Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Tris el Lun Mayo 14, 2018 2:46 pm

Desde una distancia siempre prudencial, observó la escena cruel. Unos minotauros atacando a otro de los suyos con ferocidad y saña. Ella, tenía prohibido salir del agua, su mandato tenía un porque y estaba secundado por el miedo atroz que sentía hacia los humanos. El agua ondeaba bajo su nariz y hacía oscilar su cabello húmedo disperso en mechones largos y densos. El olor a mar, algo que formaba parte de ella desde hacía ya tanto, no era capaz de percibirlo, igual que ningún animal era capaz de percatarse del propio olor corporal que desprendía él mismo, excepto cuando marcaban el territorio con sus orines y similares métodos. Los segundos párpados de ella, conformados por membranas grisáceas, se cerraron y abrieron un par de veces.

Cuando sólo un ejemplar herido quedó tendido a la orilla, manchando con su sangre la arena blanquecina de las costas de la isla, los brazos de la sirena se movieron despacio, braceando con timidez y, para qué negarlo, miedo. Aproximarse a tierra firme, además de no estarle permitido, le recordaba malas experiencias pasadas. Sus pupilas bailaban nerviosas, buscando presencia humana cercana. Si veía un solo hombre aproximarse, nadaría tan rápido que ni la estela de su cola alcanzaría a verse ni por los dioses. Se sumergió, surcando corales, bancos de pequeños peces tropicales y, aunque normalmente se hubiese entretenido en charlar y jugar con ellos, aquel pobre minotauro herido le preocupaba, así que aceleró el aleteo de su caudal hasta que la arena rozó su vientre. Caminó con las manos, aproximándose, uniéndose a las olas en el avance. Se detuvo en seco al ver que el que yacía tendido en el suelo se movía, quejándose. Arrugó la frente y frunció los labios en una mueca de desagrado. No sonaba nada bien eso. Siguió avanzando hasta que el mar dejó de acariciar sus escamas y lo que instantes atrás había sido una cola, se transformó en dos largas y delgadas piernas. No recordaba muy bien cómo caminar, así que se deslizó del mismo modo que antes, usando las manos solamente y dejando que el resto del cuerpo surcara la arena, dejando una sinuosa forma como si por ella se hubiera desplazado una gran anaconda.

En cuanto alcanzó el cuerpo inconsciente, tensó los brazos, alzando su torso. Su larga melena le cubría la espalda y los senos, adherida a su piel, brillante por los minerales de la arena. Ladeó la cabeza, observando a ese ser que desconocía y emitió una especie de borboteo. No conocía más lengua que la de los peces. Se sostuvo en la zurda y llegó la diestra a rozar el hocico del toro. Tenía un ojo hinchado y le sangraba justo por encima un gran corte. Tenía magulladuras en las costillas y fuertes brazos. Tenía heridas dispersas por todas partes. Lo único que la tranquilizaba era saber que respiraba.


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Re: Glu glu // Privado - Polifemo

