Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Against The World ~ Privado

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Against The World ~ Privado

Mensaje por Eileen el Dom Mayo 27, 2018 11:56 am

Recoger los pedazos rotos del hombre al que amaba no era una tarea fácil precisamente, sobre todo teniendo en cuenta que su dolor era uno doble porque haber vivido dos veces la muerte de su hermano y de su sobrino, entendía cómo debía de sentirse y lo único que yo podía hacer para calmar su dolor era consolarlo y curar las heridas rotas de su alma tanto como pudiera, unificarlas de nuevo para que sanaran y no estuvieran rotas como en esos momentos. Me dolía verlo de esa forma porque su dolor también era mi dolor en parte, pero lo entendía porque había luchado contra sus propias ganas de salvar a su hermano y la familia de este, había luchado con su sobrino para que no cometiera una locura y sin embargo sabía que se cuestionaba, como yo misma lo hacía, qué no habríamos hecho el uno por el otro de haber podido. Sabía que él a pesar de que tenía una mente más “fría” y racional por ser el líder de la Orden no hubiera podido soportarlo y habría cedido, lo sabía porque conocía demasiado a ese hombre y los gestos que hacía eran suficientes para saber en qué estaba pensando en todo momento, y sabía por sus gestos que aunque reprochaba a Wesh lo que había hecho de haber sido uno de los dos ni siquiera lo hubiéramos pensado o razonado; habríamos saltado sin pensarlo. Se culpaba por haber dejado morir a su hermano y a su familia, se culpaba por haber vuelto a revivir ese pasado doloroso que debía de haberse quedado en el olvido, se culpaba por tantas cosas que me mordí el labio recorriendo su rostro para que luego me acorralara contra la barandilla y me besara. Mi mano subió a su nuca enredando mis dedos en su pelo, mi otra mano recorrió su pecho y nos pegamos para besarnos y dejar que mi presencia lo calmara porque sabía que no había mucho consuelo. Debíamos de descansar para el viaje que nos esperaba al norte, debíamos de recuperar la reliquia y seguramente no le diría nada a Wesh porque no estaba en condiciones de ir a la misión y porque él no lo había incluido en los planes. Así que volvimos al hotel donde nos hospedábamos para descansar los días que teníamos hasta la cita con el vikingo para ir al norte, allí nos esperaba una dura y cruda batalla para recuperar la reliquia y yo tenía heridas que sanar para que el lobo me dejara ir con ellos, pero lo que él no sabía es que estuviera como estuviera no iba a perder la oportunidad para ir al norte con ellos, no lo dejaría solo con ellos porque aunque el trato estaba “sellado” mi intención distaba mucho de dejarlos con ellos, no podíamos olvidar que eran nuestros enemigos y que ellos querían la reliquia a toda costa, ¿qué haríamos cuando nos la lleváramos del castillo? No quería pensarlo así que en esa semana que tuvimos de descanso me cercioré en no separarme del lobo y en hacerle saber que estaba allí con él pasara lo que pasara, no iba a irme a ninguna parte ahora que éramos una familia.





*******





Habíamos vuelto de la misión del norte en la que nos había costado más de lo esperado encontrar la reliquia y obtenerla, la distracción que formó el vikingo fue más que suficiente para que los soldados pensaran que no había ningún infiltrado entre sus filas y nos tomaran como “aliados”. El refuerzo de sus hermanos y su primo bastó para que la batalla comenzara y pudiéramos emprender camino para encontrar la reliquia, pese a que fue fácil llegar hasta el lugar porque todos los soldados estaban luchando contra los Cannif la reliquia estaba custodiada por una criatura que pudo controlar mi mente para que atacara a Caleb pese a que yo no deseaba hacerlo, controló mis movimientos y en esas había herido al lobo con mi propia espada, eso había bastado para que rompiera de alguna forma el control que tenía sobre mí para acabar con su vida y poder coger el cofre conde estaba la reliquia. La retirada fue algo más desastrosa y accidentada de lo que hubiéramos podido imaginar, fue Ubbe quien peor salió parado y mientras volvíamos sinceramente pensé que no lo contaría, pero por lo que habíamos podido averiguar solamente la Egipcia podría traerlo de vuelta de ese hechizo que pesaba sobre él y después de haberlos visto juntos no tenía dudas de que lo lograría. Nosotros habíamos decidido retirarnos porque no teníamos mucho más que hacer en el norte y lo más seguro era poner la reliquia a salvo lejos de aquel rey loco que pretendía obtenerla y conseguirla. Pudimos hacer que alguien de su familia nos abriera un portal para volver a París donde decidimos alojarnos en el hotel para estudiar el plan a seguir a partir de aquel momento, pero por sobre todo porque el lobo estaba herido y necesitaba que descansara después de la batalla y se recuperara para saber qué hacer a continuación. Nadie sabía que estábamos en aquel hotel ya que habíamos cambiado de lugar por lo que nadie sabría que teníamos un poderoso artefacto que podría crear una gran destrucción si caía en las manos equivocadas. Aunque mi preocupación en esos momentos estaba más en el lobo que tenía que recuperar y tomar descanso para curar sus heridas, habían utilizado magia para herirlo y aunque fuera un lobo la magia era peligrosa y poderosa, no podíamos volver de esa forma a la Orden porque ambos sabíamos que cuando volviéramos las cosas se pondrían complicadas para ambos, porque no iba a esconder lo que tenía con el lobo, porque no iba a esconder tampoco que estaba embarazada y que el padre era el hombre al que había amado en secreto durante tanto tiempo... y teniendo en cuenta que el consejo no me tenía en mucha estima por haberlos desafiado con mi intento de entrada sabía que pondrían pegas y que intentarían ir contra Caleb, algo que no pensaba permitir bajo ningún concepto porque él no me había obligado a nada, porque había sido yo quien había tentado todo y lo había hecho caer contra sus principios, así que si querían algún culpable me presentaría voluntaria... y me importaba muy poco lo que me dijeran, al fin y al cabo no era uno de los siete del consejo. Para cuando llegamos al hotel y escondí el cofre para que no estuviera a la vista me ocupé del lobo para tumbarlo en la cama, quité su camisola dejando su pecho al descubierto, los músculos definidos de su pecho y la herida que llevaba por mi culpa, fui al baño para coger lo necesario y limpiarla sentándome a su lado mientras él aseguraba que estaba bien seguramente para que no me preocupara.


