Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

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No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Lun Jun 11, 2018 5:05 pm

Otra noche, otra luna llena, una nueva cacería. Cazar, no es parte de lo que hago; a estas alturas, entiendo bien, que es parte de lo que soy. La cacería, la verdadera cacería no es, y jamás podría ser un deporte. Un deporte es un juego en el que ambas partes saben cuáles son las reglas, sin bajas ni lamentos. Eres un ser honorable si cazas un animal salvaje, y un vil ser ruin si asesina a una persona ¿Ves la diferencia entre las palabras? Pero si logras hacer a una bestia incontrolable de la noche perecer, caer en tu trampa y salvar miles de vidas que pueden perderse, despedazadas o desperdigando su inmunda infección… ¿En qué me convierte eso? ¿Una diosa? El ego y la ironía siempre juegan en mi mente. Juntan ficha sobre ficha como si fuesen una torre y esperan que el otro pierda el equilibrio primero. Menudo juego en el que se regodea mi enfermiza mente. Por momentos, pierdo toda esperanza de alguna vez ser normal.

Me aseso y me baño en agua bendita mientras rezo a Dios que sea piadoso con mi alma y justo con mis actos. Pienso en Bernard y que por el bien de su existencia, haga lo que he ordenado, de lo contrario, no tendré piedad con él esta noche. Mi misión es completa, absoluta; no hay espacio para errores o doble moral. Es mi deber como buena católica ofrendarme a todo aquel que solicite de mi ayuda; más no por eso debo perdonar a los infieles que merodean en las sombras para hacerse de sangre en sus colmillos e intestinos en sus garras. Me pregunto si yo soy muy diferente a ellos. Sí, mi misión está guiada por Dios y la educación que mi padre me dio. Si estuviera equivocada, los seres monstruosos que acechan la noche vivirían en el día también y serian parte equivalente de nuestra sociedad, pero no es así. Se esconden para llevar a cabo sus patéticas existencias y regodearse en sus fechorías. Si fueran aceptados por Dios, ¿entonces, porque ocultarse?

Recojo mi cabello en una larga trenza mientras las criadas me ayudan a vestirme. El corsett es más flojo, pero no tanto. La parte baja de mis interiores es elástica y sumamente ajustada a mi figura, la tela flexible a mis movimientos va arriba de esta. Calzo mi armadura de plata, santificada y reparada desde la última vez. Debería llevar algo más. Protección en el cuello. Malditos lobos, a veces son peores que lo no vivos. Cómo si alguno de ellos pudiera ser mejor. Respiro profundo, enfundo mis armas. Santa y María, ironías, ironías… 7 balas en cada una. 6 en giro, y una en la recamara. Mis piernas están rodeadas además, de las dagas santificadas con mango de la santa cruz. Dos machetes bañados en plata a mi espalda, guardados en cruz para protegerme y evitar lastimarme con ellos. Y finalmente, mi rosario otra vez, ese que el vaticano da sólo a los santos que llevaban a cabo las guerras de nuestro señor. Imbuida en el poder del vaticano, aunque estos no sean conscientes de mi existencia, me siento más fuerte que la estela maldita que ilumina esta noche. Caigo de rodillas. El padre Mario desaprueba mis acciones cada vez más, a cada día que pasa. Sin un hombre que me proteja, teme por mí.

Yo temo por lo que se crucen a mi paso. Cada alma maldita que hoy, conocerá a su creador para ser condenados al fuego eterno del infierno. Elígeme Señor a tu derecha, que mi sudor y mi sangre, se ganen mi entrada a tu presencia y divina gloria. La bendición del buen morir me es otorgada. La gloria de la batalla y el derecho de todo guerrero; una tradición que se inició con los templarios y permanece vigente entre los nuevos guerreros de Jehová. El enemigo cambia, la guerra, siempre es la misma. EL bien y el mal en su lucha eterna, buscando satisfacer el placer de Dios. Nunca acaba…

