Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Alec Windsor el Vie Mayo 11, 2018 12:24 pm


Londres. Palacio de Buckingham .- 12 días tras la coronación.

La primera regla: jamás confíes en nadie que no hayas creado tú mismo. Era una de las primeras cosas que Alec había aprendido de niño y ahora estaba empezando a pasarle factura ese tipo de creencias. Desde siempre había tenido claro que su especie era lo más parecido a la divinidad que tenía, pero ahora estaba no solo seguro, sino que además empezaba a pensar que eran la única especia que había sido dotada de cerebro. Su visita a Paris había sido lo bastante fructífera como para poder pasar a la siguiente fase de su plan, pero para ello necesitaba una puesta en escena completamente diferente a la de Aniett. Con ella todo había sido descubrir su debilidad, ver donde estaba su punto flaco y explotarlo para presionar, pero ahora se trataba de su propio punto débil. O por lo menos dar a entender dónde estaba un punto débil. Aunque no tenía que ser precisamente el suyo. Nunca había entendido porque en la antigüedad se le dio tan poca importancia al teatro, era el lugar perfecto para aprender a mentir. ¿Qué era la política si no? Un gran escenario donde cada uno interpretaba su papel de una manera concreta con el objetivo de sacar partido. Por suerte, ahora tenía la oportunidad de empezar a desplegar sus hilos a diestro y siniestro. Debía darle las gracias a Aniett, ella en parte había motivado su siguiente acción con sus palabras su sutil falta de encanto. Debería haberle hecho algún regalo antes de irse.

Termino de escribir las notas que necesitaba, todo listo para que la acción tuviese lugar como debía. Las cartas iban dirigidas a sus jinetes, obviamente. Como la propia regla número uno decía, solo podía confiar en ellos. No obstante, Alec tampoco olvidaría la segunda regla: confías en ellos porque conoces su naturaleza mejor que ellos. Alec conocía a su guardia de manada mejor que a nadie, sabía cómo reaccionarían y como pensarían en base a su plan. Y precisamente contaba con ello. Entrego la última carta a su espía y dejo que se marchase. Era uno de los pocos agentes de Alec de los que nadie tenía conocimiento, ni si quiera Tiaret. Confiaba en su alumna más que en cualquier otro jinete, pero el rey tenía que tener algunos secretos solo para él, incluso para la que consideraba la mujer más hermosa del mundo. Cuando su agente se marchó hizo sonar la campa del servicio y un mayordomo no tardó en llegar allí directamente. – Quiero el salón verde de reuniones despejado y listo para usar en quince minutos. Y que alguien avise a la reina, mi esposa, de que se reúna conmigo allí. – El mayordomo hizo una reverencia y se marchó. Ya nadie se cuestionaba quien daba las órdenes en palacio. Que su mujer hubiese despedido a la mitad de la plantilla en su criba por quitarse a unos cuantos espías de encima había ayudado a que todos los que quedaban hubiesen intentado cobijarse debajo del ala del rey para tener cierta seguridad. Admitía que el movimiento de Lena había sido inteligente ahí, pero incompleto. Cierto, los nuevos le tenían devoción absoluta, pero eso solo suponía la mitad del servicio. Ergo, estaba igual que al principio.

El salón verde era una de las muchas salas de reuniones del palacio. Bien decorada pero sencilla, ocupaba la esquina noroeste de palacio. No era la más grande, apenas tenía unos veinte metros cuadrados, pero cumplía su función lo bastante para lo que tenía planeado. Godric fue el primero en llegar y se colocó al margen, uno de los laterales de la sala. Siempre permanecía en silencio y el rey contaba con ello. En Esta ocasión su papel seria clave si quiera que todo saliese según lo previsto. De lo contrario todo quedaría en una simple escena barata sin ton ni son. Dejo varios documentos encima de la mesa que había en el centro de la sala y esperó. Pronto llegarían los demás y el espectáculo comenzaría. ¿Que sería lo que se rompería primero? Era una cuestión importante ahora, pero todo dependía de que todos estuviesen en su sitio. Era el momento… que se alce el telón.




