Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

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Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Vie Mayo 25, 2018 11:56 pm

Recuerdo del primer mensaje :

No sé cuál elegir. Todos se ven horrible e inapropiados, casi por igual. Azul, debería utilizar el vestido azul. Es el color de la realeza, y soy después de todo una baronesa. Sería adecuado, pero me niego y reniego a algo como eso. Quizás mejor el rosa, sobrio, y dando entender mi posición, y remarcando mi estado civil… Algo de lo que no me interesa hablar en lo más absoluto. Lo que menos necesito es un idiota rondándome y coqueteándome cuando debería estar afuera cazando monstruos. ¡Descartado!

Odio estas cosas, odio estos eventos como pocas cosas en la vida se pueden odiar. Si al menos pudiera llamar a Jeremy, si él me acompañara, al menos me sentiría menos aburrida. Hay una excelente razón por la cual deje de ir a estos encuentros. Pero siendo que estoy en París y llevo el título de mi madre en los hombros; sería una ofensa de parte de mi familia no presentarme al baile. ¡Y de mascarás no más ni menos! Disfrazarme es lo que hago todas las noches, y la única posible diversión que pueden pensar estos descerebrados. ¿Tal vez sea mejor algo sencillo, con leve estilo español? ¿Sencillo en un despliegue de quién ganó más dinero este año? ¡Descartado!

Me dejo caer en la cama con frustración, realmente odio estos eventos y mucho más si debo ir sola. Pero… se lo debo a mi madre. Respiro profundo y busco en mi ropero, sé que encontraré lo que necesito. Reviso hasta que encuentro algo que me genera una sonrisa perversa. Lo tomo de la percha admirando su resplandeciente color. Después de todo, la reina no asistirá y un poco de “escándalo” siempre es necesario. Con mascara en rostro, nadie sabría quién soy y mucho menos luego de tantos años fuera de París.

Dejo que arreglen mi cabello, no me gusta llevarlo recogido, pero solo las prostitutas son tan descaradas como para llevarlo completamente suelto exponiendo su femineidad. Ya voy a cometer un acto de osadía esta noche; no necesito dos. Si mi padre me viese esta noche, me mataría. Así que opto por un peinado intermedio que rodee mis hombros que lleve altura. Dejo que me maquillen, me siento una muñeca, elijo lo más sencillo posible, no deseo ser el juguete de alguien más. Y sin embargo, siento todos los días que lo soy. Tres largas horas lleva la completa preparación hasta que finalmente subo al carruaje con la mascará en mano y la mirada de desaprobación de todos en la mansión. El cochero ya ha cargado el regalo, como corresponde, y mi única función, como siempre, es ser bella y silenciosa; agradable y decorosa… no creo poder cumplir lo último. No esta noche, al menos...

Me coloco la máscara al llegar, y en cuanto abren la puerta extiendo la mano para que me ayuden a bajar. Siento las miradas en mi piel, paseándose desde la gargantilla labrada de oro, hasta los finos zapatos de tacón; pero yo sólo veo frente a mí. Dos copas de champagne y me retiro; quizá de hecho vea a alguien a quién no odie tanto. El vestido dorado y pomposo refleja los colores de la noche y mi virtud solo se esconde con un delicado chal dorado que no es de gran ayuda. El baño de ropas en mi piel impregna el camino que recorro y evito todas las miradas que se clavan fijas en mis lentos y seguros pasos. Mientra simulo subir un poco más los guantes de seda del mismo tono, que llegan hasta lo más alto de mis brazos ¿Acaso se creen dignos de mí? Disfruten de su suntuosa mentira. En cuanto esto termine, yo volveré a la realidad.
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Arden Annice Gladstone
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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Lun Jun 11, 2018 3:14 am

La despedida es cordial, con un cierto aire de tensión sensitivo, si bien el Duque calla lo que en su mente resuena dejando que la fémina parta a su hogar, memoriza la dirección e inclusive, cuando ella sale, toma papel y pluma para anotarla metiendo dicha nota en el interior del abrigo que dejó sobre el sillón denotando que es una chica "independiente". Entre Cinder, Sabah y ahora con Arden, está cada vez más complicado. Se queda en silencio mirando la habitación vacía antes de poner marcha a sus actividades en las que se cuentan hablar con el anfitrión, que sus sirvientes se lleven el cuerpo del vampiro y asegurar que nadie más pueda verlo. Que le lleven primero a su hotel y de ahí, se dirijan a la mansión para que Alfred se deshaga de la evidencia.

Y él que estaba preocupado por los hipócritas miembros de la sociedad cuando puso un pie en la fiesta. Si retrocediera el tiempo ¿Cambiaría sus actuares? Se descubre pensando que "no", sus pies le llevan a su recámara, ordena un rápido baño para que le llenen la tina en tanto revisa el correo descartando algunas misivas, dejando instrucciones a sus sirvientes para ser despachadas a primera hora del día. En cuanto le informan que el baño está listo, se desviste para meterse en la tina mirando la tonalidad rojiza que el agua toma, se lava la cabeza, se talla a conciencia y empieza el proceso de quitarse todo el jabón con meticulosos movimientos. Incluso al salir, observa su reflejo en el espejo para asentir cuando corrobora que está por completo limpio. Ahora sí, se va secando la cabeza directo a su lecho para meterse en éste echando en el respaldo de una silla la toalla. Aún con la figura de Arden en la mente, empieza a conciliar el sueño. Menudo problema en el que está metido con esa mujer.

Al siguiente día, dan las seis de la mañana cuando se pone en pie yendo a entrenar esgrima y acondicionamiento físico. Lo del diario, básicamente. Al menos así puede sacar el estrés que le causa el pensamiento del día que tiene frente a sus ojos por elección -o quizá, estupidez- propia.  Son las siete y media cuando regresa a la habitación sudoroso y con buen semblante porque pudo sacar parte de su tensión y el ejercicio le pone de muy buen humor. Tras una ducha rápida, elige las prendas que utilizará para vestirse y calzarse en tanto da algunas órdenes y revisa el correo más importante en tanto entrega a su cochero la dirección a donde le debe llevar. Despacha las indicaciones finales, tomando el sombrero y el bastón para bajar a la calle donde el carruaje espera, cuidando del reloj.

El viaje es relativamente rápido, gracias a los caballos y el propio cochero que utiliza algunos atajos para que su señor llegue a tiempo. Son las ocho horas con cincuenta y cinco minutos cuando suena el timbre en casa de la joven Gladstone. Tras la atención de la servidumbre, Charles espera paciente en el living pensando en todo lo que va a decir y por supuesto, dejará esta vez las cosas muy claras, tiene demasiadas cosas pendientes en la cabeza como para que la mente de esta joven piense lo peor de él. En cuanto ella aparece, hace una reverencia - my lady, tal cual prometí, estoy aquí para hablar con usted. ¿Podría al menos disfrutar de su compañía en el desayuno? - se atreve a solicitar. Sí, tiene hambre, en caso de que ella se niegue, seguro que al menos le ofrecerá una taza de café. O eso espera.




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Lun Jun 11, 2018 4:11 am

Decir que es mi nana a esta edad, es bastante irrisorio, pero es su rol; es demasiado vieja para ser una dama de compañía y después de todo, es lo más cercano que tengo a una madre. Son como las 7 de la mañana o algo bastante más tarde cuando canto el primer gallo; quién por cierto, es ciego o estúpido, puesto que el sol no había salido cuando ya estaba molestamente cacareando. Mala noche, muy mala noche. Maté el resto de la angustia en el fondo de una botella de alcohol, cuya graduación nunca supe, y procedencia jamás comprobé. Es el efecto de la misma lo que buscaba. No me importó dormir entre sangre ajena, no era la primera vez y en esta vida violenta y sin tapujos, no será, tampoco, la última vez.

Mi criada me desierta hasta que a regañadientes me levanto molesta y de un pésimo humor. Me aseso, me baño crispando mi piel, como si pudiera sacar la sensación que aún llevo dentro. Me veo roja, pero no lo noto. El agua de rosas con esa planta verde que todas las heridas me curan, ayudan a mejorar el estado de la epidermis, mientras me lavan el largo cabello. Me voy secando mientras observo las opciones de que vestir. Es un lord, vendrá a mi hogar, debo verme como una dama al menos. O lo más parecido a ello. Lo que daría por volver a la cama y seguir derramando lágrimas abrazada a mi almohada hasta que Morfeo me haga sucumbir en sus amables brazos otra vez. Primero el tortuoso corsett que insiste en que aprenda a vivir sin respirar. Sea el hombre que sea, porque no ha sido una mujer seguro, que inventó esto, espero que haya muerto atrapado dentro de una de sus ingeniosas prendas.

