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Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

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Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Vincenzo Domani el Miér Jul 13, 2011 8:30 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Las horas pasaban lentas, los días seguían aconteciendo nuestra llegada a aquel paradisíaco logar en el que sheira cumpliría su sueño, su deseo.
Tan solo quedaban unas horas para el anochecer, y el consiguiente arribo en el lugar de destino. El anochecer del penúltimo día había llegado, y con ello el momento del ritual.
Dejé las órdenes completamente estrictas marcadas con el suficiente tiempo de antelación. No quería que nadie me interrumpiese en aquel ritual.

Me arrodille y tomé un cuenco de madera, introduje una rama de romero, (el cual dejaba en el ambiente del barco un increible aroma a hierbas), vertí la sangre de aquel frasco del cual me había hecho entrega Sheira, (una muestra de que sí confiaba en mí, por mucho que sus labios dijesen lo contrario a veces), tomé un cuchillo de mi pantalón y corté la palma de mi mano derecha, vertiendo mi sangre en la misma mezcla. Tomé una lámpara de aceite, y vertí un poco del mismo, prendiéndolo después, para que al dejarlo sobre la superficie del mar, no se apagase con una simple brisa marina. Sentí un fuerte escalofrío recorrer mi cuerpo, como un constante e imparable hormigueo, que me hacía excitar y sentirme poderoso al mismo tiempo.

- Pandora... - Susurré.


"El comienzo del fin acaba de comenzar, tu, has sido capaz de hacer lo innombrable por aquella mujer, la que ocupa tus sueños y tus mas temidas pesadillas. Con ésta canción, Vincenzo, yo te bendigo para que éste ritual se lleve a cabo, en el mas estricto sentido de la palabra. Así como también sabrás, que tendrás que pagar un alto precio por ello. No te asustes... querido, tu corazón fuerte te llevará por los senderos de la gloria.

Aquellas palabras se repetían en mi mente, una y otra vez, pero no estaban pronunciadas por mí. Al mismo tiempo concentré mis mas sinceros poderes sobre aquel cuenco, y lo que supondría aquel pacto.

- Pandora, Calypso, Eris, Poseidon, Venus... dioses de la discordia y de lo hermoso, acunad en el mar este ritual. Os hago entrega de mi magia, durante 30 días y 30 noches, a cambio, de que la mujer a la que amo pueda caminar bajo el sol durante medio día. Tomad mi magia, mi esencia, mi espíritu, mi alma, y llevadla con ustedes, pues seré durante ese periodo tan solo un simple mortal carente de poder mágico, vuestro mas humilde servidor.

Sentí como toda aquella fuerza de la que me había hecho entrega Pandora, abandonaba mi cuerpo. Sentía como hasta el mas pequeño detalle de mi ropa pesaba en mi cuerpo, como aquel cosquilleo hacía su desaparición, como aquella sensación de vacío se apoderaba mi cuepo, incluso, llevándose aquel color metalizado de mis ojos, fruto de la magia que irradiaba mi piel, tan solo dejándome con el color verde natural de mi iris. Posé el cuenco sobre la cuna que era el mar, mientras me sentía cada vez mas y mas agotado, necesitaba descansar hasta que arribásemos al siguiente atardecer en la costa Egipcia.
Mis marineros, tomaron mi cuerpo agotado y en descanso y lo introdujeron en el camarote, en la cama que había separada de la de sheira. La mujer, sobresaltada por aquello quiso replicar, preguntar qué había ocurrido pero antes de que pudiese hablar Tristan mencionó.

- Está bien, señora, tan solo necesita un día de descanso.[/font]

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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Sheira Lyzbeth el Vie Oct 28, 2011 5:49 pm

Aunque deseaba haber continuado con las caricias de Vincenzo durante toda una vida, yo misma percibí una sensación casi instintiva que me hacía querer sentirle dentro de mi. No podía evitar sentirme asustada ante esa perspectiva, pero el sentimiento de que en aquel baile faltaba la música me hizo rendirme. Vi la decisión en sus ojos y el fuego en sus manos cuando llegó el momento. No tuve que preguntarle qué estaba haciendo cuando cesó sus besos y aguantó el aliento. Le acaricié el cabello cuando escondió la cara sobre mi hombro. Los segundos siguientes fueron los peores y los mejores de mi vida. ¿Cómo se sentiría? ¿Dolería? ¿Sería capaz? ¿Qué pensaría Vincenzo? Las preguntas se esfumaron cuando le noté entre mis piernas, y me quedé espectante. Comenzó a entrar y no pude evitar sentirme vulnerable y expuesta. Siseé mientras le notaba empujar.

