Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Cadenas invisibles (privado Tohrment)

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Cadenas invisibles (privado Tohrment)

Mensaje por Xanandra el Jue 17 Mayo - 21:47

"Santa condena
auto de fe"




Las luces del atardecer jugueteaban por los arobeles, dando al cielo un tono naranja, que traspasaba sus rayos por entre los arboles, la cambiente olfeteaba la brisa humeda mezclada con el olor a hierba, le gustaba bastante a la loba, que estaba apoyada en el porche mientras miraba el bosque con una manzana en la mano, a la cual de vez en cuando le daba una mordida distraida mientras disfrutaba de las vistas que ofrecía aquel recinto, lo que se alzaba a la espalda de la cambiante era un caseron, conseguido por un miembro de la santa inquisición que habia dado tanto a ella como a su hermana un lugar donde vivir, aunque la chica tenía buena posición de clase, tenía que estar bajo el amparo de un condenado licántropo, que cuidaba en cierta forma de ellas a cambio de algo naturalmente, en este caso solía ser el espionaje, ya que las habilidades de la cambiante solian ser muy buenas para ese tipo de cometido, sin contar su fino olfato, y los distitnos tamaños, aparte era mas facil para el licántropo comunicarse con ella cuando él estaba convertido en hombre lobo, y ella tenía la habilidad de comunicarse con animales, y para espiar su vista compartida era de lo más util.
Sin duda sus motivos tenía ese licántropo en mantener bajo su tutelaje a las hermanas, más ahora en esa residencia solo se encontraba Xanandra, que había estado todo el dia corriendo por el bosque en su forma de lobo y se había permitido comer algo de carne cruda de las piezas cazadas.


El caseron era considerable, con una gran chimenea que daba calidez al ambiente, y dentro las comodidades suficientes para no perder calidad de vida, habitaciones calidas, comodas con buenas camas, pequeña biblioteca y un salón acogedor, cocina, y baños, un buen hogar sin duda, todo a cambio de sopotar el temor que ese licántropo le provocaba, sin contar el respeto que le provocaba los inquisidores, pero era practicamente la unica visita que recibian al menos en esa casa, suspiraba acabandose la manzana antes de lanzarla a la hierba antes de girarse para volver dentro de la casa, quiza a leer, o simplemente a relajarse, hoy era de los dias que se dedicaba a atender más su lado lobo, pero necesitaba tambien aprovechar el tiempo para seguir culturizandose.


Más antes de entrar en la casa se detuvo pues el aire traía ese olor a incienso familiar, se acercaba un inquisidor, lo podía oler, sabían que esta zona era de Septimus, asi que sería cualquiera de su manada, o eso pensaba ella, ya que desde esa distancia no conseguía identificar quien podría identificarse, simplemente suspiró y dejó la puerta abierta y puso a calentar agua para preparar el té, antes de girarse mirando la entrada cuando el aroma a inquisidor se hiciera por momentos más potente, incluso escapandosele algún que otro gruñido lobuno de manera involuntaria, se gira a mirar a quien entra. -Buenas tardes..




"La ciudad no es nuestro hogar. Simplemente es el único lugar donde se nos permite existir durante mucho tiempo"

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Re: Cadenas invisibles (privado Tohrment)

Mensaje por Tohrment Fairchest el Vie 18 Mayo - 14:48

"Cuando se tiene sangre maldita en las venas,
debe usarse para hacer la obra de Dios".

Días interminables en la Santa Sede con base en París aturden al hechicero entre tantas solicitudes de búsquedas de información. Si bien son muchos los miembros de la Facción de Espías, pocos son los que tienen la habilidad del Fairchest que observa los documentos con minuciosidad antes de hacer a un lado un par clasificándolos. Esos son los que más tardarán en ser respondidos porque implica una búsqueda mayor a la que se espera. Sentado tras el enorme escritorio de caoba, cavila durante instantes con la mirada firme al frente sin que pueda observarse en él alguna actitud o rictus que pueda diferenciar su persona de Sephirot. Incluso al tomar la pipa, la aprieta entre los labios de la misma manera, aspira el tabaco quemado antes de mantener el humo en su interior por segundos medidos a pulso antes de soltar la bocanada.