Mensaje por Polifemo el Lun Mayo 21, 2018 1:17 pm

Posé los pies en el suelo de madera robliza de aquella cabaña que durante días había sido el único sustento de mi maltrecho cuerpo.
Las sabanas de aquel mullido lecho se pegan a mi piel que cubierta de vendajes y seguramente gracias a los cuidados de una  mujer que había visto en la semi inconsciencia de mi estado habían empezado a cicatrizar.
Todas las heridas, menos una, la de mi hombro que lejos de disminuir, o darme tregua en su ardiente dolor, se agravaba mas todavía..
Admito que tuve que pestañear varias veces para centrar mi nublada vista, pues estaba mareado, me sentía débil y ponerme en pie se me antojaba casi un imposible.
Pero también sabia que cuanto mas retrasara ese momento seria infinitamente peor, tenia cuanto antes que recuperar mi vida, volver con los cíclopes, nos sabia donde estaba, y el lecho no era desde el lugar donde descansaban  las bestias.
Tome impulso para alzarme sobre aquellos pies que tambaleantes empezaron a guiar mis pasos hacia la silla de la cámara donde reposaba limpia mi camisola. La deslice con dificultad por mis brazos mientras siseaba de dolor con cada movimiento, mas pronto esta quedo colocada dejando así cubiertas todas las vendas para hacer lo propio con los pantalones.
Me senté en la silla para acomodar las botas en mis pies y en silencio atravesé el umbral en busca de la puerta de entrada.
Intuía que la mujer que durante días habían dedicado parte de su vida a cuidarme aprobarían aquel paseo clandestino, pero la verdad, me sentía enclaustrado entre esas cuatro paredes. Odiaba sentirme como un inútil al que tenían que hacerle todo, y la idea de ir en busca de algún lago cercano donde poder nadar y limpiar mi cuerpo del sudor de las fiebres y de la sangre seca que aun surcaba mi piel se me antojaba demasiado buena como para dejarla pasar.
Así que, sin dejar nota de despedida y esperando regresar antes de que la mujer llegase para agradecer sus cuidados me marche cerrando la puerta tras de mi.


No tarde en adentrarme en un bosque repleto de vegetación donde los pájaros alegraban la mañana con su alegre piar.
La primavera había llegado derritiendo la nieve del frio invierno invitando a los animales a emparejarse y crear nidos o madrigueras para posiblemente un par de meses después dar sus frutos y continuar así con el ciclo de la vida.
Por suerte el paseo se me antojaba tranquilo, mas poco a poco fui adentrándome en la zona mas abrupta del bosque, donde el ruido de ramas era una eterno ir y venir, posiblemente de alimañas que algunas atraídas por el olor de mi sangre y otras simplemente porque ese era su hábitat natural me inspeccionaban desde la distancia.
Aun así, me sentía seguro, pese a no haber encontrado mi espada me había pertrechado con dos dagas. Una en mi bota derecha y otra en la parte trasera de la espalda afianzada con las dos cintas.

Me abrí paso entre la inmensidad del bosque hasta un valle verde acompañado por las corrientes aguas de un pequeño arroyo, la vegetación allí inundaba le paisaje de color pues regadas por las aguas y la humedad del ambiente las flores se abrían en busca de los rayos del sol.
El olor era agradable, un olor a violetas y tulipanes tan salvaje como las propias aguas que surcaban entre los pequeños salientes la tierra en busca de un lugar donde reposar.
Lo mejor de todo ello era la tranquilidad que allí se respiraba, no había ni un alma y me apresure a deshacerme de las botas, los pantalones y la camisola, no así de las cintas que sujetaban mi daga a la espalda.
Había que ser precavido, pues a los ríos acudían muchos depredadores a beber y alguno que otro de mayor tamaño podría ocasionarme problemas en mi lamentable estado.
Quite las vendas que envolvían mi piel dejándolas caer con suavidad sobre la húmeda hierba sintiéndome así libre de nuevo.
El agua surco mi cuerpo cuando de golpe me deje caer en ella zambullendome hasta lo mas profundo del arroyo,  nadando entre sus dulces aguas que arrastraron  la sangre seca a su paso.
Incluso pude sentir por momentos un ligero alivio sobre aquel corte que cubría mi hombro, aquella herida que los mino-tauros habían ocasionado con los cuernos
Ensimismado en mis propios pensamientos y dejándome acunar por las aguas, me percate de que tras una roca alguien me observaba, no hice le mayor ademan de mostrarle que aquella criatura que ahora veía por el rabillo del ojo había sido descubierta-


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Re: Glu glu // Privado - Polifemo

