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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

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Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Cinder Grimm el Vie Mayo 11, 2018 3:11 pm

Charles se marchó de esa manera atropellada, dejando a la licantropa algo contrariada y sin poder replicar nada, pero tampoco había por qué, fue entonces cuando meditó realmente lo que había pedido, se había precipitado, por suerte la salida precipitada de Charles fue un punto a favor, pero una vez que se pasó la luna llena, aquel hombre endemoniado que servía a Charles se puso serio, indicandole como se tenía que portar. Los siguientes dos meses habían sido infernales con ordenes de "sientate bien, ponte recta, no te encorbes, asi no se anda, asi no se come, asi no se bebe, eso no se hace, eso no se dice" la verdad es que le sorprendió que Alfred no saliera corriendo de las veces que pudo oir los gruñidos sobrenaturales, o los ojos amarillos de la loba fulminandole con la mirada y en una amplia indicación de que la loba perdia estribos.
Más había que admitir que era motivo para aplaudir a ese mayordomo que no huyera rapidamente cuando la loba empezaba a gruñir. Más mantubo la compostura y siguió aleccionando a la mujer a como debería presentarse, y lo fue consiguiendo poco a poco, aunque la bestia seguia escondida debajo de esa piel de chica que a veces parecía hasta dulce.


Más tres meses con Charles fuera y la loba se había hecho con el negocio y se podría encargar de los negocios y le había ido bastante bien, había celebrado alguna cacería que otra pero ahora le tocaba a ella moverse y tratar con uno de los clientes, era un hombre que rondaba los 40 años, grande, atractivo, y muy sadico, y había citado a Cinder para hablar de negocios en ese encuentro. Adenas se había vuelto especialmente insistente en quedar con la loba para dar detalles del negocio, asi que aprovechó el momento para huir de ese mayordomo que le recordaba más a un general que alguien que se supone que tiene la obligación de servirte, aunque claro, se sentía también bastante incomoda cuando la servían, no solo por las reprimendas que con los meses se fueron haciendo más leves, salvo cuando volvía de las lunas llenas que el mayordomo conoció rapidamente por que no molestarla cuando estaba tan alterada por la influencia de la dama de planta.


Ahora llegaba al negocio del hombre, que observó con cara agradada el aspecto que Cinder presentaba, tan acicalada pareciendo una dama mucho más de alta sociedad. -Buenos dias señor Chrestof, ¿como está?- Preguntó la loba sonriendo de manera sutil mientras se sentaba en el comercio del hombre, que poco tardó en descubrir el alto nivel de testosterona que desprendia desde que ella entró por la puerta. -Bien gracias madame, deseando hacer negocios con usted.- Dijo en un no muy sutil tono de coqueteo, mientras Cinder se limitaba a sonreir y jugar con un mechon de su pelo.  -Usted dira que intenciones tienes..- Sonrió la loba, mientras el hombre se levantaba. -¿Por que no negociamos los precios en la terraza de la cafetería de enfrente?- Aseguró el hombre insistiendo para salir e ir a la terraza, la loba se sienta ahí pidiendo un café mientras tenía el hombre frente a ella. -Bien querida...supongo que podriamos llegar a un acuerdo.- Dijo sacando su sonrisa más seductora, Cinder enarcó la ceja observandole mientras ladeaba la cabeza notando como ligaba con ella sonriendo y dejando que lo hiciera. -Que linda sonrisa...desde luego tienen gustos para que sea usted quien atienda a los clientes...- Rió acariciando un mechon del oscuro pelo de la loba atreviendose incluso a poner la mano en la pierna de la licántropa, con ese aire coqueto que arrastraba el hombre.


Última edición por Cinder Grimm el Sáb Mayo 19, 2018 3:58 pm, editado 2 veces



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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Charles Moncrieff el Vie Mayo 11, 2018 5:58 pm

"No matter what we breed
We still are made of greed,
This is mi kingdom come
THIS IS MY KINGDOM COME!."

París, Francia. Tres meses después.

El carruaje avanza a toda velocidad, sin posibilidad de darles a los caballos un poco de respiro hasta llegar al destino acordado, cambiar el equipaje a otro vehículo y continuar adelante. Así fue en cuatro lugares en particular, elegidos estratégicamente para llegar pronto, porque Charles arde en deseos de ver a Cinder tras todos estos días, no es una sorpresa que haya tenido muchas mujeres en todo este tiempo, más ninguna le ha podido quitar de la mente a esa licántropa. Ni siquiera las más hermosas y voluptuosas. La siente adherida a la piel, se excusa diciendo que es porque con ella puede practicar todas las artes más decadentes y lujuriosas y lo permitirá.

Subyugar ese poder brutal de la licántropa, del lobo encarnado en el cuerpo de una mujer hermosa, es para él toda una obsesión. Puede saborear sus gritos, esos alaridos que brindaba de placer y dolor simultáneo en tanto Charles se perdía en esa cavidad anal y mordía su hombro. La cabeza se le sacude de derecha a izquierda exterminando esos deseos que le ponen más duro si cabe, el pene. No le avisó de su llegada más que a Alfred, así que será sorpresa para ella. Quiere ver cómo se desenvuelve, le han dado buenas referencias, buenas calificaciones, que aprende rápido, que lleva bien el negocio, que está ganando bastante dinero. Eso le gusta, cuando elige a un socio, espera de él eso y más.

Ahora va a apretar las cuerdas. En el instante en que llegan, ni siquiera espera a que le abran la puerta. Uno de los pajes se apresura a ayudarlo con el gran manto que le cubre encima del traje negro con la banda azul como símbolo de su nueva realidad. Avanza con rapidez en el interior de lo que es su propio negocio hasta llegar a la puerta donde sabe que está Cinder. El paje abre la puerta para dejar entrar a un Charles con una sonrisa de soberbia en sus labios con la vestimenta propia de su estado de nobleza cuando se queda paralizado al ver al hombre que sujeta uno de los mechones de cabello de su hembra.

Y no obstante con eso, le acaricia la pierna. Charles aspira profundo, cierra los ojos un instante porque si está ahí y ella está vestida como lo hace, seguro que es un cliente. No debiera hacer un escándalo porque -y ahí se detiene- por supuesto, es su negocio, es su dinero el que perderá, todavía no le dijo nada a Cinder. Así que con esa sabiduría, carraspea acercándose con paso egocéntrico y altivo hasta el caballero mirando al paje que de inmediato se acerca - Vuestra Gracia, Lord Charles Moncrieff, Duque de Devonshire, Inglaterra - anuncia el joven con una voz que pareciera que le apretaron los testículos de tan alta y suave que ese escucha al tiempo que hace una reverencia ante Charles que mira al hombre que no sabe qué hacer.