-Despacio...- susurré mientras le acariciaba la espalda.

Vincenzo alzó por un momento la mirada, en cierto modo, parecía desconcertado. Maldije mentalmente al darme cuenta de que me había delatado yo sola. No creía que alguien con la experiencia normal de un vampiro en aquellos temas dijera semejante tontería. Le miré con timidez y esbocé una media sonrisa. No quise decir nada más. Fui yo misma la que empujé mis caderas hacia abajo, con cuidado, para invitarle a continuar. No sentí dolor, y me sentí más tranquila cuando lo único que escapó de mis labios fue un gemido suave. Ver a Vincenzo agarrado al cabecero de la cama, con una de mis piernas sobre su hombro y moviendo sus caderas con suavidad fue la cosa más erótica que había visto en mi vida. Parecía un dios, un ser de otro mundo. Sus ojos, verdes, se clavaron en mi. Me estremecí bajo él y le acaricíe los brazos. No podía creer que le tuviera y que me quisiera. Cuando las embestidas se volvieron más fuertes y los jadeos de ambos envolvieron la habitación, el mundo desapareció. La piel de Vincenzo brillaba sudorosa bajo la luz del sol y yo no podía apartar esa imagen de mi mente. Sus manos, grandes, se apoyaron a ambos lados de mi cabeza, y me besó. Me besó ahogando mi primer grito. El torrente de placer me emborrachó. Por un segundo, tuve que cerrar los ojos ante las contracciones que me hacían retorcerme. Le pedí que siguiera. Me parecía bochornoso emitir aquellos sonidos tan sugerentes, y sin embargo, allí estaba pidiéndole más.

-Sigue Vincenzo... -no sabía si estaba delirando.

Mis colmillos se habían alargado ante la intensidad de todo aquello. Notaba el pulso de Vincenzo entre las piernas cada vez que volvía a entrar. Oía la sangre correr por sus venas, marcadas en los músculos de los brazos. No pude evitar querer morderle, pero no tenía sed. Volví a sisear cuando las embestidas de Vincenzo se hicieron más intensas, y olí su excitación. No perdí detalle de su rostro en ningún momento de los que compartimos allí.

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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Vincenzo Domani el Sáb Nov 05, 2011 3:19 pm

Los sueños te permiten llegar muy lejos
Pero estate atento, pues a veces
Las cosas no son como parecen
Y te pueden llevar muy lejos
Tanto como el mar te permita.
Recuerda: Lo que pertenece al mar, el mar se lo lleva.

“Pandora”



Sus cuerpos ya sincronizados bailaban al unísono en aquella excitante danza la más envidiada de todas, pues no solo se ponía en juego la virtud de una vampiresa, sino el amor y el brillo de su piel bajo la luz del sol. Ella era la obra de arte viviente más hermosa de todas.
Aquellas palabras con tono suplicante hicieron que el brujo esbozase una sonrisa, dejando a un lado todo aquel esfuerzo físico que estaba haciendo. Pero lo que si le hizo que su piel se erizase fueron los gemidos que le provocaba a la mujer. Por mucho que sus labios se negasen a decir lo que sentía, su cuerpo así se lo demostraba. Estaba hecha para él, su cuerpo esbelto se amoldaba a la perfección al suyo, dejando entre ellos un simple halo de enigmática perfección. Vincenzo seguía balanceando su cuerpo al ritmo que su respiración le permitía, poco a poco comenzó a embestir mas ferozmente, se sentía como si su ser se hubiese convertido en una bestia, y en aquel momento irónico encontró su similitud con Sheira. Ella debía de sentir aquello en cuanto bebía la sangre de los humanos, por ello era una sustitución perfecta al sexo, además de una fuerte fuerza de voluntad al haberse negado en todos estos siglos a sentir aquel placer tan mundano.