Se pone en pie tomando la chaqueta de su traje de batalla, en el Santo Oficio, se puede apreciar que camina con pantalones negros y camisa de cuello blanca. Más la gabardina de capucha es del mismo tono de las ropas que cubren sus piernas. Se la abrocha con habilidad y en completo silencio, toma el cinturón con bolsillos para circular su cintura pasando la hebilla para que quede bien sujeto. Toma la espada para enfundar el acero a su derecha, echa encima de su cabeza la capucha para sujetarla con los cinturones en forma de cruz alrededor de su tórax. Los guantes son el toque final con las dagas ocultas en las mangas antes de tomar la escopeta, revisar que traiga suficientes balas para colocarla en la espalda.

Sale de su habitación, en cuanto su figura aparece en el pasillo, los Inquisidores van alejándose del camino del hechicero a pesar de reconocer quién de los dos gemelos es. El que los Fairchest tengan fama de malhumorados, violentos, de poca paciencia, entre otros adjetivos positivos. Cuando llega a la mazmorra donde Septimus se encuentra, se asoma para comentarle en un susurro - Oye, necesitamos hablar - quiere tener algo de intimidad, el licántropo lo comprende por lo que se le acerca - cuéntame - la voz es baja lo que Tohrment agradece porque de ésto nadie debería enterarse. Ni siquiera observa qué está haciendo tras él, bajo la capucha, sus ojos se fijan en los del licántropo - me parece que necesitaré a una de tus chicas, ¿Puedes prestármela por unos días? - el lobo enarca una ceja por la petición, pero no ve problema en que el hechicero use de ellas si lo necesita. - Por supuesto, ¿Sabes dónde se alojan o necesitas la dirección? ¿Qué te traes entre manos? - muestra curiosidad.

Decirle lo que le han encargado podría comprometer a Septimus, su  cabeza se mueve de derecha a izquierda - reserva tu curiosidad, lobo. Me llevaré a la cambiante - anuncia en tanto le palmea el hombro como forma de demostrar que la conversación ha terminado por su parte. El lobo asiente sin dar más importancia al asunto y se gira para seguir con su carnicero trabajo en busca de una confesión. Tohrment se retira a sabiendas de dónde encontrar a una de las hermanas. En su hogar, está seguro. Monta un caballo para acercarse al sitio cabalgando con celeridad. Los cascos del corcel resuenan a lo lejos para los oídos finos de cualquier sobrenatural. Es de día, su vista alcanza a divisar cómo ella ingresa al hogar sin siquiera esperar a que llegue, el único detalle que le indica que conoce de su presencia, es dejar la puerta abierta.

Desmonta, se asegura de que el caballo está sujeto en la verja para avanzar entrando por el umbral buscando con la mirada hasta que el sonido le ubica. - Buenas tardes, toma tus cosas, irás conmigo en una misión de espionaje, Septimus sabe de ésto. Tienes diez minutos - se acerca para tomar sin pudores una manzana a la que le hinca los dientes, con un crujido, se hace de un pedazo que introduce en su boca masticando con relajación. Se apoya contra la pared cruzando las piernas jugueteando con la redonda fruta en la diestra - ¿Qué esperas? ¿Una carta que te indique que debes venir conmigo? - su voz esta vez suena agresiva. Como siga esperando sin actuar, Tohrment actuará y eso no le agradará a la cambiante.


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Re: Cadenas invisibles (privado Tohrment)

Mensaje por Xanandra el Sáb 19 Mayo - 11:26

"¿Luz o tinieblas?
Que tu alma escoja"




Segun se acercaba el aroma incienso era más claro ese aroma de inquisidor, pero había algo raro, no había ese aroma a licantropo como a alguno de la manada de Septimus, más retiró la tetera para girarse a mirar a quien entraba por la puerta, no lo conocia lo que hizo que frunciera el ceño mirandole, mientras le observaba de arriba a abajo intentando recopilar más datos del hombre, pero solo olía y percibia su aura que daba pistas a la cambiante que clase de hombre tenía en frente, saludó y la mandó recoger sus cosas, eso hizo que la cambiante ladeara la cabeza observandole, sin dar mucho credito a sus ordenes, se quedó ahí plantada observaole, como si esperase algo, de hecho miró sus manos por si le tendía alguna carta o algo que proveniese del licántropo Septimus que la autorizase a moverse de ahí dandole permiso para que lo hiciera.
La última vez que se movió sin permiso el licántropo dió con ella y recibió de manera contundente la opinión que dió este por estar inlocalizable, y la reprimenda vino en forma de mordiscos y arañazos, donde dos lobos tuvieron una pelea que ella perdío, desde entonces procuraba mantener a ese maldito inquisidor contento y evitar cualquier tipo de confrontación.


