndose erguido frente al furibundo guerrero -necesito que cuides de mi hijo.
-¿Tengo pinta de niñera? -rugió el vikingo.
-No, pero no tengo otra opción -aseguró con tranquilidad desmontando de su caballo -mi hijo tiene un problema.
El vikingo se fijo en el chico que maldecía desde la jaula.
-¿que es ciego? -apuntó enarcando una ceja.
-No, que es sordo, no me escucha y en el afán de matar a Randulf no se da cuenta que no esta preparado para la batalla. Puedo mandar a soldados a la muerte, mando a mis hijos a enfrentarla, pero no mandare un herrero a morir al campo de batalla.
-¿y que quieres que haga?
-Que lo conviertas en un hombre, porque solo veo un niño enfadado por la perdida de sus padres.

El conde terminó de desatar uno de los percherones para regresar, había quedado con el resto del ejercito en el condado de Reidar para enfrentar a Randulf.
-Dale recuerdos a tu hija.
-Pero...¿vas a dejarlo?
-Hasta mas ver -sentenció el conde dándose la vuelta hasta poner la montura al galope.

El gigantón resoplo maldiciendo al norteño y sin mas dio un golpe con el hacha a la puerta sacando a Aren del pescuezo.
-Bienvenido a tu propio Hel.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Jue Mayo 10, 2018 6:13 am

Mientras Siriana se encontraba en el bosque recogiendo bayas silvestres, siempre con mucho cuidado de no coger aquellas que producían dolores, por no hablar de la muerte, alguien llegó en carro a la cabaña y como allí era muy fácil enterarse de lo que ocurría rodeados de tanta calma, enseguida supo que sucedía algo y se apresuró con el cuenco lleno de pequeñas bolas negras y moradas, en acercarse a la zona que colindaba con el pequeño claro para observar, apoyada tras un roble.

Pudo ver a su tío discutiendo con su padre, eso era raro, normalmente siempre estaban de acuerdo en todo, especialmente cuando se trataba de llevarle la contraria a ella. Arqueó una de sus cejas al escuchar las quejas del joven que había dentro del carro y se asomó un poco más cuando Höor se marchó. Apretó los labios y arrugó la frente, qué cruel por su parte irse sin saludarla. ¿Sería eso algo habitual y era la primera vez que se enteraba?

En cuanto su padre sacó del pescuezo al muchacho que había estado encerrado, Siriana decidió salir de su escondite, por malo que fuera, y se acercó a la zona. -¿Por qué se ha ido el tío Höor sin decirme nada?- Hizo una breve pausa, llevándose un par de bayas a la boca y mientras las masticaba, entornó los ojos. -¿Y quién es él?- Hizo un gesto con la cabeza al señalarle con el mentón.

Brant tiró del joven, apartándolo de su hija. -No es nadie. Ve a por leña.- Sentenció, emprendiendo camino hacia la cabaña sin soltar al chico que intentaba zafarse del agarre de su grande y fuerte mano que le apretaba el cuello desde la nuca. El hombre no tenía intención de cuidar a ese chaval, aunque fuera el hijo de su viejo amigo. Bastante tenía con mantener a salvo a Siriana de las garras de Randulf como para ahora ponerla en peligro por culpa de un adolescente ciego y, al parecer, sordo. -Hablar veo que sabes, raro cuando no se escucha, muchacho. ¿Cuál es tu nombre?- Le soltó, pero pasó a apoyar la mano en el hombro ajeno y presionó para sentarlo en una silla. -Si alguien desea la muerte de ese desgraciado, soy yo, chico.- Era su manera de solidarizarse con el muchacho, al tiempo en que le dejaba claro que había batallas que estaban hechas para otros hombres. Igual que el joven, Brant tampoco estaba en condiciones de enfrentar a Randulf por mucho que quisiera, ya que lo primordial ahora era proteger a su pequeña.

La chiquilla apareció con un montón de troncos sobre los brazos y encima de estos, como la guinda de un pastel, el cuenco con las bayas. A cada paso, éste se tambaleaba frente a su boca y en más de una ocasión había tenido que agarrarlo con los dientes para que no se cayera. -Si no es nadie, ¿por qué lo metes en casa?- Le cuestionó ella a su padre. Éste resopló y fue a quitarle los leños para preparar la hoguera de la chimenea. -Es uno de los hijos de Höor.- Los ojos de Siriana se abrieron con sumo interés y brillaron. El conde nunca le hablaba de su familia, de Akershus o de Randulf, porque Brant le tenía prohibido que le explicara nada que pudiera suscitar el interés de la muchacha. -¿Uno? ¿Cuántos tiene?-


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Vie Mayo 11, 2018 4:05 pm

El viejo me sacó del pescuezo y tiró de mi hacia lo que supuse por el cambio de temperatura era una casa. Yo seguía maldiciendo, no tenia Höor ningún derecho a negarme mi venganza, podía ser que pereciera en el intento, que muriera bajo la hacha de Randulf, pero eso era solo decisión mía.
Morir con el acero en la mano nunca fue un descrédito para nosotros y mi familia me esperaba en el Valhalla, no se me antojaba mala idea unirme a la gran cela.

El hombre de grandes dimensiones plató su mano sobre mi hombro obligándome a sentarme, fruncí el ceño cuando mi culo impacto con la madera del asiento y escuché sus palabras, que sonaban a lección aunque no se la encontraba. Él podía haber renunciado a su venganza, ser un viejo ermitaño que había hallado la paz en los fiordos noruegos, pero yo no tenia paz y no la hallaría hasta que la sangre de Randulf, o en consiguiente la mía fuera derramada en nombre de la venganza.
-No soy tu -repliqué con los dientes apretados -déjame ir, nada debes a mi padre y tampoco yo.

Una voz femenina irrumpió en la estancia, era la misma que fuera había preguntado quien era y que la mole había enviado a por leña, era ciego mas no tonto y sabía que por algún extraño motivo no quería que me acercara a ella, así que si no aceptaba mandarme a casa de vuelta, pues lo conseguiría por las malas.
-Soy Aren -dije extendiendo la mano como presentación escuchando el gruñido del padre que al parecer con un gesto había prohibido a su hija acercarse -¿y tu eres?

Por el tono de su voz no le echaba muchos años, posiblemente fuera de mi edad o la rondaría.
Sentí como de nuevo la mano del padre me cogía del cuello y me alzaba dando por finalizada la charla al mandar a su hija a echar leños al fuego para que este no se apagara.
-No voy a quedarme aquí -sentencié con la mirada perdida dando un paso tras otro pues el hombre me guiaba hasta lo que al parecer y según dijo seria mi cámara.
Había subido unos escalones, así que deduje que me haba dado cobijo en una espacie de guardilla.

