Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Flamma Sacro el Lun Mayo 14, 2018 4:09 pm

Le había costado mucha insistencia que su padre y su madre la dejasen ir a visitar a Arturo. Los Sacro celaban a su hija como si se tratase de los diamantes de la corona de la Reina. Flamma era la heredera del clan Sacro por derecho propio y llevaba preparándose desde muy pequeña para ser una hechicera poderosa. Sus habilidades crecían con el tiempo pero sobre todo explotaba aquellas que le venían de forma natural. La Dominación, como su padre, la trabajaba con él y era una gran experta al igual que Lucio. La Apatía y la Reminiscencia eran poderes que la enseñaban sus tutores, había tenido a los mejores desde que tenía uso de razón. Ella y Arturo habían sido educados con los más sabios de todos los brujos del aquelarre e instigados  a ser los más listos, fuertes e imbatibles. Porque el mundo siempre sería hostil con los que ostentaban el poder, el dinero y el liderazgo.

Arturo había partido unos meses atrás, lo echaba terriblemente de menos y se sentía realmente sola desde que él ya no estaba en casa. Sus padres no variaban las habituales rutinas, entre ellas las de ser dos insensibles sin remedio. Siempre estaban atentos a ella, pero no sentía el afecto que debería ser normal entre padres e hijos. Sabía que no había nada mal con ella, es que simplemente no podían sentir nada más que lo que alguna vez sintieron, cuando recuperaron los sentimientos. Cuando les expuso la idea de ir a verlo, inmediatamente le dieron su negativa, ella no podía salir de París, no debería exponerse a ningun peligro, o eso es lo que le dijeron. Le costó mucho convencerlos de que necesitaba un poco de cambio de aires, hacer algo por si misma etc etc. Finalmente Lucio accedió ante su manipuladora hija, de la misma forma que Erline, cuando ésta le dijo que se llevaría a varios brujos consigo, o guardaespaldas o lo que él quisiera, pero que la dejase ir a ver a Arturo.

Necesitaron varias semanas para prepararlo todo y avisar al conde Cannif de la llegada de Flamma, no querían cabos sueltos y con lo obsesos que eran del control, querían dejarlo todo atado. Finalmente llegó el dia y partió en un barco que la dejó en Bergen, de allí hacia Akershus había dos días a caballo, un carruaje la esperaba y con ella a sus acólitos. Emprendieron la marcha, la bruja arrebujada en una bonita capa de piel ribeteada de visón en las mangas y capucha. Al igual que su madre, estaba siempre perfecta, llevaba vestidos rematados en las más caras sedas y encajes, pero sus gustos eran menos estridentes que los de Erline. Su pelo largo y negro iba trenzado y recogido con unos prendedores y sobre su pecho descansaba un colgante en forma de mariposa con diamantes, zafiros y rubíes. Se lo habían regalado dos años antes cuando cumplió la mayoría de edad.


Última edición por Flamma Sacro el Miér Mayo 23, 2018 3:59 pm, editado 2 veces


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Eirikr Blodoks el Lun Mayo 14, 2018 4:21 pm

Mi ultima esclava salió rana, la tuve que malvender en una posada para que hiciera las veces de camarera, seguramente allí tendría menos problemas que con un tipo como yo, chapado a la vieja usanza, de cuando los hombres eran hombres y no niños con barbas, cuando los ríos eran navegables en drakkar y el mar nos llevaba a saquear tierras profanas. Desconocía qué había llevado a los norteños a convertirse en pequeñas y sucias ratas ¿donde dejaron eso que un día llamamos orgullo ¿no éramos almas de la caridad, pero si protegíamos lo que amábamos con vehemencia y ahora todo eran labriegos y campesinos oprimidos.

Mis tierras se encontraban haciendo frontera con las de ese tal Randulf, por lo que pude descubrir en eterna guerra con un tal "Conde Cannif" Su apellido se remontaba a "los Cannif" Un clan orgulloso de nómadas que aposentaron su territorio a las orillas del rio, fueron de los primeros en tocar estas peligrosas tierras y como tal según tenía entendido sucumbieron ante una manada de licanos según cuenta la leyenda, si el conde era o no descendiente de esas leyendas estaba por descubrirse todavía, ahora lo mas importante era ir a mi hogar y ver que cabeza hueca Blodoks quedaba en pie gobernándolas.

Sobre un azabache percherón que se movía por los fiordos con soltura para lo escarpado del camino, pude vislumbrar en la zona mas baja el fuego de lo que a todas todas eran carretas prendidas, así como los gritos de auxilio combinados con los del fragor de una batalla.
El tedio me mataba y ademas siempre se podía robar a un ladrón, creo los gilipollas de los cristianos dicen algo de que tienes "cien años de perdón" nunca lo entendí bien quizás porque les cortaba la cabeza con el hacha ates de que me lo explicaran.

Puse a la montura al galope y en poco tiempo estuve frente a un carruaje de gran valor que estaba siendo atacado por un grupo de bandidos, siempre me enseñaron a aprovechar los designios de los dioses y al parecer, por mucho que unos "magos" o lo que quisiera que fueran los que protegían el carro se esforzaran, los otros eran mas y acabaron matándolos.

El conejito blanco salió de la chistera, una morena bastante guapa con un vestido demasiado elegante para estas tierras, supongo que acaban los dioses de disponerme a una nueva esclava, Así que...azucé el caballo y sin pensármelo combatí contra los rufianes que pretendían robar mi botín. Uno a uno fueron cayendo los muy desgraciados y los que no, acobardados por los miembros cercenados de sus compañeros tocaron retirada perdiéndose por los caminos.
Me giré para enfrentar los ojos de una agradecida mujer que no sabia aun lo que le esperaba conmigo.