Lista y armada, monto nuevamente a mi corcel de guerra. Corrección, al corcel de guerra de mi hermano. Saldremos juntos adelante. Él sabe su rol y también yo. Salgo de la casa rumbo al bosque y voy viendo el terreno, lo exploro en silencio y preparo trampas con pólvora y veneno; si he de tener que escapar, que sea con éxito. Me monto nuevamente al caballo, para escuchar un aullido lejano. Mi presa me espera, el juego comienza. No es mejor cazador el que más caza, sino el que mejor conoce su presa, así que sigilosa bajando al máximo mi respiración y mis latidos espero el momento propicio. *Que gane el mejor bestia, es decir, yo.*


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Arden Annice Gladstone
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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Cinder Grimm el Mar Jun 12, 2018 9:52 am

"Víctima eres
de tu destino y ser"




De camino al bosque, el carruaje y el sonido de los cascos del caballo que llena la cabeza de Cinder, que está con su comportamiento alterado por la luna, estiraba su vestido de manera elegante, mientras intenta mantener la dulce apariencia de dama de alta sociedad, busca la mirada en los claros orbes del inglés para con un gesto indicarle lo poco que le falta para sufrir el cambio a la bestia, y de esa forma pedir que apremie el adentrarse en el bosque, se pellizca el puente de la nariz. -¿Te piensas quedar conmigo mientras tengo el manto de mi otra cara de la moneda?- Preguntó la rumana mientras gira para mirar hacia el esterior del carruaje mirando los arboles, la zona que se tenía bien memorizada, que consideraba de su propio territorio, los aullidos de los lobos de la zona para ella era como un saludo a su presencia en el bosque.
La joven licana se mostraba ansiosa y volvió a mirar a Charles frunciendo el ceño. -Y no me tires de los mofletes como si fuera un gran danés, no olvides que soy una loba y eso queda demasiado...- Menea la cabeza y se pone roja, le hizo gracia cuando le hizo aquello, pero pierde factor intimidante dejarse hacer eso, aunque no le preocupa mucho si no hay nadie.


Llegan al punto de encuentro y la joven baja del carruaje, esperando a que Charles se deshaga de él, mientras Cinder olfatea disimuladamente, en busca de otros licántropos que no parece haber en este territorio, pero sobre todo que no haya vampiros, aunque con la forma de la bestia es muy peligrosa para ellos sean de la edad que sean, pero por suerte parece no haber nadie, eso alivia notablemente a la licana, que parece que su territorio no esta invadido por nadie, observó a Charles antes de irse a buscar un sitio donde esconder su ropa, el vestido era bueno y caro, al igual que los zapatos, ademas siempre es mejor tener ropa para cuando se la noche.


Todavía no se sentía suficientemente comoda para encerrarse en una camara rodeada de plata, ademas el don de Gaia era tan perfecto que ser consciente de lo que hacía era una gran ventaja, y ampliaba las posibilidades y hacía que hubiera una comunión más grande, el ser una con la loba, que la loba y ella fueran la misma, eso era parte de su ser desde los 10 años que la maldición se le filtró en sus venas, aunque para ella era totalmente un don, aunque Charles asi no lo viera.
Buscó la intimidad que ofrecía la maleza del bosque para desnudarse y asi no dañar las ropas y poderlas tener tras la agitada noche que se venía por delante, y que la licántropa estaba dispuesta a afrontar con euforia, guiñó un ojo al inglés mientras se quedaba como Dios la trajo al mundo sin ningún tipo de complejo, demasiado familiarizada con esa situación ya.


Solo alzar su visión esperando que la luna hiciera acto de prosencia, el jadeo se hizo poderoso, apretó los dientes con dolor, para encogerse primeramente, huesos se rompian y cambiaban, los musculos se retorcían, engordaban y ensanchaba, el pelo negro azabache empezaba a cubrir su cuerpo, y tras los minutos el cambio fue completado alzando ahora sus algo más de dos metros de altura aullando a la luna, para despues ponerse a cuatro patas y sacudirse mirando a Charles, primero gruñendo y colocandose a dos patas para mostrar su explendor en su totalidad antes de volver a cuatro patas y caminar a su alrededor notando las garras clavandose en la tierra fresca de la noche, mientras mantenía dentro lo que cabía la consciencia gracias al don de Gaia, olfateando a Charles para asegurarse de que era él y reconociendole.