La puerta se cerró de un portazo tras darme un empujón y meterme en el interior de la cámara ¿y este era amigo de mi padre? Joder pues no sabía como me hubiera tratado un enemigo.





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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Vie Mayo 11, 2018 5:11 pm

Su padre no hacía más que gruñir, casi parecía una sierra intentando talar un fresno con el rechinar de sus dientes. No se le veía muy predispuesto a responder las preguntas que le hacía su hija, pero el joven que estaba sentado en la banqueta sí que contestó, presentándose. Ella miró su mano, extrañada porque la pusiera tan a la izquierda, aunque tampoco estaba muy acostumbrada al trato con nadie, así que pensó que, tal vez, fuera algo normal el saludar de ese modo. Ella le tendió la suya, pero sin tocarle, considerando que eso formaba parte del protocolo. -Yo soy Siriana.- Respondió con una amplia sonrisa. Era la segunda vez en su vida que conocía a alguien y con su tío había sido cuando era muy pequeña y no lo recordaba. Ese día tenía intención de guardarlo para siempre en su memoria. Fue a dar un paso al frente para preguntarle más cosas, pero Brant se interpuso, agarrando al muchacho del pescuezo una vez más y se lo llevó escaleras arriba, ordenándole a su pequeña que se encargara de colocar bien los leños en la chimenea. La mirada de la chica se desvió hasta la hoguera y frunció el ceño. -Pero si están perfectos...- Murmuró molesta, al darse cuenta de que había sido un engaño para distraerla.
 
Apretó los labios y con enojo salió de casa. Si su padre no tenía intención de dejar que hablaran, que no le metiera en casa. Además, ¿dónde iba a dormir él si le daba su habitación al muchacho? Ella no pensaba dejarle un trozo de su cama con lo idiota que estaba siendo. Resopló cabreada y se adentró en el bosque a desfogar su rabia. Tenía ciertas tendencias poco sanas para liberarse y aunque pareciera frágil, estaba ya acostumbrada a muchas cosas que ninguna joven de su edad imaginaría siquiera. Se plantó frente a un viejo roble y lo comenzó a golpear con saña. Su padre le había enseñado a luchar, porque allí, en cualquier momento, podías toparte con un lobo hambriento. Ella había practicado con Bran desde niña, pero cuando se enfurecía, usaba aquel árbol concreto como contrincante, pues el daño que se infligía a sí misma, era lo único que la calmada de algún modo. La corteza pelaba sus codos y raspaba las espinillas, cortaba sus palmas y magullaba sus dedos. Cada moretón y corte reducía su ansiedad y frustración en un punto. Después de media hora de pelea, lo bajó hasta cero. Sólo entonces regresó a la casa, encontrándose con que su padre no estaba. Estaba todo en silencio, no tenía claro si, tal vez, los dos hombres se habían ido.
 
Subió lentamente los peldaños de las escaleras que subían a la buhardilla y, sin llamar ni nada, porque esa era su propiedad, su hogar, empujó la puerta y se asomó al interior de la estancia. Estaba a oscuras, las cortinas tupidas estaban corridas y ella había subido sin siquiera una vela, así que no veía nada. -¿Hola?-


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Lun Mayo 21, 2018 7:25 am

El hombre me dijo que me acomodará en la habitación, que descansará del largo viaje porque a la mañana siguiente empezaría a entrenar con él. Me quería con las primeras luces del alba en el patio de armas preparado y con una actitud muy distinta.
Iba a preguntarle que haría si no obedecía cuando escuché el portazo e intuí que me había dejado solo en la habitación.
-Perfecto, Höor me había abandonado con un loco ermitaño que tenia las mismas ganas que yo de tenerme allí, ningunas.

Durante un buen rato bufé, gruñí y maldije furibundo, pero al final el sueño me venció y me dejé caer sobre el lecho de la habitación adormecido.
No se las horas que pasaron, solo que un “Hola” me despertó, salté como un resorte bastante desubicado, la voz era femenina, la de la joven que había conocido bajo.
-¿Hola? -respondí poniéndome en pie y caminando hacia el lugar de donde provenía aquella melodiosa voz.

No conocía aquel lugar, así que no me percaté de que un mueble bajo estaba en medio y me di una hostia en las piernas considerable que me hizo maldecir en voz alta gruñendo en un perfecto noruego.
La risa de la chica retumbó en las paredes, al parecer ella tampoco veía y a ciegas llegó hasta donde yo estaba extendiendo las manos hasta tocar mi pecho.
Lo bordeó tímida alcanzando los músculos de mis brazos mineras aseguraba que la lampara de aceite estaba en la mesita de noche, que tenía que haberla encendido antes de ir en su búsqueda.

No debía haberse dado cuenta de que poco en mi caso importaba si la encendía o no, era ciego, no veía nada de nada, así que simplemente tenía que aprenderme la estancia pues mi bastón se había quedado en la jaula que descansaba fuera.
-Necesito mi bastón -pedí para su sorpresa -soy ciego.

Yo era el hijo tullido del conde Cannif, su vergüenza, según él creía estaba muerto cuando me dejó en aquella barcaza y francamente le creía, mi padre era un buen hombre, pero ahora enfadado como estaba puse en duda que eso fuera así y que no simplemente hubiera sensitivo vergüenza de engendrar un “medio hombre” con el apellido Cannif tras el nombre.
Padre no respondió, se limitó a seguir portando la jaula y a mi dentro a destino, pero sabía que eso le había hecho daño, como a mi que me dejara en este sitio de mala muerte sin dejarme vengar a mi familia y a mi gente.
-Tengo hambre -le dije ladeando la sonrisa -y si bajamos a comer algo.
Necesitaba saber donde me encontraba para poder coger un percherón y largarme, nadie evitaría que llevara a cavo mi venganza.