Gracias!!!:


   
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Re: Arriba el telón [privado]

Mensaje por Gilroy Ralston el Vie Mayo 11, 2018 3:04 pm


Londres. Palacio de Buckingham .- 12 días tras la coronación.
Alec había logrado llegar al trono y yo estaba contento de que hubiera logrado su objetivo. Después de todo, era un gran honor y puesto importante. Desde luego yo seguiría siéndole leal, como había sido desde el principio mucho antes de que tuviera tal puesto. Había pasado poco más de una semana desde que había llegado al poder y sin embargo parecía que lo manejaba bien, al igual que su esposa la verdad.

Una carta llegó a mi poder, era del rey, pidiéndome que me reuniera con él en uno de sus salones de reuniones. Me encontraba en los establos del palacio cuidando de mi caballo. Desde luego que había sirvientes que podían hacer aquella tarea, pero siempre que podía me gustaba hacerlo yo mismo. Era algo que siempre había disfrutado haciendo, aunque no más que montar desde luego. A pesar de estar en la posición que ostentaba actualmente gracias a Alec, no dejaba de ser un tipo humilde después de todo. En realidad, nunca había entendido muy bien a las personas que al alcanzar un poco de poder o dinero se transformaban en imbéciles sin remedio.

Dado que estaba en los establos cuando recibí la carta subí hasta mi cuarto antes de asistir. Me cambié de ropa y me vestí adecuadamente. No era buena idea ir a una reunión así oliendo a estiércol, aunque no habría sido la primera ni la última vez que Alec me veía de esa guisa, y salí raudo hacia el salón indicado en la carta. Para cuando llegué allí uno de los sirvientes me preguntó si quería algo. Sacudí la mano a modo de negativa dejando claro que no tenía interés en tomar nada ahora mismo. No podía negar que seguramente después de la reunión, sobre todo si era intensa, necesitaría una botella de ron o whisky. Pero ahora no era momento para eso. Al entrar me encontré con que era de los primeros, tan solo Alec y Grodric estaban allí. El primero a la cabeza de la mesa, como era de esperar, y el segundo a un lado de la sala, casi invisible si no fuera porque le conocía bien a él y a su olor, como era de esperar también.

Observé a los dos hombres antes de decir ni una palabra. -¿Que puedo hacer por usted, señor?- Pregunté dirigiéndome a Alec. Había mucha confianza entre ambos, por supuesto. Pero siempre me gustaba tratarlo de usted en público, era un claro signo del respeto que le tenía. Aun más ahora que era Rey de Inglaterra. Mientras esperaba su respuesta, algún tipo de orden o simplemente que explicase el plan que podía imaginar que rondaba por su cabeza observaba la mesa que había en el centro de la sala. Estaba llena de papeles, de los cuales aun no sabía su procedencia o el significado que tenían. Pero podía deducir que lo descubriría muy pronto.
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Re: Arriba el telón [privado]

Mensaje por Godric Bantrous el Miér Mayo 16, 2018 7:48 am

¿Desde cuándo se hacían las cosas así? Godric observaba el cadáver con el estómago ligeramente encogido y el corazón apenado. Desde hacía años los lobos habían gozado de total impunidad en las calles de Londres, en parte gracias a su alfa y a él mismo, pero últimamente tenía la impresión de que las cosas se estaban descontrolando. Donde antes su especie era precavida y astuta ahora se estaba volviendo descuidada y poco cortes; y, en su mente, empezaba a preguntarse si no era en parte por culpa suya. Había apoyado los planes de Alec durante años y, por fin, era rey. Sin embargo, su líder y creador no parecía estar dispuesto a conformarse con gobernar una nación grande y poderosa como esta, su ambición era como un pozo sin fondo que podría tragarse a toda la especie antes o después. Cualquiera se preguntaría por que le ayudaba entonces. La respuesta era simple: su trabajo era asegurarse de que Alec conociese sus puntos débiles, no decirle lo que tenía que hacer. Y, aunque le dijese lo que tenía que hacer y él decidiese hacerle caso, ¿de verdad podía asegurar que lo haría mejor? Godric había aprendido con los años que no se podía mirar una acción y asegurar ser mejor que quien la ejecutaba, porque el poder de tomar decisiones nunca era fácil, y ninguna decisión completamente buena. Gloria para unos, desgracia para otros. Que peso debía de suponer algo así.