Algo decoroso… Por una vez, no decidiré y dejaré que hagan de mi lo que debo ser. Erik solía decirme que la luz del sol afecta mi carácter. Quizá sea cierto. Pero creería que es más el cansancio. Un vestido rosa, digno de una lady inglesa, virgen y cristiana. Nada mejor para la sociedad; nada más aburrido para mí. Debería llevar el cabello rizado, cada uno de los rizos cayendo es un signo de belleza. Uno que no necesito demostrar hoy, así que al menos en eso impongo mi carácter. Un peinado simple, estará bien. No sé ni qué hora es, pero otra vez me veo en el mismo momento de siempre. El sol sale, la vida comienza. Me convierto en una muñeca más en la estantería de París. Esto no puede ser vida. Permito que me hagan un estilo en el cabello algo más casto y menos atractivo. Este hombre no es mi prometido y mucho menos que lo será. No le importa en lo absoluto como me veo, aunque extrañamente, haya sido mi apariencia lo que lo atrajo a mí para empezar.

Me conduzco a la Habitación donde he de esperarlo. Bella y amplia. Pero termino recostándome de lado, a leer en el sillón. Espero pacientemente, pero mi paciencia está marcada por el cansancio y en el momento en el que libro cae al suelo, ni siquiera lo escucho estando tan cómodamente extendida sobre el apoyabrazos de la sala de té. La puerta se abre y por instinto de alerta me siento de golpe y abro los ojos. *Juro que estuve despierta todo el tiempo* y con el pie levemente llevo bajo el mueble el libro que no debería estar leyendo. Me levanto y con gracia me acerco frente al Lord para darle su reverencia.
– “My Lord, duque de Devonshire, sea usted bienvenido a mi humilde hogar.” – No es hasta que termino la frase que tengo el derecho de levantarme y volver a verle su agraciado rostro. Es sin duda, un hombre muy atractivo. Pero sobre todo, es eso. Es tan… hombre. Ni siquiera sé cómo describirlo. Masculino y elegante. Pero hay más algo que marca que es un varón, aunque no puedo encontrar palabras para definirlo. Inexperiencia…

- “Este es su hogar. Por favor, my lord, sentiros como en su casa. Todo lo que requiera se le será provisto.” – Miro a mis sirvientes y con un gesto saben que deben traer el desayuno tal como el hombre ha solicitado. – “Por favor, por aquí.”- Y con el gesto de mi mano le indico hacia el sofá en el que tan plácidamente estaba soñando con momentos mejores. – “Tomad asiento. El servicio no demorara. ¿Alguna petición en especial? Aquí, si le parece apropiado, podremos conversar.”

No soy perfecta, y jamás lo seré. Sólo necesito que alguien me entienda. Jamás había pensado en los efectos que causa en una persona crecer en el mundo en el que yo lo hice, lo que sería cuando entrara en la adultes como ahora mismo lo hago. Lo que fuere el vivir con sangre constantemente entre las manos y teniendo que esconder cada ápice de mi ser, de lo que ya siento como mi naturaleza propia y lo que deseo. Fuerzo un poco la sonrisa, pero trato de que se sienta cómodo. Aun le debo un gran favor, y mucho me temo; que tarde que temprano, buscará la mejor manera de que se lo reditúe; el señor es, después de todo, un negociante.


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Mar Jun 12, 2018 6:37 am

Lo primero que se queda en la mente del inglés es el cansancio que puede notarse en sus facciones. Desde la profunda marca bajo sus ojos hasta el actuar aletargado y rimbombante que seguro ella procura evitar estando en sus dominios. Al menos a puertas cerradas. Entiende pues, que la situación es tensa para que le atienda con tales formalismos. Por un momento, desea que olvide toda la educación y el protocolo para ser lo que vio anoche, la mujer plena y rebelde, la casquivana mata-vampiros. Asiente de todas formas a sus ofrecimientos no sin antes responder educado a su reverencia, para mirar a la servidumbre - scones, huevo tibio y tostadas. Café cargado, sin azúcar. Zumo de naranja y fruta de temporada - todo eso se comerá. El hambre se ha instalado en su estómago como una visitante huraña que no cederá hasta ser satisfecha.

Por inercia, toma asiento al lado de ella, en el sillón de dos piezas antes de que algo le llame la atención. Permite que la servidumbre se retire antes de, galante, agacharse para tomar el libro que está bajo el mueble pensando que se le cayó en algún momento. El lomo de éste es rescatado y las hojas colocadas prolijamente cuando la tapa del mismo y el título le obligan a alzar una ceja antes de que sus orbes le observen con curiosidad. - ¿El Marqués de Sade? Arden, de todo lo que creí que elegirías para leer, ésto no es tan adecuado para una señorita de tu posición y de familia tan prestigiosa - alecciona con cierta censura en la voz antes de hojear el tomo con pereza leyendo entre líneas - me gustaría saber qué le interesa a una joven como tú esta literatura tan castigada y censurada por la iglesia - susurra bajo antes de colocar el libro sobre la mesa de centro.

De forma tal que la portada quede sobre la superficie, el reverso es inofensivo en tanto el Duque voltea hacia la joven curioso y preocupado porque la falta de Erik y de su padre estén descarriando sus pasos. A pesar de que le tiene guardadas varias discusiones -porque seguro que ella es terca como mula y su percepción es peor que un caballo ciego- respecto de sus comentarios horas antes exclamados, nota su agotamiento. ¿Debió pensar en ello antes de fijar la hora de la entrevista? Por pena, conociendo lo que es estar cansado, alarga el brazo rodeando los hombros de la fémina para acomodar su cabeza en el hueco que forman su cuello y su hombro al tiempo que con la libre, le acaricia la espalda con suavidad, casi fraternal. - Me disculpo por olvidar que no todos tienen mi ajetreado ritmo de vida. ¿Te parece que desayunemos y dejemos esta conversación para cuando al menos puedas estar más despierta? Me temo que te caigas sobre el plato o sobre la taza de té, Arden. ¿Hace cuánto que no duermes bien? - en la noche pasada, con el ajetreo, la oscuridad y demás, poco se notaban sus marcas de insomnio.

Ahora, lucen como si tuviera velas bajo el rostro, tan macabras como insanas. Se pregunta si la desaparición de Erik influye en esta falta de descanso. Besa su cabeza ofreciendo consuelo al tiempo que, sin registrarlo, él también siente alivio de abrazar un joven cuerpo. Son cinco años de diferencia con Annabeth, más en muchos aspectos, es como si Arden hubiera ocupado el lugar de su hermana. Por eso le molestó tanto que dijera todos esos disparates sobre que era una mujer inteligente, que no le buscaba para ser la señora Moncrieff. Si lo fuera, es porque Charles la adoptaría, porque deseo sexual hacia la joven, es tan nulo como que la luna es blanca y no está hecha de queso.




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Mar Jun 12, 2018 7:33 pm

Si tuviera que elegir entre los momentos más épicos de “Y ahora como salgo de esta”, ninguno sería de cacería y este vendría estando entre los primeros lugares. El marqués de Sade edita libros desde Justine en 1791. Es y no es lo que la gente dice. Hay más mucho más. Me he instruido apasionadamente acerca de política, sociedad y cultura. Pero dentro de mi noble educación las atenciones de una mujer a un hombre no están incluidas ¿De qué otra manera podría aprender de lo que nadie habla? No deseo ser una esposa común y corriente, una joven ignorante que por no conocer las pericias del amor, obliga a su marido a que busque consuelo lujuriosos en los brazos de una prostituta con quién tiene cientos de hijos que luego abandona. No quiero ser la tonta señalada en la calle, la pobre mujer que tiene que soportar en silencio y agrado las traiciones de su hombre.

Y todas mis dudas, y todas mis enseñanzas ahí están, en las manos de ese hombre tan atractivo que me condena con su boca mientras me consuela con sus brazos. Dejándolo a él fuera de esto, debe ser el hombre más extraño que he conocido. Se exaspera conmigo, pero al mismo tiempo me protege. Las horas a su lado parecieren volverse años, como si la genética eligiera por nosotros a quienes debemos tener de nuestro lado y se repite generación tras generación, incluso en la ausencia de nuestros antecesores.

En cuanto toma el libro tengo el instinto de quitárselo. Primero porque es mío y me tomo mucho el poder conseguirlo sin que nadie supiera que terminaría en mis manos. Segundo, porque no quiero que me lo quite. Tercero, porque en este momento mis mejillas están rojas como los tomates maduros de la huerta, esos que sabes que con un simple mordido explotaran en su delicioso jugo. Cuarto, no sabría que decir para justificarme y hubiese preferido que no leyera al autor que hoy me intriga.
– “Es…” – Ay Dios, perdona a tu hija, soy pecadora de pensamiento, pero mis acciones siempre son a tu favor. Me tiembla un poco la voz y lo tomo rápidamente entre mis brazos y hasta agacho mi mirada unos segundos en señal de lo intimidada que me siento. – “Es…” – Vuelvo a verlo, pero un caballero como este, por sí mismo, es bastante para sentirme intimidada sexualmente de maneras que no puedo explicar. – “Una dama… no debería saber estas cosas. Pero… una esposa, sobre todo digna de un hombre de buena posición, como la suya, my lord, debería estar educada en el ámbito en el que su marido… usualmente, pero no tanto como para dejar de ser virtuoso… usualmente esta.” – Estuvo casi bien. Y respecto a esto tengo razón. No tengo otra manera de aprenderlo, puesto que nadie me hablaría de esto.