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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Lun Mayo 21, 2018 8:50 am

Escuchó el sonido del cuerpo al moverse sobre la cama, repentino, seguramente sobresaltado por su intrusión a oscuras. -No sabía si te habías ido con mi padre...- Comentó mientras el joven se movía por la estancia y se comía con las rodillas el pequeño armario de tres cajones. Rio, negando y fue a buscarle con los brazos extendidos, moviendo las manos hasta localizarle. Se conocía la habitación pero eran dos moviéndose a la vez y no quería que lo siguiente en chocar fueran sus cabezas. Palpó con cuidado al ir subiendo por el pecho ajeno hacia los hombros, no sabía ni por qué se tomada la confianza de hacerlo, tal vez porque alienada de la civilización como estaba, no sabía lo que era o no correcto en aquellos términos. -Tenías una tea sobre la mesita de noche, deberías haberla prendido antes de levantarte.- Le comentó con una sonrisa, aunque él no podía verla. Fue ella misma la que, sujetándole una muñeca para no perder su ubicación, se inclinó hacia un lado y prendió la pequeña lámpara que iluminó la sala. La luz se proyectaba desde atrás, así que ella no podía ver bien el rostro ajeno cuando se incorporó de nuevo, quedando frente a él. Abrió la boca para decir algo, pero el muchacho la interrumpió pidiendo su bastón. ¿Qué quería golpear para necesitar un bastón? Se preguntó Siriana, pero antes de preguntarlo siquiera, la respuesta le fue dada. Le sujetó por los codos y le hizo girar para que la luz se reflejara en los orbes de Aren, pudo ver entonces lo que le decía. Sí, no estaba acostumbrada a tratar con humanos, pero había visto animales ciegos antes y como al mirarles a los ojos parecían no tener alma. Era absurdo, obviamente la tenían, pero era la sensación que daban. -¡Eres ciego!- Repitió elevando la voz, pero no fue con mal tono, al contrario, casi sonaba como si aquello la fascinara, y en cierto modo así era.
 
-Ven, ven, vamos a comer.- Asintió, tomándole de la mano y tiró de él hacia las escaleras. Cuidado, son catorce peldaños. Le comentó, porque pensó en que eso le serviría de ayuda, pero no contó con que no le había guiado bien hacia la salida y se chocó con el marco de la puerta. -Joder, lo siento, ¿estás bien?-  Se giró de nuevo y fue a mirarle la cara, porque había oído el golpe pero no sabía con qué se había dado, por suerte había sido con el hombro y no había nariz rota. -No tenemos muchos muebles así que… obstáculos no hay demasiados.- Esta vez aguardó y fueron descendiendo despacio hasta llegar a suelo llano. Le acompañó a la mesa, observando cómo él se iba haciendo al lugar con la mano libre, tocando paredes y lo que se encontraba por el camino. -Tú siéntate aquí y yo iré a buscarte el bastón… Imagino que sigue en el carro.- Le dejó frente a una silla, le dio un suave golpecito en el pecho para que se dejara caer  marchó a toda prisa hacia fuera. Efectivamente, encontró el largo palo en aquella especie de jaula y lo estuvo estudiando mientras regresaba a la casa. -Aquí lo traigo.- Sonrió al apoyárselo en la diestra y fue a por un par de cuencos de barro horneado en los que vertió leche de cabra ordeñada de aquella misma mañana y también cogió una hogaza gruesa de pan, mantequilla de cabra y un poco de carne ahumada y seca. -¿Por qué te trajo aquí el tío Höor?- Preguntó con curiosidad, dándole el primer muerdo a su trozo de pan, mientras dispersaba el resto de cosas por la mesa y le dejaba el cuenco en frente. -Cuidado no tires la leche…- Le advirtió para que fuera con cuidado.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Mar Mayo 22, 2018 10:18 am

La joven parecía ilusionada, no de que fuera ciego, si no de tener compañía, por lo que parecía no abundaba visita en aquel lugar, mas bien Höor me había traído a una mazmorra al aire libre de la que parecía no tener escapatoria posible.
Tiró de mi hasta estampar mi hombro contra el marco de la puerta para recular después y mirar con detalle mi rostro lo que me llevó a ladear la sonrisa.
-Y si nos lo tomamos con calma, no parece que nos corra nadie ¿verdad?
Escuché su infantil sonrisa y enredando sus dedos a los míos empezamos a descender los escalones con calma, ella me advertía de la cantidad que había y así llegamos al salón donde ya había estado antes de que su padre me encerrara en la habitación con una burda escusa.

Palpé con la diestra la superficie plana aunque algo astillada y sentí su mano en mi pecho empujándome hacia atrás para que me sentara.
Ladeé la sonrisa al escuchar que iría en busca de mi bastón, al parecer a la chica no le faltaba entusiasmo para hacer las cosas.
Tenia que pensar como salir de allí, estaba claro que solo no iba a conseguirlo, la montaña a la que Höor había dejado a mi cuidado no parecía estar dispuesta a simplemente soltarme y dejarme ir. A ciegas sin mi montura y sin guía me sería imposible atravesar los fiordos pues desconocía donde estaba.

Siriana regreso con esa felicidad que la caracterizaba con mi bastón y no tardo en servirme un cuenco de leche y algo que comer.
-Gracias dije llevando mis manos frente a este para darle un trago. Estaba caliente y espesa, me relamí los labios saboreandola.
-¿Llevas mucho tiempo aquí? ¿donde estamos? -pregunté tan lleno de dudas como ella.

Decía que Hoor era su tío, peor este no tenia hermanos, así que no acaba de encajar el parentesco.
-Según mi padre porque estoy sordo -dije sonriendo -bueno, según él no estoy preparado para luchar contra aquel que me lo arrebató todo, en el fondo creo que solo tiene miedo de perderme de nuevo, se siente culpable porque siendo un recién nacido me dio por muerto y mandando mi cadáver en una barcaza rio abajo, se equivoco y no se lo perdona...

Di un nuevo trago a la leche.
-¿y tu? ¿que haces aquí? ¿buscando la paz os habéis retirado a las montañas? -pregunté intentando descubrir por donde tirar para poder convencerla a que me ayudara a irme de aquí.
-¿conoces a Höor? -pregunté -le llamas tio, así que deduzco que si ¿cierto?