-Estarás bien cuando te cure esa herida y te la cosa, las heridas de magia son peligrosas Caleb por mucho que tú seas un lobo –iba a replicarme, seguramente para tranquilizarme, cuando puse mi dedo en sus labios y mis azules contemplaron sus iris ámbar- además, ¿no se supone que debo de curarte y aliviar los dolores de tu herida? Es lo que hacen las mujeres cuando sus hombres vuelven heridos, tú mismo lo dijiste –tras varias gasas, aplicar un ungüento en la herida, cerrarla y vendarla dejé todo a un lado y fui a lavarme las manos para salir y encontrármelo recostado en el cabezal de la cama con sus ojos puestos en los míos, recorriéndome por entera- estoy bien, no tengo ninguna herida –solo pequeños rasguños que sanarían sin mayor problema y a los que no di importancia porque me había hecho peores heridas. Antes de acercarme a él quien ya extendía su brazo en mi dirección para que me tumbara junto a él fui a por la bandeja de comida que había pedido nada más llegar al hotel, una vez en mis manos fui a la cama para tumbarme a su lado apoyando mi espalda contra el cabezal. Ni siquiera esperé a que dijera algo cuando comencé a comer cogiendo varias piezas de fruta llevándolas a mi boca- tengo hambre –fue lo único que dije como respuesta ante su mirada fija en mí y la sonrisa que traía en sus labios- ahora tengo que cuidarme y comer por dos –dije con un deje divertido llevando un trozo de fruta a los labios del lobo para que comiera él también entre caricias. Una vez saciada de comida aparté la bandeja dejándola en la mesita, mis labios fueron a los suyos para besarlo en lo que mi mano recorría su brazo y su pecho sintiendo el calor de su piel- voy a cambiarme de ropa, ahora salgo –dije mordiendo su inferior para ir al baño y cambiarme la ropa manchada de sangre, aproveché para darme un baño eliminando la sangre de mi piel y cerciorándome de que los rasguños eran simplemente eso, salí envolviendo mi cuerpo en una toalla con el pelo mojado para notar que el lobo me miraba repasándome con sus ámbar de una forma tan hambrienta y cruda que me produjo un escalofrío, aparte de una sonrisa mientras volvía de nuevo a su lado- Caleb, eso que dijiste cuando volvíamos del hostal, eso de que ibas a amarme y respetarme todos los días de tú vida... –mis ojos se alzaron a los suyos- ¿era una proposición? –Me reí ante la cara que puso porque no se lo había esperado y mis labios bajaron para besar los suyos, sus manos enseguida fueron a mi cuerpo y de un tirón apartó la toalla que cubría mi cuerpo para subirme sobre él desnuda, en un contraste entre mi piel más pálida y la suya más morena que la mía. Mi cuerpo se estremecía con cada caricia que me daba, cada pasada de sus manos sobre mi piel desnuda calentándome a cotas insospechadas con mi deseo por él fluyendo en cada momento- Te quiero –dije con mis labios rozando los suyos- te quiero y me da igual lo que se nos venga encima, te quiero y nadie va a hacer que cambie de opinión o de parecer sobre estar juntos. Te quiero y me encanta la idea de formar una familia juntos, de llevar a tu hijo en mi vientre –mi mano tomó la suya enredando nuestros dedos- te quiero y me importa una mierda el consejo, la insubordinación, la Orden y el mundo entero. Sé que ahora no podemos pero cuando tengamos a nuestro hijo, o a nuestra hija, quiero que me conviertas en tuya... quiero que me marques para que sepan que el único al que pertenezco es a ti, más allá de rangos o del título que lleves. Quiero ser tu mujer y tuya en todos y cada uno de los sentidos –recalqué para que supiera que me daba igual, que no me importaba nada salvo él y la familia que estábamos construyendo juntos. Cierto era que no había sido planeado pero no podía estar más feliz por esa idea, y sabía que no nos lo iban a poner nada fácil.