Se dio la vuelta, ignorando el cadáver mutilado de la prostituta en aquel callejón oscuro. No era de un licántropo, no detectaba ningún olor; sin embargo, no podía descartar que hubiese sido uno de los suyos, pues había algunos capaces de disimular su olor muy bien. En cualquier caso, había tapado el caso como debía, y dejaría que las autoridades humanas siguiesen el curso de investigación protocolario. No podía preocuparse por todos los que morían al día. Un mensajero llego corriendo por la calle del rio, casi sin aliento aunque con la librea de la casa Windsor bien abotonada y limpia, y le entrego una misiva. El rey había convocado una reunión de emergencia, por lo visto su plan continuaba. ¿Qué pretendía hacer ahora? ¿No tenían exactamente lo que querían? En cualquier caso tendría que preguntárselo a él mismo. Subió al caballo y puso rumbo a palacio para llegar a tiempo. Por el camino contemplo Londres ansioso, tenía ganas de desaparecer de allí una temporada, pero por desgracia no se podía controlar un país desde fuera de la capital. La puerta de servicio de palacio estaba abierta para él y dejo al caballo a un criado antes de subir rápidamente hacia el salón verde. La estancia estaba vacía, con excepción de rey claro. ¿Dónde estaba Kargath*? Era su turno de proteger al rey y no estaba allí. – Majestad. – Dijo con una inclinación de cabeza. Durante ciertos momentos siempre se dirigía a él por su título. Nunca se sabía quién podía estar mirando.

No paso mucho tiempo hasta que Gilroy llegó. Estaba presentable y bien vestido, aunque con esa barba seguía pareciendo demasiado escoces para el gusto de muchos. – Buena suerte preguntando. – Dijo cuándo se dirigió a Alec. Si conocía un poco a su antiguo amigo, no diría una palabra hasta que fuese demasiado tarde. Le gustaba el dramatismo y pillar a la gente por sorpresa, sobre todo si conseguía cabrearla en el proceso. – Llevo aquí un rato y no ha levantado la vista de la mesa. Y ha estado solo desde esta mañana… ¿No os estabais turnando? – A términos estrictos, Godric era lo más parecido a un beta que tenía la manada cuando Sianna Delayne no estaba presente; y no podía creerse que un jinete hubiese ignorado sus deberes y otro hubiese desaparecido en una bomba de humo. En cualquier caso, Alec no parecía preocupado en absoluto. Aunque claro, él nunca lo estaba; su arrogancia podía ser excesiva, y eso podía acabar matándole.  
*Kargath: nombre provisional del jinete de la muerte
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Re: Arriba el telón [privado]

Mensaje por Lena Windsor el Miér Mayo 16, 2018 10:15 am

.-12 días tras la coronación-.