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Flamma Sacro el Lun Mayo 21, 2018 2:18 am

No llevaba ni un día en tierras extrañas y ya la habían atacado. Los hombres que había dispuesto su padre para reguardarla fueron cayendo uno a uno bajo los aceros y las malas artes traicioneras de los saqueadores norteños, la emboscada había sido una clásica idea tan efectiva como letal.

Ella sabía unos cuantos trucos para defenderse, pero su magia iba más por otros derroteros; uno de los salteadores se acercó al carruaje y abrió la portezuela, tratando de agarrarla por el vestido y sacarla al camino, pero unos segundos después de que la morena clavase sus ojos en él y le dijera una breves palabras, el tipo se giró y se sacó sus propias entrañas con el cuchillo. De haber sido su padfre seguramente habría esgrimido media sonrisa, su madre posiblemente ni se habría inmutado y ella a pesar de que la visión de un desgraciado con las tripas fueras no le parecía especialmente agradable, apretó los dientes y mantuvo el gesto pétreo.

En eso apareció un guerrero solitario montado en un enorme caballo negro con pelo en las extremidades. Sus movimientos eran extraordinariamente precisos y rápidos, en un santiamén dio cuenta de los ladrones que quedaban haciéndoles probar el filo de su acero. Jamás había visto tanta sangre, esa era la pura verdad. Aunque estaba bastante curada de espanto por cómo había sido educada y las cosas que había visto y oído, la escena de cuerpos mutilados la impresionó, pero trató de guardar la compostura. Bajó del coche de caballos mirando a Blodoks y dudando de sus intenciones, iba tan sucio como un estercolero y esa aura pálida y tormentosa indicaba claramente que era un inmortal, con razón le había sido tan fácil deshacerse de los pobres diablos.

Seguramente él habría percibido también su aura y ahora mismo esos dos pares de ojos se escrutaban en mitad del silencio donde momentos antes la muerte había bailado su danza macabra. La situación era delicada, ella no sabía dónde estaba ni tampoco cómo manejarse en un bosque tan peligros, era una dama de ciudad.

Muchas gracias por su ayuda, señor. Por favor, no me deje aquí a merced de los lobos, mi familia le recompensará con lo que usted quiera si me ayuda a llegar hasta la fortaleza del Conde Cannif. Mi hermano me está esperando allí.

Era la más pura verdad, a un cainita no se le podían escapar ciertas cosas, su madre le había contado acerca de ellos y eran muy peligrosos, era mejor tratar de ganarse su confianza y que la ayudara hasta perderla de vista cuanto antes mejor. La manipulación de la mente para ella no tenía mucho misterio, pero era mejor no intentarlo con el único que podía sacarla de allía, eso sí, si el extraño era hostil, no dudaría en poner en marcha todo cuanto sabía.


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Eirikr Blodoks el Lun Mayo 21, 2018 11:04 am

La dama bajo del carruaje despacio, sujetando los bajos de la falda, pero por contra, no intimidada por las circunstancias, ni un solo grito había escapado de sus labios tras la sangría y eso me decía mucho de ella aunque no lo creía. Su aura resplandecía poderosa, era una hechicera y bien conocía de los poderes de estas pues mi esposa lo era.
Me acerqué a ella limpiando el filo de mi espada en el camal del pantalón antes de envainarla con calma a mi espalda.
-Me gusta proteger a las damiselas -dije ladeando la sonrisa mientras me relamía los labios llenos de sangre salpicada.
Ladeé la cabeza observándola como el depredador que era, mi sonrisa se ladeó la sentir sus ojso escuadriñarme de un modo casi igual de salvaje.
Asi que pretendía que la entregara a Akershus, a ese tal conde Cannif que la esperaba.
-¿Y pagaría bien tu hermano, el conde, tu padre?

Iba a abrir la boca pero antes de que lo hiciera atrapé sus muñecas y di un tirón de ella rumbo al negro percherón, no tarde en alzarla de las nalgas para subirla sobre el animal noble y de un salto subí tras ella.
La falda arrugada dejaba los muslos ligeramente cubiertos, podía notar su agitada respiración, fiera parecía decidida a encararme, su corazón latía desbocado y finalmente se hizo la calma.
Las brujas funcionaban de otra manera, eran inteligentes, cultas, no eran norteñas salvajes, escuderas capaces, pero eran mas peligrosas.
-¿No os alimentan a las niñas ricas? -pregunté rodeando con mi brazo su cintura antes de ponerme al galope.

Su pelo ondeó golpeando mi rosto, olor a grosellas, a lilas y a frutos del bosque inundaban mis fosas nasales.
-Pero si os lavan a conciencia -dije riéndome contra su cuello mientras husmeaba su piel.
Mi diestra se alzó restregándose por sus dos pequeñas montañas con rudeza, dejando manchas carmesí sonreí su impoluto vestidos
-en el mercado no sacaré mucho por ti, eres demasiado poca cosa – deslicé mi mano hasta las riendas nuevamente – pero a mi me puedes servir ¿que sabes de nigromancia? -pregunté enarcando una ceja.





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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Flamma Sacro el Lun Mayo 21, 2018 4:48 pm

Sin ningún miramiento la subió al caballo de un estirón, después se atrevió a pasear sus manazas por encima de sus pechos y la llamó escuálida. ¿Había insinuado que iba a venderla en el mercado? ¡Por todos los dioses! ¿se podía oler peor?.Arrugó la nariz cuando el cainita la “olió” deslizando así su nariz por el cuello y desprendiendo ese hedor a rata muerta tan cerca de ella. Mantuvo la compostura apretando los dientes cuando sus pezuñas se deslizaron sobre la seda que la cubría.