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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Mar Mayo 22, 2018 1:06 pm

Aunque ella iba comiendo, miraba al joven como si fuera un extraterrestre, algo inaudito, un milagro, un maldito unicornio. ¡Estaba hablando con alguien que no eran ni su padre ni su tío! La expresión de tonta que se dibujaba en la cara de Siriana no tenía descripción ni precio alguno. A veces incluso se le olvidaba masticar y le observaba con la boca abierta como una idiota. Sacudió la cabeza cuando se percató que éste le hacía preguntas y ella no las estaba contestando, desaprovechando la oportunidad, justamente, de charlar con alguien que viniera de fuera, alguien a quien Bran, por el momento, no le había impuesto la norma de no contarle nada a su hija sobre el exterior, sobre la ciudadela. Se cubrió la boca con el puño y carraspeó contra éste, antes de emprender carrerilla para contestar una a una a las cuestiones de Aren. -Pues verás, llevo aquí toda la vida, o al menos toda la vida que soy capaz de recordar, claro. Porque dicen que cuando cumples los dos años, olvidas todo lo vivido hasta entonces, haciendo borrón y cuenta nueva, ¿sabes?- Se encogió de hombros, levantando las manos con las palmas hacia arriba. Siempre gesticulaba mucho, aunque eso era algo que el joven que tenía delante no sabría, aunque seguramente intuiría por las corrientes de aire que sus manos ocasionaban con cada ir y venir, abrir y cerrar. -Y estamos en ninguna parte. Es decir, en alguna parte estamos, obviamente, pero no tiene nombre que yo sepa, es un bosque, lleno de animales, naturaleza… Pero sin humanos a kilómetros de distancia. Por eso la única persona a la que he conocido desde que yo tengo memoria es al tío Höor, además de Bran, mi padre.-

Fue entonces su turno para escuchar, asintiendo y bebiendo leche de cabra al mismo tiempo. Se relamió el bigote que le quedaba con cada trago, dejando el cuenco sobre la mesa una y otra vez, por miedo a tirarlo cuando se quedaba embobada mirándolo. -¿Sordo y ciego? Pero a mí me oyes…- No había comprendido la ironía que aquellas palabras escondían, porque su padre tenía un sentido del humor nulo y el del conde Cannif era un tanto absurdo, así que las segundas era algo que aún estaba por descubrir para Siriana.

Arrugó el gesto al escuchar lo del abandono, porque aquel relato no le cuadraba para nada con el Höor al que ella conocía. Pero también era cierto que jamás le hablaba de su familia ni de muchas cosas, así que en todo aquello que le ocultaba por orden expresa de su propio progenitor, se podían esconder muchas cosas que la sorprenderían, como aquella historia que ahora le narraba el muchacho que tenía en frente. -¿Quién te lo arrebató todo y por qué? Yo no tengo nada, solo a mi padre… pero si me lo quitaran, me volvería loca, aunque a veces diga que yo misma lo ahogaría en el río… Porque en el fondo es mentira, es sólo que me enfado y bueno, digo las cosas sin pensar.- Resopló, recordando que el día anterior mismo habían discutido y que ella le había tirado un leño a la cabeza y le había dejado una buena brecha. Aunque Bran tenía la cabeza dura como una piedra y algo así no le mataría, eso seguro. -Pensaba que le conocía, pero después de lo que has dicho… Me he dado cuenta que claro, que no sé muchas cosas, porque mi padre le prohíbe que me hable de cosas importantes como la familia o la ciudad… Porque no quiere que tenga tentaciones de irme con él, aunque ya las tenga, pero que no quiere que aumenten, porque es peligroso para mí salir de aquí.- Fijó su mirada en el cuenco en el que apenas quedaban ya restos de líquido blanquecino. Movió un poco las manos y se crearon pequeñas ondas en las que hundió sus dos mares azules. De repente tenía muchas dudas revoloteando en su cabeza.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Vie Jun 01, 2018 3:40 pm

No pude evitar ladear la sonrisa, esa chica tenia vitalidad, parecía haber comido lengua y no dejaba de hablar, ademas podía notar como gesticulaba porque sus manos se movían frente a mi rostro lanzando pequeñas corrientes de aire y un ligero sonido al pasar por el frente.
-Así que nunca has salido de aquí ¿eres la presa de tu propio padre? -pregunté llevando el tazón nuevamente a mis labios -supongo que sus motivos tendrá, lejos de estas montañas la guerra es encarnizada ¿no te ha contado nada de esto Höor?
Me encogí de hombros entendiendo que la joven había vivido aislada de todo peligro, seguramente su padre habría enloquecido al perder a alguien y no queriendo que su hija corriera el mismo sino se había alejado de la guerra recluyéndose a este lugar.
-Bueno, no te pierdes nada fuera -dije ensanchando la sonrisa.

Otro hubiera aprovechado la situación para meterle fabulas en la cabeza sobre la idílica vida que le esperaba lejos de los fiordos y de esta cabaña, otro la hubiera usado aprovechando su inocencia para que ensillara dos caballos y huir de allí hacia su libertad importándole una mierda el sino de la joven, pero yo no era ese otro.
-Fuera de aquí mucha gente muere, estamos en guerra -aseguré -tu padre hizo bien en protegerte.

No pude evitar reír a carcajadas cuando dijo desconcertada que a ella si la escuchaba.
-Es magia, tu voz es especial -bromeé poniendo cara misteriosa -no, es coña -volví a reírme -mi padre quería decir que cuando habla no le escucho, no que fuera sordo en verdad.
Era una chica jovial y divertida, se notaba su entusiasmo por saber.
-Höor no te debe haber contado mucho porque siempre va falto de tiempo, pero como te he dicho, somos muchos hermanos, ahora, si quieres que te cuente mi historia tendrás que invitarme a algo mas que a leche y no en la cabaña ¿que me dices? -dije con picarda acabándome el tazón relamiendome los labios después.

No la usaría para escapar de allí, al menos no para llevarla conmigo, no pensaba ni de lejos ponerla en peligro, era demasiado inocente para la vida fría del norte, pero si quería descubrir donde estaba, saber por donde debía moverme y para eso necesitaba salir de la cabaña, tocar el bosque con mis propias nos y encontrar el modo de guiarme en aquellas montañas.





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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Sáb Jun 02, 2018 5:23 am

Arrugó la frente ante el pensamiento que cruzó su mente con la pregunta formulada por Aren, ¿era, acaso, realmente la presa de su padre? Nunca se lo había planteado de aquel modo aunque se enfadara con él, porque nadie le había ofrecido tal posibilidad a su imaginación. Criada siempre únicamente con Bran y las visitas esporádicas de Höor, había muchos conceptos que escapaban a su comprensión o que carecían de todos los matices posibles. Sabía lo que era ser prisionero, porque les ocurría a los animales que caían en las trampas que ellos ponían, pero ¿era esa casa una jaula para ella? La siguiente cuestión ajena hizo que ella dejara de darle vueltas a aquel tema y se centrara en la primera conversación que tenía nunca con alguien de una edad parecida a la suya. -No, Höor nunca me cuenta nada, mi padre se lo tiene prohibido…- Y aunque ella no le había preguntado, el joven comenzó a explicarse lo que se cocía en el exterior, lejos de las tierras que habitaban ella y su progenitor. Pero pronto dejó de contar para poner una condición. -¿De verdad me contarás más cosas si te doy algo de comer? ¿Aunque mi padre te lo prohíba?- Ladeó la cabeza, porque le extrañaba, su padre daba miedo, imponía con su voz ronca, su expresión amarga y la mirada fiera que tenía. Claro que las dos últimas cosas, Aren no las sabría, ser ciego debía tener muy pocas ventajas pero esa era una, no poder dejarse llevar por las apariencias nunca.