El ahora duque, se lo pone fácil - Le sugeriría que se largara de mi vista antes de que le corte las manos por estar con una de mis mujeres - susurra mientras se desprende del sombrero de copa y el paje le quita el abrigo dejando notar que no es gordura lo que se aprecia a simple vista, si no músculos. Unos hombros anchos, un tórax firme, abdomen plano, algo que en un noble es poco común, acostumbrados a no hacer mucho y sí comer más. - En cuanto termine de quitarme los guantes, si sigues aquí idiota, me debatiré entre cortarte los testículos o llamar a mis perros de cacería para que te den alcance, tú decides - le tutea con esa arrogancia y soberbia de la que sólo Charles es capaz.

De reojo mira a Cinder - ya hablaremos después tú y yo a solas - reafirma señalándola con el dedo. Todo en su atuendo grita calidad, opulencia, elegancia, dinero. Sí, dinero y poder. Dos elementos que a Charles encantan y pareciera que ahora que es duque, los aprovecha sin dudar. - ¿Todavía no te largas, hijo de puta? - brama iracundo al regresar la mirada y ver que el hombre seguía en el mismo sitio, más ahora con el grito, sale corriendo con la cola entre las patas volteando a mirar a Cinder y al inglés una y otra vez. En cuanto desaparece, Charles termina de quitarse los guantes para acercar a Cinder tomando su cintura hasta su cuerpo - Te extrañé - susurra comiéndole la boca de una, sin control, apasionado, salvaje, posesivo - Extrañé tus curvas y tus gritos pidiéndome que pare - se corrige un poco más tarde.




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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Cinder Grimm el Sáb Mayo 12, 2018 9:09 am

Cinder mantenía la ceja alzada mientras notaba el tacto del hombre sobre su pierna a la vez de que acariciaban su pelo, le hacía gracia el intento de coqueteo que se traía el hombre con ella, siempre era un alago ademas ahora que se veía obligada a salir más arreglada a la calle, en vez de con su aspecto más salvaje, eso lo dejaba para su tiempo libre el seguir pareciendo una dama encantadora y dulce que no era tan rica, la verdad que el encuentro con Charles había mejorado mucho su estatus social, eso era algo idnscutible, más tres meses con este ausente igual la loba estaba dejando a ese hombre tomarse alguna que otra libertad que estaba de más y simplemente dejandose querer para su divertimento unica y exclusivamente.
Más sus ojos se abrieron con cierta sorpresa cuando el aroma llegaba a sus fosas nasales, ese olor que tan bien tenía memorizado, lo tenía clavado a fuego en ella, lo reconocería en cualquier parte, despues de tres meses, el caballero inglés había regresado, despues de haberse ido tras el torrido encuentro, no sabía ni por qué ni a donde, ni siquiera ese petulante mayordomo la había dicho nada.


Los oscuros ojos de la loba se desviaron mirando con suma sorpresa la figura de Charles, que pudo oler como su humor estaba turbio en ese instante,  aunque antes de que el hombre se percatara de que miraba la loba un paje anunciaba quien se aproximaba, Cinder estaba algo despistada por ello, ladeando la cabeza con cierta confusión de a que venía tanto protocologo, miró como Charles se acercaba y con que ligereza amenazó al cliente, más enarcó mucho sus cejas cuando en esa amenaza hubo la pronunciacion "mis mujeres" eso hizo que la loba apunto estuviera de gruñir, pero no lo hizo, había que mantener los modales impoluto, y no era momento ni lugar.


El cliente miraba a Charles sin dar credito a que clase de hombre de tan riqueza tenía delante, y como debajo de esos abultados ropajes no es que estuviera gordo, más bien tenia un fisico envidiable, propio de un guerrero y no de alguien que estuviera comiendo, durmiendo o follando, según lo que tocara en ese momento. Pero Charles era completamente diferente, más la licántropa tuvo que aguantarse la risa contemplando como su cliente estaba palido y mirando a Charles que se desvestía con el paje de voz de pito recogiendo los ropajes mientras el inglés señalo a Cinder que sonrió alzando las manos a modo rendición cuando Charles le asegura una charla entre ellos dos, de manera que a la licántropa se le escapa una risita traviesa mientras le mira.


Charles le rugé al hombre que se levanta a toda prisa mirandole con cara susto para volver apresuradamente de vuelta a su negocio mirandoles con cara de susto. Cinder se rie divertida diciendole adios con la mano antes de girarse a su inglés preferido. Más sonrie de una manera mas suave cuando este asegura que la había echado de menos, le sigue el beso de manera pasional acariciando sus mejillas con suavidad mientras devora sus labios hambrienta de él notandose que extrañaba esos besos violentos que el duque sabía dar, más cuando corrige esa frase la loba gruñe contra sus labios. -Ya se que te has tirado esta ausencia pensando en mí y auto satisfacciendote recordando ese juego peligroso.- Dijo de la forma más fina posible mientras se daba importancia asi misma. -Asi que me abandonastes por mas dinero, debería morderte por eso, egocentrico pomposo.- Dijo en un tono burlon y divertido.


Sacó la lengua divertida mientras ladeaba la cabeza observandole de arriba a abajo ticandole la nariz con descaro mientras se acomodaba en su silla. -¿Que es eso de ser una de tus mujeres? no recuerdo ser la propiedad privada de nadie.- Recrimina divertida, no sin remarcar un tono de ego grande, mientras juega con un mechon de su pelo suave y sedoso, mientras ensancha con malicia la sonrisa esperando que el inglés se empiece a explicarse, aunque si que le daba la curiosidad de por que salio tan a prisa. -Por cierto...ese hombre al que has espantado es un buen cliente, es sadico y lleva ya gastado en nosotros un buen dinero, con lo ultimo que se gastó me dio para auto regalarme este vestido como premio...¿te gusta?- Se rie maliciosamente.



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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Charles Moncrieff el Dom Mayo 13, 2018 8:55 am

En cuanto el duque mueve la mano en un gesto significativo, el paje se retira en total silencio dándole la privacidad que requiere para estar con la mujer que eligió como socia. El olor de Cinder llega a sus fosas nasales cuando pasea su nariz por el cuello de la fémina en tanto sus manos dejan de estar ociosas recorriendo las curvas de sus caderas, elevándose la diestra hasta su nuca y la siniestra se cuela en su redondo y gordo trasero sujetándolo con firmeza por encima de las enaguas. Aprueba el olor a perfumes sofisticados, la clase que puede ya verse en ella, producto de tantas y tantas lecciones que en su satisfacción, la licántropa ha aprendido a pasos agigantados. Pronto podrá pasear con ella del brazo sin que nadie la juzgue o la señale, porque si alguien se atreviese, Charles sería capaz de cortar los dedos del atrevido.