Mi familia tiene dinero, si es lo que necesita, se lo darán.— Elevó los ojos al frente para mirar el camino, como si nada estuviera pasando y agarró una de sus manos bajándola a un lugar más correcto.— Como lo que cualquier chica de mi edad, al contrario que usted, que su alimentación daría para muchos debates. Dejémonos de tonterías, yo sé lo que es y usted sabe lo que soy. Tan sólo lléveme a un lugar civilizado y acabemos esto como un buen negocio, no hay necesidad de ponernos hostiles.

Aunque seguramente él creyese que tenía todas las de ganar, había cosas de Flamma Sacro que nadie esperaba encontrar en una muchacha así, con esa pinta de damisela frívola y consentida. Era mucho más lista y letal de lo que aparentaba.

¿Nigromancia? Mi padre la domina, no tiene secretos para él.*

Su padre ¿a quien cojones le importaba su padre? no me fiaba de nadie que no tuviera sometido bajo el filo de mi espada y no era tan necio como para meterme en asuntos de brujos por muy inmortal que fuera.
-Pues tendrás que aprender -sentencié con rudeza espoleando al caballo.
Un gruñido de fastidio salió de mi garganta, eso complicaba mas las cosas, mi suerte al encontrarla se evaporaba por momentos, no me servia para nada mas que montarla como una buena jaca si lo que sabia de magia era sacar pajaritos de sus bragas, yo quería a mi mujer de vuelta y para conseguir eso necesitaba la nigromancia.

Su padre me la jugaría, es lo que hacían estos seres con poderes, no estaba tratando con un hombre burdo, bueno si, pero uno con la edad suficiente como para saber lo que esos hechiceros guardaban bajo la chistera.
-¿cuanto tardarás en aprender a resucitar muertos? -rugí de nuevo en su oido como si mantener una conversación normal no fuera conmigo -mas te vale que seas rápida o dejaré que todos mis hombres te monten cada noche para incentivar tus ganas.*

¿En serio estaba hablando de capturarla como a un venado y tenerla en su casa como una furcia para sus hombres? Debía estar perturbado, no sabía quien era su familia, quién era su padre y su hermano y la relación que tenían con el conde Cannif.

Al parecer al mismo tiempo que usted aprenda modales… es decir…¿nunca?.— Se la estaba jugando a que le diera un mordisco y la desangrase, pero si lo hacía, ella emplearía algunos trucos como drenarle completamente la energía y el espíritu, induciéndole una apatía total, que no se le iba a levantar ni en cien años.— Soy una dama, no debería tratarme como si fuera una rata de alcantarilla, porque no lo soy.— empleó un tono suave, si no se ponía histérica sería mejor.— Le seré más útil como aliada que como enemiga, seguro que cuando lo piense con calma lo verá más claro.*

¿De que hablaba la dama? enarqué una ceja antes de explotar a carcajadas en su espalda, mi aliento mecía su pelo y no me caí del caballo porque iba bien agarrado, ahora se creía la mujer en condiciones de negociar conmigo, su dueño, su utilidad.
-Se bien para que sirven las mujeres -dije entre gruñidos -y todas tienen lo mismo en común, sean monjas, damas, reinas o furcias, un hueco caliente entre las piernas donde nosotros metemos la verga.
Esperaba le quedara clara cual era su utilidad para mi si no aprendía nigromancia -eso si, podrás tener el honor de bañarme y llenarme los cuernos de hidromiel a mi y a los mios para que nunca se acaben, bueno y por supuesto ocuparte de la casa, el ganado..etc.*

¿Pero qué narices se estaba fumando ese tipo? Ella iba a ver a Arturo y su futuro no iba ligado a cuidar cabras para un pazguato muerto con ínfulas de reyezuelo.
Creo que no tenemos la misma visión del futuro. Si quiere una empleada del hogar, hay miles de mujeres encantadas de hacer esas tareas. Si quiere que sus cabras, ovejas o lo que críe mueran de hambre, sus hombres beban licores de mierda y su piel sufra de sarpullido, ponga una bruja en su vida.— Comentó así a la ligera.— Básicamente, no sé hacer nada de lo que ha dicho antes, como le dije, soy una dama y me están esperando, si usted no me ayuda a llegar a mi destino, vendrán a por mi y será peor. ¿Necesita ayuda con el baño? Eso creo que podría intentarlo. ¿Es siempre tan desagradable con todo el mundo? Supongo que si, por eso tiene que secuestrar a mujeres para que trabajen para usted.*


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Eirikr Blodoks el Mar Mayo 22, 2018 4:26 pm

-¡¿Siempre hablas tanto mujer?! - gruñí al tiempo que guiaba a la montura hacia una aldea cercana, la noche había caído hacia ya bastantes horas y el amanecer se acercaba, necesitaba encontrar refugio para no convertirme en polvo ante sus ojos, asi que busque la primera taberna y pagué por una habitación en el piso superior y una buena cena para mi acompañante, si al final no me valía para nada mas que empotrarla, al menos que tuviera carnes de donde agarrarse y energía suficiente para llevar a cabo las tareas diarias.

La empujé hacia la mesa y le puse el cuenco delante frunciendo el ceño.
-Come -gruñí sirviéndome una buena jarra de cerveza negra para mi y repletando el vaso de la bruja.
Había dicho una gran sarta de tonterías pues si usaba la brujería con mis hombres o con las cosechas la quemaría en la plaza del pueblo y disfrutaría mandando a ese maricón del conde de Akershus señales de humo para que dieran con ella, yo no temía a nada y menso aun vikingo descafeinado.*

Enarcó una ceja ante el cuenco con pinta de vómito de perro, pero aún así hundió la cuchara y la sopló, humeaba, luego lo probó y puso una mueca, pero se lo comió. Había probado mil cosas mejores, pero necesitaría toda su energía para zafarse de una situación violenta con ese energúmeno si se daba el caso. Había un pequeño ventanuco, estaban en el piso más alto y por allí no podría salir, tendría que ser por la puerta, pero estaba segura que el hombre no la dejaría de vigilar.

