Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

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Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Dom Mayo 20, 2018 11:34 am

Recuerdo del primer mensaje :

Escuchar música es un lujo que poco pueden darse. Pero componerla por sí mismo, cualquiera puede imaginarla en su mente.

Apenas han pasado 2 días desde mi llegada; pero mientras antes me acomode a la las costumbres propias de una dama en la sociedad, más rápido podre infiltrarme donde realmente deseo.

El padre Mario en persona solicito un profesor de música para mis buenos modales. Piano, ni más ni menos. Acorde, elegante, sutil… propio. Sus únicas palabras, que suelen ser muy escazas, fueron que era un caballero de clase media, joven, sumiso, formal, que no haría muchas preguntas y la ayuda económica le sería útil. Me conoce. No quiero niños ricos de mamá, metidos y buscando mi mano en la casa. No tengo tiempo para conflictos amorosos, ni sociales.

El piano de cola, es como pocos. Mi abuelo lo compró con la intensión de que sea parte de su colección privada. Hecho a mano en madera tallada. Una verdadera delicia a la mirada, y con un resonar que hace estremecer la piel cada vez que deslizo mi dedo en una tecla. Hermoso…

Pasé los 30 minutos previos a la hora señalada, vistiéndome como una dama. Un corset que apenas permita dejar pasar el aire a los pulmones, 5 innecesarios kilos de ropa pomposa para esconder una virtud que ya ha dejado de ser tan virtuosa, y por sobre todo un vestido de seda rosa pálido, modesto pero elegante. Adecuado para recibir visitas en el hogar. La tela resalta la clase y la elegancia. Los colores claros que demuestren que soy una dama soltera en virtud. Y los decorados entretjidos en blanco que demuestran coquetería de una joven sin marido.

Horrible… pero “propio de una señorita”

Me veo frente al espejo y sólo pienso en que me devuelvan mis botas y pantalones.  El carruaje fue por el maestro de piano. Y doy un último recorrido a la mansión antes de su llega tratando de habituarme a que ahora, este es mi “hogar”.

Un amplio frente, hogar de la familia de mi madre desde el siglo 17 y con aspecto acorde a esos tiempos. Casi al borde de los suburbios, comienza a desplegarse una gran mansión algo raída en los recovecos por falta de cuidado, pero esplendorosa. Minuciosamente elaborada para quienes en algún momento fueron duques antes que la sangre se diluyera entre comunes, un jardín inmenso, con flores de estación a lo largo del camino de entrada entre las rejas y la puerta principal. Y de allí el hall de espera. De momento el joven no irá más ahí hasta que sea invitado a la Sala de música mientras yo aguardo a que me avisen su llegada para salir de mi confiada y elegante habitación.

Extraño mi libertad.

Observo detrás de las cortinas para matar mi intriga y dar actividad a mis ansias mientras lo espero.
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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand el Vie Mayo 25, 2018 5:41 pm

Las cartas por fin se ponían sobre la mesa, y el pianista necesitó unos segundos para asimilarlo. Todo, de pronto, comenzaba a encajar de tal forma que uno casi podía escuchar las piezas del puzzle uniéndose dentro de su cabeza. Quiso negarse, no iba a ser un "acompañante", por muy formal que pudiera parecer, por dinero. Que ella hubiera llegado al punto de hacer tal cosa, sin embargo, le dejaba una sensación amarga en la garganta. Sí, quizás había sido demasiado duro con ella, se dejó llevar y ahora su conciencia le hacía pagar las consecuencias con remordimientos.

-Disculpe, pero no creo que parezca un...-trató de hacer acopio de algo de dignidad, pero a quién quería engañar... razón no le faltaba.- Un... el caso es que no aceptaré el dinero por fingir ser su amigo, señorita G... A-arden.-se forzó a decir, sintiéndose terriblemente informal. Intentaba parecer serio, pero había algo demasiado cómico en la incomodidad de la situación- Para empezar, no sé cómo se supone que se finge algo así.-ya está, ya lo había dicho.- Y... y... ¡pare un segundo, por favor!-exclamó en un susurro para no alertar a André, cansado de estar girándose constantemente para encararla en una danza que le pareció burlona.- Oh Dios mío, esto es de locos...

