Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

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La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Lun Mayo 28, 2018 6:27 pm

Otra noche, otra luna, otra cacería. Las cosas han cambiado más de lo que quisiera admitir. Tal vez es extraño pensar que lo que creí no tomaría más de 2 semanas, se está convirtiendo en una estancia más permanente de lo deseado. Comienzo a sentirme una marioneta en un juego más grande y eso me disgusta más de lo que puedo expresar. Y luego de haber destrozado el muñeco de práctica, lo que puedo expresar es mucho.

Mi hermano y mi padre comienzan a volverse en un recuerdo dentro de mi mente, puesto que no hay un solo rastro de ellos en la vida real. La gabardina negra se mueve con el viento ocultando mi traje de cacería. Pesado, pero nunca como los incomodos vestidos de estos tiempos. La modernidad es un gran baile de disfraces y nadie es realmente quién dice ser. Mi única compañía en las últimas 7 semanas, ha sido, el profesor Legrand, de quién comienzo a escuchar más palabras que silencios, aunque la mayoría son de cómo debo interpretar  técnicas de piano. Y André, su hermano, de quién no hay palabras, pero la menos las risas se multiplican. Estoy segura que estaba a punto de decirme algo el otro día, pero al ver a su hermano se arrepintió. Son como mínimo, extraños. Y yo sin lugar a dudas, patética. Necesito una vida mejor, pero Charles no es tan adecuado.

Nadie lo es. El tejado es oscuro y enmohecido, pero tengo la mejor vista de las calles oscuras, si uno salió de ahí, sé que más chupasangres lo harán. Los guantes están algo manchados, pero sobre el negro, sólo resplandece como un brillo agonizante, nadie sabría que es sangre, nadie imagina que soy dama y todos se niegan a creer en los vampiros. Respiro profundo. Sus compañeros notarán que el nocturno no ha regresado a la taberna, y la jovenzuela no tenía tanta sangre realmente, sólo es cuestión de tener paciencia. Juego con el ala de mi ancho sombrero negro, mientras me hayo reclinada contra una chimenea dormida. La cornisa es baja, como todas en esta zona, así que aunque estoy sentada, en un solo salto puedo estar de pie.

Comienzo a tararear esa canción, la que no quería tocar y ahora la repito una y otra vez en mi mente como si no hubiese nada más. El silencio es mortal, y eso siempre es malo. Pero una voz en un tono horrible y chillón. ¿Son esas súplicas? Cuatro gigantes y un flacucho de mala apariencia, parece que te llegó la hora de la muerte. Dije que ella estaba rondando. Aunque no es precisamente mi asunto, me da pena. ¿Debería hacer algo? Esa voz, la conozco… Me sobresalto de un golpe. ¡¿Acaso no es ese…?!


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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand el Jue Jun 21, 2018 6:19 am

Las reglas eran sencillas: en cuanto recibía una orden, ya fuera directa, mediante un intermediario, o mediante un mensaje, él la cumplía, "o si no...". Y él no era precisamente un estúpido. Sabía que seguía respirando porque Mist así lo permitía, y que podría decidir cambiar de opinión en cualquier momento. Pero también era lo bastante inteligente como para saber que no iría a por él, al menos no de primeras. André era lo que más le importaba en la vida, todo lo que hacía, lo hacía con él en mente. Mist lo sabía, conocía ésta debilidad, y Jeremy sabía muy bien que la idea de usar esa "debilidad" igual que el pianista usó la de la mujer en su día, sería demasiado atractiva para ella.

Vivía continuamente entre la espada y la pared, y por ello no podía negarse a cumplir las órdenes, por muy peligrosas que fueran, pues o lo hacía, o la alternativa sería aún más dolorosa. Llevar un mensaje no suena tan peligroso como lo era en la práctica. Si bien existía la ley no escrita de dejar vivo al mensajero, había quienes preferían enviar su respuesta de vuelta con la cabeza del mensajero en una bolsa.