Las palabras de la licántropa son correspondidas con un alzar y bajar de hombros en un gesto que le quita la importancia. Sí, se ha tirado a cuanta hija de sociedad ha encontrado en el camino. Ha tenido sexo a montones, más no del calibre del que tuvo con la licántropa. Por eso volvía con ella, esa era la razón del por qué la tomaba tan posesivo, porque sabe que logrará encontrar nuevas cotas de satisfacción y de locura sexual. Está ansioso por volver a su hogar y demostrarle cuánto la extrañó, cuál es su necesidad por ella que va lento, en estos tres meses, convirtiéndose en una obsesión desquiciada que al propio Charles sorprende por la intensidad más se relaja pensando que es por su condición sobrenatural que le permite golpear, dañar, sangrar y degustar ese cuerpo firme y atlético hasta el hartazgo.

Para alguien tan analítico como el inglés, es indispensable poner razones del por qué su anhelo por Cinder. Del por qué se siente como hoy, tan nervioso de verla que presionó a todos para por fin, tenerla entre los brazos. Los sentimientos no intervienen aquí. Es incorrecto pensar que pueda albergar algo respecto de esta mujer por más telegramas que le llegaran indicando lo bien que lleva el negocio y los avances que tiene respecto de su educación. En su vida no hubo mujer que le hiciera desear mantenerla consigo más tiempo del necesario y eso era una noche, quizá dos si el sexo fue bueno como pueden dar fe las mujeres de Londres que pasaron por su lecho. Así es el cínico de Charles, quien ahora que detenta un cargo de realeza, se torna más y más brutal. La megalomanía es su mayor defecto. Siendo Duque, la esgrima como si fuera su espada corriente.

La carcajada resuena por toda la habitación cuando ella le "reclama" su ausencia. Por respuesta, un mordisco se marca en el cuello dejando el hundimiento propio de quien apretó hasta casi sangrar, una herida que ella sanará de inmediato para su satisfacción y la necesidad por hacerle más y más daño. - ¿Lo siento? - su voz suena burlona en tanto la observa con sonrisa de lado - no veo que te quejes con tus nuevas adquisiciones monetarias. Sé que el negocio va viento en popa gracias a tus esfuerzos, lo cual te celebro y reconozco, Cinder - le da una buena palmada en ese culo gordo que tanto le enloquece.

La toma por la cintura levantándola con la facilidad que le da el entrenamiento de estos tres meses. Si antes estaba su cuerpo marcado, ahora se nota que los músculos se han desarrollado al máximo. Señal de cuánto estuvo fuera intentando olvidar que estaba la fémina a escasos días de distancia y que los encuentros carnales no fueron del todo satisfactorios. No al grado en que ella se los proporciona. Toma asiento en una de las sillas colocando a la fémina en su regazo escuchando su voz, mirando su rostro arreglado, maquillado, con ese peinado alto que le remarca las facciones dándole un estatus social que al inglés le agrada. Así es como su hembra tiene que ser. - Lo eres. Eres una de mis mujeres. ¿Acaso vais a negarlo cuando sé que ansías repetir la experiencia de la última y única vez que estuvimos juntos? - su ego es gigante y con estas palabras reafirma su marca de posesión hacia la loba - sé que me anhelas, que tu cuerpo por más amantes que tuviera en mi ausencia, exige tener otro encuentro con el mío, con este mortal que te hace ver estrellas y gritar haciendo que hasta olvides tu apellido - susurra contra su oreja en tanto una mano se hunde entre las enaguas para acariciar sus muslos como lo hiciera antes el otro tipo.

El típico gesto Moncrieff es la respuesta a sus palabras respecto del cliente, gruñe mostrando los dientes apretados antes de sacudir la cabeza de derecha a izquierda - el gastar dinero en el negocio no le da derecho a tocar lo que es mío. Y tú deberías saber que es inapropiado mezclar los negocios con el placer, si tanto quieres tirártelo, hazlo lejos de aquí - le levanta para dejarla sobre la silla en tanto él se incorpora para ir a tomar la botella de vino, una copa limpia y servirse una abundante cantidad del licor. Bebe con movimientos mucho más refinados, denotando que él también pulió sus modales durante su ausencia. Sus espaldas anchas se marcan contra la levita - sin embargo, va a ser tu decisión. De ahora en adelante, tú decides qué hacer con los clientes - observa la copa en silencio antes de empezar a hablar.

Tiene todo planeado como es su costumbre - he decidido que no será bien visto que un Duque de tal linaje como el mío tenga un negocio como éste. Como el dinero que me reditúa es bastante, al ser mi socia y demostrar que lo puedes llevar tan bien sola, te daré el sesenta por ciento de las ganancias, reservándome el cuarenta. Éste, de ahora en adelante, será tu negocio. Te dará para que te compres todos los vestidos negros que quieras y de paso, escalar en la sociedad. Serás rica, sweetheart, muy rica - se recarga contra la mesa colocando el trasero sobre la orilla de la madera con la copa aún jugueteando en tanto quiere ver su reacción - es mi regalo hacia tan bella dama - susurra con arrogancia - una minúscula muestra de cuán asquerosamente rico me he vuelto - su satisfacción es mayor al decir eso. Porque es cierto, nada se compara con los ingresos que Devonshire le proporciona. Ni siquiera un negocio de esta magnitud.




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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Cinder Grimm el Lun Mayo 14, 2018 7:27 pm

La licantropa sonreía, no iba a negar lo que le gustó la manipulación que le dió el humano, mostrando el poder que escondia debajo de esos ropajes aristocratasn, más la loba se mantenía lo suficientemente cerca de él empezando a olfatearle con cierta dedicación, no solo para volver a embriagarse de su aroma si no tambíen intentando que su aroma le de información de lo que hubiera estando haciendo este tiempo de ausencia, una costumbre muy animal. Pero para Charles no le debiera resultar extraño que lo hiciera, por mucho que la refinaran los modales ciertas cosas no las podía evitar, asi como empezar a gruñirle junto a su oido y empujar la mejilla ajena con su propio rostro para que le retire la mirada antes de que burlonamente pidiera perdón y reseñar las nuevas adquisiciones que había tenido la loba, Cinder echó su castaña melena hacia atrás de manera chulesca y se rie.
Se deja coger por él, echaba de menos al inglés y su brusquedad, su falta de modales cuando se lo proponia, mientra escuchaba como afirmaba que era su mujer, o al menos uno de ellas, no iba a mentir, esas palabras la entusiasmaban, sonreía mirandole con cierto egocentrismo. Quiso dar un mordisco jugueton en la oreja de Charles mientras con disimulo su mano rozó la entrepierna de su socio. -Casi no andas muy alejado, estaba tentada de buscar a otro lobo en luna llena para tener otro encuentro.- Bromeó la licántropo, pero despues emitió un gruñído y desvió la mirada. - Pero sí, puede que tengas razón.- Confesó finalmente la joven.