Si bien Bran no se fiaba de nada ni nadie, jamás le había enseñado a su hija lo que era la desconfianza. Viviendo como lo hacían allí donde nadie osaba hacerlo, rodeados de naturaleza y peligro animal, sin más humanos que pisaran la zona que el conde Cannif, jamás había tenido la necesidad de decirle a su pequeña que la humanidad no era de fiar. Así pues, en su mundo en el que todos aquellos con los que había tratado eran buenos, asintió, accediendo. -Iremos al río, allí podrás asearte un poco, porque hueles fatal, que lo sepas, y también recoger algunos frutos de los arbustos que lo bordean. Incluso puedo revisar las trampas para peces y ver si hay algo para comer hoy en ellas.- sonrió, levantándose sin más meditar de la silla. Cogió la muñeca foránea y tiró de él para que se incorporara también. -No te deje el bastón que los dos sabemos no soy muy buena guía…- Comentó entre divertida y con cierta vergüenza por haberle estampado antes contra el marco de la puerta del piso de arriba.

Salieron al exterior y dejó que Aren se tomara unos segundos para reconocer la zona que rodeaba la casa, así podía aprenderse las entradas y ventanas, la vegetación que ascendía por las paredes, la zona donde cortaban la leña, incluso le mostró el pequeño taller en el que se remendaban las botas o fabricaban las herramientas. -Nadie nos abastece aquí arriba, así que nos lo tenemos que hacer todo nosotros, desde la ropa a los cubiertos.- Le explicó, sintiéndose orgullosa por ser capaz de hacer todas esas cosas, aprendidas de su padre. -Ven, vamos al río antes de que mi padre regrese de cazar o no nos dejará salir de nuevo.- Aseguró, volviendo a tirar de la mano del chico hacia el bosque. Mantuvo un paso lento e intentó ir indicando cuando había riesgo de tropiezo con alguna raíz o piedra en el trayecto.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Dom Jun 03, 2018 4:06 pm

No pude evitar echarme a reír ante su pregunta, claro que le contaría, porque no era justo que desconociera todo lo que tras esas montañas existía, a veces los adultos tomaban decisiones por nosotros, muchas porque querían protegernos, pero se equivocaban, eramos dueños de nuestros sino y merecedores de elegir como vivir y donde morir.
-No tengo miedo a tu padre, ni a sus amenazas y algo me dice que Höor tampoco, simplemente respeta lo que tu padre le debe haber pedido.

Me reí a carcajadas cuando dijo que no era buena guía y llevando mi diestra al hombro hice una mueca de dolor que le despertó una risita traviesa.
Afiancé el bastón con la diestra y empecé a caminar hacia el exterior, ella dejaba que me acostumbrara al terreno.
-¿Sabes? Yo crecí en un sitio parecido a este, en las montañas, mi padre era herrero y mi madre cultivaba el campo y cuidaba del ganado. Este sitio huele como mi hogar, y tiene sus desniveles -bromeé ensanchando la sonrisa. Yo vivía en una aldea que Randulf redució a cenizas.

La chica parecía interesada en mis historias y durante todo el camino no dejó de hacer preguntas mientras nuestros dedos se enlazaban como si diéramos un paseo pues el bastón me era mas que suficiente guía.
Toamos asiento frente al rio, ella había traído una cesta con algo de queso, fruta y aunque faltaba hidromiel me las arreglaría con el agua.
-Gracias -le dieje cuando me pasó uno de los panes y un pedazo que queso. -fuera de aquí el norte se bate en una encarnizada guerra. Höor, mi padre, es el líder de una fracción rebelde que aguanta en pie protegiendo a las aldeas contra Randulf, el rey tirano que pretende doblegar el norte bajo su yugo.
Como puedes entender, tu padre solo busca protegerte del mismo Hel.

Di un mordisco al queso y otro al pan masticando mientras escuchaba a la joven hacerme mas preguntas sin parar.
-Busco venganza, Randulf mató a mi padre, a mi madre, a los míos y voy a matarlo con mis propias manos.




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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Lun Jun 04, 2018 9:40 am

Una vez en el río, se acomodaron a la orilla y Siriana sacó algo de comida. Primero quería escuchar más historias de las que le podía contar Aren y ya luego se dedicaría a revisar las trampas para peces. Ella vivía aislada del mundo y no conocía la guerra, el sufrimiento o la tiranía. -¿Quién es Randulf?- Cuestionó, ladeando la cabeza. Obviamente, ella no sabía sus orígenes, para ella Bran era su verdadero padre y jamás sospechó de lo contrario. Su madre murió al dar a luz, algo en lo que su progenitor había insistido mucho era en que aquello era común y no debía culparse. Lo que desconocía era que había sido concebida durante una violación, una que significaba que la joven era descendiente de aquel a quien el muchacho tanto odiaba. Mas ninguno de los dos era consciente de aquella realidad, ni lo serían si los dos únicos conocedores de la verdad, podían evitarlo.

Cogió un trozo de queso y con los dientes comenzó a rasgar la piel ligeramente endurecida. Le gustaba roer y muchas veces hacía cosas extrañas con la comida. Cuando terminó de pelar el pedazo, se dedicó a mordisquear el interior cremoso poco a poco. -¿Qué es un tirano?- Preguntó entonces, desconcertando al pobre ciego que, seguramente, debía creer que la morena e andaba tomando el pelo. Mas era sincera, cuando no comprendía algo lo decía, así le habían enseñado Höor y su padre que se hacían las cosas, estudiando, inquiriendo y observando. Bebió un poco de agua al aguardar la explicación, limpiándose las manos en el pantalón, porque ellos no usaban servilletas ni nada parecido, sus dedos siempre andaban sucios por las tareas que ocupaban su tiempo y se aseaban con agua y usando las telas de sus vestiduras sin demasiado pudor. Sólo tiraban de jabón cuando se tomaban un rato para llenar la tina de madera con agua y la calentaban, algo que hacían una vez a la semana.