A Jean Gaulthier, encargado en nombre de Mist del decadente burdel "Verdelet", no le hizo ninguna gracia el que Mist le enviase un mensajero para decirle que iba a ser sustituido, dada su incapacidad para mantener el negocio a flote. Jeremy quedó inconsciente tras un par de puñetazos de aquella mala bestia enfurecida, y cuando recobró la consciencia lo primero que sintió, además del dolor y el sabor de su propia sangre, fue que alguien le arrastraba por un callejón en dirección a un almacén, propiedad de Gaulthier. Su visión estaba borrosa, al igual que sus pensamientos, pero logró revolverse y desprenderse de la chaqueta de la que le habían agarrado, arrastrándose en dirección contraria. Ésto solo causó las risotadas de Gaulthier y sus hombres. Uno de ellos pisó la espalda del músico con fuerza, obligándole a detenerse. Acto seguido le agarraron del cuello de la camisa rasgada y manchada de escarlata, forzándole a ponerse en pie. El dolor que sintió al tratar de mantenerse en esa posición fue indescriptible, necesitando apoyarse contra una pared, alzando una mano hhacia el hombre que caminaba hacia él como si eso fuera a detenerlo.

-¡Po-por favor señor Gaulthier!-suplicó, alejándose unos torpes centímetros, palpando la pared con la otra mano.- ¡Le aseguro que no tengo nada que ver con esto! ¡Yo solo...!

Sus palabras fueron interrumpidas por el hombre, quien le agarró del pecho y volvió a arrojarlo al suelo, sacando una pistola oculta bajo su abrigo.

-Lo sé, pero esto...-Gaulthier le apuntó con su arma.- ... me hace sentir mucho mejor.




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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Jue Jun 21, 2018 7:10 pm

Mis ojos se abren de par en par, no estoy en la mejor de las posiciones para ocuparme de esto, estratégicamente hablando, claro está. Quizá si fuese otra persona, hubiese pensado que no era su lugar meterse en medio del asunto; pero esta forma, lo justificaré en la mañana como ‘intervención divina’. De todos los lugares de la noche donde pude estar, de la gran amplitud de París para deshacerse de maleantes y cadáveres… No era coincidencia, tenía una misión de Dios entre sus manos; y la cumpliría a toda cosa y sin medir las consecuencias, como siempre. Busco la mejor posición tan pronto como puedo, y sacando una daga la arrojo directo hacia la mano que apunta tenebrosamente, hacia la pobre víctima. El sistema nervioso actúa por sí mismo, y el acto reflejo, le obliga a soltar el arma haciendo que caiga con ese sonido de metal hueco tan característico. – “¡Me pregunto qué hacen unos caballeros como ustedes en un lugar como este…!” – No es exactamente una duda, mucho menos un poco de ligera conversación para mitigar el frío de la noche. Pero cumple su objetivo que es poner una nueva meta en sus cabezas. Llamo la atención y no es precisamente lo que los hombres requieren en este momento. Sus armas se dirigen a mí y ahora que los tengo focalizados en algo diferente, sólo tengo dos cursos de acciones: pelear o huir.

De un salto, me coloco sobre el tejado en diagonal hacia abajo; deslizándome sobre su pendiente, para bajar más raudamente. El abrigo flamea en mi cuerpo como si fuera una capa, y el brillo de mi armadura genera destellos en el lugar. Los disparos no pudieron tocarme antes, créanme, no lo harán ahora. Caigo con una rodilla al suelo y la otra pierna flexionada a un lado. Alzo levemente la cabeza, a sabiendas, de que el ala del sombrero sólo permitirá que mi sonrisa; acompañada de un gran moretón morado intenso a un lado, sea lo primero que capten de mí. Siniestra y simpática. ¡Vaya combinación! Por otro lado, debo admitir, que la confianza esta de mi lado. Luego de luchar contra cambiantes, hechiceros, vampiros y licántropos; un par de maleantes no son la gran cosa realmente. Es el mismo juego que siempre. Sólo que más fácil.
– “¡Atrápenla!” –Grita quién asumo, ha de ser el líder de este grupo de psicópatas, con falta del sentido moral. ¿Aún no lo han entendido? Ustedes son mi presa, y yo el ávido cazador. Me pongo en pie y con las dagas ya en mis manos las lanzo directo a sus gargantas. No es mi intensión asesinarlos, en lo absoluto. Hay espacios donde la daga puede rozar e incluso insertarse dónde no dañarán lo suficiente como para causar la muerte, pero si dejarlos fuera de combate. Hiero a uno dejándole un gran corte, del lado izquierdo de su cuello. Un médico puede ocuparse de ello, pero de momento, es uno menos que contar. No tengo tanta suerte con el segundo, que la esquiva sin provocar daño.