— ¿Cuál es tu nombre?.— dejó el tratamiento cortés a un lado, porque hacía un rato que ella marcaba las distancias y a él se la sudaba todo.— yo me llamo Flamma.— hundió la cuchara una vez más y sopló de nuevo hasta poder tragarse el bocado. Los hombres de allí tenían costumbres bárbaras, Arturo ya se lo contaba en sus cartas, que estaban todos asilvestrados, eran sucios, ruidosos, violentos y les daba igual tirarse un cuesco en tu cara. Suponía que los vampiros no se tirarían gases, pero a saber.*

Volví a empujar el cuenco de la comida hacia ella alzando mi mirada de la jarra por encima del vidrio.
-Hablas mucho -repliqué con otro aspaviento para que acabara de una vez, antes de que los primeros haces de luz se adentraran en la taberna tenía que estar a resguardo en el piso superior.
-Eirikr -respondí sin ms relamiendo mis labios y llevándome la espuma que había quedado sobre mi superior.
Acabada mi bebida me puse en pie y sin mediar palabra enganché su brazo y tiré de ella hasta ponerla en pie, la cuchara le cayó de la mano salpicando en la sopa por el sobresalto.
Creí escuchar un "animal" que escapaba de sus labios y mi sonrisa se ladeo porque razón no le faltaba en esa observación. Tiré de ella escaleras arriba sin forcejear demasiado pues la mujer parecía empezaba a asumir su sino y una vez dentro de la cámara cerré la puerta a mis espaldas.
-bienvenida a tu palacio princesa -bromeé divertido caminando hacia los ventanales para afianzar bien los postigos.
-Prepara el baño -ordenes cortas y sencillas, estaba seguro que para eso si valía.
Llevaba tiempo sin darme uno y la sangre quedaba adherida a mi tez junto a la roña como una segunda piel.*

Ni siquiera la dejó terminarse aquel mejunje, pero bueno, tampoco es que fuera manjar de dioses. A trompicones subieron la escalera y de nuevo le dio órdenes. Pensó en su madre, cuántas veces le había dicho que los hombres ansían el control, el poder, la supremacía…pero todo nace de una tremenda necesidad de ser adorados, respetados y admirados, y si no lo consiguen, entonces lo intentan exigir.
A lo del baño no le iba a protestar, porque era realmente desagradable convivir con un hediondo semejante. Llenó la tina de agua y calentó un cubo en la lumbre, con eso se templaría toda, aunque posiblemente le diera igual, él no podía morir de pulmonía.

Buscó algo de jabón y deshizo un trozo en el agua, para ello se despojó de la capa con ribetes de visón y se arremangó la seda hasta los codos. Sus mechones negros se escapaban de las pequeñas trenzas que llevaba alborotadas y decidió recogerlo todo en un moño. Tenía la piel canela como su madre, el cuello largo y esbelto y un perfil que al mirarlo bien de inmediato uno sabía que no estaba ante una damisela en apuros, el apuro iba pegado a ella pero para que lo sufriera quien cayese en esa tentación.

— Ya está. ¿Necesitas ayuda…Eirikr?.— sujetó la esponja con la mano y cuando le lanzó la pregunta sus ojos parecían sinceros pero su afilada media sonrisa apuntaba a todo aquello de lo que un hombre sabio debería huir. Era una bruja y nunca sería de fiar para alguien que supiera lo que eran capaces de hacer.*



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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Flamma Sacro el Miér Mayo 23, 2018 4:02 pm

La doncella , pese a su alto estatus, no pareció temblar ante la idea de prepararme un baño, se arremangó para no mojarse el vestido y recogió su larga cabellera laca en un moño alto que dejaba al descubierto su esbelto cuello. Era tentadora esa imagen y mas para un vampiro que llevaba todo el día sin alimentarse.
Mi sonrisa se ladeó al ver como alzaba su mirada y esponja en mano abrió sus labios para hacer la pregunta adecuada, la joven aprendía rápido, ella era mía y como tal me bañaría, se abriría de piernas y haría todo cuanto a mi me complaciera.

Sin darle respuesta a su pregunta dejé caer a un lado de mi hombro las pieles para luego recogerlas con mi diestra y lanzarlas sobre una de las sillas. Sin apartar mi mirada de su piel canela desabroché uno a uno los botones de mi camisa que alojaba tanta mierda que podía tenerse en pie sin necesidad de tener bajo ella mi percha.

Las botas, los pantalones después y desnudo dejé ver sin ningún tipo de vergüenza mi cuerpo al descubierto.Las cicatrices contaban gestas pasadas, muchas de ellas plagadas de victorias, otras de derrotas que suponían un aprendizaje y como no, la que me llevó a esta no vida, la mayor de todas ellas y sin duda de la que mas había aprendido.

Me acerqué a ella en silencio, mi verga colgaba y sus ojos no pudieron evitar centrarse en ella.
-¿te gusta lo que ves? -pregunté metiéndome en la bañera y dejando mi cuerpo reposar en esta le indique que empezara.*

Evitó reírse de la pregunta, pero ganas no le faltaron. Los hombres y sus pequeños penes con grandes egos. Tal cual se lo había enseñado su madre. El agua comenzó a disolver la suciedad y con la esponja era más fácil.