Vincenzo, era abrazado por las piernas de la mujer cuya alma le pertenecía ahora a si mismo. Por fin pudo despegar la mirada de aquella almohada, para erguirse y observar a aquella mujer que yacía en su lecho, cosa que hizo que su libido aumentase más aun si cabía, volvió a su oído y sintió la realidad chocar contra su pecho mientras aquellas palabras eran pronunciadas.
- [center]Muérdeme…

Dijo el mero humano que tras girar su cuerpo ya se encontraba bajo el arropo de la mujer. Quería verla de lo que era capaz, tal como también era aquella postura tan sugerente mientras él, allí expectante podía disfrutar del contoneo de aquel cuerpo desnudo, su musa, su adorada y fiel sirena.
Su cuerpo, sin apenas explicación recibió una especie de descarga que dejó a un lado por el mero hecho de que no había cambiado nada allí recientemente. Vincenzo acarició el lugar donde sus piernas se juntaban con su torso, las ingles de la mujer pues a veces en otras ocasiones ya conocidas las mujeres se dolían de aquella zona por permanecer en dicha postura anterior. Alargó el brazo, y en lo que pareció un suspiro besó los labios de la mujer atrayéndola hacia sí.
[/center]

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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Sheira Lyzbeth el Dom Nov 13, 2011 6:46 pm

Dejé que me besara y que me acariciara los doloridos muslos. Dejé que me cuidara y se preocupara por mi, y lo hice porque le quería. Esa era la única cosa que me apaciguaba hasta el punto de permitirme descansar y dejar de preocuparme, de estar alerta. Descendí por la mandíbula del joven mientras le apartaba los húmedos rizos del cuello, despejando aquella zona tan sugerente. Las manos de Vincenzo dejaron de pasearse por mi espalda, espectantes. Sonreí y me incorporé para mirarle a los ojos. No pude evitar recordar el desastre de la última vez que le había mordido allí en París... obviamente la situación no era la misma. Yo estaba sedienta y herida y ahora tenía todo el control de la situación, pero aun así quise asegurarme de que él quería hacerlo. Sentí el frío en los pechos al perder contacto con el torso de Vincenzo, y sonreí más por aquel detalle tan absurdo. Me gustaba cómo me hacía sentir su calor.

-¿De verdad quieres que lo haga?- susurré mordiéndome el labio.

Desde luego, se me hacía la boca agua sólo de pensarlo, pero era algo que no iba a exponderle abiertamente. Aunque no aparté la vista de él, ambos oimos el ruido de la puerta de la terraza abrirse de par en par por una corriente de aire repentina, y mi melena ondeó con él dándome un aspecto un tanto salvaje. Sentí ganas de reir por la cara de Vincenzo. Desde luego, él me hacía sentir más bella si cabe a pesar del mero hecho de ser una vampira. Pasé mi pierna izquierda por encima de Vincenzo y me levanté para cerrar la puerta, sintiendo que la mirada de Vincenzo me quemaba. Sonreí de nuevo para mis adentros mientras regresaba a la cama y volvía a deslizarme sobre él. Le hice un gesto con la cabeza como para darle pie a responderme, pero entonces arrugó el entrecejo y le tapé la boca, dejándome adivinar qué iba a decir.

-De acuerdo, de acuerdo. Nada de preocuparme por ti, nada de tomar decisiones en tu lugar- vi cómo esbozaba una leve sonrisa y no pude evitar derretirme por su sensualidad.

Volví a besar sus labios y resbalé sobre su torso hasta que noté su miembro entre las piernas y un suave gruñido en su pecho. Besé su cuello, que el joven me exponía como si fuera una ofrenda, pero yo tenía otros planes. Mis colmillos se clavaron sobre su pecho dejándole una marca de media luna. Observé como la sangre descendía por sus costillas y sus abdominales. Sisee de pura excitación mientras veía el brillo escarlata escaparse por su piel. Mientras comenzaba a lamer aquel elixir bajé las caderas y el placer volvió a invadirnos. Aunque sabía del placer que sentían los humanos al ser mordidos, nunca pensé que tener sexo a la vez pudiera intensificar tanto aquel acto. Vincenzo gemía y se retorcía bajo mi cuerpo a cada penetración y succión que hacía. Sus manos se habían aferrado a mi cintura como a un seguro de vida, y su sangre me estaba embotando la mente. No podía dejar de darle placer, y la situación tenía un matiz instintivo que la hacía más erótica para ambos. Cuando llegó al orgasmo, arqueó la espalda bajo mi peso y sellé su herida, su frente estaba perlada de sudor y su respiración era agitada y fuerte.