El calor que emana su cuerpo, cuando me rodea con los brazos, y dejo el libro en la parte de atrás contra mi espalda. Me siento tan plácida. Y me tomo el atrevimiento de apoyarme con excesiva confianza. Huelo su aroma. Desde mis 14 años he crecido rodeada de hombres. Claro que tenía amigas, sus madres siempre eran encantadoras conmigo, teniéndome pena y paciencia; y mi nana. Mi pobre reemplazo de madre que ha sufrido inimaginablemente con esta hija rebelde. Pero aun así, todavía me siento infinitamente más cómoda en los brazos masculinos y protectores de un varonil joven que, me haga sentir completa y protegida ¿Hacia cuanto que no me sentía así? Tan cómoda, tan placida que, de hecho, podría dormir de corrido, sin despertarme en gritos. Me sonrío con los ojos cerrados y acomodado sobre su cuerpo llevo una mano a su traje y lo aprieto como si quisiera acercarlo incluso mucho más a mí. Aspiro profundo. Es tan pulcro, incluso lleva perfume. Algo poco común para un hombre, pero no para un lord fino y elegante.

Asiento con la cabeza a lo que dice, tengo miles de pensamientos al respecto. Pero la mayoría nunca salen de mi mente, ni se convierten en palabras
. – “Años… mucho peor los últimos 11 meses, creo que no más de unas horas sueltas desde que Erik también desapareció.” Una fuerte inspiración y un sonido de complacencia intentando ser una suave risa se desborda en mi boca cerrada, pero aún con el gesto plácido en los labios.
Levanto la mirada. Es tan bello. Y en mi idílico pensar los sirvientes me interrumpen y hacen que actúe como es esperado de mí. Bien sentada, aguardando a que todo sea servido apropiadamente. En silencio, pasiva, y escondiendo mí no tan santa lectura. Una vez se retiran todos los criados, es que coloco un terrón de azúcar en mi taza de té breaksfast blended cepas de la india mezcladas con china, es de mañana, no podríamos tomar nada más; y el brebaje no podría ser mejor. Que sepa que no se escatima en gastos para atenderlos. Los criados me sirvieron comida con la esperanza de que comiera algo. Al menos sé, que él si lo hará.


- “Se ha tomado el tiempo y el esfuerzo de venir a mi compañía, my lord. Por favor, siéntase libre de hablar de lo que guste.” – Porque de lo contrario me voy a quedar dormida. Entretenme. – “Lamento mucho que mi condición no sea la más óptima. Es… Este estilo de vida no da mucho tiempo al glamour o el buen descanso.” Y a pesar de que conversamos en el idioma de la amada reina Victoria, las palabras francesas para describir las situaciones son las que más se ajustan a mi vocablo. Por parsimonia y naturalidad, no podría elegir otros adjetivos. – “Debo disculparme si lo ofendí anoche, eso es lo primero. Y agradecerle enormemente por darme su favor. Sé que soy… incordiosa, a veces.”- ‘A veces’ puede entenderse como siempre o como nunca, dependiendo del receptor. Tengo más tendencia a la primera que a la segunda. – “Sólo actúo y hago lo que se me ha encomendado. Y sé que lo he… lamento haberle faltado el respeto a su posición, my Lord. Intentaré que no vuelva a ocurrir.” – Es decir, intentaré que en mi próxima cacería, no metas tu fornido y bien marcado culo en el medio. Joder… sí que lo tiene bueno. Voy a tener que rezar 73 rosarios seguidos por esto. Considerando que voy a omitir mi lectura en la confesión, claro está.


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Miér Jun 13, 2018 5:25 am

Sorprendido está de que esas lecturas "cultiven" a la joven que tiene sentada al lado de él, ni siquiera se inmuta cuando toma el libro para abrazarlo como si de ello dependiera su virtud. O quizá, su propia demencia porque semejante autor con tal lectura puede crear muchos malentendidos. A pesar de ello, entiende lo que le dice, comprende sus preocupaciones por mantener el interés de aquél que elija como compañero. Que no lo comparta, es diferente. Considera que un hombre puede ser capaz de enseñar a su esposa a complacerle en la cama. Y a pesar de ello, demasiado pollo, ciervo o el mejor de los manjares tiende a aburrir. Si lo sabrá él, que por más que tenga a Cinder en ocasiones visita otras camas.

Entre sus brazos, protegida está. En lugar de censurarla por sus actuares de la noche pasada, este descubrimiento de sus preferencias de lectura, le mantiene contra él, sobre todo cuando siente que ella se aferra a sus ropas como deseando que sea imposible que pueda alejarse siquiera un par de centímetros. Es su necesidad por alguien que la cuide al tiempo que Charles le da todo lo que se guardó todos estos años para Annabeth. Le dará todo lo que pueda y más, dentro de sus limitaciones monstruosas. Evitará asustarla con sus actuares, con sus demandas y exigencias típicas de un león en el África. Con ella, se comportará como todo un caballero. Descubre ese pensamiento y anhelo en su ser, lo abraza como hace con la fémina indefensa que tiene rodeada por sus dos brazos cual torreones que la vigilarán y cuidarán.

Escuchar cuánto tiempo se ha sentido desprotegida le genera un instinto asesino hacia su padre y hermano. Dejarla sola en estos momentos de necesidad, sin alguien que pueda resguardar su fragilidad le enloquece. Está bien que haya demostrado ser una cazadora tenaz, alguien que puede defenderse de forma física, más son sus sentimientos y sus ansiedades las que hay que paliar y contener. Así que, hasta encontrar al maldito de Erik o a Lord Gladstone, Charles tomará ese lugar. La asistencia de la servidumbre interrumpe el momento de consuelo, algo que por un lado agradece para organizar sus ideas y por otro lado, para que ella pueda entender lo que ahora vendrá. Porque lo primero que gusta el inglés, es de hablar todo para evitar malentendidos. Que ya haya pensado que quiere convertirla en la señora Moncrieff habla de su interés y atracción por él.

Deberá hacer que entienda que la diferencia de edades, de intereses y mentalidad es parte de lo que les separa. Toma el zumo para darle un trago en tanto ella empieza a disculpar su comportamiento desde que le conoció, de lo cual ni doce horas han pasado. Curioso que sus sentimientos sean tan potentes, que el instinto de protección sea tan intenso. Quiere pensar que es por la correlación que ha hecho de Annabeth con ella. De conocer a su familia desde hace tanto, desde su niñez, vamos. Sólo hay algo que se le clava como espina y es el hecho de que ella está tan sola como él cuando tuvo que ser separado de su familia. Desorientada, deprimida, angustiada, no es buena combinación, todo lo contrario. Es un pésimo cóctel de sensaciones. Da otro trago al zumo para dejarlo a la mitad. Sus ojos se clavan en los de Arden al tiempo que su palma se recarga en la mejilla de la fémina.

Sus pliegues bucales forman una sonrisa divertida, casi con burlesca actitud - quiero ver cuánto te dura esa actitud sumisa, Arden. Me parece que, como tu nombre, tu temperamento es tan apasionado cuando defiendes lo que consideras correcto, que habrá días o noches donde choquemos como dos mazos con una violencia tal que ambos nos resquebrajemos, pequeña - toma su mano para depositar en ella un suave beso en el dorso de la misma - te voy a prometer algo. Y me jacto de mantener mi palabra como el hombre de honor que mi padre buscó forjar en mí. Te protegeré de todo, hasta de mis propios instintos. El ser humano per natura tiene oscuridad, depende de su vida qué tan profunda o leve es. Te recomendaré dejar de leer a Sade porque sólo forjará en tu mente ideas equivocadas de lo que es el sexo. Su escritura es lasciva, ofensiva para una tierna psique como la tuya. Virginal, me refiero. No confundas el instruirte con el degradarte. Eso es lo que obtendrás del Marqués, forjar en tu mente ideas que en lugar de ayudar, te perjudicarán. Así que puedes confiar en que te contestaré todo lo que quieras saber, sólo toma en cuenta que para ello, deberás tener una mente abierta porque son temas delicados para alguien tan inexperto - toma el tenedor para empezar a comer.