— No me gustan los muertos, lo siento. Pero supongo que tendrás unos pocos años…siendo así, te conservas bien.— Pasó la esponja por encima de sus hombros y retiró un poco el pelo, que ya empezaba también a desenredarse. ¿Qué le costaría ir aseado? nada. Pero eran bárbaros sucios y gorrinos, eso era desagradable, al menos para alguien que se había criado entre lujos y sedas.

Sabía que el cainita llegaría un momento que sobrepasaría la cortesía que no tenía y o bien le daría un buen golpe, la mordería o la abriría de piernas. Ciertamente no estaba muy asustada, su madre le había contado las innumerables veces que había sido un mero objeto, y cuando eso sucedía, lo mejor era sacar la ventaja. Los golpes sanaban rápido y el sexo en verdad no tenía mucho más valor que comer o defecar, así que lo más peligroso era la mordida. Erline le contó que era la droga más potente que existía. Había probado la sangre de vampiro, ¿cómo la consiguieron? Eso no lo sabía, pero seguro que Lucio la había obtenido con métodos pocos ortodoxos. Lo que no había probado era la mordida de un inmortal. Su madre le contó que era un viaje potente y extraño que te dejaba después en el límite de la cordura, no estaba segura de querer probar algo así, con lo cual era mejor no enojarlo demasiado hasta descontrolarlo, porque no sabía si podría pararlo. Lo que tenía claro es que después sería él quien sufriese las consecuencias de propasarse con una bruja si lo hacía.

Siguió pasando la esponja por el brazo que estaba apoyado sobre el borde de la tina, no estaba muy acostumbrada a ver cuerpos recios, la mayoría de la gente que conocía eran brujos, otros tantos eran empleados de su madre y casi todos habían ejercido la prostitución, así que sus anatomías eran más bien cuidadas o delicadas, era un oficio que provocaba callos en el alma, no en las manos.*

La mujer decía una cosa, como todas peor en el fondo pensaba otra, no había dejado de pasear esa esponja por mi cuerpo sin olvidar ni un solo rincón, bueno solo había uno que todavía no había tocado, lo que me llevó a ladear la sonrisa perdiendo mi mirada en la suya astuta.
-Ahí abajo también esta sucio -le recordé. Mas antes de que protestara o abriera la boca para hacerlo mi diestra atrapó su muñeca. La esponja se resbaló de su mano y sin ningún miramiento acompañé a sus dedos hasta mi tronco que aferré con fuerza sintiendo como crecía de inmediato.
-Para estar muerto no funciona mal ¿verdad?

Si algo me estaba sorprendiendo de aquella mujer es que no habían gritos, ni suplicas, no veía miedo, ni siquiera lo olía. Había tomado a muchas mujeres a lo largo de mis años como humano, y si algo tenían en común aquellas que no deseaban ser montadas, es que lloraban y gritaban, pataleaban y mordían sin tregua hasta que finalmente sucumbían a la evidencia de una fuerza mayor perdiendo su mirada en el cielo sabiéndose perdidas.
-Desnúdate -ordené sin apartar mi turbia mirada de sus ojos desafiantes.

Si obedecía perfecto y si no lo hacía, en ese momento volvería a encontrarme a una mujer suplicante, histérica y muy fácil de ser reducida, me importaba una mierda como conseguir mi propósito, al final de la noche me la follaría.*

Como todos. Los hombres eran simples como el mecanismo de una palanca, hacías presión aquí y se levantaba por allá. Toda una persona alrededor de un apéndice de carne erecto, a eso se reducían. Bueno, algunos eran más listos, como su padre, pero Erline solía decir que no conocía aún a ninguno que no se perdiera cuando le tocaban los mecanismos correctos.

Sus ojos le lanzaron un “¿estás seguro de eso?”, pero el vampiro no reculó, así que… avisado estaba. Achinó los ojos mientras dejaba flotar la esponja y se incorporaba dándole la espalda y deshaciendo los lazos del corsé. La primera capa cayó sobre una silla, sólo tenía ese vestido, lo demás estaba en el baúl que se quedó en la calesa, y no quería que se mojara o estropeara, odiaba ir mojada porque sí. Después la falda lo siguió, las enaguas y todos los refajos que la cubrían hasta dejar a la vista un cuerpo grácil de piel tostada. La ropa interior era de encaje de color Champagne que resaltaba sobre sus morenas curvas, la dejó también sobre la silla y bajó despacio las medias, al igual que Erline, sus movimientos calculados estaban llenos de sensualidad, pero aunque no los calculase, también. La piel fresca y tersa de su edad estaba invitando al que la contemplaba a probarla, se movió hacia la tina como un gato paseando por encima de un tejado, estaba muy segura de sus encantos y de sus poderes. Quizás no pudiera invocar a muertos, pero podía hacer otras muchas cosas y al igual que los bombones…podía tener un relleno amargo, ya lo descubriría el inmortal.*


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Eirikr Blodoks el Miér Mayo 23, 2018 4:06 pm

Hipnóticos, así eran los movimientos de esa mujer que hicieron del desnudo un arte, cada prenda era apartada de us piel con una caricia y yo deseaba probar cada trazo curvilíneo de su cuerpo, me llevó a desearla de un modo ilógico, pase de querer follarla a querer saborearla y en ese momento tenía que reconocer que aquella mujer era mas de lo que a simplemente aparentaba.
Las mujeres del norte eran fáciles de comprender, luchaban como bestias dispuestas a no ceder un ápice de terreno, mas esta parecía sibilina como una culebra que encerraba un gran veneno.
Eso o que había quedado tan deslumbrada por mi que al final le apetecía que me enardeciera dentro.
Había escuchado habladurías sobre los taciturnos hombres franceses que no sabían usar la verga y que andaban apoyados en bastones pues sus piernas no les aguantaban. Eran débiles y enclenques, normal que ante un semental de mi calibre se bajara las bragas suplicando ser tomada.