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Re: Against The World ~ Privado

Mensaje por Caleb Montoya el Dom Mayo 27, 2018 1:31 pm

Tras volver del norte nos alojamos en el mismo hotel, habíamos conseguido el orbe, ambos estábamos felices, la misión había sido un éxito y aunque el norteño había salido mal parado eso fue bastante providencial para nosotros que pudimos escabullirnos con el orbe sin que nadie preguntara por su paradero.
El chico me caía bien, tenia que admitir que cojones no le faltaban y que los suyos eran leales, seguramente porque eran familia y como tal se trataban.. Eran unos locos suicidas, peor supongo que estaban hechos de una pasta muy distinta, la que mas pena me daba era la muchacha, ella lo amaba peor no entendía que con un hombre como él nunca existía calma, o sabia porque en parte yo no era muy distinto, la guerra corría por mis venas, aunque meditaba mas las cosas que el bárbaro que parecía mas que decidido a alcanzar su Valhalla.

En el hotel sano mis heridas, no solo con besos si no con su cuerpo, salio de la bañera con ese pelo rojo mojado, y sin poder evitarlo con la sonrisa picara que me caracterizaba cuando ella se me acercaba arranque la tela de golpe dejando su piel desnuda.
La incineré con el tacto de mis manos, no hubo un solo trazo que no dibujara con mis ásperas manos, ella era mía, deliciosamente mía y mi torso se elevó para buscar sus labios, mi particular manantial de vida.

Hicimos el amor sobre esas sabanas, con la lumbre lamiendo nuestra piel decorándola de luces y sombras mientras nuestros jadeos teñían las paredes de deseo.
Nos importaba poco lo que pensara el consejo, ahora mismo solo existía ella, yo y nuestro hijo mas eso cambiaría pronto pues cumplida la misión volver a nuestro tiempo era necesario y allí este idílico momento terminaría para enfrentar nuestros miedos.

Nos dormimos con una sonrisa pintada en los labios complacidos, con nuestros cuerpos echos un nudo completamente entregados.
Mas al día siguiente la dura realidad se tiñó con el alba, era hora de hablar con Wesh ninguno de nosotros debíamos estar allí y algo me decía que este había empezado a conocer a la chiquilla esa. Freya, y que enfadado como estaba conmigo, no querría volver, pero tampoco podía permitirle quedarse.

-Tenemos que volver por Wesh, hoy mismo atravesaremos el portal.
Deslicé mi diestra por su vientre contemplando sus dos ojos azules.
-Todo va a ir bien ¿me oyes?
Sabia estaba nerviosa, enfrentar al consejo era algo duro y mas iba a serlo porque nos habíamos liado en esta misión algo que entre soldados no estaba permitido.



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Re: Against The World ~ Privado

Mensaje por Eileen el Lun Jun 18, 2018 6:22 am

Solo me quedé tranquila cuando llegamos al hotel y pude sanar sus heridas, unas que yo también le había provocado en la fortaleza norteña de ese rey loco cuando fuimos a por la reliquia para poder mantenerla a salvo, nosotros teníamos el orden bajo custodio y ahora con la reliquia en nuestro poder podíamos garantizar su seguridad y que nadie pudiera utilizarlo en nuestra contra. Me había cerciorado de curar bien sus heridas, de vendarlas para que sanaran con su condición de licántropo que tardaban mucho menos en sanarse, habíamos pedido algo para comer y que nos subieran y en lo que yo me daba un baño limpiando mis heridas y cerciorándome de que no eran graves para no inquietarlo salí tan solo con una toalla y el pelo mojado. En cuanto sus ojos se pusieron en mis orbes azules supe enseguida que en cuanto tuviera la mínima oportunidad la toalla que cubría mi cuerpo me la quitaría para pegarme a él por la forma en la que me miraba, repasándome con ese tono ámbar tan típico en él y que me hizo sonreír porque parecía que me devoraba con la forma que tenía de mirarme. Nada más llegar a la cama y siquiera antes de tumbarme o sentarme su mano fue rauda a la toalla despojándola de mi cuerpo, dejándome desnuda frente a su vista tal y como había pensado que haría. Reí entre dientes dejando que sus manos recorrieran mi piel sentándome sobre el lobo en ese contraste de pieles, la mía más pálida que la suya más morena, su cuerpo ardiendo a temperatura más alta que la mía pero que se encargó de dejarla al mismo nivel mientras sus manos recorrían mi cuerpo desnudo calentándome, provocándome jadeos que salían de mis labios dejándome hacer mordiéndome el labio observándolo, cada roce de sus manos me calentaba más y más aunque al menos dejó que me alimentara y saciara primero mi hambre ya que debía de cuidarme mucho más en mi estado y así lo dejaba tranquilo, aprovechaba para darle de comer de vez en cuando notando los mordiscos juguetones que dejaba en mis dedos y que hacía que me riera divertida por ello. Pero en cuanto terminamos de comer y la bandeja quedó vacía de la comida que habíamos pedido el lobo no perdió el tiempo y la apartó de un manotazo provocando que cayera al suelo, su torso se elevó para buscar con hambre mis labios que lo acogieron con un jadeo enredando mis dedos en su pelo, mi pelo de fuego seguía todavía húmedo y sus dedos recorrían los mechones del mismo con su otra mano colocándome mejor sobre su cuerpo que ardía en deseo bajo el mío, podía sentir su miembro presionar mi centro y mis caderas se movieron por sí solas arrancándole un gruñido de sus labios para luego morder su labio inferior y lamerlo provocándolo, aunque en realidad no me hacía falta por cómo estaba el lobo. Desnudos y rozándonos piel con piel entre besos y caricias terminamos haciendo el amor sobre las sábanas, la habitación se llenó de jadeos y de gemidos que eran un claro indicio de lo que ocurría. No hubo un trazo de mi piel y mi cuerpo que él no besó, lamió o recorrió con sus manos, con su cuerpo sobre el mío rodeándolo con mis piernas se movía arrancándome gemidos placenteros, provocando que mi espalda se arqueara hacia él con nuestras manos tomadas y los dedos entrelazados sobre las sábanas, tomándome como suya que era y marcándome con esa posesión lobuna dejando una marca en mi cuello hasta que ambos alcanzamos el orgasmo sin dejar de movernos, besándonos para acabar tumbados en la cama con nuestros cuerpos enredados recostada sobre él rodeándome con sus brazos, con las respiraciones agitadas pero felices y saciados por completo.