Balas otra vez… Corro buscando la pared de una esquina dónde esconderme. Con que esas traemos… Bien. Pero estas son caras, no pienso usar las balas de plata y sus amenazas, no ayudan a aligerar mi paso al cambiarlas por balas normales. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… Listo. Disparo a la pierna de uno de los secuaces, el otro también busca refugiarse, pero el jefe de la pandilla es mucho más astuto. Me está probando, me mide y no flaqueo con mi convicción de lo buena que pueda ser mi puntería. Utiliza al profesor Legrand como un escudo humano. Son meros centímetros lo que separan una cabeza de otra; y aunque fuere tan buena como para confiarme que no fallaré, la única opción es su cabeza. ¡Mierda! ¿¡Y tú como rayos terminaste aquí?! Sólo tengo una opción, salir a campo abierto, con la contra de que un disparo certero, terminará con mi vida en un instante. La música es italiano, las partitura muchas de las anotaciones, Jeremy conoce el idioma, per desconozco que tan íntimamente. Por el contrario, sé que el señor Jean Gaulthier, no maneja más que el francés, y algo de inglés si su “negocio” lo requiere. Conozco a todos los del bajo mundo, ¿de qué otra manera podría saber con quién meterme y con quién no? Bien, pero es una jugada sucia. Pateo las pistolas fuera.
– “No disparen.” - Salgo con las manos en alto sin dejar ver mi rostro completamente aún. Las sombras me ayudan a ello. Pero esto reduce mis opciones y no soy una asesina… ¿o sí?

Alguien debe ser la mano izquierda de Dios, pero no soy yo ese alguien. La diferencia entre asesinar sobrenaturales y humanos es mucha. O eso me gusta creer.
– “No disparen. Sólo quiero estar con él…” – Dos heridos, dos en combate. ¿Qué hacen esos ahí aún? Deberían irse, van a desangrarse. Esa es su decisión, ahora debo tomar la mía. – “Jeremy ¡Abbassa la testa. Giù!” – Agáchate, por favor agáchate. Debo ser más rápida, sacando mi arma detrás del sobretodo, puesto que el machete es más pesado que la bala y lo lanzo directo hacia el brazo del proxeneta que lo sostiene. Si la fuerza fue la adecuada, deberá ayuda, más que de inmediato. Corro de en medio del campo abierto de fuego, intentando llegar a Jeremy para refugiarme con él, sin siquiera notar el impacto que llevo en parte del brazo.


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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand el Vie Jun 22, 2018 5:46 am

Esperó el impacto de la bala, pero en su lugar, solo escuchó un grito ahogado en sorpresa y el sonido de la pistola chocando contra el suelo. Jeremy vio aquella sombra, una silueta femenina recortada contra la escasa luz que llegaba de la luna. los golpes que había recibido en la cabeza seguro que le estaban haciendo ver aquella alucinación, pues no tenía otra explicación para lo que ocurría ante sus ojos. Fuera lo que fuera, había distraído a sus captores.

Sin que nadie se percatase, se arrastró hacia la pistola que el grandullón había tirado, tomándola antes de que nadie se percatara de ello y ocultándola bajo su camisa, sujeta en su cintura. Nunca antes había usado un arma, pero en una cuestión de vida o muerte, debía estar preparado para ello. Trató de ponerse una vez más en pie haciendo gala de toda su fuerza de voluntad, tratando de ignorar el dolor que recorría cada fibra de su ser, apoyándose en la pared y caminando torpemente hacia la salida del callejón. Sin embargo, algo le hizo detenerse y volver la mirada hacia la escena. Esa voz... ¿Era...?