Le sigue con la mirada como se toma la libertad de cojer la manzana y morderla mientras la cambiante tiene la mirada aun clavada en él con incredibilidad, hasta que este la despierta de sus propios pensamientos cuando la ruge para que se diera prisa, la cambiante parpadea repetidas veces aun absorta antes de correr al cuarto y coger una pequeña bolsa donde mete ropa de respuesto, y algunos utensilios que le puedan ser util, se viste con ropas para salir, y sale de la habitación lista para viajar, se acerca al hombre. -Ya estoy...- Dice de manera seca mientras sale afuera, mientras observa al hombre con los ojos entrecerrados, preguntandose quien demonios será ese hombre, aunque recuerda que alguna ocasión le sonaba, pero ahra no caía. -¿Quien eres tú?- Preguntó quizá de una forma demasiado impertinente y se dió cuanta de esto demasiado tarde, asi que extremó la precaución manteniendo cierta distancia del hombre, normalmente Septimus se ponía de mal humor si ella se crecía clar que él era un lobo y ese hombre no.


Miró bajando sus humos rapidamente, y ahora sí de manera más suave observó a ese inquisidor. -¿A donde vamos?.- Preguntó con una voz mucho más suave y tranquila, sin duda la querría para algo, pero por el momento no podía adivinar las intenciones de ese hombre con aura sobrenatural, que olía quizá a magia, aunque ahora que se fijaba su aura era mas tranquilizadora que la de Septimus, aunque su comportamiento no fuera tal, y fuera incluso intimidante, pero por naturaleza a los cambiantes se sentían mucho más comodos con los hechiceros que con cualquier otra especie, lo cual era ciertamente ironico por la ferocidad que destilaba ese hombre de atractivos rasgos, pero Xanandra solo se dedico a clavar su vista en el suelo mientras le seguía sin pronunciar más palabras que las que ya ha dicho.




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Re: Cadenas invisibles (privado Tohrment)

Mensaje por Tohrment Fairchest el Sáb 19 Mayo - 11:58

La cambiante obedece yendo a toda velocidad a cumplir las órdenes de Tohrment que se mantiene estático apoyado en la pared haciendo que bocado a bocado la manzana deje de tener esa forma esférica para quedar sólo el corazón y ser desechado sobre un plato, limpiando su boca a continuación con una servilleta por ahí dejada al olvido. Entrecierra los ojos cruzándose de brazos y de piernas por los tobillos manteniendo la calma. En tanto ella se prepara, aprovecha el tiempo para ir a orinar, está de vuelta cuando la cambiante lo alcanza. Da media vuelta para salir del lugar con el mismo silencio hasta que sólo una respuesta es entregada - Tohrment - la voz es firme, varonil y si no fuera por su condición de cuasi esclava de Septimus, le llamaría la atención de forma sexual.

La plática se termina ahí en tanto el Inquisidor sale del inmueble acortando la distancia en dirección hacia donde está su montura, voltea hacia la mujer afianzando las grandes manos enguantadas en su cintura para elevarla con la facilidad de una pluma y sentarla en el espacio entre la silla de montar y el cuello del caballo. Luego de eso, monta. Ahí es donde la cambiante siente el aroma de Septimus en las ropas del romano quien toma las riendas para empezar a dirigir su corcel con rumbo desconocido. Las palabras están ausentes durante hora y media en que atraviesan el bosque y van recorriendo un camino con la montura llevada a mitad de su velocidad. Es un hombre que economiza en acciones y movimientos. Que lleva a su animal sin exigir demasiado.