El sueño se apoderó de mi cuerpo cansada por todo el viaje pero saciada por completo que no tardé en sucumbir ante el sueño recostada sobre el lobo, después de un viaje agotador por fin podíamos descansar tranquilos para enfrentarnos a lo que se nos avecinaba para cuando volviéramos a la Orden. Como ya le había dicho a Caleb me daba igual las trabas que nos pusieran porque solo pensaba en mi familia y en las ganas que tenía de estar junto a lobo, que cuando el embarazo pasara y nuestro hijo fuera algo más mayor me convirtiera en lo mismo que era él como mandaban las tradiciones, convertirme no solo en su mujer sino también en suya en todos los sentidos. Ahora con el embarazo era peligroso pero más adelante quería ser lo mismo que él, suya en cada uno de los sentidos en que podía serlo. Pero todo lo bueno se tenía que acabar pronto y el alba no perdonó cuando el sol se alzó en el cielo dando por comienzo un nuevo día, sabíamos que teníamos que partir y aun así no estaba demasiado tranquila porque sabía que no nos lo iban a poner fácil a nuestra llegada, que el consejo atacaría a Caleb por lo que había pasado y pondrían entredicho su liderazgo y eso era algo que no estaba dispuesta a dejar que pasara bajo ningún concepto, así que haría todo lo que estuviera bajo mi mano para que no se viera salpicado porque sabiendo la poca estima que me tenía el consejo seguramente lo machacarían sin piedad por la falta que habíamos cometido. Para cuando nos despertamos y sus ojos buscaron los míos mordí mi labio inferior, despertarme junto a él cada mañana era lo forma en la que siempre quería hacerlo, estar con él y formar una familia lo más maravilloso que me había ocurrido nunca. Asentí con la cabeza cuando me dijo que debíamos de ir por Wesh para irnos de vuelta, pero algo me decía que su sobrino y mi amigo no se vendría con nosotros después de lo que había pasado y que probablemente se quedara un tiempo más en París. Su mano bajó hasta dejarla sobre mi vientre, la mía también bajó a su encuentro y le sonreí porque él me conocía y tranquila no es que estuviera precisamente, pero no lo estaba porque no quería que mancharan su carrera por mi culpa, por lo que habíamos hecho. Que dos soldados estuvieran juntos estaba prohibido en la Orden y se penalizaba con el castigo, ninguno del consejo tendría piedad con él y más si era yo con la que había incumplido dicha orden. Lancé un suspiro cerrando los ojos apenas un par de segundos, dejé mi rostro en su cuello dejando que su esencia me calmara hasta que me separé para enfrentarlo con mis orbes azules.