El huevo es lo primero, mastica lento en tanto espera que ella empiece a disparar las preguntas esperando tener la coherencia para describir cada proceso del sexo lo más inocente posible para que lo entienda, para que lo analice sin que quiera ir a practicarlo con el primer idiota que se le ponga enfrente. - Sería mejor que lo dialogaras con tu prometido en su momento, cuando lo tengas, vamos. Más si quieres saber, es mi deber instruirte - sentencia convenido de que querría que su hermana aprendiera de buena mano, de una fiel consulta y no una pervertida, donde el sexo anal sea lo más lujurioso y no las defecaciones o las lluvias doradas como algunos le llaman. Eso le disgusta a pesar de haberlo visto. Más imaginarse a Arden haciendo eso, es como si deseara que Annabeth tuviera en su cama a un degenerado. Primero muerto, antes de que Arden malinterprete todo. Que la violen en su psique y en su cariño es algo que jamás, jamás va a permitir.




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Jue Jun 14, 2018 12:41 am

¿Sumisa? ¿Está mofándose de mí? Entrecierro los ojos y hago una mueca juntando mis labios a un lado. No soy sumisa. No puedo, porque no sabría cómo. Aun cuando era una niña demasiado joven para entender las palabras que hoy marcan mi camino, mi madre me enseño a ser rebelde. A no traicionar mis instintos, ni mi corazón. *¿Miles de millones no pueden equivocarse o sí, Arden? Y sin embargo es de excremento que se alimentan todas esas moscas. Ves que sí. En cambio, si lo piensas por ti misma, sin que nadie te influya, tú sabes lo que es bueno para ti.* No creo que eso haya sido una enseñanza para una dama de sociedad. Mi madre era una revolucionaria, un genio intelectual, nunca bien apreciada por su condición de ser mujer. Pero mi padre supo verlo. – “Sumisa no creo que sea algo que me defina en lo absoluto, my Lord. Sólo intento ser una dama de sociedad como debería ser ante un duque.” – Digo algo molesta, el tono es bajo, pero la entonación me delata. Pero si tanto le molesta, no me importa esperarle en la próxima visita con pantalones y fumando descalza en el jardín.

Por supuesto que vamos a ser contrariados en varias ocasiones. Lo demuestra lo que anoche sucedió. Pero no desconfío de las buenas intenciones y quiero creer que hay mucho más aquí que sólo un empezar con el pie izquierdo. Dos veces en una misma noche. ¿Es tan obvia mi condición como inexperta en el área sexual? La vergüenza me consume.
– “Se supone que el resguardo de mi virtud es algo positivo, ¿Por qué lo hace sonar como… si… no sé fuera una debilidad?” – Todo ese carácter indomable se desaparece en cuanto habla de las sensibilidades sociales que me afectan igual que a cualquier otra joven soltera. Llevo la taza de té a mi boca ara esconder mi mirada en la taza. Me siento injuriada pero no lo digo, después de todo, ¿qué podría decir? – “Leo, porque no soy una tonta.” – Pero en lugar de ser impetuosa o impulsiva aún sale de forma lamentosa de mi boca. Si usualmente no tengo hambre, ahora definitivamente tengo diento un horrible hueco en el estómago, como si algo me devorara por dentro y desgarrará mis entrañas.

- “Dígame, Lord Moncrieff, ¿Qué clase de caballero, querría pasar el resto de sus días conmigo? ¿Qué hombre de posición no es cruel y dominante con su compañera mostrándola como un mero trofeo? Y si un hombre noble, que mi tío aprobará; hecho que no sucederá, me cortejara; ¿considera usted que aprobaría mis actividades nocturnas? Por supuesto que no. Ya he intentado el tener… una vida normal. No funcionó. Ya me encuentro, en lo que se considera ‘edad de merecer’, aunque no entiendo bien el merecer qué. Ningún hombre, que a mí se acercara, tenía buenas intenciones. Y menos sin un hombre de la familia que proteja mi honor. Así que, me mantengo alejada de eso.” – No podría explicarlo de mejor manera. Mi vista esta fija en una ventana durante todo el discurso. Observo al árbol robusto como crece cada año. Y siendo añejo, su corteza se renueva cada invierno, y cada verano, sin importar su edad siempre es fértil y duro. Me pregunto porque las personas no pueden ser así. El ciclo de la vida es noble con todos, menos con el ser humano.

- “Quiero saber todo lo que nunca tendré. Quiero instruirme para que nadie pueda engañarme. Justine era una joven justa, criada en la fe de Dios y con noble carácter. Y con dolor y malicia pago el señor su fe. Juliette, vive rendida a una vida de excesos e inmoralidad y le va muy bien. ¿Me dirá que la nobleza no está llena de cortesanas como ella? Todos miran, nadie habla. ¿Cómo evitar que suceda lo que desconozco?” – Me atrevo a servirme un poco más de té aunque mi garganta está cerrada y mis intestinos todo lo rechazan. Revuelvo nuevamente la taza viendo como el azúcar se disuelve en esta. Un respiro profundo y mi confianza regresa para poder mirarle. – “Además, se exactamente lo que… pasa. El…” – Aclaro mi garganta. Y tan envalentonada que me sentía. – “El hombre usa su… parte masculina, la colgante para ir… es que… usa eso para entrar en la parte inferior femenina y eso es todo.” – Básicamente. No estoy errada, pero no me atrevo a repetir el gesto que él me hiciera alguna vez cuando quise entender mejor la situación.


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Vie Jun 15, 2018 6:52 pm

- Es una debilidad cuando te pones a leer a Sade en lugar de esperar a que tu prometido o tu esposo te resuelvan las dudas - suelta sin pudor o consideración alguna, mirando su rostro interrogante por qué clase de mocosa estaría tan interesada en que su futuro marido no se largue con otra mujer. De todas formas, pensando las cosas de forma cínica, aunque ella quiera mantenerlo a su lado, si el tipo es de esos desgraciados a los que no les importa la mujer que tienen en casa, estará teniendo sexo con cuanta fémina se les ponga enfrente por más versada que sea Arden en cuanto a sexo. Es una pena que la sociedad sea igual o más decadente que la que dibuja Sade en sus libros.

El músculo bucal recorre la lengua para sentenciar - lees porque tu madre te dijo que la gente inteligente lee y se cultiva para tener de qué hablar, para tener armas con las cuales pelear la guerra de la ignorancia, más si conociera las estupideces que lees, como Sade, se daría cuenta del error que cometió al fomentar la lectura en tus hábitos. ¿Por qué crees que está prohibido? Más tienes la ideología de que hay que leerlo porque no hay que ser tontos y sorpresa, esa lectura realmente no deberías fomentarla sin tu marido porque despierta todo lo equivocado del sexo y te prepara para que te lo metan por culo en lugar de tu vagina - se pone en pie molesto, irascible, dejando la servilleta en la mesa de centro para alejarse de ella.

Llega a la ventana sacando la caja de cigarros para extraer uno y encenderlo. - Tus padres te amaban, tú desperdicias ese amor para hacer lo que te venga en gana, sí, como leer Sade ¿Crees que tu madre lo querría? Ah, sí, Arden, lee Sade para no ser tonta, estupideces - blasfema abriendo la ventana para echar afuera el humo. Escucha las palabras respecto a qué clase de caballero querría estar a su lado, parece una amargada - ¿Cuántos años tienes, veintidós, veintiuno? Aún estás en tiempo para ser cortejada. Dices que tu tío no dejará que te cortejen, la diferencia es que ahora tienes a alguien que te protege. Yo. El Duque de Devoshire, quiero ver que quiera casarte sin que dé mi venia. Mi consentimiento. Desde ahora, pasas a ser parte de las personas que protejo y que están bajo mi vigilancia absoluta, le escribiré una carta a tu tío indicando que me quedo a cargo de tu cuidado - deja caer la ceniza afuera de la habitación en el piso con descuido en tanto se hace la nota mental de llegar a hacer la carta.

Así esta niña dejará de estar leyendo estupideces. - Y cuando hablan de una mujer en edad de merecer, se refieren a que estás en edad de merecer que un hombre tenga relaciones sexuales contigo. Que te haga mujer, que puedas quedar embarazada y tener hijos, a eso se refieren - aclara dando otra calada al cigarrillo en tanto sigue mirando hacia afuera. Se oye un gruñido desde lo profundo de su pecho cuando habla de Justine - ¡Y por eso es que Sade está censurado y tú deberías entender que no todo lo que se escribe es real! ¿Entiendes por qué? Porque es una narrativa unilateral. Yo quiero con mi libro hacerte pensar como quiero, que creas que así es la vida, que nada va a pasarte como sigas mis disposiciones, que lo que digo es ley. Que lo que escribo es la realidad, cuando es completamente falso. Si todo fuera tan fácil ¿Qué hago escribiendo libros para orientar a los demás a ser como yo y tener un estatus social alto? No es así. Si escribe con tanta repugnancia sexual es para atrapar las mentes de aquéllos degenerados a los que sólo por sexo se les puede meter la política. Si te basas en este libro para entender el sexo, serás una degenerada sexual queriendo practicar todo lo que en él se dice para "aprender" cuando quizá tu marido se conforme sólo con la posición del misionero. Ahora, ¿Y qué hay de tus creencias cuando lees a Sade? ¿Qué hay de tu educación cuando ves lo que Justine hace? No todos pensamos igual, sentimos igual, creemos igual. Esa es tu tontería de pensar que si no lees, eres tonta. Que lees, para no ser tonta. Cuando ya eres tonta al no distinguir la realidad con la ficción. No, no hay cortesanas en realidad, que se entreguen a sí a esas degeneraciones, al menos no todas. Algunas sufren. A Juliette le va muy bien porque es ficción, no realidad - la pone a pensar porque él mismo ya está medio frenético por sus ideas.