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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Charles Moncrieff el Miér Jun 13, 2018 4:07 am

¿Por qué es que le sigue cada noche de luna llena? ¿Cuál es el meollo del asunto que le causa tanto morbo para estar a su lado cuando se transforma? Pensaría que es la misma Cinder la que lo provoca, esa magnífica máquina de guerra que le provoca el fluir de la adrenalina como pocas veces ahora que ha experimentado casi todo en la vida. Desde muertes ligeras hasta demasiado violentas. A su lado en el carruaje, la observa de reojo en tanto sigue sacando el primer cigarrillo de su caja. Le quedan más de veinte, supone que serán suficientes para el resto de la velada sin contar con el bolso donde trae el vino, la carne, el queso y demás frutos secos para que, en tanto ella sale a cazar, él se mantenga tranquilo comiendo. Su solicitud de los mofletes es respondida con una sonrisa divertida.

Enciende el cigarrillo, sopla la estela de humo para sacarla de su organismo - Si eso es lo más divertido de todo, cuando puedo jalarte los mofletes sin que me cortes la mano de un bocado - da otra calada mirando su inquietud, dando un par de palmadas a la madera del carruaje para que acelere el paso - te dije que viniéramos a caballo, es más rápido y más fácil que estar buscando un camino para las ruedas con riesgo a que alguna se rompa - le hace ver con tranquilidad, sabe que en el estado de excitación en que se encuentra cualquier mal comentario puede ser tomado negativamente y tendrán problemas. Apenas el cigarrillo se consume y es echado por la ventanilla, llegan a su destino. Sale del carruaje intercambiando miradas con Alfred al tiempo que le entrega el bolso antes de partir raudo hacia la mansión.

Hablando de ello, - eso de estar recorriendo medio bosque teniendo atrás de la casa uno ¿No te parece tonto? - está intrigado por qué tiene que ser este lugar de toda la inmensidad de terreno que hay tras su casa. Se sienta tras dejar un par de mantas en el piso para esperar a que todo empiece en tanto saca la botella de vino para descorcharla dando un largo trago mirando a su alrededor confiado a que si ella está relajada, entonces nada puede acontecer. Se estira cuan largo es llevando las manos hacia arriba de su cabeza y aún más hasta ver que ella sale antes de empezar la transformación. Por costumbre, se queda quieto sabiendo que cualquier movimiento en falso puede ser contraproducente. Hasta que ella no se sacude el pelaje, estira las patas y se acerca a paso firme para empezar a olfatear las prendas del Duque, él no emite movimiento.

Justo cuando ve que está relajada, le importa una mierda su reclamo, le toma por la cabezota bruto que es para jalar sus mofletes - ¿De quién eres? ¿Ah? ¿De quién eres? -le sacude los cachetes bruto antes de gruñir mirando sus enormes ojos - ya, ya sé. Ahora es cuando te largas a estirar las patas y me dejas solo aquí, desprotegido - reniega al tiempo que le da un par de palmadas en el lomo antes de tomar del bolso la carne para darle una mordida - ¿Quieres o te largarás a por algo mejor? Si es ciervo quiero la cabeza y las astas intactas, lo venderemos bien. Y un poco de carne sería estupendo - aconseja masticando mirando sus orejas punteagudas, llevando una mano para acariciarlas con suavidad intrigado por sus movimientos, seguro que está escuchando algo.




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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Cinder Grimm el Jue Jun 14, 2018 8:12 pm

"Aullido humano,
sentencia de tu piel."




Sin duda a Charles no le faltaba razón, detras de la casa había gran campo para correr, pero la razón de ir hasta aquí era por que ella solo había marcado ese sitio como territorio, para poder ir al campo detras de la casa de Charles tendría que volver a marcar territorio y comprobar que no hubiera otros individuos de naturaleza sobrenatural con ese territorio, que hubiera manadas de animales salvajes marcando territorio no era problema que a ella le incunviera, pues ella es la reina de las bestias, por su naturaleza licántropa, pero de momento tocaba moverse hasta ahí, para sufrir el cambio hasta mutar a la enorme bestia de pelaje negro azabache y ojos amarillos, aullidos que fueron respondidos por otros lobos de naturaleza no licana.