Sonrió cuando a Charles hace alusión a que le da igual lo que ese hombre gastase, quizá se haya llevado una impresión equivocada a lo que realmente podía parecer el encuentro de Cinder con aquel hombre al que Charles había espantado con sus bramidos. Incluso parecía con sus palabras algo celoso, pero pareció que ese comentarío guardaba intentar parecer no molestarle si ella quería acostarse con otro, pero Cinder alzó la ceja sospechando que quizá no era tan asi como él aseguraba, aunque estaba segura que él también había jguado con otros cuerpos femeninos, y más conociendole.
Más la chica se mostró sorprendida con esa frase que hizo al asegurar que ella decidiria que hacer con los clientes, eso hizo que la loba meneara la cabeza. -No no, es solo una estrategia para hacer que se confien, suelen relajarse con un poco de seducción.- Aseguró la loba. -Una aprovecha su encanto.- Asegura la licántropa, mientras deja escapar un suspiro.


Más la loba se quedó sin palabras con lo que comentó de por su cargo dejaría el negocio por no estar bien visto que alguien como él llevara esos negocios, la loba se sintió alagada sin duda. -Hombre esta cosa se lleva con discreción querido o estaríamos detenidos, pero he de decir que tengo un par de clientes de muy alta esfera, incluso uno juraría que alguno tiene cargos muy dispares.- Aseguró la loba mientras sonreía, pero puedo encargarme de esto sin problemas dulzura.- Sonrió y se mordió el labio.- Pero basta de este tema...te echaba mucho de menos querido...¿te has puesto celosito mi dulce predador?- Rió maliciosa mientras fue ahora ella quien se sentó sobre él y le agarró la cara para obligarle a besarle, devorandole, mordiendole el labio inferior y estirando de él, y gruñendo. -¿Que le has echo a esa fulanas blandengues?¿ah? nadie puede superar a esta loba maldito engreido.- Le gruñía pegando su acara contra la mejilla ajena.



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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Charles Moncrieff el Mar Mayo 15, 2018 8:40 am

Estar de regreso en París es lo más cercano a volver a su hogar. Cuando entró a la Mansión Moncrieff de Devonshire fue una impresión enorme. Cierto es que los bienes habían quedado congelados por la Corona que los recogió en su oportunidad tras el deceso de sus padres y la confirmación de sus muertes aunado a la desaparición de los tres jóvenes, pocos fueron los argumentos que impidieron que los emisarios reales confiscaran todo para mantenerlo a buen resguardo. En más de veintidós años, nadie hizo uso del inmueble más allá de asearlo de forma anual. Aún sus pasos marcaron huella en el pasillo central de lo descuidado que todo estaba. Y su recámara cuando niño seguía como en sus recuerdos.

Sacude la cabeza de derecha a izquierda alejando esos sentimientos que le calaron tan hondo. Tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para evadir a las lágrimas que amenazaban con escaparse cuando entró a la habitación de su hermana pequeña. Sus recuerdos pasan a segundo plano en el instante en que Cinder menciona que usa su encanto para convencer a los clientes. Los ojos se entrecierran sumándose el típico gesto Moncrieff antes de gruñir molesto. Toma asiento en la silla frente al escritorio, se echa atrás contra el respaldo que soporta su espalda y peso. La observa fijo, de pie ante él, desliza la mano desde el cuello paseando por las clavículas, jugueteando con una protuberancia de su pecho, yendo a su abdomen, cinturas, caderas, quedándose alojada en el muslo, todo mientras su intensa mirada persigue el recorrido.

Rechina los dientes cuando menciona que está celoso. ¿Y qué si lo está? Charles es más posesivo con lo que considera suyo. Acepta su peso contra sus piernas permitiendo que le bese, el probar sus labios, sentir su aroma, es suficiente para incitar a su bestia que busca colarse entre los ropajes. Gruñe contra sus labios mordisqueando el inferior, succionando una parte de éste, dejando que sus lenguas se encuentren en un combate en el que no importa quién gana y quién pierde. El gruñido se vuelve más profundo cuando ella le imita mordisqueando su pliegue bucal inferior. Le sujeta bien de las caderas en tanto cierra los ojos disfrutando de las actividades de tan inquieta hembra. Se ríe a carcajadas con ese último comentario tan efusivo como posesivo. Incluso puede sentir la algarabía de la loba regodeándose en el poder que le da el tener tanta facilidad de aguante a los embates agresivos del Duque.

Echa la cabeza atrás acariciándole los cabellos quedándose en silencio por instantes. - Sí, tienes algo a tu favor y es esa resistencia a mis cuidados - otro sonido gutural emerge de su pecho escapando por su boca antes de que sus orbes acerados se fijen en los castaños de la licántropa - eras tan poca cosa el primer día que te vi y te has tornado una mujer de la que no puedo prescindir en mis fantasías sexuales - confiesa antes de sujetarle del cabello con violencia obligando a que eche atrás la cabeza dejando todo el cuello libre a sus embates, algunos de éstos se limitan a pasear la nariz por todo el largo olfateándola como sabe que a ella le enciende.

Otros son más osados, entre lengua y dientes, va dejando un camino húmedo y marcado antes de llegar a su yugular para morder con tal violencia, que provoca un sangrado que degusta con un sonido más satisfactorio en tanto la sostiene con la mano en el cabello y la otra, le rodea la cintura para que no pueda alejarse. Relame las gotas carmesíes que resbalan por su epidermis antes de sonreír de lado - así te ves mejor, marcada por tu domitor - susurra provocativo antes de meter la mano dentro de sus enaguas buscando su centro más íntimo - ¿Qué pasa si te abro de piernas y te incrusto mi pene hasta que no puedas pensar más? - se cuela entre los pliegues de la ropa para introducir en su interior los dedos índice y medio, empezando un alocado mete-saca al tiempo que su pulgar acaricia su clítoris - ¿Crees que si te portas bien y no gritas, serías merecedora de tener mi pene dentro tuyo, perra? - le susurra al oído en tanto el movimiento en su sexo se vuelve desquiciado.




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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Cinder Grimm el Miér Mayo 16, 2018 5:40 pm

Podía escuchar el rechinar de sus dientes, celoso, si, estaba realmente celoso, y eso a la licántropa le encantaba en realidad, parecía más lobo, parecía mas salvaje y eso a la licana le encantaba, sobre él lo devoraba con sus besos buscando robarle el mismisimo aliento, mientras seguía sentada sobre él respirando aceleradamente contra los labios ajenos, encendiendose asi misma por el mismo aroma que desprendía Charles en ese estado, le adoraba, le embriagaba, más enarcó una ceja cuando comentó que tenía a favor el resistir sus cuidados, de él ella lo resisitria practicamente todo, la sonrisa se ampliaba en ella. -Tus cuidados para mí son meras caricias.- Responde con efusividad apretando su rostro contra el de él emitiendo gruñidos que desvelaban su naturaleza.
Pasó la lengua por la mejilla ajena pero la siguiente frase no fue muy afortunada pues clavó su mirada en los orbes ajenos y enarcó una ceja mientras emitiá un gruñido. -¿Poca cosa? el primer dia te mostré de como era capaz de destrozar a cualquiera, incluido tú, ahora me ves asi por que descubristes lo que había aparte de un envoltorio.- Rebatió de forma egolatra mientras le miraba de manera altiva, sonriendo de medio lado de manera imponente.