Hay que analizar todo antes de creer con tanto fervor como ella, - Creer que no hay consecuencias, de que la mujer sólo está bien porque lo lees, es sólo ver la primera parte de la historia. ¿En realidad lo quería o sólo fue una perversión a toda su inocencia? Y no es la cosa colgante, se le llama pene, miembro viril, verga, polla, como quieras, si no sabes siquiera pronunciarlo, si ni te atreves, he ahí cuánto sabes que hiciste mal leyendo a Sade - remata negando con la cabeza moviéndose de diestra a siniestra para dar una nueva calada, mucho más profunda, más larga, sintiendo que los ánimos se calman antes de susurrar muy bajo - el problema no es que la inocencia se esfume, que entiendas lo que suceda. El dilema es cuando estás ya versada en lo que sucederá y te das cuenta de la clase de depravado que tienes en la cama. Porque si ni siquiera puedes hablar con libertad, sin timidez, de la cópula, de la penetración vaginal, estás en problemas. Porque cuando te des cuenta de que tu marido quiera una penetración anal. Sí, porque no es que la cosa colgante entre en la parte privada de abajo. Abajo tienes dos, Arden, la vagina y el culo. Cuando tu marido quiera culearte, sabrás que es un degenerado y hombres así tienen dos opciones. Se calman con el cuerpo de su mujer o eso ni siquiera les basta porque no saben qué buscan y entonces van de cama en cama por más que su mujer no sea una tonta y se lea todas las obras de Sade. El leerlo no evitará que tu marido se vaya de tu cama a conocer otras, ¿Entiendes la trampa? - da una última calada dejando caer el cigarro antes de matarlo con la bota con fastidio. Dejando así las ideas de Arden por la lectura poco convencional, muertas en su ingenuidad que ello la salvará de su futuro, cualquiera que sea éste.




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Sáb Jun 16, 2018 10:10 pm

Decir que me insulta es el menor de los problemas. Me destroza, ¡me convence! Ese es el verdadero dilema ¡Me convence de que soy una estúpida! Los ojos se me llenan de lágrimas y evito mirarlo, viendo hacia al frente; y no, a la ventana a un lado del salón donde sin permiso, ni disculpas, está saciando su vicio. Doy un sorbo al té, buscando abrir mi garganta cerrada una vez más. Cada encuentro que tengo con este hombre sólo me hiere. Es un idiota. Es agresivo. Es dañino. Es exactamente igual que todas y cada una de las cosas que cazo por las noches, pero a diferencia de ellas, no tiene la decencia de combatirme frente a frente. Al menos, ese es un terreno donde me siento segura. Habla de mi madre como si la hubiese conocido. Como si supiera algo de ella. Se atreve a mencionar sin pudor ni cautela, el amor que mis padres tienen hacia mí. Me rompe una y otra vez. Junta los pedazos más grandes, solo para hacerlos añicos. No es eso lo que quería decir. No es eso lo que estoy diciendo ¿Por qué no me escucha? Es él quien vive en una fantasía, al creer que su actitud megalómana y su mera presencia, harán un cambio en mi vida ¿Acaso cree que en toda mi vida, sólo este libro he leído? *¡NO SABES NADA!* Retuerzo la servilleta en mis manos, la fricciono con tal fuerza contra mi piel que duele. La presión que siento es como una olla a punto de ebullición, pero no quiero actuar desmedidamente. Quiero ser una dama. Quiero ser una joven prudente. ¡QUIERO MATARLO Y ARRANCAR SUS ENTRAÑAS!

Ahí está otra vez ese horrible hábito. Cierro mis puños con tal fuerza que clavo parte de mis uñas en la piel. Permanezco inmóvil como la bella estatua de porcelana que pretendo ser hasta que escucho su bota refregarse contra el suelo y limpiando las gotas silenciosas, con la palma de mi mano, sin notar los rastros de sangre que dejo en mi rostro, me levanto tan liviana como puedo para ir hacia él. Espero a que me mire, me ve extrañado, por obviedad, quizá, pero lo ignoro con una tierna sonrisa. – “¿Ha culminado, Lord Moncrieff?” – Asumo su falta de respuesta como sí, en las pocas milésimas de segundos que apenas le concedo para esto. – “Bien.” Mi turno. Y no me contengo en lo absoluto, cuando con el puño cerrado y directo a su mandíbula, en el ángulo de unión con la quijada deposito un golpe con todas mis fuerzas. No sería la primera vez que me rompo la mano en un acto de estos. Si me sorprendería que fuera contra un humano. Por muchas o muy pocas que sea mi potencia en este momento, no cedo un centímetro de firmeza. Es más alto que yo, por tanto, debí tomar impulso con todo mi cuerpo para dejarlo caer sobre el punto más sensible que encontré. – “¡Hijo de tu maldita madre! ¡TE ODIO!” – No pretendí decir lo segundo, sólo se escapó, pero tampoco me retracto. La ira tiene un curso que seguir antes de aminorar y estoy cansada de contenerme en todo. – “¡¿Con que derecho hablas de mi vida?!”- Los gritos se impulsan solos por mi garganta. Es algo que viene desde lo más profundo de mi, algo mucho más allá que sólo mis entrañas. Algo herido, que ya se encontraba deteriorado cuando sus ojos se cruzaron con los míos, pero al ver la oportunidad de por fin salir, ahora, se desisten a detener su rumbo.

- “¡No sabes quién soy, no sabes nada de mí! ¡No tienes idea de mi dolor o la falta de él! ¡No sabes lo que sé o lo que no! ¡¿Acaso crees que soy tan inepta como para no contemplar TODOS los puntos de vista?! ¡Este es sólo uno más! ¡Como bien lo has dicho, que mierda más da si estoy CONDENADA DE TODOS MODOS!” – Por momentos hay palabras que salen más efusivas, frases más duras y vigorosas. – “¡Aquí el único ignorante que habla sin saber eres tú! ¡De la misma manera que eres el único MANIÁTICO EGOCENTRICO que cree que tú mera presencia cambiará mi vida! ¡No tienes ninguna influencia en mi vida y ninguna influencia en mi familia! ¡DUQUE O NO DUQUE!” – Le doy un primer empujón sobre su pecho. – “¡Hablas como si me quedara inocencia, DESPUÉS DE JUNTAR LOS PEDAZOS DE MI MADRE POR TODA LA PUTA SALA!” – Un segundo empujón, esta vez, precavida a que no tome mis manos cambio la posición a su estómago y aplico mucha más potencia. – “¡¿Cómo TE ATREVES?!” – Finamente doy unos pasos hacia atrás respirando. ¿He estado llorando todo este tiempo? – “¿Cómo te atreves? Para tu maldita información conozco muy bien el cuerpo humano. Pero si te lo dijeras te daría un infarto a tu elegancia. Pene: Glande, uretra, Vas deferens, hueso púbico. El tracto se une en la vejiga bifurcando el órgano urinario del conducto eyaculatorio. Ese va a los testículos, adentro del escroto, pasando antes por la próstata. ¡Algo que a los hombres excita cuando se lo estimulan! Mi padre es médico, ¿crees que no he leído todos sus libros ya?” Si supiera él todo lo que aprendí desde que ya no esta conmigo.