Tras encontrar la calma con su enorme hocico repasando las prendas del humano y observando la comida que se trajo, encontraba la relajación recordando quien era él, aunque sus orejas captaban los sonidos de la noche, moviendose en lugar donde percivia sonidos, se relamió con relajación moviendo levemente la cola, le encanta el olor del inglés, y le hacía gracia humedecerle la ropa con su enorme morro al olfatearle.


Más la advertencia cae en saco roto y para variar el inglés hace caso omiso, y una vez que parece comprender que Cinder sabe quien es, y que no es peligrosa para él debido a que sabe quien es no le atacara, y ahí le tiene sujetandola bruscamente de los mofletes sacudiendola mientras la pregunta quien le quiere, la loba con resignación se deja hacer por Charles, dando un fuerte resoplido que hace que se le mueva hasta el pelo.

La loba le mira de reojo cuando él pregunta si se irá y le dejará desprotegido o si se quedará, la primera vez que manejó el don de Gaia consiguieron una buena pieza, con esa cabeza de ciervo con tanta hasta, la verdad es que se le antojaba una pieza de carne más contundente que lo que el inglés la ofreció la cual mostró poco interes, más le miró y le lamió para empaparlo en venganza por haber jugado con sus mofletes y de pasó para marcarlo como si fuera de su propiedad, asegurandose asi que ningún lobo se lo pondría como objetivo, de haber tenido capacidad se habría hasta reido, caminó un poco alrededor, hasta que olfateo una presa, aulló con fuerza y miró a Charles indicandole que iba a cazar, más no por ello iba a perder cierta vigilancia en él, de hecho algunos lobos de la zona le echarian un ojo por si acaso en lo que ella mataba algún ciervo.


La loba avanzó por el bosque mientras olfateaba el ciervo que tenía intención de cazar, pero derrepente se detuvo y se puso en pie sobre sus patas traseras dando unos cuantos pasos totalmente de pie, cogía altura para captar mejor los aromas, en el aire notando un olor que era especialmente llamativa, se le antojaba, le atraia, era algo estraño, la bestia dió un feroz gruñido, y despues un potente aullido que sonaba por todo el bosque, sin duda Charles la conseguia oir aullar habiendo quedado algo atras.


La licántropa se puso de nuevo a cuatro patas erizandose y empezando una carrera, poniendo esa postura para ir más rapida que corriendo sobre sus patas traseras, gruñia mientras la luna hacía brillar su feroz dentadura mientras avanzaba rapidamente por el bosque, para acercarse hacia a donde ese llamativo aroma la llamaba, aunque empezó a descelerar la carrera, aquí había algo que no le encajaba, pero no sabía lo que era, de momento aminoró la marcha y se dedicó a buscar de quien era el olor, de hecho ese aroma hacía que el don de Gaia estuviera algo menos controlado, dejandose llevar por el instinto animal que le llamaba y le incitaba con ese aroma maldito, que le atraía como abejas a la miel.



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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Charles Moncrieff el Vie Jun 15, 2018 2:14 pm

Sabe que le disgusta que le jale de los mofletes como si fuera un mísero perro, lo entiende y lo hace porque le place, porque para él, Cinder es su loba y como tal, le da muestras de afecto que puede comprender y que el propio inglés considera correctas. ¿Está mal? Le importa un bledo. Ya está ella molesta, con el pelaje erizado cuando él sonríe divertido, más se desquita a la mala. Le da tremendo lenguetazo que le deja pringado de saliva, de olor a perro y lo peor, con gotas que le resbalan - ¡Serás malagradecida, maldita! - gime de asco, gruñe sacando el pañuelo para limpiarse rápido más en lugar de arreglar el desastre, es tanta la baba que se la pringa más - ¡Me cago en todos tus muertos, Cinder! - exclama con asco para ir a por la cantimplora, tomar agua en la palma y limpiarse.