Más esas acciones, cuando la agarró de la melena obligandola a ceder el cuello ella gruñó pero mentiria si dijera que cuando la olfateo como si fuera un lobo, la puso realmente encendida, suspiraba por él de tremenda forma, sus pupilas se dilataban a pesar de que sus ojos se teñian de amarillo, se mordia el labio con deseo cuando empezó a notar como Charles marcaba cierta acción, mientras su lengua y dientes marcaba el camino cuando mordió la yugular de Cinder arrancandola un gemido de dolor provocando que ella le sujetase con suma fuerza mientras notaba la sangre deslizarse, mientras ella daba un suspiro entremezclado con quejido, antes de mirarle con el ceño fruncido de puro placer, sus palabras la provocan, su domitor, le encantaba que lo fuera, la enloquecía ella le gruñó como si le fuera a moder. -A mi domitor le fata ponerme un collar y una cadena o sere una perra mala.- Dijo desafiante, solo para provocar que él se revolviera de la forma mas bestial que le pudiera sacar, le quería ver enloquecido, sadico...asi era como a ella la encendia.


Eso era una relación enfermiza, tormentosa, dolor, sangre y sexo, hasta un vampiro envidiaría esta situación, de eso estaba claro, más la pregunta la arrancó una carcajada hasta que noto como con avidez se había colocado entre sus ropajes esquivando las incomodas enaguas y encontró rapido la intimidad femenina, Cinder se relamió con deseo, y se mostró desafiante. -¿te ves con esa capacidad? ni que fueras un lobo.- Replica ella antes de suspirar de manera placentera empezando a humedecerse con el agil movimiento de dedos, que hizo que Cinder abriera un poco más las piernas para cederle mejor la entrada, echó la cabeza hacia atras como ofreciendole su escote antes de observarle nuevamente. -No me arrancaras ni un grito, cabrón.- Dijo en su bocabulario totalmente soez, solo para ponerle más bruto, solo para encenderle más, tanto como estaba ella, con ese movimiento de dedos que le sacaba jadeos exaltados, incluso movia un poco la cadera, pero solo sus dedos le sabían a poco, mucho tiempo con él fuera, tenía mucha mas hambre, tenía hambre de algo más, tenía hambre de volver a sentir esa adrenalina, de dejar que el humano fuera más poderoso que ella misma, de echo en un arrebato se atrevió a abofetearlo, y sonreir sacando la lengua de manera sumamente lasciva. -¿Que vas a hacer ahora? ¿ah? ¿que te vas a atrever hacer? ¡¡dime!!- Le gruñe excitada y le muesta como sus colmillos algo afilados se ven, casi pareciendo vampiresa, de no ser por que que los dientes de al lado se afilaron un poco tambien.



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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Charles Moncrieff el Vie Mayo 18, 2018 4:50 am

¡Por supuesto que era poca cosa! Eso jamás se lo reafirmará porque perdería a tan buena amante y socia. Para Charles todos lo son, sin importar que demuestren sus habilidades o le reafirmen ser unos inútiles por la carencia de capacidades. Porque si Cinder fuese tan magnífica como dice ¿Por qué la está educando? ¿Para qué los modales? Todavía le falta por pulir. El tomarla para que reaccione sexualmente es parte de una prueba sin que ella lo sospeche, esa manera de gruñir, de que sus ojos se tiñan de amarillo, le parece que es parte de un tipo de conducta de la cual, la licántropa está incapacitada para escapar. Por ello mismo es que el inglés odiaría ser un hombre lobo. Por la falta de control, algo que es impensable para alguien como el inglés quien lo tiene todo planeado con anticipación. La propuesta de Sabah es mil veces mejor que el ser mordido por un lobo común y corriente.

El comentario de ponerle un collar y comportarse como una perra mala le provoca un vacío en el estómago. ¿Excitación? Por supuesto. Lo que es incomprensible es el por qué se enoja al pensar que ella es un animal que por más que lo eduque seguirá siendo así. Le molesta en extremo, así que lo desfoga a su manera, acelerando los dedos en su interior con violencia, con un toque de rabia que en lugar de causar daño, a ella parece fascinar. La provocación tiene una respuesta contraria a lo esperado - no, no soy un lobo, soy un humano con la capacidad que jamás encontrarás con tus congéneres - gruñe contra su oído. Sigue su invasión con esos dos puñales que se internan cortando y lacerando, retirándose y haciéndose ansiar para volver a arremeter. El vocabulario soez de la fémina sale a relucir provocando un rechinar de dientes, las perlas dentales del varón se escuchan demasiado queriendo morderla por esa rebelión por lo que su siguiente acción es encajar los colmillos de nuevo en esa yugular ya lastimada con anterioridad, en proceso incipiente de sanación.

La sangre vuelve a manar, la degusta como el vampiro que será, atrapado en un cuerpo humano. La paladea, se regodea en ella con violencia y altivez. El que ella se remueva separando su rostro antes de impactar la palma contra éste dejando un hormigueo doloroso es suficiente para que el inglés la observe de diferente manera, como la licántropa jamás ha visto. Hay una oscuridad que llena su aura por donde se vea, maldad absoluta, rencor y rabia por igual. La actitud cambia de juguetona al inicio a esta frialdad que podría congelar los miembros de Cinder por más sangre caliente que tenga. La afrenta en la boca de la mujer es una prueba para el carácter del ahora Duque que ha saboreado el poder durante estos tres meses y una vez obtenido, impensable perderlo.

La respuesta es rápida, los dedos se separan, él se levanta de golpe dejándola caer a sus pies con un gesto altivo para dar un paso por encima de ella, sin tocarla siquiera, aprovechando la sorpresa en esos ojos rebeldes para caminar hacia donde una jarra con agua espera a que la tome el inglés con la siniestra para vaciar un poco de su contenido en la mano que antes explorara tan alegre el interior de la licántropa. Se lava con parsimonia los fluidos de olor acre con desdén. Una vez limpias sus falanges, toma un pañuelo que saca de su levita para secar la humedad. - Bien, hablaré con mi abogado entonces para que hagan el papeleo y puedas ostentar la propiedad del negocio ante todos. Haré un llamado a los empleados para que conozcan la nueva situación - va doblando lento el pañuelo para dejarlo a un lado del vaso que contiene el agua con los restos del interior de Cinder.

Voltea hacia ella apoyando el trasero en el borde del mueble, se cruza de brazos observando a la fémina - como bien dijiste, mezclar los negocios con el placer es incompatible para entes como nosotros. Por lo que empieza a trabajar, llama a todos, hay un anuncio qué hacer, mientras tanto, revisaré las finanzas - camina hasta el escritorio para sentarse en su lugar porque aún y cuando le ha cedido todo a Cinder, estar al frente de todo es y será siempre, su lugar. Él es el amo y señor de todo. Aún de esta caprichosa y rebelde loba.