No me siento contenta con mis actos, pero empiezo a sentir más liberada y busco golpearlo otra vez, en su cara.
– “¡Paso más tiempo con prostitutas y prostitutos que tú! ¡Llevo dos años aprendiendo, sin desearlo de todos y cada uno de los deseos carnales! ¡DEJA DE TRATARME COMO ESTÚPIDA! ¡Leo más que tú! ¡Intenta Maquiavelo, quién es un genio y todos los reyes y reinas de esta maldita tierra deberían leerlo en lugar de estar ocupados follando! ¡Intenta Aristóteles! ¿¡Crees que pienso que Sócrates es real!? Sun Tse, Calderón de la Barca, Rojas Zorrilla, Cervantes, Corneille, Destutt de Tracy, Shakespeare… No importa los que nombre, dudo que un cerdo egocéntrico como tú sepa de lo que hablo, porque nunca en tu vida te hubiese podido importar cultivarse.” Respiro agitada y ahora si no puedo contener el llanto mientras niego con la cabeza. – “Para querer protegerme de ti mismo, haces un pésimo trabajo. Yo daría mi vida por quienes amo y eso hago. Incluso lo hago cada noche por quienes ni conozco, eres un bruto. Y si de todos modos, hombre con el que este, va a engañarme y tratarme como tú, ¿cuál es el punto de que deje de leer Sade? Hay peores horrores en la vida, monstruos mucho más feroces." No hablo de vampiros, ni licántropos ni cambiantes. Hablo de esos que visten como humanos, se comportan como caballeros y actúan como él o peor. Me giro buscando algo con que limpiar mi rostro de tal aguacero que inundó mis mejillas. Aún estoy rota por dentro, pero más liberada. La servilleta es mi víctima y me reconforto a mí misma recobrando la compostura de espaldas al hombre, avergonzada de mi debilidad.


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Dom Jun 17, 2018 11:20 pm

El ambiente se torna extraño, en tanto sus ojos siguen fijos en la fémina frente a él, hay algo en ella que le indica que algo está conduciendo a una rara actuación de parte de ella. Es incomprensible de momento para este lord que busca hacerla comprender lo que está pasando cada vez que lee a alguien como Sade, cómo va denigrando su espíritu hasta que se convierta en una más de los seguidores de este sujeto que creen que sus palabras son ley, que ese es el proceder que todo ser debe tener en la cama. Que los sentimientos son prescindibles, que el alma jamás se perderá con cada acción baja que realice. ¿Quién mejor lo sabe que el propio Duque que vivió en carne propia la podredumbre y la bajeza humana cuando era un inocente ser? Si su actitud cambió, si se tornó violento y frío es por los golpes que sufrió en su juventud. Ahora, tras tantos años transcurridos, puede observarse en el espejo que es Arden para saber que es una basura y un putrefacto cadáver de quien fuera hijo de Daniel Moncrieff.

La atmósfera insana se percibe en sus ojos cuando ella se limpia las mejillas dejando rastros de sangre en éstas. ¿De dónde sacó ese rojizo líquido para mancharse de esa manera? En tanto está meditando buscando la respuesta, ella acorta la distancia. En tanto sus ojos siguen observando y analizando de dónde proviene esa herida, sus reflejos alcanzan a responder a medias, el puño que se eleva es contundente como el golpe en su mandíbula que le provoca desviar el rostro con el centro de dolor inserto. Si sus instintos le hubiesen fallado y su movimiento evadido parte del golpe, estaría ahora en el piso sacudiendo la cabeza sin saber qué aconteció. El dolor se irriga desde el centro donde impactaron los nudillos hasta el cuello y la cabeza provocando cierto descontrol que la fémina aprovecha para atacar.

Ira, frustración, depresión y un sin fin de sentimientos y sensaciones se vierten por esa boca de dulce al tiempo que las palabras brotan como agua sin control. La mano siniestra se eleva para rodear la zona impactada en tanto sus ojos azules se tornan tan fríos como el metal. La tensión del brazo aumenta para devolver la caricia que le dio. Un paso al frente, el diestro puño se cierra formando el mazo que le dará en la cabeza hasta dejar que la sangre emane viscosa. Algo le detiene justo cuando va a tomar impulso. Son esos ojos llenos de lágrimas, tan diferente tonalidad a la de su hermanita, más el mismo sentimiento de cuando pedía respuestas a un Charles de diez años, preguntando por qué se tenía que ir. Su fina y frágil hermana. Annabeth. Y es esa furia, esa ira incontenible gritando como si fuera eso la única salida a todas sus frustraciones la que le provoca callar, bajar la cabeza y soportar estoico toda esta acometida tan diametralmente opuesta a su propia inacción.

Un primer empujón le obliga a dar un paso atrás, es mayor la golpiza verbal que la física. Escucha cada palabra como si en su corazón cambiaran las voces, cerrando los ojos puede imaginar a su hermana frente a él. Y eso duele. Le duele de forma tan intensa, tan profunda, tan desquiciante. ¿Cómo pudo permitir que su hermanita estuviera sola todo este tiempo? ¿Cómo Erik, sabiendo lo que había pasado con él, permitió abandonar a esta hermana suya? Cada empujón es una muestra física de cuán desesperada está. ¿Así estará Annabeth tras todos estos años? ¿Así de solitaria? ¿Tendría tanta suerte como para que una familia le cuidase y protegiese durante todo este tiempo? ¿También tendría la mala suerte de estar sola en el mundo? Al tiempo que ella sigue llorando, el inglés controla todos sus músculos faciales con rabia y desespero. Si se pusiera a llorar con ella ¿Cómo podría cuidar de ella? ¿Cómo demostrarle que es un fuerte pilar para la joven?

Los golpes buscan su rostro de nuevo, esta vez Charles es más rápido, sabiendo lo que se avecina lo que provocó con sus palabras, va desviando el rostro para evitar que le toque, va golpeando sus muñecas con las manos para obligar a que se equivoque en la dirección de sus avances, más cada palabra es un golpe directo a su corazón, a sus vísceras pensando que su hermana puede estar en el mismo estado de desespero y depresión que Arden. Contiene todo el empuje, la brutalidad de la mujer hasta que sólo hay palabras golpeando, deseando descuartizar y se las come en su totalidad sabiendo que tiene toda la razón, que hay hombres como él mucho peor que cualquier vampiro o licántropo sediento de sangre. ¿No es el propio Charles quien les proporciona a los humanos sus espectáculos para hacer trizas a personas que no tienen nada que ver con ellos o bien, que hicieron algo a su criterio para ser muertos?

El hombre es una bestia rencorosa y vengativa per natura. Arden se desfoga, suelta todo lo que tiene dentro hasta dar media vuelta llorando desconsolada, rota como muñeca de porcelana sin forma alguna de recomponerla. Así entonces, en tanto ella sigue llorando, Charles rodea con sus poderosos brazos el cuerpo de la mujer procurando que sus manos estén abajo de sus brazos para evitar que pueda lastimar al varón y con ello, hacerse también daño. Apoya la mejilla contra la sien de Arden mirando al frente, quedándose callado. Si Erik encontrara a su hermana en este estado, el León de Devonshire ansiaría que la cuidara, que la protegiera como él hace ahora con esta pequeña joven. Deja que se desahogue en tanto la va meciendo despacio de diestra a siniestra con los brazos bien sujetos contra el pecho de la joven.

Dando contención, consuelo y protección. Todo por partes iguales. Ofrece su fuerza para que ella siga llorando, se desahogue y piense sólo en ella al tiempo que susurra bajo a su oído - lo lamento, lo lamento pequeña, quisiera haber estado en todos esos momentos contigo para abrazarte, lamento no haber estado, lamento que sufrieras tanto - no es a Arden a quien le habla. En su insana mente, está vaciando estas palabras en los oídos de su pequeña hermana Annabeth en tanto un par de lágrimas resbalan por sus mejillas sabiendo que quizá, ahora, ella esté tan muerta como sus padres y que si la encontrara, puede ser que sea demasiado tarde. Al menos, por ahora, se conforma con contener a la hija pequeña de los Gladstone en memoria de su hermanita. Donde quiera que esté.




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Mar Jun 19, 2018 9:38 pm

El instinto es más fuerte y el orgullo es mi fuerte, por lo cual en cuanto siento el contacto; mi primer impulso es intentar alejarlo de mí. Lucho, ya casi sin fuerzas; pero el duque no me suelta. Me mece, como si fuera una niña que no puede calmar sus propios caprichos. Es algo mucho más profundo y doloroso que eso, ¿acaso no lo ve? Lo escucho murmurar contra mi oído y el llanto empeora, estaba mejorando, pero sentir el calor de la contención; tan varonil y fuerte… Hecho mi cabeza hacia atrás y siento como el vigor se escapa por completo de mí. Me dejo hacer, me dejo sentir y mucho peor tengo ganas de sentirlo a él también. Mis piernas tiemblan, y cuando ya no puedo mantenerme en pie, siento como me alza en sus brazos, tan seguros y firmes que siento que vuelo. Y mi mente juega con mi memoria y mezcla mis sentimientos, sin saber si es igual que Erik, o igual que él… Ojala fueras tú, mi amor. Acaba de recibir y soportar un tremendo golpe de mi parte y todos los gritos y demás agresiones que le siguieron sin quejarse. Erik se hubiese quejado, y con él, nunca fui así. Esto es algo nuevo, aunque no estoy segura del qué.