Mi sonrisa se ladeo al tiempo que apoyaba las manos en el borde de la tina y me alzaba, el agua escurrió por mi piel clara y sin pensarlo salí de allí quedando de frente a la desnuda mujer de cuerpo inmaculado.
-Estas flaca -dije a modo de ofensa porque tampoco iba a decirle que tomarla era todo en lo que pensaba -tendrás que engordar, no me gusta pasar la mano por una tabla -dije con rudeza llevando mi diestra a los lacios mechones de su cabellera parda.

Con rudeza la atraje contra mi, no pedí permiso, mi lengua como un ariete penetro entre sus belfos buscando paladear ese sabor francés de niña bien tan característico. Mi zurda se encargo de inspeccionar cada centímetro de su cuerpo, desde las alzadas montañas ahora picudas por la tortura de mis dedos a su centro empapado en deseo.*

Los cuerpos eran como una máquina programada para hacer lo que debía hacer; tocabas una tecla y se prendía el fuego, bajabas una palanca y se abría paso la humedad…ningún misterio al respecto. Ella conocía sus teclas y palancas, y se dejó hacer, se humedeció en seguida bajo el tacto inquieto y curioso del norteño. Estaba delgada porque su constitución era esa, pero no le importaba en absoluto su opinión, sabía que el deseo se podía incendiar igualmente si se conservaba el misterio suficiente. Afianzó una mano en su brazo para no caer hacia atrás y la otra la subió por su pecho despacio; Flamma posó sus verdes ojos en los del vampiro descendiendo de ahí a sus labios y vuelta hacia arriba, a la vez que la mano libre seguía ascendiendo hasta su barbilla. Allí atrapó la mejilla y se acercó susurrando.

— hablas demasiado.— le contestó sus propias palabras dichas momentos antes, entreabrió los labios y besó los de Eirikr sin pudor, inspeccionando ahora con su lengua cada rincón, presentándole cada recoveco hasta conocerse.*

Mis manos ásperas se deslizaron por cada curva cada vez mas rudas, esa mujer era fuego, no parecía intimidada por mi, al contrario y a punto estuve de preguntar si se había criado en algún burdel porque esto no era lo que había escuchado de las pobres parisinas siempre tan reacias a pecar ante su dios crucificado.
-Y tu gritas demasiado poco -susurré mordiendo su labios inferior antes de profundizar en el beso hasta que recorrí en una danza de fuego cada recoveco de su boca, contando sus muelas, lamiendo su paladar.

La giré de golpe decidido a embestir, mi verga estaba dura, palpitaba de impaciencia cuando atrapé el tronco. Deslicé despacio el glande por su abertura mojándolo de sus fluidos dejándolo brillante y listo mientras el cuerpo de Flamma se arqueaba y por encima del hombro parecía invitarme a hacerlo. Una estocada basto para colarme dentro. La mujer se aferró con las manos al borde de la tina, sus pechos golpearon la pared de la misma rebotando contra ella en cada nueva sacudida.*

Le gustaban los gritos, la negativa, el forcejeo, todo aquello que rubricase su supremacía, su poder, su voluntad. A muchos les gustaba ese juego, pero cuando no lo obtenían se descolocaban, ¿sería de esos? No lo comprobarían hoy, tejer la tela de araña era todo un arte, dejarla lista e invisible para que las presas caigan, envolverlas despacio hasta asfixiarlas… así es como Erline la había enseñado. Hoy tocaba dejarse y evaluar el resultado. Emitió un quejido o un gemido, era difícil de clasificar cuando entró bruscamente en su interior, pero pronto sus paredes se dilataron y se acomodaron al vaivén rudo al que la sometía el vampiro. Eminentemente tenía una fuerza superior a un humano normal, comenzaba a ser consciente de ello y mentalmente apartó los pensamientos que la llevaban a una situación en la que su frágil cuerpo de sangre y carne pudiera sufrir daños. Tras una embestida llegaba otra y su cuerpo se rendía al placer brusco y explosivo.*

Enredé mis dedos en su pelo, alcé su cabeza para morder sus labios entre jadeos, deslizando mi lengua por su mandíbula, dejando un sendero de saliva que emborronaba con mi boca a cada mordida. Me perdí en ese cuello alzado por donde corría la sangre desbocada, hundí en su yugular mis colmillos sajando su piel, tirando de sus venas con cada nueva estocada. Sentí su sangre fluir por mi boca desaforada, no pude contener un gemido de excitación y de hambre. Mi pelvis golpeaba sus glúteos dandole profundas estocadas, llevé mi diestra hasta sus labios bajos, los separé recorriendo su botón con la yema de mis dedos impaciente.