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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Cinder Grimm el Sáb Mayo 19, 2018 2:13 pm

La reacción del inglés arranca jadeos a la loba, que aunque le gusta el dolor, empieza a tener sensación por la forma de mover los dedos que busca más dañar su intimidad que hacerla sentir bien, de hecho siente el espamo de tratar de cerrar la piernas, pero aguantó, más sus palabras le sonaron despectivas, como si su naturaleza volviera a ser un problema, le dieron ganas de darle un puñetazo, pero solo apretó los labios para aguantar y no replicar de la más mordaz de las formas, Charles bien sabía que ella sentía que su naturaleza era gloriosa y esos comentarío a la loba la sacaban de las casillas realmente, pero no iba a estropear el reencuentro y menos aun cuando tenía los dedos del inglés dentro de ella, más parecía que lo que ella decía le tenía desquiciado, y eso lo hacía visible en sus gesticulaciones, parece que las palabras de la loba no le provocaban de la manera deseada si no que le enfurecería, de hecho la reprimenda llega de la forma que Cinder comprende de la forma mas clara que cualquier otra expresión y esa forma llega en forma de mordisco que la hiere.
Ella se queja por la mordida de manera leve y baja la cabeza con cierto gesto de sumisión que Charles desconoce por no tener la naturaleza ni el instinto, nota como bebe de su sangre como si fuera un vampiro, recogiendo esas gotas de sangre, haciendo que Cinder le mire de manera confusa. Pero lo peor de todo vino justo a continuación, su bofetada aunque no fue muy fuerte si parecío despertar algo en el inglés, algo oscuro y retorcido.


La manera en que la miró no le gusto un pelo a la licántropa, esa ira, esa oscuridad, esa frialdad hizo que Cinder se quedara en el desconcierto absoluto, a Charles no le gustó el juego de la loba, eso quedó claro con la mirada, más su boca pagó por la bofetada para sorpresa de Cinder que no dió credito ninguno a eso, pero cuando su mano escapó de la intimidad humeda de la loba y se levantó haciendola caer al suelo, que se dió un tremendo culetazo en el aterrizaje, alzó la vista para observarle y como con desprecio pasó por encima de ella, la loba le observaba sin dar credito, con sorpresa, no esperandose todo esto para nada, no se lo podía ni creer. Más cuando empezó a limpiarse con desden sus dedos la loba le miraba sin pronunciar una palabra. Simplemente sus ojos estaban clavados en la figura del ingles sin levantarse del suelo, tratando de que la bestia no se revolviera y se lanzara sobre charles, tratando que se quedara ahí quieta, ahi sin moverse, como una estatua aunque su respiración era acelerada con los labios apretados.


Su mirada se perdía en un punto fijo en medio de ninguna parte mientras le escuchaba, mientras notaba como su vena se hinchaba por la furia, escuchaba sus fria palabra, ese comentario de "mezclar los negocios con el placer es incompatible para entes como nosotros" fué lo que le hizo volver a mirar de nuevo a inglés, su mirada era intensa, se puso en pie y con los modales que le habían estado enseñando se estró y colocó su vestido negro, acicalandose y colocandose correctamente la melena, observó al inglés como había caminado de nuevo al escritorio, ella se infló de valor y caminó al escritorio dió un manotazo a este y miró a Charles a los ojos. -Yo no soy ninguna fulana, que te quede bien claro.- Dijo con tono agresivo, pero a pesar de ese envoltorio de fiereza y agresividad el verdadero sentimiento que habia detras era una loba herida.
Más no le dió mas gustazo de permanecer ahí y se marchó a hacer lo pedido, por el camino donde nadie la observó dejó escapar una contundente lagrima que rapidamente limpio para no dejar escapar ninguna más mientras reunia a los empleados para convocarlos y volver al despacho. -Ya están todos reunidos.- Anunción con tono altivo, serio, y desde luego sin ningún contacto visiual al ingles, se puso recta con las manos entrelazadas a la espalda mirando a los empleados con el rostro serio, totalmente inexpresivo esperando a que Charles dijera lo que quiera decir, por suerte la mordida del cuello debido a la melena caoba de la chica era invisible y en una hora desapareceria.



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Re: Negocios y oscuridad (priv. Charles Moncrieff) ♦♦

Mensaje por Charles Moncrieff el Sáb Mayo 19, 2018 3:29 pm

El manotazo sólo imprime con mayor tinta el enunciado de que sigue siendo una mujer vulgar a pesar de todas las sedas que le envuelven. El rostro del inglés es inescrutable en tanto sigue paseando los dedos por la contabilidad revisando bien los números. Nota que sale justo para alzar la cabeza pensativo en tanto se lleva las manos a las sienes acariciando con las falanges media e índice la epidermis en ese punto situado para dar relajación a la cabeza. ¿Qué está haciendo? Dejarse envolver por un capricho salvaje sólo logrará dejarlo en mal con la sociedad. ¿Acaso le importa tanto la sociedad? Nunca. ¿Importa ella? Quiere creer que es sólo por la satisfacción sexual que le da y que no puede compararse con las demás camas en las que ha estado, entre cuerpos mucho mejores, aromas mil veces fantásticos por encima del suyo y comportamientos preferentes al de esta loba.

La parte trasera del cráneo se recarga contra el alto respaldo de la silla cuyo mullido recubrimiento de acolchado es suficiente para mantener en éxtasis esa parte de su anatomía en tanto la mente sigue cavilando. Deberá tener una conversación con todos, para eso Cinder fue a buscarlos, más ésto se complica con la ansiedad del ahora duque por esta libertina mujer que se siente en la libertad de increparle y tratarle como si fuesen iguales. La culpa es de él por olvidar demostrar cuál es el punto medular de todo ésto y es que para él, por supuesto que es su fulana, una de la cual disfrutar y mantener contacto con ella hasta hartarse de su cuerpo y buscar a otra u otras más.

¿A quién engaña? ¿A él mismo? Apoya los codos sobre la superficie de madera dejando caer la cabeza entre las palmas para mantener ahí una posición de total desventaja. Se sabe demasiado inmerso en las sensaciones que ella le provoca. Por inercia, una mano baja para acomodarse el miembro amorcillado que requiere de una satisfacción mayor. Saber que la loba se enojó en lugar de provocar su risa se descubre demasiado enloquecido por contentarla. ¿Qué está pasando con él? Sacude la cabeza antes de rascarse tras la oreja meditabundo. Él, el gran Duque de Devonshire enrabietado por una simple mortal con habilidades de lobo. ¿Quién lo diría? Debe hacerla a un lado de inmediato. Tenerla más a su vera es señal de que no puede con todo lo que ella le provoca. Es inmanejable. Y eso lo hace gruñir de rabia.