Me dejé caer a su lado para recuperar también mi estabilidad. Vincenzo miraba al techo con la boca entre abierta, y el sol hacía relucir sus pupilas. Me pareció que todo él brillaba, y eso le confería un aspecto más bello aun. Me tumbé boca abajo intentando apaciguar mi excitación. Cuando me llevé la mano entre las piernas no pude evitar sisear. Desde luego, no había sido como había imaginado. Aquello no se borraría nunca de mi mente. Nunca. Cerré los ojos levemente hasta que me aseguré de que podía decir cosas coherentes... y entonces me llegó el olor de Vincenzo. Le había marcado como mio, no cabía duda. Su piel olía a mi, sus labios sabían a mi... la media luna de su pecho, aun sin desaparecer, marcaban el territorio de una vampira enamorada. Pero él no tenía por qué saberlo. Sonreí de nuevo y enterré la cara en las almohadas, feliz. Mi tintineante carcajada, amortiguada por la tela, resonó en la habitación, haciéndome sentir una extraña.

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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Vincenzo Domani el Dom Nov 20, 2011 4:44 pm

Spoiler:
Lo siento pero no me gustó tu post. :S


Las cosas sucedían sin ninguna explicación más allá del mero hecho de haber entregado el amor junto con el cuerpo de una vampiresa a mis brazos. No sentía ni padecía, en aquellos instantes había deseado que hubiese vuelto la antigua Sheira, aquella con su pulcra máscara de hostilidad y hubiese dado una vuelta a todo aquello que estaba sucediendo en aquella habitación.
Mi mundo sentía como se estaba apagando, me sentía con menos fuerzas que un mero captor. Pero no por ello dejaba de sentirme feliz. Aquella palabra que hacía mucho que no sentía, salvo aquella noche en el puerto mientras me burlaba e incitaba a una vampiresa sin apenas ser conocedor de ello. Las cosas irremediablemente pasaban, y yo, no podía hacer nada al respecto.
La risa tintineante de mi prometida acusaba a aquel silencio que perpetraba en aquella situación, después de todo no había pensado en cuanto ruido habríamos hecho o no.
Mi cuerpo, aún temblando por todo aquel placer tan extraño que había acaparado tanto mi cuerpo como mi alma había sido extenuante, abrumador, pero no por ello dejaba de ser deseable por cada poro de mi piel.

Me levanté de la cama, esperando a que mis fuertes piernas hicieran caso a mis órdenes, pues estaba extenuado por todo, aun no me creía nada de lo ocurrido y tampoco esperaba en ese momento el ofrecimiento de su cuerpo. ¿Pero para qué negarse a algo que llevabas tiempo deseando? Fácil, me sentía un poco culpable por haber ultrajado a aquella mujer, que en un futuro próximo se entregaría a mi en matrimonio, en una simple capilla aunque fuese, pero si había guardado su virginidad para mí, pudiendo habérsela regalado a cualquier hombre… debería de haberla respetado hasta el día del enlace.

Las puertas del ventanal se abrieron de nuevo, pero no me negué a que ocurriese. Cerré por unos instantes los ojos dejándome inhalar aquel aroma exterior, mientras las cortinas acariciaban mi cuerpo como las hembras que acudían en antaño a mi cama. Sostuve entonces el olor que había quedado en aquella habitación, fruto de la primera escena de amor y sexo de una muchacha, mi prometida.