-Sé lo que nos espera cuando volvamos, sé lo que va a pasar cuando el consejo se entere de lo que ha ocurrido en esta misión... pero no me da miedo lo que puedan decirme, me preocupa que por mi culpa te machaquen e intenten enturbiar la reputación que tienes dentro de la Orden, que pongan en entredicho tu liderazgo por lo que ha sucedido entre nosotros... no estoy dispuesta a consentirlo Caleb, bajo ningún concepto –negué con la cabeza sentándome en la cama para mirarlo mejor apoyando mi espalda en el cabezal mientras él seguía recostado en mi dirección con mis dedos acariciando su pelo y su rostro- cuando volvamos de la misión y sepan que traemos la reliquia con nosotros presentaré la dimisión de mi candidatura para presidir la silla ante el consejo, sé que esos malditos bastardos se alegrarán de que lo haga y se mofarán con que era algo que sabían que pasaría, alegaré que tras la misión me he dado cuenta de que simplemente no puedo seguir ese camino aunque como única hija de mi padre seguiré teniendo el derecho y la potestad para poner a quien yo crea merecedor del puesto, es una decisión que solamente me pertenece a mí y ni ellos pueden negármelo –puse un dedo sobre sus labios porque sabía que iba a hablar para replicarme- prefiero decirles que renuncio por ello, aunque sea mentira, a que sepan lo que ha ocurrido y eso te salpique a ti Caleb... ambos sabemos que desde que me apoyaste en la decisión de querer tomar esa silla para ellos has estado en el punto de mira esperando que cometas un error, no voy a ser yo quien te aparte de ser nuestro líder, no hay quien mejor que tú para que nos dirija y en eso me mantengo firme porque no me vas a hacer cambiar de idea –aseguré observándolo- que digan lo que quieran de mí, que se mofen si les plazca porque me da igual, yo sé la verdad y eso para mí es más que suficiente e importante –me incliné para buscar sus labios- no quiero que esto te afecte, pero no significa que no quiera seguir adelante con lo nuestro... solo dejemos que se calmen las aguas y entonces lo anunciaremos, ya no podrán echarnos nada en cara porque ya no sería tú aprendiz y mucho menos un soldado más. Sé que no quieres esconderlo pero están buscando la mínima oportunidad, un pequeño fallo tuyo para apartarte... desde que me apoyaste no están contentos contigo y seguro que piensan que tu criterio está desvirtuado por mi culpa –sabía que él no quería esconder lo que teníamos pero era la mejor opción para minimizar daños porque no me fiaba de lo que hiciera el consejo contra él- prométeme que vamos a dejar pasar un tiempo para anunciarlo, eso no implica que dejemos de vernos... no podría hacerlo ahora que sé que eres mío –sonreí rozando mis labios contra los suyos, sabía que Caleb no iba a tomar ni la idea ni este camino de esconderlo pero ¿acaso alguien podía culparme por intentarlo?- Venga, vayamos a buscar a Wesh para volver... es hora de volver a casa –dejé un beso en sus labios y me levanté para vestirme bajo su atenta mirada, sabía que no concordaba con mi plan y que seguramente cuando llegáramos allí soltara la bomba de nuestra relación, pero juraba que como le hicieran algo por mi culpa el consejo se iba a enterar de lo que era realmente una mujer de armas tomar. De la mano recorrimos de nuevo el camino hasta donde se encontraba el hotel donde dejamos a Wesh pero antes de entrar paré el avance del lobo y lo hice girarse para que me mirara- ¿estás seguro de que quieres entrar ahora, Caleb? Ambos conocemos a tú sobrino y sabemos que, conforme están las cosas por mucho que le digas y que le ordenes no va a querer volverse... algo me dice que la norteña también tiene algo que ver –mordí mi labio recorriendo su rostro con mis dedos- ¿y si le das una semana de plazo para que vuelva? Unos días, que se mejore y que arregle sus asuntos con ella... él sabe tan bien como nosotros que debe de volver porque es su cometido y su misión, presionarlo no le hará ningún bien. Eres nuestro líder puedes decir que ordenaste que se quedara a cerrar unos asuntos y nadie tiene que enterarse... pero igualmente es tú decisión, solo que no quiero que estéis más enfadados y separados, decidas lo que decidas voy a estar siempre aquí, a tú lado.




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Re: Against The World ~ Privado

Mensaje por Caleb Montoya el Lun Jun 18, 2018 9:32 am

Negué con la cabeza tal y como la escuchaba hablar, bien sabía que lo único que intentaba Era salvar mi culo, el consejo pondría el grito en el cielo al descubrir que había incumplido las normas liándome con mi aprendiz.
Habíamos hecho mal las cosas, las normas estaban para cumplirlas, tenían una lógica, las implicaciones emocionales podían dar fracasos apoteósicos pues la mente nunca la tenias fría cuando los sentimientos devoraban tus entrañas.
Supongo que cuando llegara me tendría que enfrentar  a un juicio que el consejo de seguro pediría contra mi para descubrir si era merecedor de seguir siendo el líder de la orden, o mi falta por contra, debía dar paso a la elección de un nuevo líder en cuya ocasión muchas serían las candidaturas.

La chica de fuego llevó su dedo a mis labios para silenciarme, ella sabía que eso que proponía era lo mas sensato, al menos para uqe mi futuro no se viera trastocado, había luchado mucho por llegar a donde estaba, muchas renuncias, mucha sangre derramada para perderlo todo de un plumazo, peor por otro lado ¿seria un buen hombre dejando que mi mujer cargara con toda la vergüenza.

Cerré los ojos dejando caer mi frente sobre la de ella, meditando sus palabras, su aliento empujaba las palabras contra mi boca pidiéndome una promesa, una que era incapaz de pronunciar sin sentir que de una manera u otra la traicionaba.
Negué de nuevo rozando mi frente, sus manos atraparon mi rostro para que la mirara, deslizó sus labios por los míos dejando sutiles mordidas, sonrió buscando mi complicidad, mi clama y supongo que amortiguar mi dolor.
-No es justo -susurré, mas su “shhhhh” me hizo de nuevo guardar silencio.