Nos sienta en el sillón y me aferro a su cuello con más fuerza, largo es incansables minutos pasan uno detrás del otro hasta que mi respiración se normaliza totalmente. Qué bueno que aún conservo la servilleta en la mano, puesto que mi rostro a ser un desastre. Así que sin ver a su rostro aún, me arreglo, tratando de recobrar la compostura o parte de esta al menos.
– “ ‘Lo único que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada.’ Edmund Burke. Deberías leerlo, es uno de mis favoritos. Y no habla ni de sexo, eso te lo aseguro. Deberías venir conmigo. Eres fuerte y sabes defenderte y si no, yo te ayudaré y te protegeré hasta que puedas hacerlo. Y deberías venir al orfanato también. La presencia de un duque haría que muchos más señores de la clase alta estuvieran dispuestos a ayudar. Tu eres un buen hombre.” – Beso su mejilla con todo mi amor y toda mi inocencia. Tomo su mano y voy besando. Para mí, esas manos son buenas y santas. Me contienen y me cuidan. Es un hombre digno y noble. Demasiado pido al querer, que se fije en mí. Han de sobrarle las damas y no tan damas que están listas para vender su alma al diablo y ser la próxima señora Moncrieff. – “Encontraré a tu hermana. Te lo prometo. Averiguaré todo lo que pueda.” Vuelvo a besar su mejilla y me levanto, esta vez sí lo miro a los ojos y fuerzo una sonrisa aunque aún no siento ánimos de ello. No lo he sentido hace meses, y no espero volver a sentirlo pronto.

Fui hasta el estante más cercano y tome una de las copias de uno de mis libros favoritos y me arrodille frente a él poniéndolo en sus manos:
“Algunos de nosotros, hemos entendido que la tierra gira alrededor del sol; y no de nosotros mismos.” Esta vez la sonrisa es más natural, puesto que disfruto de esto. Me siento en el suelo pegada a sus pies: “Léelo, te gustará, si habla del cuerpo humano, de las pasiones incluso del sexo, pero de una manera como si fuera… la culminación de lo sagrado entre el hombre y la mujer. En el excelso amor que se pueden entregar el uno al otro.”- Vuelvo a besar su mano al depositarla sobre el libro y acomodo mi cabeza en su regazo. - “Lamento mucho haberte golpeado. Pero tienes el horrible don de exasperarme y golpear todos mis puntos sensibles. ¿Podrías por favor, dejar de pensar en mi como una niña? Créeme, nadie en el burdel cree que sea una niña. Por el contrario, me horroriza la idea de que varias de las jóvenes del lugar llegan a ser hasta 10 años menores que yo. Sé que piensas que soy inexperta, pero no lo soy. Mírame, ¿Crees que una niña hubiese hecho lo que yo hice con el vampiro la otra noche?” Lo veo expectante con mis grandes ojos azules clavados en los suyos. En verdad es muy apuesto. Supongo que muchas chicas… no. Tengo la seguridad que cientos de regaladas opinaban lo mismo sobre mi hermano, y sin embargo, él actuaba como un caballero, tal como Charles debe hacer. – “¿Una compresa para  tu rostro?” No quiero ofenderle, pero sé muy bien la cantidad de daño, que aún ahora, agotada y herida, tengo la capacidad de hacer.


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Miér Jun 20, 2018 12:10 pm

Largos instantes dura la catarsis de la mujer que sostiene entre sus brazos, meciéndola como si fuera un pequeño niño. Justo como hacía con Annabeth, la hermana que recuerda tenía cinco años cuando practicaba esta técnica de contención para que llorara. Cuando se calmaba, volvían esos enormes ojos azules a sonreír y a buscar en qué más hacer. Era un estira y afloja constante. La respiración va tornándose más relajada conforme él sigue abrazándola. Siente cómo se limpia las lágrimas acariciando su cabeza con ternura antes de sonreír de lado. En ocasiones los propios hombres buenos eran los que ayudaban a que los malos cometieran sus fechorías ¿Lo sabría realmente? A veces tiene una mentalidad demasiado romántica de la vida sin darse cuenta de que las personas son bestias como el propio Charles, que hace ésto en lo profundo, para consolar su propia soledad y frustración de no tener a su hermana a su vera.

Se sonríe divertido cuando habla de Burke - seguro que no habla de sexo. Recuerda que soy Duque de Devonshire, meterme en cacerías sería muy arriesgado para mí. Podría ayudarte con lo que requieras, armas, dinero, lo que necesites. Eso de ir a pelear contra los sobrenaturales gracias, pero no, gracias - mueve la cabeza de diestra a siniestra un par de veces para hacerle ver que eso es impensable para él. - Mataré alguno que se entrometa en mi camino, no me veo siendo cazador - además, ¿Qué va a hacer? ¿Ir tras Cinder? ¿Tras Sabah? Impensable. Le besa la cabeza en tanto ella le corresponde con un beso en la mejilla y luego, en su mano. La observa antes de susurrar - gracias, con que busques entre tus criados sería suficiente, al menos ellos debieron escuchar algo - quiere pensar que así conseguirá encontrar a Annabeth. Al menos ella, Bruce era más grande que el propio Charles y tenía conciencia de lo que pasaba. Si no los ha encontrado, seguro que es porque está muy lejos o quizá, muerto.

Quisiera alejar esos pensamientos de su mente, sólo que es imposible. Su propia lógica es aplastante en momentos como éste y tal cual, Charles acepta que es una gran posibilidad. La fémina se levanta entregándole un libro que el inglés hojea con interés en tanto ella se sienta en le piso apoyando la cabeza en sus rodillas. Por inercia, su mano libre acaricia sus rizos con suavidad. Su disculpa hace que el rostro del León de Devonshire forme el típico gesto Moncrieff: las cejas casi se unen hacia el centro formando tres gruesas arrugas antes de repasar con su músculo bucal los labios para sonreír - si eso fue una disculpa, quiero saber qué es una acusación, Arden. No te trato como niña, te trato como a una hermana. Le diría lo mismo a Annabeth si defendiera tanto a Sade. A ver, de eso quiero hablar ¿Qué haces en un burdel, Arden? ¿A qué vas? Explícame porque no te veo como prostituta - y ruega, implora, suplica porque no sea una.

Más la curiosidad le carcome, haciendo el libro a un lado, la insta a levantarse y sentarse a su lado en tanto él apoya la espalda contra el reposabrazos cruzando la pierna por debajo de la otra esperando a que le responda. - Y tampoco se me olvida que tienes dudas sobre el sexo, así que aprovecha. Me iré antes de la hora del almuerzo, tengo una cita - le informa esperando que hable, mientras más pronto, mejor. Mucho mejor porque los nervios amenazan con que sus manos le aprieten el cogote por desubicada. Mira que estar yendo a un burdel ¿Qué clase de dama es para ir a lugares tan impropios?




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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Jue Jun 21, 2018 2:21 am

Es extraño, pero la forma en la que me trata me insta a actuar más infantil, pero siento más que cumplo sus deseos que los míos al comportarme de esa manera; como si fuera un deseo oculto que posee; e inconscientemente, le cumplo el capricho sin cuestionamientos. Pero debería. Debería cuestionar su actuar, porque cree que soy su hermana, no lo soy realmente, y aunque agradezco el trato, me cuesta verlo de esa manera. No sé exactamente lo que mi hermano hubiese hecho, es en general, predecible en nuestra relación, pero a veces temo, que comience a olvidarlo…

Lo veo, casi emulo una sonrisa, pero la verdad es que mi mente esta en otro lado. Está buscando insidiosamente rencontrarse con los recuerdos que tengo de mi familia. La risa de mi hermano cuando burlaba de mí. Mucho más aguda y chillona de lo que su risa natural es en realidad. Los besos que mi padre depositaba cada noche antes de dormirme y la frase que repetía en latín: ‘Carpe Noctem’. Los abrazos de mi madre, que impregnaba toda mi ropa con su aroma a jazmín y algo más que ya nunca sabré que es… ¿Disculpas? ¿Qué disculpas? Ah, claro, el golpe. Bien merecido te lo tienes, no sé de qué hablas. Ladeo mi cabeza con una sonrisa divertida. ¿Defender a Sade?
– “Estas exagerando con ‘defenderlo’, ni siquiera le conozco.” – Lo que hago en un burdel es algo un poco más complejo. Aunque nada fuera de lo que otros cazadores hacen. Mi padre conocía a varios, decía que había una red de información, lugares secretos, y puntos de venta estratégicos para aquellos que compran armamento de nuestra clase. Incluso, quienes hacen modificaciones interesantes; y artefactos y amuletos, de las cuales nunca nos contó. Debería investigar. Es algo que requiero.