Llevó una mano a su cabeza, hundiéndola en su cabello intentando pensar. Por mucho que odiara admitirlo, necesitaba el dinero, pero tal y como ella había dicho, "los pobres, si tienen dignidad, no se venden tan fácilmente".

-¡Bien!-exclamó de nuevo en un susurro, resignado y enfadado, aunque no sabría decir si por su culpa o por la de la mujer.- Acepto, pero yo también tengo mis condiciones.-apoyó su bastón en el suelo, alzando su diestra y levantando un dedo.- Primero...-señaló el espacio frente a él con un arco de su mano.- Este es mi espacio personal, intente no traspasarlo en la medida de lo posible, por favor.-levantó un segundo dedo, comprobando que André siguiera distraído.- Segundo, deje a mi hermano fuera de esto. En lo que a él respecta, únicamente soy su profesor de piano.-levantó otro dedo.- Tercero, no más juegos de los suyos. Usted ya me entiende.-extendió la mano hacia ella, ofreciéndola para cerrar el trato.- Si no respeta mis condiciones, se acabó el trato. ¿Está de acuerdo?


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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Vie Mayo 25, 2018 7:22 pm

Estaba jugando, estaba disfrutando ¿Porque siempre se altera tanto? No recuerdo haber exasperado tanto a nadie, desde que papá no está. Y mi hermano no cuenta, para eso son, ¿no? Es interesante que crea que esto es de locos, cuando todos nos estamos divirtiendo menos él. Escondo mi risa tras una falsa tos repentina y me aclaro la garganta sin poder terminar de expulsar la sonrisa de mi rostro.

Me quedo respetuosamente quieta con mis manos jugando detrás de mi espalda, pero esas no puede verlas. Otra cosa que no cuenta en esta conversación. Y aunque asiento a todo lo que dice debo morderme los labios para no comenzar a reís nuevamente. No es que no lo tome en cuenta, o que no respete sus condiciones, es que… “¡Es tan gracioso! No recuerdo a nadie enojarse de una forma tan… cómica, haciendo ademanes tan grandes.”

Aclaro nuevamente mi garganta y fuerzo mis facciones a que se relajen tomando un tono serio.  Asiento esta vez con más firmeza. – “De acuerdo. Me parece bien. Pero el dinero es, porque aunque no tenga que enseñarme, deseo escucharlo tocar el piano. Y la verdad es que necesito un motivo para volver a tocar. También me gusta su voz. No está mal si la utiliza más a menudo. Y jamás y realmente digo, jamás, se me hubiese ocurrido involucrar a un niño en cualquier aspecto que pudiese herirle. Pero algo me dice, que será feliz aquí.”

Miro su mano frente a mí. -“¿Estará fuera del circulo? Yo vendría creyendo que si…”- Le doy un apretón viéndolo directo a sus ojos. Pero no le suelto la mano mientras se me dibuja una sonrisa. – “Su mano sigue fuera de su círculo de espacio personal…” – No puedo evitar la risa baja, dulce, y sincera por primera vez en tanto tiempo que no lo recuerdo. Y finalmente suelto su mano mientras siento que empieza nerviosamente a tironear. – “El piano es mío, es mi herencia, un afinador y un restaurador lo controlan una vez por semana. Pero sólo sus manos van a tocarlo. No necesita mi constante permiso para hacerlo. Se lo estoy dando ahora.”