Fue un error detenerse, pues Jean Gaulthier le agarró con su manaza, arrastrándole hasta él y usándolo de escudo humano contra la silueta con sombrero de ala ancha. Sentía que sus fuerzas le fallaban, que todo volvía a oscurecerse, pero supo que lo que escuchó era real. había escuchado a la sombra decir su nombre con total claridad, así como su orden. Fue rápido, obedeciendo al instante sin hacerse ninguna pregunta, confiando. Y la confianza tuvo su premio.

No supo bien qué ocurrió, solo que volvió a caer hacia el suelo, pero la silueta lo recogió y lo arrastró hacia la cobertura que les brindaban varios desechos del callejón. Fue en ese momento, cuando vio el rostro bajo el ala del sombrero, que se confirmaron sus sospechas y todas las piezas de las pasadas siete semanas comenzaron a encajar en el rompecabezas.

-Arden...

En ese momento no había espacio para preguntas. La situación era precaria, y aunque varios hombres habían quedado fuera de combate, Gaulthier y otro de sus lacayos seguían disparando contra ellos. El músico pudo ver la sangre caliente manando de la herida del brazo ajeno, olvidando todo el dolor propio por unos segundos, mirándola con preocupación. Le había salvado la vida, y ahora ambos estaban atrapados allí por su culpa.

-Confía en mi, por favor.-pidió, dando a entender que tenía una idea.- Y, si salimos de esta, recuérdame que te debo una...

Jeremy Legrand no era ningún héroe, tampoco un cobarde, y tampoco un idiota. Tenía paciencia, una mente que trabajaba rápido bajo presión y el deseo irrefrenable de no morir esa noche en aquél maldito callejón. Fue gracias a esa paciencia que escuchó el característico "click" indicando que las armas de sus enemigos necesitaban una recarga. No perdió el tiempo. Sacó la pistola que se había agenciado de su cintura y se puso en pie torpemente, apuntando con ella al hombre de Gaulthier, quien inmediatamente alzó las manos en señal de rendición.

-¡Largo!

Nunca en su vida había sonado tan convincente, llevando un dedo al gatillo y haciendo un gesto con la pistola al hombre para que se marchara. Gaulthier no le pagaba lo suficiente como para que arriesgase la vida por él, por lo que soltó su arma y se largó del callejón, pese a las amenazas de su jefe. Seguidamente, Jeremy le apuntó a él.

-Según yo lo veo, Señor Gaulthier, tiene dos opciones: dejamos todo esto en un terrible malentendido, o aprieto el gatillo y dejo que las ratas den cuenta de su... voluminoso cadáver. ¿Qué será?


El gesto de Jean Gaulthier se mantuvo en aquella expresión de odio unos segundos, antes de cambiar a una sonrisa seguida por una sonora risotada.

-Todo esto no ha sido más que un terrible malentendido. Supongo que todo quedará entre nosotros.

-Desde luego. Mientras usted y yo seamos amigos, no tiene de qué preocuparse.

El hombre tiró su arma al suelo, ordenando a sus hombres que se levantaran y saliendo de aquél callejón. Jeremy nunca se había visto en una situación así, y el miedo, acompañado por el hecho de que no era solo su vida la que estaba en juego, le hizo actuar rápido y sin dudas. la adrenalina todavía corría por su cuerpo, y para su sorpresa, era una sensación que disfrutaba. Se sintió, por un momento, más vivo que nunca.  

por supuesto, lo disfrutaría más si pudiera seguir en pie más de veinte segundos seguidos. Recogió su chaqueta del suelo y tomó asiento junto a Arden, su espalda contra la pared, derrumbándose por el dolor y el cansancio que atenazaban cada músculo. Llevó una mano a sus costillas, bajo la chaqueta, sintiendo las punzadas de los golpes en la zona, su camisa rasgada y totalmente echada a perder.