Mi cuerpo, aun rezagado se sentó en silencio en una silla dispuesta cerca de aquel lugar, y por el cual le di la vuelta para ver el fruto de aquel placer. El único fruto que mis manos podrían acariciar suavemente una y otra vez hasta que la propia vida se agotase, sin vástagos, ni problemas que conllevase aquello. Pero en el fondo ese era el único detalle que a mi me dolía, el saber que jamás habrá algo que trascienda de nosotros, un hijo.
Me quedé observando a Sheira recostada en la cama, con aquellas sábanas envolviéndola tal y como lo harían mis brazos. La observé levantarse, pero ni media mirada dirigí hacia ella, no por nada, sino por el mero hecho de que mi mente volaba lejos de aquel mundano lugar. Delineando con la mirada aquella silueta que su cuerpo había dejado en el lugar del acto. Ella, mientras se fue al baño, disfrutando de un relajante baño y así disfrutar de una media soledad para pensar en si había obrado o no bien en haberse entregado a mi.


Mi piel erizada me hizo sentirme extraño, como si aquel lugar se hubiese vuelto frío de repente. Eché la cabeza hacia atrás sentado en aquella silla, de mis labios, mi aliento cálido podía observarse debido al cambio de temperatura. Entonces, sentí un cálido beso, un beso que jamás había sentido, dotado de la más pura magia, y así pude sentirlo. Me exalté, pero mi cuerpo no reaccionaba a estímulos bruscos, sino a todo aquello que hacía con lentitud y pausa. Cuando mi cabeza viró hacia la derecha, mis ojos toparon con una figura, se trataba de la mujer más hermosa de todas, por aquella que me hablaba y sentía aquella magia repentina, haciéndome estremecer de golpe: Pandora.
Sin mediar palabra se sentó sobre mi cuerpo desnudo, haciendo encajar mi miembro entre sus muslos. Habría jurado que JAMÁS había sentido nada así. Y si, hablo de sentir, porque aquella ilusión era real, tanto como la vida misma. Mi frente se paró en su espalda, y mis manos no pudieron hacer otra cosa que aferrar su cabello y así arquear el cuerpo de la mujer hacia atrás. Ella sonreía, me provocaba sin apenas rozar una palabra de sus labios, pero no la sentía igual… que… Sheira. Cuando su trasero rebotó por última vez, sentí dolor, mucho dolor, nada parecido al placer sino algo más parecido a cien puñales atravesando mi cuerpo.
La mujer desapareció de mi lado y al voltear la mirada hacia la derecha nuevamente allí estaba de nuevo, pero en esa ocasión mis ojos parecían salirse de sus órbitas. La mujer, acariciaba su vientre abultado dejándome entrever que aquel fruto en su vientre me pertenecía al igual que ella. Se acercó y me susurró al oído con aquella voz que me acariciaba entre sueños.


- Elige… Ella o… nosotros.

“Llueve… abre los ojos…” mi conciencia había logrado atraerme de nuevo al mundo. Mi alma regresó entonces a mi cuerpo. Mis labios de color enfermo se debatían por poder tomar aire en los pulmones. Me había quedado demasiado tiempo en aquel estado febril sin aliento alguno. Aquello era de locos, pues nadie se encontraba allí, salvo mi cuerpo aún desnudo sentado en la silla. Aun oía como Sheira se acicalaba, pero mi ser luchaba por calmar la respiración que poco a poco se apaciguaba, sin dejar de mirar hacia la puerta del baño.


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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Sheira Lyzbeth el Dom Nov 27, 2011 11:47 pm

Enfoqué la vista en el espejo, y vi una mueca en mi rostro. Estaba sonriendo, y aun no sabía por qué. En mi cuerpo se había instalado una especie de felicidad descontrolada y entumecimiento leve que me hacía sentir como si estuviera pisando algodones. Retomé el ritmo al que estaba desenredándome el cabello y deslicé los dedos por los mechones para alisarlos, pero era inútil. Poco a poco, volvían a ondularse y a desparramarse sobre mi rostro. Miré a mi alrededor. Había olvidado coger ropa para cambiarme. Con un suspiro abrí la puerta del baño y salí con cierta discreción. Vincenzo se encontraba de espaldas a mi, mirando al exterior. Los músculos de su espalda estaban en tensión a pesar de estar sentado. Me mordí el labio inferior preguntándome si debía interrumpir sus pensamientos con preguntas absurdas. No pude evitar pensar que aquel estado de ensimismamiento se debía a mí, y me sentía un poco desconcertada, puesto que no se me había escapado el hecho de que no había pronunciado palabra desde que habíamos... hecho el amor.