Ya ni la observa irse, en su afán de quedar impoluto de babas hasta que cuando voltea, está solo - ¡ME VUELVO A CAGAR EN TODOS TUS PUTOS MUERTOS, CINDER! - resopla para mirar a su alrededor gruñendo, sacude la cabeza para ir a por las mantas, poner una en el piso, colocar todas las cosas cerca, inclusive las armas que trae, por supuesto, para sentarse de culo y esperar paciente a que la otra vuelva. Su olfato no es potente, de serlo, podría percibir el aroma de Arden y metería las manos para lo que él sería una catástrofe. La ignorancia es un don para los inocentes que descansan como el inglés lo hace ahora limpio de babas, echado con una mano en la nuca mirando las estrellas en tanto degusta un cigarrillo cuyo humo se eleva al viento.

Ignorante a lo que Arden ha planeado, el Duque se queda cubierto por una manta en tanto sigue fumando pensando en todo lo que deberán hacer tras esta luna llena. Algunos moscos le pican, por lo que se los sacude antes de negar con la cabeza, buscar algo de leña alrededor sin alejarse demasiado, con la pistola en la mano y volver al lugar rascándose las zonas con brotes propios de los piquetes. Encender la fogata, echar dentro las hierbas que alejarán a los mosquitos al tiempo que toma la petaca para darle un trago al whiskey. Está ajeno a lo sucedido metros allá, donde una mortal trampa se extiende para dos de los seres que se han convertido en pilares de su existencia. Así que, conociendo a Cinder, lo que se tarda en cazar, estirar las patas y quién sabe cuántas otras cosas más de perro (que le oiga y sus huevos estarán en problemas). Se sonríe con ese pensamiento, suelta la carcajada al pensar que por más que esté furiosa con él, le cuidaría sus gemelos. Le encantan, así que por ese lado, está seguro.

En la noche, se alzan los aullidos de los lobos advirtiendo a un Charles que, ajeno a sus sonidos, piensa que están acompañando a la licántropa en la cacería. Lo que desconoce es que la presa es la propia Cinder. ¿O no?




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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Arden Annice Gladstone el Sáb Jun 16, 2018 8:02 pm

La diferencia fundamental entre un depredador y su presa, reside en que el primero puede permitirse un fallo; el segundo, lo paga con su vida. Por eso soy tan metódica en cada detalle. Me tomo el tiempo de recorrer, conocer, establecer parámetros de cacería, calcular los riesgos, poner trampas, colgar sogas en árboles, buscar medios de escape y contar el llevar conmigo, todas y cada una de mis balas. Para ser el cazador, primero debí ser cazada; y lo fui, en más ocasiones de las que me gusta admitir. Incluso aquella noche que… Debo mantenerme focalizada en mi objetivo. Conozco el terreno, lo he recorrido varias veces de día. He cazado de noche, pero un vampiro es, en lo absoluto, similar a un licántropo. Sé que hay al menos 3 cercanos por aquí. Hay varios animales salvajes, el terreno es frondoso y debo hacerme a la ventaja con él. Elijo un árbol sumamente alto y con gran forestación para que sus ramas me cubran. Regla número uno: el que tiene el territorio más alto, gana. Debo hacer mía la ventaja, ya que no tengo la fuerza, ni los poderes que un sobrenatural posee a su favor. Finalmente volteo el tapado. La imagen que da el tapado de piel de macho alfa, no es en lo absoluto algo que pudiese describir como ‘hermoso’; es de hecho en exceso repulsivo, pero sirve a su propósito, esconder mi aroma. O al menos, para los garous con la habilidad de un mejor olfato, camuflarlo, confundirlos. La confusión genera caos, del caos llega el orden y ya tengo otra ventaja a mi favor. Debajo, mi atuendo de guerra está listo.