-Supongo que... los dos tenemos muchas preguntas.- limpió la sangre de su rostro, tratando de enfocar su visión en la mujer a su lado, señalando la herida de su brazo.- ¿Se... encuentra bien? Me ofrecería a llevarla a un médico, pero creo que voy a necesitar unos minutos aquí sentado...


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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Vie Jun 22, 2018 10:42 pm

La noche no es oscuridad, es la oportunidad que tiene de emerger el brillo oculto en todas las cosas, que sólo se refleja, cuando la luz del sol se opaca. Y exactamente eso, es lo que Monsieur Legrand, está a punto de hacer. Necesitaba aunque sea un minuto para planificar el siguiente movimiento, eso y para hacer un torniquete en el brazo; pero se adelantó a todo sin darme muchas más opciones que aceptar. No importa cuán débil se vea, un hombre puede ser un hombre cuando el caso lo amerita. Y así lo demuestra con su valiente acto. ¿Estás seguro que sólo me debes UNA? Lo dejo hacer, pero no sin perderle de vista, con el arma en mi mano. Voy a cubrirlo en caso de que las cosas salgan mal… mejor dicho, que salgan peor; porque para este punto, ya debería tener todo bajo control. Pero hay una diferencia diametral en esta situación, cualquier sobre natural tiene un solo destino: La muerte. Por el contrario estos son humanos, y de un daño contundente no va a sanar, sólo les conducirá al mismo destino. Por esto debo limitar mis acciones, y consecuentemente no tengo la libertad para sacarnos fácilmente de esto como debería haberlo hecho, sin ninguna clase de daño para mi persona, o el pianista.

Lo veo enfrentar al proxeneta como si fuese un caballero de brillante armadura. Apuesto a que al hombre corpulento no se atrevió a mencionarle sobre el circulo de ‘espacio personal’. Me río de mis propios pensamientos. Es la costumbre de vivir bajo la presión de la cacería que hace que me divierta incluso en los momentos más tensos. Papá siempre hacía parecer esto tan sencillo. No era un hombre con gran sentido del humor, pero siempre alivianaba la carga en los instantes dónde las complicaciones nos superaban, y la esperanza empezaba a desvanecerse. En cuanto comienzan a retirarse, mi cuerpo se relaja. Me llega el escozor de la herida en el brazo, que con la tensión de la situación, no me había llegado completamente. Me acomodo en el frente, ya no hay necesidad de buscar refugio detrás de la barricada e inspiro profundo mientras observo como se acerca a mi compañía.


- “¿Y quién ha dicho que se ha ganado el derecho a hacer esas preguntas, profesor?” – Ignoro absolutamente el comentario sobre mi herida, he estado peor. Mucho peor. – “Me mentiste, Jeremy. Odio que me mientan”- Jugaste con la traición que más duele y a pesar de haber salvado su flacucho trasero, estoy enfadada. – “Tomémonos unos minutos, ¿quiere?” – Porque créeme, lo que vendrá después de esos minutos es un huracán de insultos y reproches. Comienzo a remover la armadura del lado izquierdo dónde está la herida. Es mucho más fácil en la condición en la que estoy y con una sola mano para ayudarme, el rasgar la tela. Quito el lazo negro sobre la copa del sombrero que llevo; y en cuanto compruebo que es una herida superficial, intento, sin lograrlo muy bien hacerme el torniquete. Las extremidades son tendenciosas a sangrar en abundancia, y lo que menos necesito es desangrarme por una tontería en este momento. Presionó mis dientes conteniendo el dolor. – “¿Puedes explicarme en qué clase de dilema de vida o muerte estas metido para que justifique tus mentiras, tu irresponsabilidad sobre André, la ilegalidad y tanta sarta de cosas que tengo en mente en este momento?” – No puedo contener la herida. – “Al menos ayúdame, ¿no?”- Los hábitos son más fuertes que la lógica, porque aunque este enfadada, no malgasto tiempo en trabajar en equipo. ¿Acaso es este hombre parte del extraño concepto de familia que deseo recuperar?