Mientras, atentamente, seguía con las aventuras del hijo del conde, algo se movió a sus espaldas y el muchacho enseguida asió su bastón. Siriana giró en dirección al sonido y una sonrisa se dibujó en sus labios, mientras con la diestra acariciaba la muñeca foránea para que se relajara. -Es mi amigo Mic, no es peligroso.- Gateó hasta los matorrales de donde asomaba una peluda cola y coló la zurda o las ramas, sacándola a continuación con la traviesa y curiosa criatura subida en la palma. Llevaba un par de bellotas en sus diminutas manos y se las tendió a su compañera. [color=#f5b37a]-¿Son para mí? ¿En son de paz?-[color] Bromeó, recordando la pelea que tuvieran anteriormente y se sentó de nuevo junto a Aren. -Es una ardilla.- Acarició al animal entre sus diminutas y puntiagudas orejas. -Mic, este es Aren.- Estiró ambos brazos, dejando que los dos se conocieran un poco, aunque el roedor no dudó en darle la espalda y cosquillear con su suave plumero rojizo la nariz del muchacho.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Miér Jun 20, 2018 3:57 am

¿Que es ser un tirano? ¿y quien es Randulf?
Esa mujer parecía vivir en otro mundo, si bien era cierto estaba aislada en los fiordos, no era menos cierto que formaba parte de este mundo, del norte y conocer como estaba estructurado era esencial si algún día ese hijo de puta asolaba este lugar.
-Randulf es el rey del norte, es imposible no conocerlo, comanda desde su trono un ejercito de bestias inmundas, de seres sobrenaturales que envía a destruir a todo aquel que no se somete a su voluntad.
El norte muere de hambre, sus diezmos son tan elevados que a las familias humildes apenas les queda grano que llevarse a la boca, todos están oprimidos, esa es la definición de un tirano, un hombre que jamas escucha a su pueblo, si no que lo esclaviza a voluntad y lo exprime hasta que no tiene nada que sacar.
Höor, mi padre, se enfrenta a este, él junto a su ejercito de rebeldes protege el norte

Negué con la cabeza frunciendo el ceño con ese gesto que me caracterizaba cuando las cosas no me gustaban y hablar de ese estreñido de Radulf era algo que sacaba lo peor de mi.
Fue entonces cuando escuché a mis espaldas un ruido, lleve mi diestra al bastón para ponerme en actitud defensiva, sin la chica pájaro luchar era mas complicado pero no permitiría que nada le pasara a Siriana.

Su risa relajó mi cuerpo, al parecer aquel que estuviera a mis espaldas era alguien conocido pues su mano acarició mi mueca para que me calmara y me dejara caer al suelo de nuevo mientras ahora era ella la que abandonaba la orilla del rio para regresar con un pequeño bicho, una ardilla con la que ¿hablaba?
-¿es una cambiante? Pregunté arrugando la nariz al sentir que me hacia cosquillas con su cola en esta.

A lo largo de mi vida había conocido bastantes cambiantes, así como licanos y oras bestias, así que digamos no era para mi tan extraño que los humanos hablaran con lo animales, no al menos si era eso, una cambiante de las que abundaban por el norte.
-¿quieres? -pregunté toando uno de los frutos secos que Siriana había preparado en la cesta hacia el animal para que lo cogiera entre sus manos.

Me dejé caer hacía atrás con el estomago lleno relamiendome los labios.
-Aquí eso de tabernas donde beber y bailar como que no ¿verdad? -pregunté divertido -han salido ya las estrellas? Andaba algo desubicado obre en que momento del día estábamos pues al no tener la rutina de Akershus no sabía mas allá de por la temperatura en que momento del día estábamos.
De estar fuera le preguntaría por aquellas que servían para guiarnos, con eso mas o menos podría ubicarme para saber hacía donde tenía que largarme llegado el momento.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Miér Jun 20, 2018 6:18 am

La ardilla tomó el fruto seco que le había ofrecido el muchacho y trepó a toda prisa por el brazo de Siriana hasta ocultarse entre los mechones de su largo cabello. -¿Una cambiante? No sé lo que quieres decir con eso… pero Mic es un macho.- Aseguró con una sonrisa, mientras el roedor hacía ruidos al masticar la avellana con sus salientes paletillas afiladas. -Mic es una ardilla, ¿no sabes lo que es una ardilla?- Ladeó la cabeza, porque le extrañaba, su padre le había contado que había muchas como esas por todo el mundo, aunque un tanto diferentes, algunas más pequeñas, otras más grandes, grises, rojizas, de orejas redondeadas y puntiagudas. Pero tal vez por culpa de ese tirano llamado Randulf, no hubiera roedores en Akershus. Sabía bien que su amigo era bastante asustadizo, así que la cosa tenía bastante lógica.

Observó al joven tumbado en el suelo, estirando los brazos como si pretendiera con ese simple gesto alcanzar el firmamento. -Está a punto de atardecer, el sol ya está tornándose rojizo y dejar atrás su dorado intenso.- Hundió los dedos de su zurda en el pelo, sacando al pequeño animal y decidió recostarse junto al chico, con la ardilla paseándose por su vientre con pequeños pasos y saltos. -No sé lo que es una taberna, pero mi padre bebe en casa y yo bailo en cualquier parte. ¿Has escuchado cantar a la naturaleza? Al bosque en su conjunto… El crujir de las ramas, el silbar de las hojas al viento, los pasos y saltos de los animales, el piar de las aves, el rugir de los felinos y el aullar de los lobos.- Sonrió, cerrando los ojos, concentrándose en aquello de lo que hablaban. -El sonido del río arrastrando pequeñas rocas, el del corzo al cruzar sus aguas... Nuestras respiraciones y el acelerado latido del corazón de Mic…-

Estirados como estaban, despegó de nuevo los párpados y giró la cabeza, observando así el perfil de Aren que parecía estar pensando en algo. -Me encanta vivir aquí, no me malinterpretes… Pero siento que a pesar de lo grande que es esto, yo sigo encerrada.- Suspiró, desviando la mirada hacia su propia mano que jugaba con las briznas de hierba, intentando enredar en ellas sus dedos. -Mi padre se empeña en decir que es una fase, que se me pasará… ¿pero cuánto tiempo puede durar una fase de esas? Porque yo llevo años sintiéndome así, deseando escapar de esta vida tranquila, de la soledad de no poder conocer a nadie. Quiero mucho a Bran, pero no es justo que me tenga así, ajena a la realidad.- Alzó de nuevo la vista al rostro foráneo. -Llevas aquí menos de un día y he aprendido que fuera hay un tirano, que el mundo está en guerra, que la gente sufre y muere de hambre… Mientras yo sigo aquí, ignorante.- Muchos agradecerían esa ignorancia, vivir en un mundo en el que todo funciona bien, en el que no hay problemas graves como los mutantes o las plagas. Pero ella no se sentía así, Siriana deseaba formar parte de algo tangible, de algo real. ¿Cómo se podía apreciar lo bueno de la vida, sin conocer ni una pizca de lo malo?