Me acerco a esa partitura y mi sonrisa se pierde. – “Esto lo relaja, hágalo. Todo esto está para ser disfrutado y no hay nadie aquí que lo haga. Es todo un desperdicio.” – Husmeo la composición una vez más. El primer movimiento está completo. La miro con algo de desinterés como si fuera a encontrar algo nuevo desde la última vez… Cierro el libro y mis ojos con él. Me acerco al profesor y se lo entrego. – “Quémelo, tírelo, lo que usted desee hacer. Me da igual…” –
La verdad es que me aterra volver a escucharla. Me hiere y aunque no me da igual… Hay otra copia; la original. Esa… Ya no quiero recordar. Le señalo el piano y me siento descaradamente sobre él. – “Toque, por favor, maestro. Estoy ansiosa por oírlo.”
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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand el Sáb Mayo 26, 2018 4:36 am

-La creo.-asintió ante su aclaración de que jamás usaría a André en su contra. Puede que la joven fuese impredecible y extraña (ya debía serlo para que Jeremy la clasificara como tal) pero fallaba al tratar de encontrar alguna malicia en ella. Era extremadamente protector con su hermano, después de todo era la única familia que le quedaba.- Pero André no podrá venir siempre. Tiene que cumplir también con sus obligaciones y estudios.-le miró momentáneamente. Estaba ensimismado con un escarabajo en su brazo. Suspiró resignado.- Pero supongo que, si a él le gusta venir y a usted no le es molestia, entonces me acompañará siempre que sea posible.


Pensaba que sus puntos habían quedado claros como el cristal, pero ella demostró que trataría de encontrar cualquier "vacío legal" en esas condiciones impuestas para poner a prueba su gran paciencia.

-¡El círculo tiene un diámetro que se extiende hasta mis dedos, señorita... Arden!-susurró, indignado, tratando de retirar su mano.- Y para traspasarlo, necesita mi permiso.

Estaba claro que la situación divertía a la joven enormemente. No pudo evitar mirarla con curiosidad unos instantes. ¿Era esa la persona detrás de todos esos juegos de apariencias? ¿O solo era una nueva máscara que usaba para obtener lo que quería? Jeremy no podía dejar de lado el hecho de que le había engañado y que había tratado de manipularle anteriormente, aunque fuera por una razón... que no podía evitar hacerle sentir lástima por ella.

Ella le invita a tocar aquél vetusto piano, a hacerlo siempre que lo deseara. Escuchó sus palabras en silencio, girándose hacia el instrumento y observándolo en silencio. Era una auténtica pena que algo tan único en el mundo, creado por y para el hombre, quedara allí abandonado, olvidado, conservado solo como un frío recuerdo. Ella había mencionado a su familia, especialmente a su hermano, y no había que ser demasiado inteligente para deducir que no habían acabado con un agradable destino. Podía ver en sus ojos la daga de la tristeza clavada en ella profundamente cada vez que miraba aquella partitura inacabada y hablaba de su hermano. Solo tuvo que atar los cabos.

Recibió el libro con algo de brusquedad, pero tras ojearlo unos breves segundos le devolvió la mirada a la joven.

-Termínelo.-la instó.- Termínelo, y la tocaré con usted cuando esté preparada. Estos son movimientos para dos personas, al fin y al cabo.

Dejaría el libro sobre el piano, al lado de la joven sentada ahora sobre él. Sin decir más, se sentó frente al piano, acercando lentamente una mano, como si le pidiera permiso al instrumento para tocarlo. Sus manos pasaron por toda la escala entonces, comprobando que, efectivamente, estaba afinado y en perfectas condiciones, pero incluso en una mera escala, podía notarse que el pianista contagiaba a las notas de las emociones sentidas recientemente, sonando estas más fuertes y algo agresivas, pero aún así melódicas y acompasadas. Enlazando con aquella escala, comenzó a tocar.