Me llevé la mano al pecho, sintiendo un repentino dolor. Bajé la mirada y me dirigí en silencio al armario. Tomé lo que necesitaba y regresé al baño, expulsando todo el aire de golpe al cerrar la puerta a mi espaldas. Me miré al espejo de nuevo, y no vi nada diferente en mí. Quizás ese era el problema. Quizás Vincenzo ya no veía nada especial en lo que pudiera pasar entre nosotros. Quizás le había decepcionado o había hecho algo que no el había gustado sin darme cuenta. Intenté dejar de preocuparme y espantar mis temores. Me vestí con parsimonia y me dije a mi misma que empezaba a exagerar, como en todo lo relacionado al hombre al que amaba. Íbamos a casarnos, íbamos a vivir juntos, íbamos a tener una... volví a llevarme la mano al corazón, y luego al vientre, con anhelo. Seríamos una familia, me corregí.

Mi vestido rojo ondeó en el aire cuando salí de nuevo. Avancé hasta quedarme a apenas dos metros de donde se hallaba la silla de Vincenzo. Dudé, pero terminé acercándome y apoyé una mano sobre su piel, cálida. Deslicé las yemas de los dedos hasta su cuello, y le noté estremecerse. Me relajé un tanto y besé su mejilla con suavidad, apoyando finalmente la barbilla en su hombro y mirando al exterior, como él. El jardín resplandecía a pesar de la leve lluvia que había comenzado a caer. La emoción volvió a hacer su aparición, como una descarga eléctrica. Rodeé la silla y tiré de la mano de Vincenzo para que se levantara. Me enredé en sus brazos y apoyé la cabeza en su pecho. Un pequeño arcoiris había comenzado a aparecer en el cielo, y le ahorré el disgusto de verme llorar, aunque fuera de felicidad. El sol... el sol se iba deslizando ante mis ojos por última vez. Quise inmortalizar la sensación de su luz rozándome la piel, y lamiendo la lluvia hasta convertirla en colores.

- Vincenzo... has hecho que hoy sea el mejor día de mi vida- toqueteé inconscientemente el colgante que él me había regalado-. No sé qué puedo hacer para... hacerte tan feliz como tú me has hecho a mí.

Me separé de él y sonreí levemente, ruborizándome. Aún seguía desnudo, y sin ningún pudor aparente. Era comprensible, pero yo aún no estaba acostumbrada a verle así, y el calor de la excitación se me subió hasta la garganta. Observé su rostro y sonreí con dulzura.

-Es la hora de comer... podríamos bajar y luego dar un paseo. Me gustaría... aprovechar tu regalo, si te encuentras bien claro- me apresuré a añadir, e incliné la cabeza a modo de pregunta mientras le tomaba una mano y la estrechaba entre las mias.



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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Vincenzo Domani el Miér Feb 22, 2012 11:29 am

El cuerpo llamaba al cuerpo la sangre llamaba a la bestia, pero era tan fuerte el alma de uno cuando resultaba ser odiosamente atrayente la magia?

La mente de Vincenzo luchaba contra los sueños, la vida misma y el día a día. Todo era irritablemente confuso pero no podía hacerle nada por remediarlo, las jaquecas eran continuas por lo que e limitaba a la hora de estar en pié. El cúmulo de sensaciones de aquella mañana eran tan explícitas que eran muy dificil luchar contra ellas.
Vincenzo se irguió, evitando mirar aquel cuerpo perfecto y hermoso que ahora le pertenecía en todo su esplendor.

- Te dejaron ropa en el sillón. Si salimos no importará lo que lleves, está lloviendo y se mojará si o sí.

Las manos de Vincenzo frotaron su propio rostro en seña de cansancio, para volver a la realidad en si. Comenzó a vestirse con aquellas ropas que hacían juego con sus ojos, aunque solo ataviado con un mero pantalón verdeazulado y una fina camisa de seda blanca.