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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Jeremy Legrand Ayer a las 8:52 am

-¿Y exactamente en qué la he mentido? Creo que usted tampoco tiene mucho que recriminarme en ese aspecto, en cualquier caso.

Tener secretos no era lo mismo que mentir. Nunca había mentido a Arden, simplemente no había mencionado que hacía de mensajero para una de las personas más peligrosas de los bajos fondos de París. Ocultar información no era lo mismo que mentir y, tal y como había manifestado, sería extremadamente hipócrita por parte de la mujer el recriminarle tener secretos.

-¡Ni se le ocurra mencionar a mi hermano!

Ese había sido un golpe bajo, demasiado bajo. Se giró hacia ella tan bruscamente que tuvo que doblarse sobre su torso resentido por el punzante dolor. No obstante, lo que más le había dolido fueron aquellas palabras de la joven. Ella no sabía nada, no tenía ni idea de todo por lo que había pasado, y no tenía intención de contárselo en ese momento. ¿Por qué motivo? ¿Para que sintiera lástima por él y cambiar su modo de verle? Pudo verlo en sus ojos, el enfado y la decepción. Eso le hacía más daño que cualquier puñetazo.

Sin decir nada más, acomodándose torpemente, tomó el brazo de la mujer e hizo un firme torniquete con sus manos temblorosas, no por miedo, sino por toda la adrenalina acumulada y las emociones que trataba de contener en su interior. Observó la herida, sin poder evitar preocuparse por ella. Después de todo, le había salvado la vida.

Apretando los dientes ante el dolor, volvió a apoyar la espalda contra la pared, mirando al pedacito de cielo nocturno recortado entre los altos y oscuros edificios del callejón. Su respiración se fue normalizando poco a poco, y sus pensamientos fueron ordenándose en su todavía resentida cabeza. Llevó una mano a su sien, sintiendo la sangre caliente manchando sus dedos. Debía tener un aspecto realmente horrible, y tendría que limpiarse de arriba a abajo antes de que André le viera en esas condiciones cuando despertase en unas horas.

-Puedo ser muchas cosas, pero no soy ningún mentiroso.-dijo seriamente, girando su mirada hacia ella.- Cada decisión que he tomado en mi vida, ha sido buscando lo mejor para mi familia, la cual se reduce únicamente a André. Haría cualquier cosa para asegurarme de que nunca le falte de nada. Cualquier cosa.-sus ojos comenzaron a humedecerse, incapaces de contener la decepción que sentía sobe sí mismo, apartándose de los de ella para volver a fijarse en las estrellas. Respiró profundamente, conteniéndose.- No le diga nada de esto, por favor. Ya es bastante doloroso para mi que no hable, para que ahora además no quiera ni mirarme.    


Dejó pasar unos segundos en silencio. No deseaba hablar del tema, no ahí, pero sabía que tendría que hacerlo. Y a ella también le llegaría el momento de explicar, de una vez por todas, quién era en realidad detrás de todas esas máscaras que le mostraba cada vez que se veían.

-¿Quién es realmente, Arden? Si ese es su verdadero nombre. Si tanto me detesta, ¿por qué arriesgarse por alguien como yo?


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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

Mensaje por Arden Annice Gladstone Hoy a las 2:36 am

Me viene a mí con mentiras, ¡A mí que estudie con Pinocho! Y durante los últimos 8 años, no conozco nada más que no sea eso. Toda mi vida es una irrealidad. Ocultar la verdad es la forma más sutil de mentir. Ese es el verdadero engaño, el me pidió que fuera real, y lo fui, jamás le mentí, me mostré tal y como era. La diferencia es que con su carácter, no me hubiese creído que yo era capaz de algo como esto; o peor hubiese creído que estaba loca o que era… La diferencia es que nunca oculte quién soy, o lo que puedo hacer. Al menos veo que tiene un punto sensible, uno que lo hiere; y lo hace reaccionar como perro moribundo, ataca apasionadamente para defender, lo poco que queda de él en pie. Pareciera que con esa misma bronca contenida presiona la tea haciéndome el torniquete.  Gruño por lo bajo, claro que duele, siempre todo, pero lo contengo. Sufrir en silencio, es una de las primeras cosas que se aprenden en una sociedad represora. Respiro cuando se acomoda, la oxigenación en la sangre ayuda que el dolor disminuya. Llevo mi cabeza hacia la pared, viendo el cielo, pero sin perderle la pista, observándole aleatoriamente por el rabillo del ojo. Es un buen hombre, merece algo mejor que esto. Lo cual no reduce el hecho de que está enterrado hasta el cuello en cosas que NO debería.