Mensaje por Tris el Lun Mayo 21, 2018 4:07 pm

Como pudo giró el cuerpo del minotauro sobre una gran rama de palmera y tiró de ella para arrastrarle hacia el interior de la isla, primeramente para apartarle del fuerte sol y que no se quemara bajo su potentes rayos. Fue a buscar el río y de allí trajo agua para limpiarle las heridas e hidratarle, dándole de beber con cuidado, medio incorporando el pesado cuerpo del cambiante. Estaba preocupada, algunas heridas eran profundas, especialmente la del hombro. Necesitaba buscar un lugar mejor para poder curarle, así que se adentró en la selva en busca de una cueva o similar, mas para su sorpresa se topó con una vieja cabaña de madera abandonada. Estaba descuidada y llena de polvo, no parecía que allí viviera nadie desde hacía meses. La adecentó un poco, tampoco demasiado porque no estaba acostumbrada a limpiar en seco, claro. Luego regresó a la linde del bosque donde se unía a la playa y recogió al moribundo toro para llevarlo a la pequeña casa. Subirlo a la cama le costó dios y ayuda, pero tras varios intentos y un tremendo agotamiento, lo consiguió. Allí atendió mejor las heridas que trató con algunas algas marinas que conocía bien y le vendó con algo de ropa hecha jirones que lavó en el río.
 
Le estuvo hidratando y cambiando las vendas durante varios días, alimentarle fue difícil porque dado su estado era poco colaborativo, así que le nutrió a base de triturados vegetales que podía hacerle tragar sin necesidad de masticar.
 
Aquella mañana salió al lago, algo que hacía todos los días, porque no quería alejarse demasiado del pobre minotauro pero, a su vez, necesitaba sumergirse en agua y nadar, era casi vital para ella, aunque era por costumbre, no porque realmente fuera a morir si se quedaba en tierra durante mucho tiempo. Y mientras nadaba relajada, buceando por el fondo de la laguna, interactuando con los pececillos de agua dulce y jugando con las nutrias que se dedicaban a pescar pequeños cangrejos de río, algo grande se metió en el agua, asustando a todos los seres vivos que huyeron a sus refugios. Ella coleteó a toda prisa hacia la zona de rocas y desde allí se asomó con precaución a ver quién había. Se encontró con un humano y el miedo la paralizó. Sus orbes se abrieron desorbitados, sus uñas arañaron la piedra y un pequeño sonido similar a un chirrido, escapó de su garganta. Se cubrió a toda prisa la boca, ocultándose con rapidez cuando el contrario giró para ver la procedencia de aquel extraño ruido. Por el rabillo del ojo pudo ver que aquel hombre estaba herido y, extrañamente, en el mismo lugar que el minotauro.


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Re: Glu glu // Privado - Polifemo

Mensaje por Polifemo el Miér Jun 13, 2018 9:31 am

Escuché un suave grito, uno ligeramente ahogado por unas manos, no estaba solo, algo que me llevo a ponerme en guardia en un principio y después, analizando la situación, supe que era la voz de una mujer.
-¿quien anda ahí? -pregunté acercándome hacia el lugar donde había escuchado aquella voz.
El chapoteo se produjo de inmediato, alguien trataba de huir hacia el mar para escapar de mi, no podía permitirlo, quizás era un espía de los mino-tauros y ahora que sabían de mi existencia me buscaban para darme muerte. Eran orgullosos de su raza y a aquellos que por causas del sino podían nacer cruzados como era mi caso les daba muerte en su nacimiento, eso si lograban nacer, pues era una unión complicada y la inmensa mayoría de embarazos semi- minotauros no llegaba a termino.

Emprendimos carrera por la orilla hasta que me abalancé sobre la espía, era una humana de gran belleza, sujeté con mis dos manos sus muñecas mientras esta bajo mi cuerpo se revolvía, el pelo caía en cascada sobre la dorada arena formando un abanico perfecto mientras esta temblaba entre mis brazos completamente intimidada.
-¿quien eres? ¿que buscas? ¿para quien trabajas?
No era una de los nuestros, no era una cíclope pues la conocería, así que ¿quien era esa mujer misteriosa.