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Lun Jul 09, 2018 1:02 pm

La joven norteña se dejó caer a mi lado, el olor a flores silvestres y a grosellas era empujado por el viento junto al de la hierba fresca, ladeé la sonrisa escuchando los saltos de su mascota correteando por el vientre de Siriana.
-Así que ¿estamos en el ocaso?
Giré la cabeza como si de alguna manera pudiera verla, su voz sonaba melodiosa, dulce casi acompasada con su risa.
-¿Bailas? -pregunté con una ladeada sonrisa -¡bailaras también para mi? -pregunté volviendo a dirigir mi cabeza hacia la cúpula que pronto se llenaría de estrellas – Antes, cuando vivía en la montaña con mi familia me gustaba ir a una una zona del bosque donde corría el rio, escuchaba las cañas moverse, los peces saltar, me gustaba escuchar a las pequeñas aves cantando así como los roedores correr de un lado a otro, luego dejé de tener tiempo para escuchar.

Ahora solo me empujaba la venganza, matar a Randulf era todo cuanto tenia en mi cabeza y si tenia que perder la vida en el intento asumía que así fuera no temía a la muerte, mi linaje me esperaba en el Valhalla, allí donde descansan los valientes para siempre.
-El mundo fuera de estos fiordos no es envidiable, aquí estas segura, con Mic -dije llevando mi diestra hasta la ajena para acariciar sus dedos – créeme, no hay nada fuera de aquí que n osea muerte, guerra y dolor, tu padre te esta protegiendo de un mundo donde la gente muere, desaparece.

Entendía su soledad, comprendía que con su edad tuviera ciertas necesidades, las mismas que yo y mis hermanos podíamos aplacar, no todo era malo ahí afuera, habían risas momentos de caricias, de besos, de bromas con amigos ..todo eso se lo estaba perdiendo y quizás no era justo.
-Cuando ganemos a Randulf, cuando le venza, cuando le de muerte, te doy mi palabra, volveré y te llevaré ante un mundo diferente.

Notaba sus ojos fijos en mi perfil.
-Te llevaré a bailar y a beber a la taberna, al lago a nadar después para que te baje la borrachera, te presentaré a mis hermanos, te mostraré el mundo, peor deja que antes de eso sea uno digno de ver con tus ojos.
Mi llegada podía representar para ella una bocanada de aire fresco, entendía que por su cabeza se pasara la idea de venirse conmigo peor el problema era que no quería cargar con la idea de que lago le pasara, de una nueva muerte a mis espaldas.
-Todos los que se acercan a mi acaban muertos, mi sino no es una vida clama, vivo en guerra Siriana.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Lun Jul 09, 2018 4:43 pm

Rio cuando le preguntó si bailaría para él, pensando que de hacerlo él no la vería, a no ser que la acompañara en los movimientos, que danzara con ella. Pero aunque lo pensó, no lo dijo, creyendo que podía sonar mal y no quería que el único amigo que había hecho, se enfadara con ella.

Podía sentir el dolor en las palabras del muchacho, el rencor que éstas guardaban. Comprendía lo que le estaba diciendo, que, al igual que su padre, intentaba protegerla. Pero Siriana seguía sin verlo justo, no por una niñería, no porque deseara conocer mundo como lo haría una princesa encerrada en una torre. Sí, ese era su sueño, aquel con el que llevaba empeñada años, pero ahora que sabía la verdad… que era consciente de lo que ocurría fuera, aún consideraba más cruel el mantenerse alejada. -Dime, Aren... ¿Por qué tengo yo derecho a vivir aquí, alejada de todo mal, mientras el mundo sufre?- Sus orbes desviaron la mirada de nuevo al cielo, que comenzaba a oscurecerse poco a poco. -¿Quién ha decidido que yo me salve mientras otros mueren por proteger su hogar y su gente?- Giró un poco la mano hasta apretar suavemente la ajena. -¿Qué derecho tendré a ver un mundo mejor, si no he movido un dedo por cuidar de él?- Le miró de nuevo, de soslayo. Tal vez ella le daba demasiadas vueltas a las cosas, pero cuando uno se pasaba la vida a solas, aprendía a entretenerse pensando.

Suspiró, aflojando el agarre en la mano del chico. La ardilla dio un par de saltos hasta situarse en el pecho de la joven y sacándose una avellana de la mejilla, se la tendió a su mejor amiga. Siriana sonrió, olvidando por un instante la seriedad de lo que estaban hablando. -No, gracias, Mic, no tengo hambre.- Llevó la otra mano a acariciar la pequeña cabeza del animal y éste hizo ruidos de los suyos como si le contara algo. -Estoy bien, no te preocupes.- Aseguró, queriendo tranquilizar al roedor, al tiempo en que se incorporaba para quedar sentada sobre la hierba. -Deberíamos volver a casa o mi padre saldrá a darnos caza... Y sé que no le temes, pero no te recomiendo enfadarle.- Sugirió, alzándose y sacudiéndose las ropas para que cayeran los restos de tierra y hierba, mientras el pequeño esquirol subía hasta colocarse sobre el hombro de la muchacha. La de cabellos castaños giró sobre los talones y le tendió la mano al joven Cannif, tocándole suavemente con ella para que supiera lo que hacía. -Vamos, recojamos y regresemos. Seguro que trae una buena pieza de caza. Reconozco que el queso está bueno, pero prefiero un buen trozo de carne de corzo asada, ¿tú no?- Rio brevemente, mientras ayudaba al moreno a levantarse.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Aren Cannif el Mar Jul 31, 2018 10:27 am

No la veía, mas no era necesario porque la tristeza era fácil de interpretar a través de las palabras. No iba a restarle razón, tenia derecho a conocer el mundo que le había sido negado aunque estuviera plagado de monstruos.
Su mano había atrapado la mía, se sentía cálida la caricia, manos suaves, no echas a las armas o quizás si ¿arco?
Ladeé la sonrisa con cierta diversión, seguro que leal si que percibió como mis labios se curvaron.
-Es pronto para hacer la guerra, apenas nos conocemos y parece que he creado con mi pasión una pequeña revolucionaría. Todo a su tiempo, yo prometo contarte cosas si tu a cambio...dejas de asustarme con la idea de que estas pensando en fugarte conmigo.