Toda esa tensión que le había acompañado hasta el momento pareció deshacerse y fluir hacia el piano, liberándose de ella en forma de música. Sus dedos eran rápidos, difíciles de seguir, pues los movimientos resultaban impredecibles, cambiando entre distintas melodías y tonos, pasando desde la fuerza y tajante ritmo de unas notas a la delicadeza y tranquilidad, casi deteniendo sus manos completamente, lento, tántrico, solo para regresar otra vez a la fuerza inicial, un reflejo de aquella confusión, enfado y remordimientos experimentados. Los movimientos de su cuerpo iban acordes a los de sus dedos, sus cabellos alborotados y el cuello de su camisa descolocado con los repentinos cambios entre brusquedad y delicadeza.

Cuando terminó la contrastada melodía, inclinó su espalda hacia atrás, tomando una profunda bocanada de aire, como quien despierta de algo que no sabe si ha sido un sueño o una pesadilla.

-Es... es un buen piano.

Había dejado ver una parte vulnerable de él, y por ello buscó inmediatamente escapar de la mirada de la joven y del silencio. André se había sentado en el suelo para escucharle. Eso serviría.

-¡André, levanta!-dijo sin enfado alguno, más bien con resignación algo fingida.- Vas a destrozar los pantalones.

El niño dio un suspiro, aunque se levantó, divertido, y volvió a desaparecer entre las plantas, dando rienda suelta a su imaginación en sus juegos.


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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Sáb Mayo 26, 2018 3:10 pm

André siempre puede tener una perfecta educación, conozco una buena institutriz que no hará preguntas, ni se asombrará o sobresaltará ante extrañas peticiones. Es decir, lo contrario al hombre aquí presente frente a mí. A decir, verdad, pensé en eso siendo que el maestro Legrand, parece ser un hombre extremadamente aprensivo a su hermano, algo que no veo en lo absoluto recíproco considerando que el niño está disfrutando del ambiente sin pensarlo dos veces.

Me hace reír. Me agrada. Pero cuando me da el libreto lo dejo con desdén a un lado, sobre la mesa auxiliar, la partitura no es mía. ¿Cómo podría terminar algo que nunca empecé? Pero en cuanto lo veo acercarse al piano, me acuesto sobre él. Con la oreja pegada al corazón del piano y esperando oírlo latir. La melodía es hermosa, estimulante y chirriante. Toda la madera tiembla y resuena al ritmo feroz, y mi piel estremece con los tonos más agudos, sintiendo el cosquilleo bajar por mis brazos, pero subiendo hacia mi nuca. Excitante, es la palabra que mejor la define, completamente audaz y pasional. No creo que el cuerpo humano pueda experimentar algo más delicioso que esta sensación.

Me coloco sobre mi abdomen sigilosamente en silencio cuando el tema llega a su fin y me deleito con su imagen reclinada. Se ve tan… extasiado. Como si hubiese experimentado el placer carnal más profundo en solo unas cortas notas. Hay, después de todo, sangre caliente en sus venas y un torrente de erótica pasión queriendo surgir. Sí, es un buen piano. Pero son mejores las manos que lo tocan. El instrumento por sí mismo, no es más que un objeto; es el alma del músico quién le da vida.

Y cómo todo buen hombre tiene que arruinarlo. El grito me saca de mi éxtasis. ¿Por qué siempre tienen que arruinar los momentos perfectos? Me siento repentinamente, en un solo ágil y veloz movimiento, mirándolo de manera disconforme. Muy disconforme. Reamente estoy bastante molesta. – “Monsieur Legrand, acepto todas sus condiciones y estoy dispuesta a darle más, pero esta es mi casa, y está terminantemente prohibido elevar la voz de esa manera. Y mucho menos a un niño. Si se destroza los pantalones, algo que definitivamente no sucederá por estar en el suelo, yo personalmente le compraré dos pares nuevos.”