Sin embargo, parte de mi esencia se escapa al hacer el cambio. Otro aullido a lo lejos, está acompañado de lobos, verdaderos lobos. Este puede ser un contrincante que no quiera en mi camino. El temor quiere conquistarme, pero no voy a dejarlo. "El que conquista a otros es fuerte, el que se conquista a sí mismo es poderoso." - Lao Tse. Me obligo a serenarme, pero para sentirme más segura tomo una de las pistolas. Pego mi espalda al árbol. Mi armadura resiste, mis nervios se aflojan. Respiro serena y profundamente. Cierro mis ojos. Lo silenciosa que puedo ser debido a un cuerpo más liviano, es la prelación que me permite darme el lujo que los enemigos de cuatro patas jamás pueden tener. Dejo que mi oído se afine. Está lejos, aún no lo escucho. El viento acaricia las hojas de los árboles, no hay mucho cercano. Concéntrate. El camino. Llegó aquí como humano, eso es seguro, el corredor esta hacia el oeste de aquí, ese es el punto más seguro del cual puede venir. El viento corre hacia el sur. Si tiene una inclinación sur-sureste puede llegar a captar mi aroma. Si se acerca raudo, sabe que hay algo, pero no él que. Si viene corriendo, es que me sintió como presa. Mis latidos aumentan un poco ante la idea de tomar un rol que no deseo. *Empieza esto o lárgate de una vez antes de que te encuentre* El campo está sembrado de trampas. La plata que recubre la armadura es más que suficiente. Si fuera Erik estaría riendo.

Salto al árbol más cercano y corto una rama para arrojarla a unos 7 metros de dónde me encuentro, necesito ver que es. Necesito evaluarte en los pocos segundos que tendré antes de que el encuentro comience; y si puedo, lo que más necesito, es meterte una bala en medio de la sien y caigas en el piso sin saber quién fue el autor de que te encuentres parado frente al ángel de la muerte. En mi mente, la oración del buen morir me acompaña, en caso de que ese sea mi destino hoy * ¡Oh Dios mío!, ante el trono de tu adorable Majestad me postro pidiéndote la última de todas las gracias: una feliz hora de muerte…* La bestia se acerca, puedo oír las hojas secas crujir ante su paso *…Padre eterno, en tus manos encomiendo mi espíritu; muestra en mí tu misericordia…* No es muy alto, no distingo mucho con su pelaje y a tal distancia, pero la contextura no esta tan desarrollada, en especial, no está desarrollado el músculo trapecio, típico de los hombres. No llega a los 2 metros, aunque está cerca. No lleva garras fuera. Cambie de idea. * Oh María, Madre de mi Jesús, ruega por mí ahora y en la hora de SU muerte.* Hembra. Apunto. El viento está virando, si no lo hago ahora, no tendré manera de esconder mi esencia. Disparo dos veces. No escucho el aullido de dolor intenso, ni ha caído al suelo ¡MIERDA! Si le he dado, sólo fue sobre la superficie. Las balas de plata le arderán y bajaran su potencial, pero no lo suficiente.

De árbol en árbol, ya pudo detectar mi posición para este punto, pero no volteo, espero llegar al último punto antes de bajarme, para voltear nuevamente y lanzar las dagas hacia mi contrincante. Aunadas en puro veneno de escorpión, y bañadas en plata líquida. Reemplazo destreza y fuerza física con mi astucia.  Faltan más de 900 metros hacia el punto de convergencia con mi trampa. En campo abierto soy presa fácil, pero mientras yo sólo me deslizo entre rocas, árboles y arbustos; la bestia debe saltarlos y me asegure que comenzara a perder fuerzas. Las trampas para osos van a cumplir su propósito, y sé dónde las he dejado, pero cubiertas con pasto, y barro, el menor de los movimientos, para quién no sepan que ahí están, serán letales. Cada centavo invertido vale la pena, en la costosa plata, si sirve al objetivo. Cazar a la bestia.


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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

Mensaje por Cinder Grimm el Miér Jun 20, 2018 10:33 am

"Huyes de la luz de la luna,
también el odio preso está."