- Tomaré algo de comer en la cocina, quien acabe antes esperará en el oasis de las afueras... - Se acercó como empujado por un resorte y besó con cariño y lentitud la frente de su prometida. Al cerrar los ojos inspiró su aroma, después de todo, iba a ser muy difícil el poder "estar" sin ella.
Tomó salida de la habitación, cerrándo las puertas a su espalda se topó con la señora misma que les estaba digamos que.. cuidando demasiado.
Pidió al jóven que se agachase y cuando éste lo hizo posó un simple beso en su frente.

- Debes cuidarte jóven, si desapareces algo catastrófico dejarás sin tu protección.

Palabras enigmáticas, pero Vincenzo no tenía precisamente la idea de desaparecer así por las buenas... es más... ¿por qué iba a hacerlo? Las palabras protector y catástrofe no eran las principales en su vocabulario, pero... y si ocurriese algo en realidad..? Sheira podría hacer su propia vida, era realmente fuerte mentalmente como para deshacer el recuerdo si lo precisase, ¿así eran los vampiros, ¿no? Y Katrina... el hermoso halo de luz que el mar me trajo, sería cpaz de tener una familia mejor en caso de que fuese así, pero no quería seguir con aquellos funestos pensamientos. La anciana ya no estaba y entonces se dirigió a la cocina donde le esperaban algunos de los sirvientes, con afables sonrisas y todo preparado para recibirle con calurosa bienvenida y comida, de forma poco ostentosa, como había procurado que fuese.



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Re: Promesa cumplida. Egipto. [Sheira]

Mensaje por Sheira Lyzbeth el Jue Mar 01, 2012 10:00 pm

Me quedé allí de pie como una estúpida. No entendía qué le ocurría a Vincenzo. Miré el vestido rojo que llevaba como si tuviera algún problema. Ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que ya estaba arreglada y lista para salir. Miré hacia la ventana, pero no procesé lo que veía. Salí con pasos lentos de la habitación, preocupada, y bajé las escaleras sin mirar los peldaños si quiera. Me dirigí a la puerta mientras oia a Vincenzo en la cocina, y el chirrido de los cubiertos al deslizarse por el plato. Cuando salí de la finca miré a mi alrededor. Las nubes habían cubierto el cielo y recordé que Vincenzo me había advertido sobre la lluvia, pero simplemente, se me había olvidado. No tenía ganas de volver atrás para coger un paraguas.

¿Dónde me había dicho que le esperara? ¿En el oasis de las afueras? Tenía la mente tan embotada por el desconcierto que me costó recordar dónde se situaba. A medio camino comenzó a llover y mi pelo volvió a empaparse. No tuve más remedio que situarme bajo una palmera en cuanto llegué al oásis... aunque ya no me iba a servir de mucho. Me apoyé en el tronco mientras pensaba y pensaba y pensaba. Sentía que mi mente retumbaba a cada pensamiento.

Me llevé la mano a la frente, donde Vincenzo me había besado. Me había parecido un beso amargo, pese al cariño que me había transmitido en un principio. Lo había sentido como un paso atrás. No entendía qué había podido ocurrir. ¿Había hecho algo mal? Quizás no debía de haberle mordido, aunque en el éxtasis de la situación, me lo hubiera pedido... Suspiré de nuevo y me aparté con enfado los mechones de la cara. Alcé la mirada, y allí estaba. Vincenzo, mi amor, mi salvación. Me recompuse en un momento y le sonreí. Después besé sus labios con pasión. No podía volver a encerrarme en mi misma... no podía abandonarme. No podía perderle. Hundí la cabeza en su cuello, cálido, rogando a los dioses que me abrazara y no me soltara. Miré mis manos por encima de su hombro, aferradas a su cintura. Era el último día que podría estar con él de esa forma, como una humana corriente, y esa certeza me asfixiaba. Apreté los ojos con fuerza. No podía evitar pensar que al amarle le estaba atando a mi y llevándole al infierno conmigo, pero tampoco podía dejar de quererle. ¿Qué iba a hacer? ¿Podría cargar con el remordimiento? ¿Era justo para él? Encerré en mis dedos la tela de su camisa y guardé silencio. "Vamos Vincenzo... abrázame fuerte... bésame... Quédate conmigo y perdóname por querer condenarte." Pensé, y mientras esperaba su reacción... la angustia me corroía las entrañas.

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