Así emprendimos camino hacia el hostal donde estaba Wesh, decidido iba a llamarle cuando Eileen me detuvo haciéndome reflexionar, quizás tenia razón, era mejor darle un par de semanas, que aclarara su mente, que disfrutara de la compañía femenina que parecía gustarle y a su vez, mejor que no viera como el consejo trataba de hundirme a mi y a su amiga porque con el carácter que se gastaba mi sobrio era muy capaz de tirar su vida por la borda intentando defenderla, porque a mi me odiaba.


******************************************

Alcanzamos el otro lado tras el ocaso, las antorchas iluminaban el pequeño corredor, yo a la cabeza con mi ondeante capa azulada pendiendo de mis hombros mientras mi mirada al frente mostraba mi regio talante. Un par de pasos atrás ella, la que era mi prometida y aquí debía fingir ser solo una mas.

En el gran salón el consejo esperando los resultados, favorables sin duda pues en su diestra portaba el orbe por el que emprendimos el viaje, el mundo estaba a salvo nuevamente.
Tomamos asiento en aquella mesa, ella en pie, aun no se había ganado el sitio de su padre, solo estaba aprendiendo a ser caballero.
-¿Y Wesh?preguntó uno de los ancianos de barba cana.
-Mi sobrino se ha quedado acabando unos asuntos pendientes, volverá en dos semanas para reiniciar sus deberes con, para, la orden -respondí depositando el orbe en un cofre metálico y acolchado en la zona central de la mesa -El mundo sigue siendo un lugar seguro -atajé.
-La hembra huele  estado de buena esperanza ¿por que Caleb? -preguntó uno de los licanos que se dedicaba a la medicina.
Eileen había tratado de disimular el olor de sus feromonas, peor era imposible cuando en esa sala todos los presentes eramos licantropos.


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Re: Against The World ~ Privado

Mensaje por Eileen el Miér Jul 11, 2018 12:39 pm

Decir que no estaba nerviosa era mentir vilmente porque no era cierto, sí lo estaba y más sabiendo lo que se nos venía encima cuando llegáramos, las posibles consecuencias que eso traía consigo y que yo intentaría evitar a toda costa. También era cierto que nos habíamos saltado las normas y los pasos a seguir pero, ¿se pueden poner pasos y normas al amor cuando este te alcanza y te golpea con fuerza? Había estado aguantando muchos años el estar enamorada de ese hombre y había llegado a un límite en el que no pude más, esa misión los dos juntos y a solas había cambiado las tornas. Decir también que todo había empezado por mí culpa, fui yo la que irrumpió en el baño y le pedí que me pidiera que lo dejara todo, que solo así podríamos estar juntos... había sido todo a causa de aquella decisión que yo había tomado y que había cambiado las tornas. Por lo que si yo debía de subir a la palestra por ello no me importaba, lo único que no quería es que afectara al lobo porque no lo consentiría y ya se lo había dejado más que claro: no lo permitiría. Podía ver que no le gustaba nada de lo que le estaba diciendo, que no pensaba igual que yo y que no dejaría que yo cargara con todo pero ¿qué podrían hacerme a mí comparado con lo que podrían hacerle a él? A mí me negarían ser uno más de ellos pero eso ya no importaba cuando en mi vientre crecía el fruto de nuestro amor, nuestro propio hijo, y él podía perder el cargo... claramente y debía de pagar con ello lo asumía con gusto pues iba a tener lo que siempre había soñado, más que el puesto en el consejo. Su frente se apoyó en la mía moviendo la cabeza de lado a lado, negando en silencio con sus ojos cerrados, me dijo que no podía prometerme algo que no sabía era capaz de cumplir y yo lo silencié con mis labios para que no dijera nada más. Estaba dolido y se le notaba, él no quería que yo pagara con todo pero si estábamos en esa situación era porque yo me había saltado las normas y lo había buscado, lo había provocado. Me decía que no era justo, y no, en absoluto lo era pero si era el precio para poder estar los dos juntos lo pagaba con gusto y con creces ya que no me dolía, él y nuestro hijo me importaban mucho más que el propio consejo. Decidimos que era el momento de buscar a Wesh y fuimos hasta el hostal donde se hospedaba, pero paré a Caleb diciéndole que no era el mejor momento y conociendo ambos a su sobrino este no se vendría, sobre todo por cómo estaban las cosas entre ellos y el haber conocido a la norteña... mejor que arreglara sus asuntos y luego volviera, el lobo me hizo caso dándome la razón y nos alejamos del hostal para buscar el portal que nos llevara de vuelta y que solo bajo su orden podría abrirse. Nos miramos unos segundos en lo que este se abría, su mano tomó la mía apretándola porque una vez cruzáramos debíamos de seguir interpretando los mismos roles y fingir; nada de abrazarnos ni ir de la mano, ocuparía el lugar que siempre había ocupado tras su espalda hasta que todo pudiera ser desvelado. Mis labios buscaron los suyos antes de que atravesáramos el portal y volviéramos de nuevo a la orden.