El hocico de la loba humedecido olfareaba, buscando captar el olor, mientras seguía avanzando por el bosque oscuro, aunque ella tenía una visión absolutamente magnifica del bosque, pero dejó de correr, ya que el don de Gaia seguía vigente en ella y podía ver lo que estaba haciendo percatandose de que no era bueno ir tan impulsivamente, asi era como la bestia se descontrolaba, había trabajado mucho para ser una con la bestia, se puso una vez más sobre sus patas trasera para andar a dos patas, mentras daba un nuevo aullido bastante fuerte, intentando que los lobos de la zona de cualquier naturaleza respondieran al llamado de la dueña de aquel territorio que ella había marcado.
Más seguía buscando la fuente de ese aroma llamativo, que estaba cerca, lo podía sentir, se paró en seco, mientras seguía buscando la fuente del aroma, apoyó la pata en un cepo, pero por suerte los reflejos sobrenaturales hacen que retire la pata llevandose un buen corte pero sin que la enganche, ella gruñe y observa el cepo, aquí alguien más está de caza, y la luna llena no es un buen momento para estar de caza, la loba lo primero que pensó que seguramente sería algun hombre que aprovechaba la noche para dar caza a algún lobo o por el tipo de cepo a un oso más bien, pero quizá fuera el responsable de ese aroma atrayente que la hacían seguir rastreando.


Extrema la precaución, se pone a andar en cuadrupedia, avazando lentamente, no quiere meter la pata en un zepo para osos, aunque se cura rapido asi que no le molesta más alla del desgarró inicial, que prontamente dejaba de sangrar haciendo que se lamiera la herida por instinto animal, cuando el sol volviera a salir apenas quedaría una cicatriz, la licántropa seguía avanzando buscando el culpable del olor de antes. Quizá bastante alejada de Charles llegados a este punto en concreto.
El paso es lento, el aroma es cercano, su pelaje negro hace que la noche la envuelva haciendo una perfecta bestia de achecho. Lo único que rompe el silencio es el impactar de sus garras contra alguna que otra hoja seca, y aunque el sonido es suave, se le escucha, mientras sus orejas se giran buscando captar los sonidos, girandonlas en dirección a cualquier minimo sonido que esas largas orejas negras captasen.

Se relame el morro parandose, olfateando, buscando, es entonces cuando se detiene, de repente capta a la presa, se gira en su dirección pero entonces dos disparos, el sonido de las balas romper el aire, una la esquiva, la otra la alcanza, el gruñido es feroz, la herida humea notoriamente, plata, escuece, escuece muchisimo, se mira la herida que ha arañado el biceps bien pero no llegando a meterse en la piel, pero si dejando una larga herida que quema de tremenda manera, la loba gruñe con ferocidad, enfadada, pero sabe de donde vino las balas, furiosa saca sus garras para acercarse rapidamente al lugar donde se oyó los disparos y le vino el olor cuando el viento hizo ese giro de dirección.

La herida del biceps escuece mucho, eso la enfurece, la escucha moverse, ahí le persigue ella haciendo ese jadeo y gruñido caracteristicos de los lobos, el balazo de plata que araño la piel no se curaría con tantisima rapidez como la herida de la pata de la cual ni se acordaba, aulla nuevamente.
Es rapido, o rapida, confirma cuando lo que considera presa se deja ver, es una mujer, que huele deliciosa, da igual, ese disparo lo va a pagar caro, quiere morder su carne, probarla, saborearla, la licana no va a dar tregua. Pero la mujer es lista y muy agil, asi que para sorpresa de Cinder ahí va un nuevo ataque.
El destello hace observar las dos dagas que han sido lanzadas, la licana busca el giro, pero una se le clava en el pelaje negro, la loba gruñe de manera sonora, duele, quema, escuece. Su ira se aumenta a medida que el dolor es ascendente, una cazadora o una inquisidora, no lo sabe, pero su objetivo ha cambiado a cazarla. La chica es lista, mucho, no sale a campo abierto o la alcanzaría en menos de dos segundos, rocas, arboles y arbustos, Cinder alterna con la daga clavada en el hombro, pero es muy molesta y estar esquivando o atravesando objetos no mejoras, se lleva la garra derecha al mango y se saca la daga dejandola caer al suelo, la mira con enfado y da un aullido con su habilidad, exageradamente alto, paralizante inclusive, mira la presa enfrente, pero se detiene, no la sigue, en lugar de ello deja de ir detras de ella y toma otro camino a la derecha de manera lenta, dejando que algunas hojas se empapen con su sangre. No, no la va a perseguir en lugar de eso se pierde entre la maleza del bosque de manera silenciosa, despues de dar ese terrible aullido abrumador.



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Cinder Grimm
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Re: No hay tregua sin guerra, ni cazador sin presa. (Priv.)

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