Ambos acabamos riéndonos, la ardilla correteaba por encima de ella y al final, me puse en pie aceptando su mano, no porque las necesitara si no porque no era un maleducado. Como si fuera un invalido tiré mi brazo por encima de su hombro mientras andábamos en busca de ese venado.
-Te contaré un secreto, estoy ciego peor no tullido, puedo andar, puedo luchar, puedo escuchar aunque padre me tome por sordo, lo único que no puedo y mira que lo siento es ver vuestra belleza -apunté guiñándole un ojo.

Me encogí de hombros después de soltarla, no quería que se metiera en problemas por mi culpa, si su padre había decidido protegerla, tendía sus motivos, no parecía un mal hombre, tampoco lo era mi padre, solo que odiaba tomara decisiones pro mi aunque su intención solo fuera protegerme.
-Y ademas de comer aquello que tu padre a cazado ¿que haces aquí para divertirte?

Algo me decía que nada, que allí no había nada que hacer, ni tabernas, ni mas gente con la que tratar.
-¿vino tal vez? -bromeé divertido escuchando de nuevo su risa -bien y después de comer algo -¿y si entrenamos? -pregunté, al menos pasaremos las horas de un modo practico, si algún día pretender pisar aquel mundo que te han privado, tendrás que saber defenderte, luchar, las ardillas no lo harán por ti cuando los monstruos se acerquen -dije poniendo cara de sádico moviendo los dedos con cierta diversión.



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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Siriana el Mar Jul 31, 2018 1:35 pm

El ceño de la muchacha se frunció ante la negativa de Aren a llevarla lejos, a conocer mundo, a descubrir la guerra, una en la que pudiera luchar como cualquiera. La joven no entendía de dobles sentidos, ni se le pasó por la cabeza lo que a su padre le hubiese sonado a escándalo con aquello de “fugarte conmigo”. Ella se sentía rechazada, pero no en un aspecto íntimo, sino como si no la creyera digna de batallar o, al igual que Brant, se empeñara en que estaba hecha de cristal. Giró un poco la cabeza cuando el chico la halagó de aquella manera, piropo que cayó en saco roto, pues ella no sabía lo que era que la agasajaran y no sabía cómo interpretar aquel tipo de cosas. -Pues yo te contaré otro secreto, no me rompo con la brisa de verano. No se me lleva el viento como a una pluma y sé defenderme del ataque de los lobos salvajes.-
 
En cuanto el castaño la soltó, ella se apartó, acelerando un poco el paso. Si tan hábil era con todo excepto con los ojos, sería capaz de apañárselas él solo. Además, seguro era capaz de seguir el sonido de su voz. -Hay muchas maneras de entretenerse aquí. ¿Sabes construir una barcaza? ¿Entretejer unas sandalias de piel, tal vez? ¿Despellejar un oso? ¿Tallar un arma? ¿Cocinar algo que no sea carne en una fogata?- La diversión era algo relativo, el problema era que ella llevaba tantísimos años haciendo todo aquello, que se había convertido en monotonía. Sin embargo, sabía que pocas personas tenían talentos en tantos campos como ella, y todo gracias a la estricta educación de su padre.
 
Se agachó cuando ya llegaban a la casa y cogió una bellota que le tiró a Aren a la cabeza, dándole en toda la frente. -No te veo yo muy preparado para el ataque de las ardillas, así que no te veo peleando con hombres…- Sacó la lengua burlona, porque le había ofendido que la tildara de débil cuando ni siquiera sabía cómo usaba la espada, el arco, las boleadoras o lo buena que era que plantando y ocultando trampas.
 
Al incorporarse y darse la vuelta, se encontró con un Brant de ceño fruncido que con un brazo en jarra y el otro elevado hacia el hombro, de donde colgaba un jabalí. -Ups...- Murmuró la chica, justo cuando el muchacho se chocaba con ella y le recriminaba que no se moviera. -Hola, papá.- Dijo a modo de aviso para el hijo de Höor.


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Re: El reflejo que te devuelve el espejo (privado)

Mensaje por Brant el Sáb Ago 11, 2018 3:22 am

Había salido a ver si cazaba algún animal. No solía poner trampas porque al vivir cerca, los animales no se dejaban caer ya en ellas. Tampoco quería que aquello se convirtiera en una masacre, así que sólo daba muerte a aquello que iban a comerse y utilizar, pues le daban finalidad a todas y cada una de las partes del animal. Le gustaba curtir pieles y su hija sabía hacer pequeñas herramientas con huesos y pezuñas. Los dientes se los llevaba a Akershus y allí se los vendía a una vieja bruja que los usaba para leer el futuro o eso era lo que ella decía. El resto, todo, se comía.
 
Así pues, tras pasar un par de horas fuera, regresó a casa con un jabalí como presa. Lo llevaba recargado sobre el hombro derecho y la espalda. Antes de entrar en su cabaña, escuchó la voz de Siriana y se detuvo, aguardando a su llegada con el ceño fruncido. -¿Dónde habéis estado?- No era que la chica no pudiera salir sola, llevaban ya tantos años allí que se conocía el bosque como la palma de su mano y sabía defenderse. El problema era el joven que la acompañaba. Su hija jamás se había relacionado con nadie que no fuera él mismo o su tío, el conde y la idea de que se codeara con alguien más y, encima, un varón cercano a su edad, no le hacía ninguna gracia. Si no fuera porque se trataba del hijo de Höor, tal vez, incluso le habría matado ya. Pero le debía mucho a ese hombre y gran amigo, y ese era el único motivo por el que el chaval aún conservaba sus piernas. -Siriana, ayúdame a preparar el fuego para asar esta pieza. Aren, ven conmigo, quiero tener una charla contigo. Y mentalizáos ambos, esta tarde entrenaremos juntos.- Lo importante era no dejarlos solos y siempre que pudiera tenerles puesto el ojo encima.
 
Dejó caer el animal en el terreno y, tras sacar un cuchillo bien afilado del caño de la bota, empezó a cortar con cuidado para despellejarlo sin romper el músculo ni exponer los órganos a la intemperie. -Trae también las hojas de parra.- Las usaban para allí dejar la carne antes de cocinarla pues evitaban que ésta tocara el suelo, se contaminara y era mucho más higiénico que usar para lo mismo una sábana.
 
Siriana obedeció y fue a buscar las cosas que su padre le había dicho, pero alerta, con el oído bien afinado y sin hacer casi ruido, intentando escuchar la conversación que los dos hombres mantenían al otro lado de la casa.


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