Ya era el ocaso cuando alcanzamos el castillo, sin decir mucho más nos adentramos por el castillo llegando hasta los pasillos iluminados con antorchas, en mis brazos aquel cofre que era la otra parte del orbe y que habíamos podido conseguir para que no pudieran utilizarlo, el mundo volvía a estar seguro de nuevo ya que teníamos ambas piezas que custodiaríamos para que nadie intentara hacer el mal con ellas, eran piezas demasiado importantes y poderosas como para dejar que cayera en malas manos. Mis orbes azules no pudieron evitar recorrer la espalda del lobo, llevaba su capa azul que ondeaba con cada paso que daba y yo, como de costumbre, lo seguía unos pasos atrás mientras nos dirigíamos directamente hacia la cámara del consejo ya que se había anunciado nuestra llegada y Caleb mandó que informaran a todos los miembros para enseñarles nuestro triunfo. Ahora llegaba la prueba de fuego de verdad, cogí aire y seguí al lobo entrando por la puerta donde al entrar él los miembros se levantaron de sus sillas hasta que él ocupó el trono pequeño que había, el único alrededor de la mesa, para luego sentarse todos esperando para ser informados. Yo me quedé a unos pasos de distancia con el lobo, no me había ganado el derecho a sentarme en la silla de mi padre que seguía vacía por lo que tendría que estar de pie. Las miradas se centraron en el lobo aunque también alguna que otra en mí, quizás esperando no encontrarme o en su defecto en un estado más deplorable. No tardaron en preguntar por mi amigo a lo que me mordí el labio dejando que Caleb respondiera, su palabra era la ley y si él decía que estaba en una misión ninguno se atrevería a contradecirle. Directo al grano como siempre, no tardó en explicar que nuestra misión había sido un éxito y habíamos conseguido el cofre, hizo un gesto con la mano para que lo pusiera sobre la mesa y todos pudieran observarlo, teníamos el cofre y el orbe... ahora el mundo estaba seguro y tranquilo con dichos objetos en nuestro poder. Pensé que nos felicitarían por haber tenido éxito en la misión, que dirían cualquier cosa, pero no me esperé que uno de ellos que no había dejado de mirarme de vez en cuando y que era el maestre de allí –además de un excelente médico- hiciera esa pregunta que me hizo fruncir ligeramente el ceño, ni siquiera me lo preguntaban a mí sino que iban directamente a Caleb como si le acusaran directamente, sospechando que era por su culpa. Me callé dejando que el lobo respondiera a las peguntas que seguro saldría mejor del paso que yo, sin embargo ante tanta insistencia, tanta pregunta y demás que me hicieron apretar los puños porque parecía que me había vuelto invisible ya que hablaban de mí como si no estuviera presente, gruñí haciéndome notar provocando las miradas de todos centradas por fin en mi persona. ¿Con qué derecho se atrevían a hablar así de mi vida privada? Si, sus sospechas eran ciertas pero eso no quitaba para que no lo estuvieran haciendo bien.