Me bajo del piano haciendo resonar los tacones, así como puedo ser de silenciosa, puedo hacer notar mi presencia y avanzo mirándolo fijo, aunque voy hacia un lado. Tomo la partitura que había desechado y me acercó hacia él algo amenazante. O al menos, aunque no es para tanto, sé que él así lo interpretaría. – “Le ordeno que vuelva a tocar, mientras le enseño a André como trepar esta maleza.” - Pongo la partitura contra su pecho. – “Y no es mía. Yo no la escribí. Fue un estúpido regalo y ya no lo quiero.” - Caprichosa tal vez, pero es más el dolor que me causa que cualquier otro sentimiento y me dedique a buscar al niño.

- “André, André, ven vamos a trepar árboles, apuesto a que nunca lo has hecho, Jeremy tocara para nuestras aventuras…” – Como si nada hubiese sucedido, como quedó claro desde el principio, André queda fuera de nuestra “extraña relación”, y lo primero que hizo, fue violar su propio código por la incomodidad de que lo viera.
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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand el Sáb Mayo 26, 2018 4:40 pm

¿Tanto había alzado la voz? Jamás lo hacía, y desde luego no por tal tontería, pero los nervios y la tensión aún presentes podían haberle alterado demasiado. No estaba acostumbrado a esa montaña rusa de emociones y no se sentía cómodo frente a la señorita Gladstone, precisamente porque ella era la causante de aquella disrupción en él. Nunca se había visto forzado a ser así con nadie, a poner unos límites. Aquella mujer sacaba un lado de él que no sabía que tenía, o mejor dicho, no sabía si quería tener.

Desde luego, André no se lo había tomado a mal a pesar de su resignación, y le bastaba con ver que su hermano le conocía bien como para saber que no estaba enfadado con él.

-Mis disculpas. Pero creo que es hora de marcharnos.


No quería pasar allí más tiempo, necesitaba recomponerse, volver a construir sus muros y respirar lejos de aquella agotadora mujer. Sin embargo, al ver la cara de reproche de André, no pudo hacerlo. Le miraba como si fuese culpa suya, como si hubiera hecho algo mal. Genial, ahora él era el malo.

-Permitame solo un momento, señorita Gladstone.


Pronunció aquellas palabras con sobriedad, alargando una mano para invitar a André a acercarse, quedando el mayor sentado en el piano frente al menor. Loq ue hablaron los hermanos, quedaría entre ellos. Aunque, para ser precisos, André solo gestualizaba ante las palabras de Jeremy, asientiendo con la cabeza en varias ocasiones. Jeremy pareció perder toda la tensión mientras hablaba con el pequeño, siendo sus gestos suaves e incluso preocupados. Tras una breve charla, André asintió por última vez, con una sonrisa, corriendo hacia Arden y esperando frente a ella como si esperase la lección más importante de su vida. Pese a contar con su permiso, Jeremy no podía evitar morderse el labio inferior con cierta preocupación. Pero debía dejar todo eso de lado, dejar que André fuera un niño y, aunque no le gustara y le doliera admitirlo, él no sabía, o no podía, serlo con él. Arden Gladstone sí.

Sin querer pensar más en ello, se volvió hacia el instrumento. Era deprimente, pensó, que supiera tratar con un piano mejor que con una persona. Mejor que con su propio hermano. Se divertía más con una mujer que acababa de conocer que con él, y era todo culpa suya, de nadie más. Si André no hablaba con él, su propio hermano, ¿cómo no culparse a sí mismo de todo?  

En ese momento, intentó mentir al único al que jamás había engañado: al piano. La melodía que tocó mientras la joven y André jugaban era alegre, acorde a los juegos, pero un oído atento se daría cuenta de que el tono de la canción variaba ligeramente, volviéndose más pesado, más triste, pero volvía a cambiar rápidamente como si se corrigiera, como si tratara de ocultarlo. Era tan difícil engañarse a uno mismo...

No se detendría hasta que el juego lo hiciera y, aún cuando lo hizo, el pianista siguió la melodía, su mente muy lejos de aquél lugar, enfrascada en sus propios pensamientos y, sin percatarse de ello, haciendo la canción mucho más lenta, más suave, hasta que sus dedos solo rozaban las teclas sin arrancarles ningún sonido.