Unos toques en la puerta le obligan a alzar la voz permitiendo la entrada a varios de los empleados. Instantes después, llegan los últimos en compañía de Cinder. Es el momento. Se pone de pie rodeando el escritorio al tiempo que cruza sus brazos sobre su pecho observando a todos y cada uno de ellos. Un gran equipo es lo que tiene ahí - les he llamado porque como muchos habrán visto abajo, mi estatus se ha modificado. Algunos sabrán que fui hijo de duques en Inglaterra más por circunstancias ajenas a mi control, fuimos despojados de nuestro título, tierras y riquezas. La Corona ha recapacitado. Me ha devuelto todo lo que era mío - se detiene para que lo piensen en tanto toma la caja y saca un cigarrillo de ésta.

Enciende el cilindro de tabaco antes de quitárselo con los dedos índice y medio para exhalar la bocanada de humo - como comprenderán no puedo ser Duque y tener este negocio, ¿Qué dirán de mí los miembros honorables de la Corona? - la ironía es celebrada por risas, muchos han trabajado antes con Charles y saben de qué habla - así pues, he estado revisando las finanzas y veo que están haciendo buenos números por lo que a todos les daré un ascenso. Me haré a un lado del negocio, Cinder Grimm será quien lo dirija y toda la cadena de mando subirá un escalón. Eso significa más dinero, caballeros - los cuchicheos empiezan, más la mayoría acata la instrucción.

No les irá mal, a diferencia de lo que se esperaría de que pudiesen reclamar el puesto de Cinder, nadie quiere lo que seguro está pensando el nuevo Duque y sus palabras lo reafirman - ella será quien me dé santo y seña de todo lo que suceda aquí, quien pagará los platos rotos si bajan los ingresos. ¿Entendido? Y como me señale a uno de ustedes, señores, ya saben cuál es el castigo - serán las presas de los nuevos espectáculos. En su totalidad, aceptan de buen agrado, todos quieren más dinero, pocos desean la responsabilidad. Eso era algo con lo que el inglés ya contaba de antemano. Asiente dando otra calada al cigarrillo - sea pues, desde hoy Cinder es la jefa. Me hago a un lado de todo, más seguiré informado. No quiero problemas, ni que alguien se ponga altivo. Como me entere, me lo llevo a ser parte del espectáculo. Señores, pueden retirarse entonces - palmea las manos.

Señal que los demás toman para irse retirando en tanto Charles vuelve para revisar los documentos haciendo a un lado un par - de estos dos espectáculos Cinder, me falta dinero. Me importa un bledo si te lo ocupaste para comprarte vestidos. ¿Quién te dio permiso para tomar ese porcentaje? - casi escupe molesto.




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Mensaje por Cinder Grimm el Sáb Mayo 19, 2018 5:32 pm

Ella se mantuvo como una estatua observando a todos con caracter altivo y mirando fijamente a los que cuchicheaban, sin mediar palabras, le escuchó notando como se regodeaba con el efecto que ejercia en sus empleados, una vez todos se iban ella iba hacer lo mismo cuando derrepente la voz le hizo detenerse, estaba de muy mal humor, muy furiosa con él, pero tambien en el poco tiempo que tenía para conocerle no era dificil adivinar lo egolatra que era, y discutir para intentar quedar por encima acabaría peor la cosa, y la verdad le había hechado de menos como para estar peleandose con él para ver quien de los dos quedaba por encima, él no daria su brazo a torcer, y ella solo tenía ganas de despiezarle, y devorarle, mezclando el canibalismo con la lujuria de lo que le atrae ese hombre, la rabía le ardia por ello, se preguntaba por qué no la entendía, no apreciaba su esencia, eso podía sentirlo, aunque recordaba como durante su transformación la trató de forma mas afable, aunque tener un hocico que te puede despedezar tan cerca ablanda a cualquiera, quizá fue por ello, no lo sabía, y ahora mismo estaba herida y confusa, alzó la vista para mirar a Charles.
Pelear con él simplemente iba a acabar mal y el no iba a ceder, su corazón se llenaba de cierta tristeza y odiaba eso, ella no sentia nada por nadie, no se vinculaba a nadie emocionalmente, se cuidaba mucho de hacerlo, pero tambien a veces le daba sensación de seguridad, aunque despues desapareciera.


Suspirño con resignación dando ella el brazo a torcer a pesar de la furia que le embargaba, pero respiró hondo cuando la pedía cuentas por el dinero que faltaba, la loba bajo la vista jugueteando con los dedos antes de volver a mirarle aceptando el regaño por parte de él. -Si, me compre un vestido y un collar...un medallón con un diamante, quería estar guapa, pensé que me merecía algun capricho como premio....si te molesta puedo devolverlo, no hay problema.- Respondió en tono bajo, mostrando un caracter mas bajo, mas sumiso ante el inglés, estaba orgulloso de su nuevo titulo, y parece que quería que todo el mundo reparase en él, asi que decidió darle la satisfacción, despues seguidamente inclinó la cabeza a modo ligera reverencia ante Charles, puede que ahora ella fuese la reina de ese negocio, pero ahora mismo no se sentía como un triunfo todo lo contrario.


-Me retiro a mis aposentos.- Dijo la licántropa con ese aire serio mientras se giraba para la puerta mientras abria la puerta girandose para obervarle.- Me alegro de tu vuelta Charles, te extrañé.- confesó aunque no muy orgullosa de decirselo y mas despues de como él se portó con ella, su ego estaba herido y él parecía que ni siquiera le importaba, sacudió la cabeza intentando despejar su mente, ¿que demonios le pasaba con ese hombre? debía ser una posible presa, no alguien que pudiera acceder a sus sentimientos, no tenía esos problemas desde que no se entendía con su bestia interior, ahora simplemente ella era la loba y la loba era ella, se complementaban, eran uno mismo, un mismo ser, y gracias a eso tenía el don de Gaia, por que se complementaba, la aceptaba y se quería tal como era, se marchó a su habitación dejandose caer sobre la cama mirando el techo, él no aceptaba a la vestía, quizá solo el envoltorio, ma no había nada que reclamar, no había promesas, no había nada, él era libre, como ella, suspiró mirando el techo, antes de levantarse y dirigirse a la caja donde guardaba el collar mirandolo, no había tenido ocasión de ponerselo, quizá se dejo alagar por quienes la atendieron diciendo que le sentaba bien, le venía algo grande tal vez o necesitaba afianzar, al fin y al cabo sabía de gente de clase alta que convivia bien con la bestia interior, mucho sobrenatural en alta esfera.



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Mensaje por Charles Moncrieff Ayer a las 5:13 am

Las razones que Cinder le da sobre el faltante generan que su rictus muestre el típico gesto Moncrieff antes de dar un manotazo en la mesa - ¿Me falta dinero porque quisiste ponerte guapa? ¿Qué clase de razón es esa? Odio que me roben, Cinder y sustraer dinero extra es eso. Lo voy a pasar por alto, te lo descontaré del siguiente sueldo, más soy yo el que decide los porcentajes que te llevas y debes acatar mis decisiones. Puedes retirarte - la última frase que ella pronuncia antes de que la puerta se cierre le deja un enorme hueco en el estómago. Tamborilea los dedos de su diestra contra la superficie de la mesa pensativo. Una parte de él exige que se levante para acompañarla, pedirle perdón y tener un magnífico sexo con ella.