Mi grueso miembro se abría paso entre sus calientes y resbaladizas paredes, cada vez mas enardecido, a punto de explotar en su interior, la empotré contra la tina con una nueva acometida, sus rodillas incapaces de seguirme el ritmo cedieron y medio cuerpo cayó sobre el agua bañando de espuma sus pechos. Incapaz de detenerme seguí aquel ritmo devastador hasta que en una nueva acometida me fui en su interior, llenándola de mi leche que escurrió por sus muslos acompañada de sus propios fluidos. Mi pecho cedió sobre su espalda mientras gruñía como una animal sintiendo como mi verga se sacudía entre espasmos.*


Su ritmo salvaje era placentero, controlaba su cuerpo lo suficiente para relajarse y disfrutar ya que de nada hubiera servido resistirse, pero fue cuando hundió los colmillos en sus venas cuando se dilataron sus pupilas y su cabeza comenzó a dar vueltas. Erline se lo había contado tal cual lo estaba sintiendo, el mordisco arrancaba la cordura de forma violenta, se desataba un torbellino de sensaciones que corrían electrizantes por cada célula descargando sus impulsos y saturando la mente de sonidos, olores, colores y placer. El calor aumentaba pero la sensación era de frío, el todo y la nada a punto de explotar por el bocado del inmortal. Su cuerpo se tensó y convulsionó de la oleada de placer intenso que la recorría una y otra vez, un potente orgasmo que arrancó a su garganta gemidos guturales. La tortura cesó pero por su cuerpo seguía circulando rayos bajo la piel, la respiración superficial apenas le proporcionaba oxígeno y sentía todavía el ahogo en su pecho. Eirikr se desplomó contra su espalda y por unos segundos el silencio de ese cuarto sólo se rompía por sus bocanadas de aire. Cuando él se separó tuvo que sujetarse al borde de la tina, su cabeza estaba en piloto automático y como si se tratara de un espectro ajeno a la realidad, se terminó de apartar para adentrarse en el agua aún templada. Se miró las manos, cubiertas de sangre, y recordó una vez cuando era pequeña que su padre regresó a casa cubierto de rojo, sus ojos no mostraban la más mínima emoción asociada a eso, recordó que le pareció aterrador y fascinante. Las giró, observándolas, era su propia sangre, que había salido del cuello y decidió probarla. Se lamió un dedo, ajena a la presencia del vampiro, el sabor era como el de un filete poco hecho, nada del otro mundo, y resolvió que no podía ir por ahí con eso, las hundió en el agua y se lavó con la esponja, despacio, como en otro mundo.*

Me separé de ella en cuanto me recompuse de la corrida, había estado bien al menso para mi así que si para ella no era así, me importaba una mierda. La doncella se levanto con la misma dignidad con la que se desnudo y sin mas palabras se adentró en la tina para borrar su vergüenza. Yo me calzaba los pantalones cuando la observé con la mirada perdida pero observando sin expresión alguna la sangre que manchaba su piel, incluso en un acto realmente morboso lamió no de sus dedos paladeando el sabor férreo.
-¿Te gusta? -pregunté anudando el cinturón antes de que la dama que parecía absorta en la nada batiera sus manso bajo el agua y tomando la esponja empezara a limpiar con cuidado su piel.

Nada mas tenía allí que hacer, así que salí del baño dandole la intimidad que necesita. Una vez fuera me dejé caer en el único lecho de la cámara. No se el tiempo que tardo en salir pues mi mente seguía buscando formas, soluciones para devolverle la vida a mi esposa, también yo me había perdido en mis propios recuerdos, unos que no iba a conformarme con rememorar, pensaba recuperarla y junto a mi reina traería el caos a esta tierra de hombres imberbes.*


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Flamma Sacro el Jue Jun 14, 2018 9:55 am

No respondió a la pregunta porque no escuchaba en realidad sus palabras, cuando el baño relajó sus músculos y recuperó los sentidos, salió del agua, se secó y se colocó la ropa interior y las enaguas, no tenía más ropa que esa y no pensaba dormir con corsé. Se soltó el pelo de nuevo para estar cómoda y salió a lo que era la habitación propiamente dicha, miró a Eirikr con expresión de “¿y dónde duermo yo?”. En el suelo no era una opción, hacía frío, era incómodo y si él no quería compartir esa cama, bajaría y pediría otro cuarto, se pusiera como se pusiera.*

Enarqué una ceja, admito que el valor de esa mujer no conocía parangón, lejos de quedarse hecha un ovillo en el baño lamentando su "deshonra" salió de él para enfrentarme otra vez.
Ladeé la sonrisa al ver su gesto, parecía preguntarme donde debía acostase, como si eso me importara.
-Donde quieras mujer, no tengo problemas en compartir lecho-respondí sin mas volviendo a mis cavilaciones ahora que me había quedado satisfecho.*

Él no necesitaba el calor de la ropa de cama, pero ella sí, en esas tierras hacía un frío del demonio y como bien había dicho antes, estaba falta de carnes. Sin más ocupó el lado libre, se cubrió con el edredón y le dio la espalda, tampoco hacía falta contarse la vida y las penas, cerró los ojos y esperó a que el sueño la venciera. Tardó un rato, no era su costumbre dormir de día, pero el trajín de la noche en vela la había agotado. Antes de dormirse sonrió de medio lado y murmuró algo ininteligible antes de decirle “buenas noches” al vampiro. Ahora estaba satisfecho, saciado, con su ego alimentado, pero cuando despertase le esperaba un hastío de los buenos, le arrebataría las ganas de empotrarla contra una tina o de tratarla como si fuera mierda.*

No tarde demasiado en caer en los brazos me Morfeo, el viaje era largo y mi noche movida, saciado y bien alimentado el descanso lo tenía mas que merecido. No desperté hasta bien entrado el ocaso, me sentía cansado, como si me hubieran drenado la energía ¿podíamos enfermar los vampiros?
Incorporé el torso de lecho sabiendo bien que quedarme allí no era una opción tenía que seguir adelante, llegar a mi condado y descubrir con cuantos Blodoks contaba para reconquistar el norte.
No sería la primera vez que luchaba enfermo, ni malherido, yo era un vikingo y fuere lo que fuere el mal que me atenazaba se diluiría con mi empeño.
-Vamos -le ordené a mi esclava.
Enarqué una ceja en lo que a simple vista me pareció una sonrisa plagada de malicia, pero estaba demasiado apático como para discutir ahora con ella, así que me limité a tirar de su brazo para que aligerara el ritmo y cargando a mi espalda el mandoble me encaminé escaleras abajo.*

Vestida de nuevo como una dama y con la capa de visón, se detuvo unos instantes en la barra y sonriéndole al camarero le dijo.