A veces, las personas necesitan llevar máscaras. La de Jeremy Legrand en aquél momento llevaba dibujada una sonrisa.

-Lo siento, señorita Gladstone, pero me temo que estoy algo cansado. Le agradezco mucho que le haya dedicado tanta atención a André, no tenía por qué haberlo hecho. Si algún día puedo devolverle el favor, solo dígamelo.-hizo una reverencia leve a modo de despedida.- Tal vez en otra aventura pueda enseñarle a nadar.-André abrió los ojos de par en par, ilusionado por la idea.- Si a usted le parece bien, desde luego. Creo que... también nos vendría bien dejar de estar encerrados entre cuatro paredes, para variar.-alargó una mano hacia el libreto, volviendo a colocarlo correctamente sobre el piano.- Por favor, termine la composición. Tómese su tiempo, pero usted es la única que puede hacerlo. Estoy seguro de que merecerá la pena.


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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Sáb Mayo 26, 2018 5:37 pm

Por largos minutos, vivimos en un perfecto mundo imaginario. ¿Qué clase de niño no habla? Jeremy Legrand es demasiado cerrado en sus dolencias adultas como para saber crear un mundo diferente del que su mente puede soportar. Algo grave debe haber sucedido para que no hable, ¿O acaso estará enfermo? ¿Es este un defecto de nacimiento? No importa, en el instante en el que deja a su hermano mayor detrás y tomo de la mano para guiarlo a subir a toda la maleza disponible con tal fin, todo cambia.

La vida es un juego. A veces ganamos, a veces perdemos. Pero las batallas no son más que eso. Batallas. Y aun así, a pesar de haber perdido todas las batallas, al final del juego una simple pieza puede darse vuelta y cambiar el tablero. La vida es una caja de sorpresas, nunca sabes que esperar. La vida son los colores a veces son puro a veces son la combinación de otros tonos. La vida es como el mar: pasivo por fuera, pero profundo y lleno de vida en el fondo. Y en este momento, la vida es como trepar un árbol, debes ser cuidadoso y esforzarte, pero una vez en la cima, valió la pena el esfuerzo por contemplar tus logros.

Escucho el piano, pero de a momentos entre risas se convierte únicamente en ruido blanco. Hasta que se hace el silencio absoluto y comprendo que es hora de bajar. Los tacones resuenan una vez más. Toco el piso y tomo el niño en mis brazos para bajarlo con delicadeza. No se necesitan palabras con el profesor, y a decir verdad, eso me gusta. Me acerco frente a él para escuchar su excusa. Entiendo que mi soledad no es su problema, o tal vez mi deseo por una vida normal. Esto no es más que otro juego, donde pretendo que soy una madre enseñando a su hijo todo lo que no debería hacer. Básicamente lo que mi madre hizo con nosotros. La extraño…

Hago una afable reverencia a pesar de mi cabello alborotado y mis mejillas rojas. – “Monsieur Legrand ha sido un honor tenerlos como invitados. Lo esperaré en nuestra próxima lección.” – Miro al niño y con la misma parsimonia le emito una reverencia de igual valor. – “Joven Legrand. Espero que tengamos más aventuras como estas. Quizá en la próxima, cacemos tiburones debajo del mar. Aquí siempre serán bienvenidos” – Y no oculto la sonrisa. Pero permito que se retiren, mientras planeo que les envíen, a ambos, nuevos trajes al día siguiente.

Sólo yo con mi dolor una vez más. Y mientras suben al carruaje el piano comienza a estremecer. No es más ni menos que la partitura que tanto odia. Pero la pasión que conlleva, es desgarradora. Maldita canción, en mis oídos una vez más, en mi historia, hace mucho tiempo, una vez en diciembre…

El piano suena...

TEMA FINALIZADO


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Re: Primeras Notas ♫ (Priv. Jeremy Legrand)

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