André es bello, brillante y dulce niño. Sé que sus finanzas fueron un grave problema, aún puede que lo sean. En lo que he visto de la noche, lo que hace no es muy diferente a lo que cualquier prostituta. Comercia ganancias con lo único que tiene disponible a su alcance: Su persona. Recados, encomiendas misteriosas, y resultados como estos. Tarde que temprano, si no eres fuerte y adaptable, de carácter frío y sin piedad; alguien más ganara en la cadena evolutiva del bajo mundo. La única manera de ascender en este tipo de vida, es que la cabeza de alguien más ruede y reemplazarlo con a propia. A cacería es más noble y menos riesgosa. Sus ojos se llenan de lágrimas y pienso en mi propia familia. ¿Acaso yo no haría todo y entregaría mi vida sin pensarlo sólo por la noticia de saber que está bien? Me da… pena. En realidad entiendo lo que siente. Y quisiera tomar su mano, decirle que yo siento igual, que puedo ayudarlo… Y abre su bocota. Alzo una ceja ante la dramática pregunta. Si sigue así va a dejar a Shakespeare sin trabajo.
– “Wow… y yo aquí pensando que Daniel Defoe, era un genio del arte dramático luego de cautivarme con Robinson Crusoe, pero lo tuyo Jerry, es todo un nuevo nivel. ¿De qué hablas? Sabes bien que ese es mi nombre. Podrías escribir novelas.” – Me río levemente pero entre el brazo y las costillas, no me dura mucho. Me siento relajada. Es… como cualquier otra cacería, donde música estrepitosa que jamás he oído resuena en mi cabeza, con un final que me garantiza una semana mínima de descanso, y sin formalidades. Respiro profundo y siento el crujir de mi columna, los huesos se acomodan otra vez, luego de la sacudida.

Le observo y me siento más derecha para poder mirarle a los ojos, estando más cerca de él. No hay círculos, ni espacios personales, sólo dos personas que están juntas, con demasiado peso encima como para poder alejarse.
– “Jeremy, y si no te amara, si no fueras mi único amigo en esta ciudad, ¿Por qué me arriesgaría? Más allá de las clases, eres… mi única compañía. ¿Acaso no o has notado? Jamás, lastimaría a Arden. Ningún niño debe sufrir las consecuencias de los actos desesperados de un adulto, porque aunque no lo creas, es más que obvio que has de haber estado al límite para involucrarte en algo como esto, ¿Me equivoco?” –Lento pero confiada, tomo el pañuelo inmaculado que guardo bajo mi manga, y lo llevo a su frente con mi brazo sano a su mente. Solo rozo su piel limpiando sus heridas, sé que han de dolerle. Y también imagino, que no está acostumbrado a esto. –“Le prometo, que André no sabrá nada de mi boca.” Le sonrío dulcemente. – “Ya se ve usted mejor.” Me acerco y deposito un suave beso en sus labios. Es una costumbre francesa, que a todos los allegados se les permite como un gesto de inmenso amor. No lo veo diferente a lo que haría con mi hermano. Aunque claramente, él no lo es. – “¿Mejor? Necesitamos curar esas heridas. ¿Su casa o la mía? ¿Quién cuida de André en las noches?” – Me incorporo con cuidado, y cargando el peso de las heridas. Estando en pie guardo el pañuelo ensangrentado en mi bolsillo. Y le ofrezco mi mano para incorporarse. – “Monsieur Legrand, usted decide.”


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Arden Annice Gladstone
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Re: La noche no esconde mentiras (Priv. Jeremy Legrand)

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