-Pensaba que aquí se me juzgaba por ser un futuro caballero que pueda ocupar la silla que un día perteneció a mí padre, no que se me juzgara por mi vida personal y privada -¿y qué si estaba embarazada? No tenía por qué ser con el lobo, el embarazo tardaba en gestarse y había pasado ya un tiempo desde que habíamos partido- no veo a ninguno aquí juzgando la vida de privada del resto, sobre todo cuando estoy segura de que más de uno tiene por lo que avergonzarse –dije en un tono tajante porque los rumores en aquel lugar corrían como la pólvora, y se había hablado de más de algún miembro del consejo y sin embargo eso no les había hecho perder su puesto y su silla- juzgarme por lo que intento ser y dejad mi vida privada tranquila, porque siendo caballero o no, no pienso consentir que se ponga entredicho lo que yo haga fuera de estas cuatro paredes –eso lo tenía claro, a quién metiera en mi cama era problema únicamente mío... el problema venía en que al que había metido era precisamente nuestro líder. No tardaron en elevarse las voces discordantes por mis palabras en total desacuerdo, algo que ya sabía e intuía que pasaría no me sorprendía en absoluto por ello- sed francos por una vez en vuestra vida; aunque clavara las pruebas jamás aprobaríais que entrara a vuestro consejo y me sentara en esa silla que es mía por derecho, porque vuestras mentes anticuadas no pueden entender el concepto de que una mujer también quiera luchar por lo que ella cree justo. Ahí fuera hay más mujeres que yo que no se han atrevido a dar el paso porque no tienen mi oportunidad, pero estarían dispuestas a luchar por aquello que creen y que respetan y valoran... solo que vosotros sois una panda de misóginos retrógrados que no ven más allá de sus propias narices y que nos tenéis como las débiles cuya única función es abrirnos de piernas –no pensaba callarme, me daba igual todo y si eso hacía que la atención se viera centrada en mí y se olvidaran de él mejor para mí- he luchado con valor y con arrojo, he sido útil en esta misión pero aunque él os lo diga no os lo vais a creer porque estáis tan negados a los cambios que solo pensáis en la forma de sacarme, que aunque lograra esa silla siempre voy a estar en entre dicho... pues bien, os libraré de ese quebradero de cabeza: renuncio –las voces seguían elevándose por mis palabras mientras ellos, enfadados, enervados y cabreados exigían darme un castigo por atreverme a hablarles así- pero dejo clara una cosa; que renuncie no significa que pierda el derecho por esa silla que tengo por legitimidad, lo cual podré decidir quién quiero que se siente en ella. Mientras quedaros en vuestras sillas con la mente tan corta de miras, no quiero ser esa clase de caballero –no iba a decir mucho más, bueno, en realidad podría decir muchísimo más pero era suficiente. Me di la vuelta para salir cuando uno de ellos alzando su voz por encima del resto, me acusó de haber engatusado a nuestro líder y que eso estaba prohibido entre caballeros pues las normas eran las normas. Ya sabía que tirarían por ese lado pero lo que ellos no entendían era que no había incumplido norma alguna, me giré fulminándolo con la mirada porque me estaba tratando de una aprovechada, además de algo mucho peor- oh, ¿de verdad ese es todo el argumento que tienes? Es irónico que ahora sí que me tratéis como un caballero cuando ni siquiera me habéis otorgado tal título... para lo que os conviene sí que me tratáis de esa forma. Pero estáis equivocados; puesto que no tengo sitio en esta mesa no soy más que una mujer con sus emociones y su libertad para decidir con quién se acuesta o deja de hacerlo, igual que el resto... por lo que aquí nadie ha incumplido nada. Me da lástima ver cómo intentáis echar al único que se ha sacrificado realmente por la orden, solo espero que quienes os precedan a vosotros tengan las miras más anchas –y sin decir más dejándolos a todos sin poder responderme porque en eso llevaba toda la razón, salí por la puerta dando un portazo al cerrar alejándome apretando los puños, al menos Caleb se había mantenido en su sitio y no había saltado de lo contrario habría sido peor para él. Alcancé el exterior y me fui hacia el jardín cruzando las puertas que daban a un pequeño valle donde había un lago, me apoyé en el tronco de un árbol cerrando los ojos permitiendo soltar la tensión dejando que cayeran un par de lágrimas de mis ojos... si querían juzgarme que lo hicieran, yo no tenía tanto valor e importancia como la tenía Caleb dentro de la orden y prefería eso a que se le echaran encima como los lobos que eran.




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Re: Against The World ~ Privado

Mensaje por Caleb Montoya el Jue Jul 12, 2018 4:56 am

Eileen lucho, lo hizo hasta su ultimo aliento contra un consejo lleno de hombres que la querían ver caer y seguramente a mi con ella.
La hacían responsable de todo, desde de su embarazo a haber tratado y conseguido seducir al líder para ascender, se negaban a aceptar su valía porque en un mundo de hombres ella era solo una mujer rebelde que no aceptaba su lugar, mi lecho amamantando a mis hijos y esperando a su hombre con una sonrisa.

Estar conmigo implicaba renunciar a todo, a sus sueños y eso era lo que ella acaba de hacer ante mis ojos y bajo mi silencio, pero cuando cerró la puerta y el revuelo de las voces se alzó para insultarla fueron mis manos las que se estamparon contra la mesa obligando a todos los presentes a guardar silencio ante el alfa.

Mis ojos destilaban un poderoso amarillo radioactivo, ella no lo escucharía peor si todos los allí presentes.
-No es suculpa, no me sedujo, la seduje, la deseaba desde hace tiempo, mi idea era pedirle matrimonio antes de que su padre falleciera, pero los acontecimientos me llevaron a guardar silencio, ella quería sustituir a su adre en esta mesa y mi petición solo hubiera supuesto para ella el fin de sus sueños, un contratiempo.
Esa y no la que vuestras mentes enfermas imaginan es la verdad, la deseo desde que se ha convertido en mujer, mi silencio ante el consejo nos ha llevado a esto y no ella. París, un mundo distinto, solos nos llevó a dar rienda a una pasión que yo sentía desde el inicio y créeme si te digo -dije mirando al medico -que un hijo no se hace solo, fui yo el que la monte y en su vientre germina mi semilla, mi hijo.

Desenvaine mi espada dejándola a disposición de aquel que quisiera tomarla.
-Por eso, porque conozco las leyes de la orden, confieso mi falta y pongo a vuestra disposición mi cargo, como las leyes mandan, podéis desafiarme a duelo singular si alguno de los presentes cree poder liderar la orden mejor de lo que yo lo he hecho durante todo este tiempo y ahora, si me disculpáis -dije ladeando la sonrisa -voy a besar a mi prometida, porque nos casaremos con vuestra bendición o sin ella.

Mi capa grana ondeaba a mi espalda mientras liberado caminaba hacia la misma puerta que ella antes que yo había cruzado.
Mi nombre era gritado a mis espaldas, peor no detuve mi marcha, podían hablar sobre como llevar ahora esto, porque yo iba al encuentro de lo realmente importante, ella.
Renuncié a su madre por la orden, no cometería le mismo error dos veces.



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Re: Against The World ~ Privado

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