—¿Podrías traerme algo de comer? Estoy muy hambrienta.— antes de diez segundo ya tenía una empanada caliente en un plato, como Blodoks insistía en salir de allí le dedicó otra sonrisa al hombre.— Gracias por invitarme, que tengas buen turno.

El camarero se quedó como alelado mirándola, no es que la hubiera invitado precisamente pero todo daba igual, las palabras de Flamma eran como la música del flautista de Hamelin. La joven lo envolvió en una servilleta y sin darle más importancia fue mordisqueándolo hasta el establo donde se encontraba el percherón negro. La dominación no funcionaba con los inmortales que tenían bloqueo como Blodoks, pero con los humanos era sumamente fácil.

—¿a dónde vamos?.— preguntó mientras soplaba la empanada que aún humeaba.*


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Re: Tu hielo y el mío (privado +18)

Mensaje por Eirikr Blodoks el Jue Jun 14, 2018 10:00 am

El camarero parecía embelesado por esa mujer, tampoco es que me sorprendiera, le faltaban un par de dientes y la miraba con cara de salido, así que lo de la empanada fue un gesto "bonito" pero absurdo, no se montaría a mi esclava.
Tiré de ella con un gruñido para que me acompañara a los establos, allí me esperaba el percherón negro que había conseguido robándoselo a unos cuantos soldados de ese tal Randulf, tarde o temprano lo visitaría, el norte era mío y no de ese "rey" con ínfulas de grandeza.
-Monta -ordené sin tener muchas ganas de mantener con ella una larga conversación ,mi humor andaba agriado por las circunstancias y de no saber que era imposible, que estaba muerto como para sufrir fiebres, hubiera pensado que estaba pasando por alguna enfermedad de ese tipo.*

Se subió al caballo degustando su desayuno. ¿Estaba de mal humor? Pues que se jodiera, eso le pasaba por meterse con brujas. Tenía que avisar a Arturo, en cuanto pudiera quedarse a solas un instante le mandaría un mensaje mágico.

—¿cómo voy a engordar si me matas de hambre?

Cabalgaron un par de horas rumbo a noreste y Erikr cada vez estaba de peor humor, el estado de ánimo sombrío se instalaba como una pesada nube y Flamma mientras tanto iba dándole vueltas a lo de la noche anterior, no había estado tan mal, el polvo al menos. Pero era un tipo peculiar, maleducado y dictador. En algún momento decidió aflojar el conjuro y el vampiro comenzó a sentirse algo mejor, quizás así se animase a cazar algo o al menos a parar y descansar un poco, le dolían las partes bajas de tanto trote.*

Poco a poco parecía ir recuperándome de aquella maldición que me había sobrevenido de golpe, seguramente seria lago ingerido o a saber, el caso es que me encontraba mucho mejor, lo que me llevó a ladear la sonrisa y a desliar mi diestra por su muslo mientras montaba.
-Tienes razón, tengo que alimentarte bien, eres todo huesos -mi mano ascendió por la cara interna hasta que la punta de mi dedo chocó con el candor de su sexo.
Flamma parecía exhausta, habíamos cabalgado durante horas sin hacer parada alguna, así que detuve la montura para permitirle estirar las piernas, beber algo y mientras le traería una pieza de caza que pudiera llevarse a la boca.
-Hablando de todo un poco -dije así como quien no quiere la cosa -dices que tu padre sabe de nigromancia, lo que quiere decir que tu eres capaz de aprenderla ¿cierto?
Antes de que abriera la boca para rebatirme alcé el dedo frunciendo el ceño.
-Piensa bien lo que respondes mujer.

—Necesitaría años para dominarla. La magia se puede aprender, pero si no naces con los dones correctos te cuesta mucho más, es como si a ti te dijeran que debes estudiar leyes y ser el mejor en eso, necesitarías años para hacerlo, no es algo que en tres meses agites una varita y resuciten los muertos. Mi hermano también lo domina, vino a Akershus a aprender algunas cosas de una bruja que tienen allí, que es de la total confianza del conde.

Se agachó a hacer un cuenco con las manos y beber directamente del río, si el vampiro no entendía que debía llevarla a Akershus, quizás al saber que Arturo también era nigromante, se lo pensase mejor.*

Medité sus palabras, esa mujer era lista, tenía que reconocerlo, sabía bien como envolver a unos y a otros peor yo era un inmortal milenario, no iba a ser tan fácil jugar conmigo. Esperé a que se pudiera en pie aparentemente calmo y sin mediar palabra mi brazo se extendió agarrando su cuello entre mis dedos.Tiré de ella con rudeza orillando su rostro a escasos centímetros del mío.
-Si me estas mintiendo para que te lleve a Akershus, tu hermano es hombre muerto y a ti te lanzare a los perros, no quedará de ti ni esa bonita sonrisa que te gastas ¿de acuerdo?
Cada palabra era escupida contra su boca, esperaba que no se tomara a broma mis amenazas.
-Puede que estes acostumbrada a jugar con los hombres, no me ha pasado desapercibidas tus artes, pero yo no soy uno de esos medio hombres.

Aflojé el agarre empujándola hacia atrás, la doncella cayó sobre la hierba llevando sus manos al cuello donde mis dedos se habían quedado marcados en su piel de terciopelo.
-¿tienes hambre? -pregunté ladeando la sonrisa como si nada hubiera pasado.
A las hembras había que adoctrinarlas, o a veces se creían con razones y derechos a hacer lo que les venía en gana.*


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