Que me ves como a una hermana, ya lo has dejado en claro, independientemente de lo que provoques en mí, cada vez que me regocijo en tu agraciado rostro. Asumo que, el hecho de que puedas verme bella, y que otros hombres puedan sentirse atraídos hacia a mí, es un concepto aún más lejano. Eso sólo exacerba las ganas que siento de jugar contigo, en este momento. De ser ‘mala’, y provocar a tu ser. Dejo que me siente a su lado y lo miro algo sonrojada. Pero no porque el tema me avergüence, el calor en mis mejillas que me provoca la malicia de mis pensamientos. Me muerdo el labio inferior dejándolo escapar lento entre mis dientes. Poco en poco, libero mi cabello de sus ataduras y con unos leves movimientos de cuello lo dejo recobrar vida, cayendo graciosamente sobre mi rostro. Me sonrío y lo veo juguetona:
- “¿Por qué?” – pregunto entrecerrando los ojos y observándole de el rabillo del ojo. – “¿No crees que pueda ser atractiva? ¿No crees que ningún hombre pudiere codiciarme en su cama?” Contengo mi sonrisa tanto como puedo, que no es mucho. Esa respuesta sí la sé. Lo que Erik hubiese contestado sin dudar es un grande y rotundo: NO. Al ser hermanos, y haber sido criados juntos, a pesar de la diferencia de edad, nos es inconcebible la idea de vernos atractivos el uno al otro. Estoy consciente de que es un hombre muy guapo, puesto que no faltaron incontables ‘señoritas’, que se acercaban a mí, con el único objetivo, de obtener detalles de su soltería. Arrastradas…

- “¿Sabes? A ninguna mujer le gusta que le digan que no puede ser… ¿Cuál es la palabra? Ah, sí. ‘deseada’. Todas quieren sentirse así.” – Me acomodo sobre el respaldo del sillón, valiéndome con mis brazos como almohadas. – “Nada impropio.” Lo pienso internamente, frunzo un poco el ceño mientras mis ojos divagan en la nada. – “O tal vez sí. Lo que sí sé es que, las prostitutas no son mujeres como cualquier otra. Son osadas, y la mayoría de ellas, bastante listas. Su profesión demanda que así lo sean. Y lo que más me interesa, es que tienen oídos en todos lados. Si bien viven en un mundo… algo… no sé cómo decirlo. No es… bueno. Pero, sus clientes suelen ser de clases altas y sobre todo, charlatanes cuando están ebrios. Es como tener mi propia red de espías. Usualmente me… disfrazo. Intento parecer hombre, es la mejor manera. Me hago pasar por un cliente, las chicas ya saben cuándo voy; pago lo mismo que cualquiera por una noche con ellas, la diferencia es que sólo hablamos. Me cuentan lo que escucharon, lo que sus clientes les dicen, los rumores que hay en la calle. Es mucho menos riesgoso que de hecho me mezcle entre la clase baja para tratar de saber que sucede. Estoy protegida, se acerca de todo, las chicas usualmente me esperan. Siempre les llevo regalos: perfumes, ropas, buena comida, libros. Les trato con respeto, no es algo que les suceda muy seguido. Debemos ayudar al prójimo sin importar su condición, ¿no es así?” – Reafirmo mi pregunta asintiendo con mi cabeza. ¿De qué otra forma pudiere ser?

- “Tú sólo respondes tus preguntas. ¿Tendría dudas una prostituta sobre lo que es el sexo y los menesteres que involucran? Aunque no es mala la idea.” – De hecho, si me hiciera pasar por una de las chicas podría recorrer el lugar y escuchar todas las conversaciones. Es, una excelente idea. Sólo requiere el pago adecuado, no me cabe duda, para que la madama del lugar apruebe mi presencia. – “Pero comparemos respuestas. Dime lo que te pregunto y veré si coincide con lo que las chicas me enseñan. ¿Qué es lo más le gusta a un hombre en el acto sexual?”


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Re: Detrás de la máscara (Charles Moncrieff)

Mensaje por Charles Moncrieff el Vie Jun 22, 2018 8:20 am

Esquiva, esa es la actitud que toma ahora. Es tan cambiante como intrigante. Podría pensar que la mujer tiene cambios de personalidad de no ser porque hay una línea en la cual se mantiene. Además, ¿Podría culparla por tener una avalancha de emociones dentro apretujadas hasta que alguna se escapa y pierde el control? Igual está Charles, la diferencia es que él se obliga a ser mucho más rígido con sus emociones. Que si salen, será con violencia y agresión. Llorar sería un signo de debilidad. Perfecto para que sus enemigos vayan en su contra sabiendo sus puntos críticos. Ahora que va deshaciendo el peinado dejando que sus ondas caigan libres por su espalda, jugueteando con ellas, le parece una ninfa. En su cara, el típico gesto Moncrieff aparece - ¡Por supuesto que no te veo como una prostituta! ¿Dejarte hacer por hombres? ¿Abrir las piernas para la satisfacción sexual de otro? No tienes el carácter, Arden. Eres muy bella, sólo que tu carácter te pierde - le suelta con voz convencida.

Incluso, se sonríe de lado señalando la mejilla que ella golpeó y que ahora mismo está hinchándose - ¿Ves a lo que me refiero? Imagino a un noble gordo queriendo meter la mano por debajo de las enaguas para tocar tu culo y a ti dándole un puñetazo como me lo diste. Así que ya sabes por qué no - alza los hombros haciendo que su cabeza parezca asimétrica. - Jamás dije que no fueras deseada. ¿Ves? Por eso nos peleamos. Malinterpretas mis palabras, como anoche, que creíste que pensé que estabas desesperada porque fueras la señora Moncrieff. Nada que ver. Piensa antes de hablar, Arden, conecta el cerebro - recomienda en tanto toma un panecito para morderlo con tranquilidad. Aún tiene algo de hambre, esta conversación con ella le causa ansiedad oral si tuviera que reconocer el por qué está come que come.

Es imposible imaginar a la mujer disfrazada de hombre. Empieza a comprender sus razones, relaja los músculos, su afición por cazar cosas es la principal causante de que esté visitando burdeles - me parece que tienes razón, las mujeres de ahí son listas, han visto demasiado de la vida, por lo que pueden conocer más que un policía incluso - da otra mordida masticando con tranquilidad, acercando el cuerpo para tomar su taza de café y darle un trago. La deposita sobre la mesa de nueva cuenta siguiendo el hilo de la conversación. Mueve la cabeza a la derecha como si quisiera tocar con la oreja el hombro asintiendo y luego al otro lado - algo hay de eso, sí. En lo que te doy el punto es que ellas saben demasiado, hacen de tu red de espías y te arriesgas poco, buena estrategia - no se le hubiera ocurrido eso si estuviera en los mismos pasos que la joven.

Su músculo bucal repasa su labio inferior quitando el exceso de migas de pan que se quedan tras la mordida, mastica y traga - dependiendo. Si fueron toda su vida prostitutas, toma en cuenta que les dijeron que el sexo es de una manera, porque los hombres que acuden a un burdel saben a qué van. Es a tener sexo, a desfogar sus más bajos instintos. Un esposo en casa debería evitar esas perversiones - parpadea esperando que ella entienda el concepto - un amigo decía que no iba a hacer de su esposa una puta, que para eso había ya mujeres. Que su esposa merecía respeto y amor, no rebajarla a un nivel de prostituta porque era o iba a ser, la madre de sus hijos - da un último bocado al pan terminando la pieza.

Su rictus vuelve a unir las cejas formando las tres líneas de expresión cuando le pregunta. Se queda pensando al tiempo que toma una taza - muchos te dirían meterla en la vagina, otros meterla en el ano, otros más que se la chupen. Depende del gusto, mujer, de tu novio, prometido, marido. Es como si te dijera si te gustan las fresas. Me dirías que sí, que no. Para mí, todas las mujeres son adictas a las fresas y al chocolate. ¿Ves que me dejo llevar por un dogma instaurado por la sociedad? Cada uno es diferente. En mi caso, me encanta provocar los gemidos de las mujeres. Más sus gritos de placer - y de dolor, sólo que eso se lo va a callar. Es cierto, a él le gusta mucho causar placer, causar gritos y gemidos. Lo que ella no comprenderá es por las acciones de sometimiento y de dominación que le gusta en la cama. Cinder podría dar testimonio de ello y su cuerpo también.

Pensando en la licántropa hace una mueca de descontento. La recuerda pidiendo permiso para irse a desfogar con algún idiota. Como si Charles fuera insuficiente para arrancarle orgasmos mucho mejores que cualquier imbécil. Si ella quiere irse con otros, que lo haga. El inglés evitará las escenas de celos y reclamos. Sus ojos se tornan agresivos de sólo pensar en que ella esté revolcándose con otro. Maldita licántropa, maldita y estúpida licántropa - ¿Qué más? - prefiere quitarse de la cabeza esos pensamientos y seguir ayudando a la joven que tiene ante él. Además, si bien es cierto que pierde los papeles al haberse deshecho el peinado y en esa posición de relax completo, tiene mucho más ademanes elegantes e innatos de los que Cinder jamás tendrá en la vida. Debería pedirle a Arden que le ayudara a educarla. Se acuerda que ellas podrían sacar chispas. Cazadora y licántropa, pésima combinación.




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