En el forcejeo había empezado a sangrar de nuevo, ríos carmesí corrieron por mis pectorales cayendo gota a gota sobre su pecho.
-¿quien eres? -pregunté jadeando sobre ella.
Sacudí la cabeza recordando aquellas imágenes de la cabaña, en la semiinconsciencía vi a una mujer ¿era ella? ¿me había salvado?
-¿Tu?¿tu me has salvado?

Aflojé el agarre despacio alzando las manos para que entendiera que no quería hacerle daño.
-¿me entiendes? -pregunté -no quiero hacerte daño ¿estas bien? ¿eres tu la que me ha curado -pregunté señalando las heridas cosidas.



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Re: Glu glu // Privado - Polifemo

Mensaje por Tris el Miér Jun 13, 2018 5:32 pm

Al ver que el hombre se dirigía hacia ella, nadó a toda prisa hacia la orilla, porque aquella laguna no tenía otra salida, encerrada entre rocas como se encontraba, únicamente la tierra permitía acceso y, por tanto, escapatoria. Su larga y fuerte cola cambió con sus intenciones, convirtiéndose en dos largas piernas algo torpes. Aún no se acostumbraba  ellas a pesar de llevar un par de días en suelo firme, cuidando del minotauro que debía seguir en la cabaña, agonizando. Tropezó ella misma, chocando el empeine del pie derecho con la pantorrilla izquierda, cayendo de bruces en la arena cuando el desconocido se abalanzó sobre ella, sujetándola de las muñecas, girándola para que le viera a la cara. Tris se sacudía intentando escapar de aquel agarre, de la prisión de carne y hueso que suponía el cuerpo ajeno sobre el suyo más menudo y menos imponente. Comenzó entonces a escupir un sinfín de preguntas que la sirena no llegaba a comprender. Llevaba tanto tiempo viviendo únicamente con los peces, que no sólo había olvidado cómo se hablaba, sino que muchas palabras habían abandonado también el lugar que ocupaban en su memoria.
 
La insistencia ajena, la firmeza con la que la mantenía sometida entre su figura y la tierra oscura, mojada. La joven desnuda estaba asustada, temerosa de los hombres, de los malos encuentros tenidos con ellos, del maltrato sufrido a sus manos. Temblaba como una hoja, no por el frío, sino por el miedo. Sus labios oscilaban entre jadeos, la boca entreabierta, los dientes blancos como perlas, asomando levemente bajo las carnosidades enrojecidas como pétalos de rosa. ¿Qué le decía? No comprendía lo que quería de ella. Si lo que buscaba era que le mostrara los secretos del mar, no lo haría, se lo había prometido a su padre, Neptuno, que nunca enseñaría las profundidades marinas a un mortal indigno. Y aunque ella hubiese sido desterrada, aunque ya no la quisieran ni siquiera sus hermanas, ella sería fiel al juramento que había hecho de pequeña.
 
En mitad del susto, con el pulso acelerado y la respiración alterada, al fin algo que entendía, al hombre señalándose las heridas. Fue entonces cuando los ojos de la muchacha se tornaron color aguamarina, centrando sus burbujeantes pupilas en la manera en que estaban cosidos aquellos puntos. Irregulares, burdos, pero cuidadosos. Los reconocía, los había hecho ella misma. ¿Pero cómo era posible? El desconcierto tiñó su rostro cuando sus ojos buscaron ahora los del individuo que tenía aún medio encima, aquellos que había estado evitando desde que se cayeran juntos en la arena, como si con no verle directamente, su existencia dejara de tener sentido alguno, desapareciera. Como había soltado, al fin, sus muñecas, estiró tímidamente un brazo, llevando los dedos hacia la cabeza ajena, resiguiendo imaginariamente la silueta de los cuernos que recordaba haberle visto allí esa misma mañana. Si ese era el minotauro, ¿qué le había ocurrido a su cara? Incluso le había cambiado el tono de piel y la musculatura. Seguía siendo fuerte, pero ya no se marcaban del mismo modo las venas. ¿Le ocurría a ese ser con su cabeza, lo mismo que a ella con su cola?


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Re: Glu glu // Privado - Polifemo

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