La otra es la que gana, la que le obliga a ponerse en pie para ir en dirección contraria a donde la licántropa, para montar uno de los caballos del establo y salir a cabalgar en total silencio. Él es el Duque de Devonshire, tiene mujeres a raudales como para obsesionarse  con una vulgar. El caballo aumenta la marcha en tanto el inglés sigue pensando en que las circunstancias son inadecuadas para tener a la licántropa a su lado y brillar en sociedad. Tiene demasiadas fallas, su carácter indómito impide que pueda aprender a manejar esos impulsos propios de los salvajes. ¿Qué está pensando entonces buscando alternativas con tal de tener a la mujer a su lado? ¿Por qué no puede resignarse? Un momento ¿Resignarse?

La montura es espoleada para avanzar a mayor velocidad, intentando hacer una réplica de lo que en su cabeza sucede. Es incomprensible, injustificable, es tan retorcido, piensa en tanto sigue avanzando a toda velocidad sin encontrar una salida a sus pensamientos, siguiendo por inercia el mismo camino que da una vuelta completa alrededor del inmueble para regresar a la puerta principal. Cuando los pasos del caballo vuelven a las caballerizas, Charles desmonta para a continuación, subir al carruaje, dando la orden de llevarlo a un hotel, así podrá estar lejos de ella.  Podrá pensar mejor en lo que está sucediendo, en lo que está sintiendo. ¡NO! Él carece de sentimientos, sólo sensaciones. La lujuria es la mejor de todas, es en la que Cinder está estacionada sin derecho a cambiar de sitio.

- ¿Cuándo todo se transformó en esta pila de locura y fuego? - susurra restregándose los ojos con furia en tanto le llevan al hotel donde almorzará, se bañará y luego de eso, dormirá hasta el siguiente día, donde pueda tener algo de coherencia su vida y saber qué va a hacer con la licántropa. Donde pueda posar sus ojos en ella sin sentir remordimiento por su conducta sumisa. ¡A él todos deben obedecerle! Y si es así, ¿Por qué le duele el estómago cada que ella baja la cabeza mansa y golpeada? Hay algo raro en todo ésto ¿Y si lo hechizó? Por supuesto que no, es una licántropa. ¿Acaso los lobos saben hacer magia? Dándose cuenta de las estupideces que ya está pensando, desconecta el cerebro para avanzar con inercia una vez que el carruaje se detiene frente al hotel. Al menos tiene actividad física por hacer, registrarse, llegar a la habitación, desnudarse, meterse en la tina para bañarse. ¿Y por qué a pesar de intentar por todos los medios, esa maldita mujer siempre viene a su mente en todas y cada una de sus actividades? ¿Por qué?


Última edición por Charles Moncrieff el Lun Mayo 21, 2018 4:08 pm, editado 1 vez




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Mensaje por Cinder Grimm Ayer a las 10:52 am

La licantropa poco a poco se iba relajando, respirando profundamente, al igual que su lado bestial, se puso en pie y se arregló para salir, había oido el carruaje de Charles marchar y el aroma de él no estaba en la mansión, asi que se terminó de arreglar y guardó en su funda el vestido que había en su armario y la caja del collar, cogió la bolsa y bajó hacia la puerta. -Voy a salir, no tardaré.- Comenta Cinder a Alfred que la observa algo desconcertado, pero no dá más explicación abandoná la mansión, paseó hasta el centro con aire tranquilo y altivo, visitando la tienda donde se hizo con el vestido asegurando en esta que no le queda bien, y que cuando piense que modelo prefiere volverá, dado a que no era ni hecho a medida y no se lo ha puesto pues aun sigue en perfecto estado y con un poco de carisma el comerciante la duevuelve el dinero pensando que asi la loba volvería a la tienda, no lo descartaba pero ahora no, la misma suerte corrió el medallón, solo que en este alegó que que no encontraba ocasión para ponerselo, recuperando la cuantasia de dinero invertido en ambos, un buen puñado pues ambas cosas valieron lo suyo, quizá a alguien de alta clase le habría avergonzado devolverlo, pero no fue el caso de ella, no se sentía menos por ello, quizá eso era lo que hacía la diferencia en algunas cosas.


Una vez los "recados" completados, volvió a la mansión entrando por la puerta y metío el dinero sobrante en un sobre con una nota que dejó sobre el escritorio de Charles con una nota que decía: "Aquí está el dinero que faltaba, lo lamento" despues caminó por la mansión cuando Alfred salió al paso preguntandole el menú que habría ese día para cenar, Cinder le observó y negó con la cabeza. -No tengo hambre, voy a dormir, mañana a primera hora espero el desayuno.- Dijo con los modales que le habían enseñado con tanto esmero, y aunque le sorprendió que la joven no quisiera comer nada, pero cuando fue a insistir Cinder alza la mano a modo que no quería insistencia. La loba se quitó los caros ropajes que llevaba, se desmaquilló quedando a cara lavada y observó su reflejo, y suspiró mientras buscaba sus viejos ropajes, no eran tan elegantes, pero ella se lo había ganado, ella era mercenaria y ahora empresaría y la pelea con Charles ahora mismo le ahogaba, él se había ido, a saber qué haría pero necesitaba a la licana lejos se veía, quizá Cinder se pudiera permitir una pequeña travesura Charles no se enteraría.


Aprovechó la oscuridad para usar sus habilidades licanas, y escapar por la ventana, con su viaja gabardina, trepó por los tejados y se dirigió al barrio bajo cuidando que nadie la conociera, simplemente disfrutaría una noche de nostalgia en el lugar donde le conoció, en las peleas clandestinas, e incluso se permitió el lujo de participar y ganar unos francos, para despues retirarse, volvió colandose por donde escapó a la mansión poco antes de que amaneciera, asi que se bañó efusivamente, y escondió su ropa, una vez aseada observó el reloj, Alfred dentro de nada vendría a avisarla con el desayuno, la loba se metió en el corsé bien ceñido y los vestidos que debia llevar, se maquilló con esmero tapando el moretón que había en su mejilla, debido a uno de los golpes conseguidos anoche en las peleas, en unas horas desparecería si conseguia disimularlo para entonces desaparecería ya del todo el rastro.
Cuando vino a buscarla para el desayuno la loba se mostró de buen humor e incluso intentando ser todo lo encantadora posible que solia dar esa imagen, mientras sonreía de manera amplia, el labio partido estaba del todo curado y el lapiz de labio tapaba cualquier imperfección, desayunó antes de ponerse a trabajar planeando la siguiente jornada de "caza" mientras no sabía que esperar de la reacción de Charles cuando viera el dinero de vuelta, esperaba que eso le complaciera más, se estaba dejando domesticar, maldita sea.



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