Su aura se mantiene tranquila la mayor parte del tiempo en que recorren la distancia que les lleva a otro poblado donde apean al lado de un establo. Tohrment baja para hablar con alguien, ella puede escuchar cómo negocia un cambio de caballo para seguir un camino desconocido por la cambiante. Una vez que paga, tras seis horas de total silencio, le vuelve a tomar de la cintura, la baja para montarla en el siguiente animal con el mismo proceso de mutismo durante el viaje hasta que por fin, entre caminos y bosques, logran llegar casi a mitad de la noche a un pequeño pueblo donde el inquisidor por fin se digna a hablar habiendo apeado el caballo frente a lo que parecería ser una casa abandonada donde vuelve a bajarla para ingresar en ésta - pernoctaremos aquí, dormirás frente a la puerta. Si algo se atreve a entrar o a molestar a la montura, darás la voz de alarma y nada más - de su mochila saca unas velas para encenderlas y dar algo de luz, necesaria para él, que la fémina seguro que puede ver con sus ojos aleccionados. - ¿Alguna otra pregunta sobre las indicaciones dadas? - aclara sobre qué puede indagar. Tras casi diez horas de viaje, el inquisidor está cansado. El caballo relincha afuera bien atado como ella ahora. Aunque las cadenas sean invisibles a sus ojos.


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Re: Cadenas invisibles (privado Tohrment)

Mensaje por Xanandra Ayer a las 11:53

"No puedo olvidar quien es él
dejarme atrapar sin dudar"






La joven agradeció que el hombre pasara por alto su descaro y las presentaciones hechas, él no preguntó por su nombre, y o bien no le importaba o si conocía a Septimus ya se lo había dicho, asi que tampoco insisitó en ello, no vió motivo en intimar más con ese hombre, de hecho cuando la subío al caballo no hizo amago de querer ni siquiera responder a su pregunta de cual era el sitió hacía donde marchaban, pero ya estaba acostumbrada a ese trato, de hacía 15 años para aca Septimus había hecho eso más veces llevarla de un sitio a otro sin previo aviso, tenerla de asistente personal incluso, y no solo espiando, a veces parecía que al lobo la entretenía tenerla hasta limpiandole la casa, puesto que este a veces se quedaba callado mirandola fijamente serío, y ella preguntandose que demonios invadia la cabeza del licántropo, de echo la cambiante le guardaba un tremendo secreto al lobo, un secreto que la prohibió revelar a nadie, ni siquiera a sus compañeros.
Suspiró mientras seguía el movimiento del caballo, el inquisidor no emitió sonido alguno, seguramente la cambiante no le gustaba un pelo, y simplemente le venía bien llevarsela a donde fuera, ya descubriria que se traía el hechicero entre manos, de momento dejaba embriagar por el agradable aroma que desprendian los hechiceros, eso simplemente era una manía, quizá solo eso.


Debido a que él no parecía querer comparti una conversación en las horas de trote del caballo el silencio de la cambiante era absolutamente pasmoso, con la mirada fija en el camino que recorriáin, podía percibir el olor a Septimus en el hechicero, eso también a estas alturas había congeniado cierta familiaridad con ese aroma, que era tanto una señal de obligaciones como de protección, era todo como un circulo vicioso para la loba cambiante, que mantenía el complento silencio.
Y aunque la sorprende el hecho de que se tome la molestia de ayudarla a bajar de un caballo y montarla en otro tras negociar con el hombre por otro caballo, durante el recorrido la cambiante tiró de su don telepatico con los animales para mantener una conversación mental con el caballo, que aunque no era ni mucho menos una conversación intelectual, si que comentaba lo que a la bestia de carga le gustaba, y la cabiante le acariciaba en la parte del cuello donde le gustaba, al menos eso fue divertido.


La noche les alcanzó y observó la casa abandonada, mentiría si dijera no había estado en sitios peores, pero estaba bien, cuando ató al caballo Xanandra aprovechó para premiarle con una manzana antes de seguir al inquisidor observandole, mientras este exigía la vigilancia mientras pasaban ahí la noche. -Está bien.- Respondió en un tono bajo, mientras miraba el sitio, y negó ante la pregunta si tenía dudas, ella sabía lo que tenía que hacer, no era la primera vez que ella montaba guardia una noche entera, se giró y miró a Tohrment. -No mires...- Dijo esta mientras se desnudaba enteramente ocultandose de la vista del inquisidor, antes de salir convertida en perro-lobo donde aun se mantenia latente su heterocromia en sus ojos, con uno miel y el otro azul, salió a la puerta y se tumbó ahí a vigilar, mientras seguramente el inquisidor dormia en su interior. La noche transcurrió tranquila mientras solo hubo el pequeño problema de una manada de lobos que mostró interes por el caballo, pero la cambiante consiguió convencerlos para que se retiraran sin mayor problema que ese, se mantuvo alerta hasta que empezó a dislumbrar las primeras luces del alba.




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Re: Cadenas invisibles (privado Tohrment)

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