En ausencia de su esposo el rey, la reina aprovechó los que imaginó serían sus ultimos días para reinar en solitario e hizo unos últimos ajustes en su reinado. Tras la coronación y la boda real, muchos fueron los nobles que se quedaron en la corte unos días más para poder hablar con los reyes. Lena, escuchó las sugerencias de cada uno de sus vasallos y tomando las medidas oportunas, logró ciertos cambios tanto en la vida diaria de palacio, como en el consejo privado del rey. Entre los criados, inclusive sus damas de compañía, hizo una limpieza a consciencia. Todos cuales pudieran ser o fueran sospechosos de espionaje, los alejó del castillo y recomendandolos a otras casas nobles, los sustituyó por personal mejor cualificado y leales a la casa Windsor; en otras palabras, a ella. Por último designó a los restantes consejeros reales, otorgándoles papel de importancia a dos de las casas mas cercanas a su familia y a su padre, pero también y para sorpresa de todos, el último miembro del comité en aceptar el puesto vacante no sería revelado hasta la inauguración de la nueva cambra de los Lores ingleses. Hasta entonces, solo la reina sabría del nombre y la ascendencia del ultimo noble en ocupar asiento en el consejo. Tras aquellas jugadas de su parte, Lena se llevó a su pequeño séquito de damas a pasar una noche en la placida y pequeña mansión a las afueras de Windsor, desde donde podían divisar a la lejanía el castillo y aguardando que aquellos días se hicieran mas llevaderos en la ausencia de su esposo, restó  aquellos días visitando los pueblos y sus gentes.

Tras aquella estadía fugaz a su rincón favorito del castillo, y sus visitas productivas por el reino, regresó a palacio junto con su séquito. Con la esperanza de la llegada inminente del rey, esa noche Lena decidió dormir en los aposentos de Alec. Allí su olor era mas fuerte y con los ojos en la puerta, finalmente desfalleció en la mullida cama. A medianoche le pareció ver movimiento alrededor de ella, no obstante, lo creyó un sueño y volviendo a dormirse enseguida no se dio cuenta de que su esposo había estado allí, hasta su despertar. Al abrir los ojos, lo primero que hizo fue investigar la gran estancia y cayendo en las mudas de ropa que estaban sobre uno de los sillones, su corazón palpitó. El rey había vuelto y sino, solo hacia falta escuchar los ruidos en el castillo de pronto despiertos y apresurados. Levantándose, se dirigió a su propia alcoba donde la vistieron dos de sus damas y enseguida partió en busca de su esposo junto con Tiaret. De todas sus damas, ella era la mas seria y callada; la más taciturna y aquello, lejos de alejar a la reina de ella, solo hacía que le tomase más aprecio. Valoraba mucho los silencios y no empezaría a desvalorarlo ahora. A medio camino, uno de los mayordomos fue a su encuentro y dándole la ubicación donde le esperaba su esposo, encaminó sus pasos directamente hacia el salón de reuniones verde, donde esperaba reencontrarse con él.

A solo una puerta de distancia, la reina procesó cada uno de sus sentimientos mientras cruzaba esa ínfima distancia. Tenía ganas de verlo, se encontraba hasta nerviosa y a la vez eufórica y en cuanto abrieron la puerta ante ella y pasó dentro junto con su acompañante, su sonrisa inmediatamente desapareció de ipso facto de su tez. Alec se encontraba cabizbajo acompañado de sus propios guardas, lo que en ese momento lejos de reconfortarla, le hizo sentir temor, miedo. ¿Estarían en peligro? ¿Que le habría pasado en su ausencia? ¿Para que sería aquella reunión y por qué no la habría despertado a su llegada? ¿A caso... estarían en guerra? Tantas preguntas sin respuestas, que la preocupación enseguida se adueño de ella, haciéndose visible en la clara mirada de sus ojos al mirarle. - Esposo, - Le habló caminando hacia su posición haciendo caso omiso a las miradas de los escoltas con suma preocupación- ¿Estáis bien? ¿Por que no me habéis despertado a vuestra llegada?- A media mesa de llegar a su lado, su mirada recayó en los papeles que había en medio de la mesa frente a ella, donde el rey mantenía la mirada y divisando su apellido en uno, se quedó sin aliento atónita. Detuvo sus pasos y se quedó allí, incapaz de sobrellevar lo que estaba leyendo por encima. - Que es esto, Alec? - preguntó con voz teñida de hielo. No solo estaba su nombre escrito junto con su apellido, sino también había otro nombre muy conocido por ella. Eso no pintaba nada bien.



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